Antecedentes e historia de la investigación
⌅Actualmente separadas, la Cova de la Font Major y la Cova de la Vila (L'Espluga de Francolí, Conca de Barberà, Tarragona), constituyen el denominado complejo de Les Coves de l'Espluga, un sistema kárstico de tipo binario que se extiende entre la zona de La Mata-Riudabella y el Capuig, un cerro ubicado en la ribera derecha del río Francolí sobre el cual se sitúa el núcleo urbano de la población. Se trata de un sistema subterráneo de galerías con aproximadamente 3,6 km explorados, formado por diversas cavidades, destacando el pasaje por el que transcurre un río que recoge las aguas de la vertiente septentrional de las Muntanyes de Prades, y que con su salida al exterior por la Font Major, genera el nacimiento tradicional del río Francolí.
El
acceso actual a la cueva se efectúa por el noreste del casco urbano,
donde parece que se habría situado su entrada natural. En todo caso, el
redescubrimiento de la cavidad se produjo de forma fortuita en 1853, al
abrir un pozo en una casa del pueblo (Cal Palletes), que reveló la
existencia de la corriente subterránea, si bien esta no sería explorada
sistemáticamente hasta 1956, momento en que un grupo de espeleólogos
recorrería la galería alcanzando el acceso original, derrumbado desde al
menos época romana. Cabe indicar que durante este período habría cierta
frecuentación de la cueva, como indican algunos grafitis conservados en
su interior. Al año siguiente de la exploración se practicó una
abertura al complejo, retirando los sedimentos que taponaban la entrada y
el tramo superior del relleno de la galería principal (galería del
Pessebre), una acción que desgraciadamente destruyó buena parte del
yacimiento, perdiéndose los datos arqueológicos (Vilaseca, 1959, p. 267Vilaseca, S. (1959). “Noticia de hallazgos de objetos de bronce en la cueva de la Font Major, de Espluga de Francolí”. Ampurias, XXI, pp. 266-273.
; 1969, pp. 118-120Vilaseca, S. (1969). “La Cueva de la Font Major”. Trabajos de Prehistoria, 26, pp. 117-202.
).
El nuevo acceso permitió la entrada a la cavidad de curiosos y
aficionados a la arqueología y a la espeleología, lo que conllevó un
importante impacto sobre el registro arqueológico. Entre 1985 y 1990,
después de casi treinta años de exploraciones puntuales por parte de
distintos equipos, miembros del Equip de Recerques Espeleològiques del Centre Excursionista de Catalunya,
documentaron sistemáticamente la cavidad, topografiando un total de
3590 m de recorrido, hasta alcanzar un sifón que aún hoy día no ha sido
franqueado (Cervelló, 1986Cervelló, J. M. (1986). “El carst conglomeràtic de l’Espluga de Francolí”. Espeleòleg, 37, pp. 3-6.
; Bosch, 1986Bosch, M. (1986). “La cova de l’Espluga de Francolí”. Espeleòleg, 37, pp. 7-10.
; Bosch, Cervelló, Romero, 1991Bosch, M., Cervelló, J. M. y Romero, M. (1991). “Noves dades sobre l’Espluga”. Espeleòleg, 39, pp. 4-10.
).
El descubrimiento de restos arqueológicos en la cavidad se produjo prácticamente, como hemos indicado, en el mismo momento en que se habilitó el acceso desde el exterior, a finales de los años 50 del pasado siglo. En una noticia publicada en la revista Juventud de Valls, fechada el 9 de enero de 1965, se menciona una conferencia pronunciada por el Dr. Domènech Miró, presidente del Club de Montañismo de Tarragona, en la que se explicaba cómo durante la exploración de 1957 ya apareció en la cavidad “material prehistórico, especialmente cerámica ibérica”. En todo caso, sería Salvador Vilaseca quien, en 1959, citando por primera vez la cueva con el nombre que aún hoy conserva de Cova de la Font Major, especificaría en la revista Ampurias la importancia de los restos arqueológicos de época protohistórica recuperados:
Por
otra parte, en una estrecha galería que se abre a 20 m a la derecha,
esto es, a la izquierda de la antigua corriente, aparecieron algunos
objetos y fragmentos de cerámica ibérica (fragmentos de vasijas rojas
sin pintar, uno de un pequeño kálathos con una espiral recurrente,
fragmentos de cerámica gris a torno o “ampuritana”, unos pequeños kylix
de la misma clase, etc.) y una fíbula anular de bronce. Más al interior
aparece cerámica del siglo IV a.J.C. (Vilaseca, 1959, pp. 267-268Vilaseca, S. (1959). “Noticia de hallazgos de objetos de bronce en la cueva de la Font Major, de Espluga de Francolí”. Ampurias, XXI, pp. 266-273.
).
En
el mismo trabajo describe la localización de un conjunto de objetos de
bronce en lo que llamó un “antiguo escondite”, en un espacio que
denominó Sala de la Mamella, situado a 50 m de la entrada (Vilaseca, 1959, p. 268Vilaseca, S. (1959). “Noticia de hallazgos de objetos de bronce en la cueva de la Font Major, de Espluga de Francolí”. Ampurias, XXI, pp. 266-273.
).
Con la intención de efectuar una nueva investigación de la cavidad,
Salvador Vilaseca y su equipo intentaron excavar durante el mismo 1959
un espacio situado a unos 300 m del acceso al que denominaron Sala "P",
caracterizado por ser el punto de encuentro entre la galería seca y el
río subterráneo que transcurre por el interior de la cavidad. Sin
embargo, debido a que el nivel de agua la inundaba parcialmente, no
obtuvieron resultados apreciables (Vilaseca, 1969, p. 176Vilaseca, S. (1969). “La Cueva de la Font Major”. Trabajos de Prehistoria, 26, pp. 117-202.
).
En 1964, gracias a la disminución del caudal del río se pudieron
reanudar los trabajos de exploración, interviniendo en la Sala P,
actualmente conocida como Sala del Llac (Sala del Lago), donde se
conservaba parte de la estratigrafía arqueológica original, hecho que
favoreció el descubrimiento de una deposición ordenada de diferentes
vasos cerámicos, parcialmente fragmentados, que se clasificaron
cronológicamente como pertenecientes a un amplio período que abarcaría
desde el Bronce Final hasta época ibero-romana (Vilaseca, 1964, 1969Vilaseca,
S. (1964). “La cerámica de factura tosca de la cueva de la Font Major
de Espluga de Francolí (Prov. de Tarragona)”. En: VIII Congreso Arqueológico Nacional Sevilla-Málaga. Zaragoza: Universidad de Zaragoza, Secretaría General de los Congresos Arqueológicos Nacionales, pp. 258-264.
).
En una zona adyacente se recogió también una considerable cantidad de
material arqueológico, básicamente cerámico, si bien este se encontraba
en posición secundaria y sin contexto estratigráfico.
Posteriormente
a la intervención del Dr. Vilaseca se han realizado otros trabajos
arqueológicos en diferentes espacios de la cueva (Genera, 1995Genera,
M. (1995). “Dades sobre el plistocè a la balma de la Fontmajor,
l’Espluga de Francolí (Conca de Barberà, Tarragona)”. En: X Col·loqui Internacional d’Arqueologia de Puigcerdà. Puigcerdà: Institut d’Estudis Ceretans, pp. 189-191.
; Cebrià et al., 2014Cebrià,
A., Fontanals, M., Martín, P., Morales, J. I., Oms, F. X.,
Rodríguez-Hidalgo, A., Soto, M. y Vergès, J. M. (2014). “Nuevos datos
para el Neolítico antiguo en el nordeste de la Península Ibérica
procedentes de la Cova del Toll (Moià, Barcelona) y de la Cova de la
Font Major (L’Espluga de Francolí, Tarragona)”. Trabajos de Prehistoria, 71 (1), pp. 134-145. DOI: https://doi.org/10.3989/tp.2014.12128.
) pero en ningún caso se había excavado de nuevo en la Sala del Llac, habiéndose efectuado únicamente revisiones de materiales (Rauret, 1962Rauret, A. M. (1962). “Consideraciones sobre hallazgos ibero-romanos en la Font Major (Espluga de Francolí)”. En: VII Congreso Nacional de Arqueología. Zaragoza: Seminario de Arqueología de la Universidad de Zaragoza, pp. 251-254.
)
o aproximaciones interpretativas sobre la intervención de Salvador
Vilaseca. El último de estos estudios, realizado por una colaboradora de
nuestro grupo de investigación
1
El
estudio se realizó en forma de Trabajo de Fin de Máster (TFM) por parte
de María Pérez Santafosta (GRESEPIA-URV), con el título Les coves
santuari d’época ibérica al litoral meridional de Catalunya: el cas de
la Cova de la Font Major de L’Espluga de Francolí, presentado en junio de 2014 en la Universitat Rovira i Virgili.
,
sirvió para actualizar los datos sobre los materiales exhumados en la
Sala del Llac distribuidos por distintos museos de la demarcación, de
forma que a partir del mismo percibimos la necesidad de ampliar y
profundizar en el conocimiento del contexto del yacimiento y de su
interesante secuencia funcional. Este hecho motivó el interés de nuestro
grupo de investigación (GRESEPIA-URV) por realizar nuevos trabajos
arqueológicos en la Sala del Llac, que iniciamos en 2019 con un doble
objetivo: por un lado, la documentación de evidencias destinadas a
clarificar con detalle la secuencia cronoestratigráfica y por otro, la
obtención de datos más precisos sobre las prácticas efectuadas en la
sala que permitiesen dilucidar su funcionalidad. La excavación se ha
efectuado entre 2019 y 2021 en el marco del proyecto Evolución
paleoambiental y poblamiento prehistórico en las cuencas de los ríos
Francolí, Gaià, Siurana y rieras del Camp de Tarragona (2018-2021) (CLT009/18/00053) (Departament de Cultura. Generalitat de Catalunya), dirigido por el Dr. Josep Maria Vergès, del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES).
Descripción de los nuevos trabajos arqueológicos efectuados (campañas 2019-2021)
⌅La intervención en la Sala del Llac, iniciada en octubre de 2019, se programó con el objetivo de documentar las variaciones laterales del depósito sedimentario, visibles en algunos de los cortes expuestos por la erosión fluvial. El hecho de que este espacio se sitúe en el contacto entre el cauce fósil del río subterráneo y el cauce actual permitía plantear como hipótesis que las diferencias observadas en dichos cortes eran el resultado de la alternancia entre fases de deposición y fases de erosión fluviales, tanto pleistocenas como holocenas, que habían dado lugar a un depósito sedimentario de alta complejidad, en el que se presentaban adosados e imbricados sedimentos de distintas épocas. Para contrastar esta hipótesis, caracterizar y fechar los distintos niveles, y reconstruir la dinámica sedimentaria, especialmente la relacionada con la frecuentación protohistórica, se planteó la realización de tres sondeos arqueológicos mediante catas: S1 y S5, ubicadas al pie de la pared norte, realizándose la primera en el extremo distal del depósito que rellena el cauce fósil, en contacto con el curso de agua actual y la segunda unos 3 m de la anterior, en la zona seca, y S2, contigua a la pared sur, en la zona seca, a unos 3 m del curso de agua.
Los tres sondeos, de 1 × 1 m de superficie, se excavaron de forma manual, distinguiendo unidades estratigráficas discretas con base en criterios sedimentarios, y/o a presencia/ausencia y variaciones del registro arqueológico. Durante la campaña de 2019 la posición espacial de los restos recuperados se señaló exclusivamente a partir de la pertenencia a una determinada UE. Viendo que las características y estado de conservación del yacimiento requerían de un sistema de posicionamiento más preciso, especialmente para los casos de asociaciones de restos in situ, se optó, a partir de 2020, por dejar los materiales de cada UE sin levantar, y realizar modelos 3D de las asociaciones mediante fotogrametría. Estos modelos se georreferenciaron con coordenadas UTM 31N ETRS89, con la ayuda de una estación total estacionada a partir de las bases topográficas instaladas por el equipo del IPHES en sus trabajos de documentación del santuario paleolítico situado en las vecinas Gatoneres de Cal Palletes, lo que permitía a posteriori establecer la posición tridimensional precisa de todos los elementos, incluso lo relativo a orientación y pendiente, aspectos relevantes en contextos fluviales, donde la acción del agua puede modificar la posición de los restos.
La excavación de S1 (Fig. 3) permitió definir una secuencia estratigráfica completa, documentándose in situ varios conjuntos de materiales cerámicos, juntamente con restos bioarqueológicos. La estratigrafía, de origen fluvial, estaba formada por un sedimento superficial limo-arcilloso con un gran contenido de partículas de mica (UE 10) que aparecen en gran parte de la sala. Justo por debajo, se observaba un estrato formado por la sucesión de limos y arcillas con pequeños lentejones de arenas finas (UE 11). Se trata de depósitos de baja energía generados por la alternancia de fases de decantación de material fino en suspensión, seguidas de episodios de sedimentación de arena transportadas por débiles avenidas. En el sondeo efectuado en el sector S1, este estrato superior se documentaba hasta una profundidad de entre 25 a 30 cm, tratándose de un nivel en el que aparecieron varios conjuntos de materiales: una agrupación cerámica (conjunto B) y dos agrupaciones óseas (conjuntos C y D). Por debajo de este, la composición estratigráfica era prácticamente invariable (UE 12), con una disposición idéntica a la unidad estratigráfica anterior, hasta llegar a una profundidad de entre 46 a 52 cm, donde se individualizó un nuevo estrato a partir de la identificación de una gran cantidad de material orgánico, formado por restos de madera muy bien conservada y otros elementos vegetales indeterminados (UE 13). Sin embargo, lo más destacado de la UE 13 fue la localización de un vaso cerámico íntegro, en posición invertida (Fig. 4), que se recuperó con el sedimento que lo rellenaba y se mantuvo refrigerado hasta que se llevó a cabo, en laboratorio y con condiciones controladas, la excavación y muestreo del relleno para efectuar los estudios arqueobotánicos y de química analítica correspondientes.
En contraposición, el sondeo S2 (Fig. 3) aportó unos resultados menos significativos. En esta zona se observó un depósito sedimentario formado por una sucesión de arenas, limos y arcillas con laminaciones (UE 20, 21, 22, 23 y 24), probablemente de época pleistocena. En cualquier caso, en la zona anexa al sector 2, dentro del mismo lago y en una acumulación de sedimento que se habría desplomado por el contacto continuo de la corriente de agua, se localizó de forma descontextualizada una punta de lanza de bronce notablemente bien conservada (Fig. 5).
Por último, se realizó un sondeo abierto en la parte central de la sala (S5) (Fig. 3), a unos 4 m de S1, en dirección opuesta a la zona de captación, donde se documentaba una acumulación de sedimento con una potencia superior a 1,30 m. En este sector, el primer estrato identificado (UE 50) estaba formado por un nivel limoso-arcilloso de tonalidad clara con un alto contenido de mica y de textura poco compacta, dónde se pudieron recuperar pequeños fragmentos de cerámica fabricada a mano. A una profundidad de entre 10 y 15 cm respecto a la cota inicial del sondeo, se registró un cambio en la estratigrafía, identificándose un nivel (UE 51) formado como en la UE 11 del sondeo del sector S1, por la alternancia de limos y arcillas y finas capas de arenas finas. En este estrato se identificó un pequeño recorte semicircular (UE 52) en uno de los extremos del sondeo, con un nivel de relleno (UE 53) de textura y composición idéntica al estrato UE 51. La aparición de una acumulación significativa de carbones y otros elementos vegetales en descomposición, permitió individualizar un nuevo estrato (UE 54). En una esquina del sector se documentó un conjunto de cerámica muy fragmentada (conjunto A), acompañado de una vasija seccionada en vertical (Fig. 6: 3). Justo por debajo se recuperó otro conjunto cerámico formado por dos fondos de urna seccionados horizontalmente y dispuestos verticalmente (UE 56). A una profundidad de entre 87 y 97 cm, apareció un nuevo nivel claramente diferenciado (UE 57), compuesto por gravas alternadas con capas de limos. Dispuesto sobre este, se localizó un pequeño vaso globular tumbado (Fig. 6: 9). Finalmente, entre 10 y 15 cm por debajo de este nivel, se identificó el suelo rocoso de la sala.
Todo el sedimento extraído de las UE con contenido arqueológico se llevó fuera de la cueva, se flotó, para recuperar los restos carbonizados, y posteriormente se tamizó con agua con una malla de base de 1 mm de luz. Tras secarse, el residuo fue cribado manualmente para recuperar los elementos de interés: arqueobotánicos (antracológicos y carpológicos), faunísticos, pequeños fragmentos cerámicos y algunos metales, de los que se efectuaron los análisis oportunos.
Los materiales arqueológicos: datos artefactuales y bioarqueológicos
⌅El proceso de excavación de los distintos sectores seleccionados en la Sala del Llac ha permitido documentar y extraer una muestra variada e interesante de materiales, tanto cerámicos, como metálicos o bioarqueológicos.
Con respecto a la cerámica, en el sector S1 destaca el conjunto B, una agrupación que presenta diversos fragmentos pertenencientes a un mismo individuo, fabricado a mano, de base plana y cuerpo ovoide, con borde exvasado y un acabado totalmente alisado en su cara interna y ligeramente bruñido en la parte superior externa, que contrasta claramente con el cuerpo, muy rugoso. En lo que se refiere a los aspectos decorativos, presenta un cordón aplicado de sección semicircular con incisiones oblicuas dibujando un sogueado (Fig. 6: 1). Tal como hemos indicado, en los últimos niveles del sondeo S1 (UE 13) se localizó la parte inferior de un recipiente seccionado aproximadamente por la mitad, dispuesto boca abajo, que mostraba un pequeño surco trabajado en la fractura (Fig. 4).
En el sector S5, con una estratigrafía más completa que ha ayudado a diferenciar dos claros niveles de uso, se ha identificado un conjunto de materiales dispuestos en los estratos UE 54 y 55, individualizándose, en primera instancia, una agrupación de fragmentos (conjunto A) que conformarían distintos individuos cerámicos elaborados a mano: una vasija de perfil ovoide y cuello diferenciado con borde plano ligeramente exvasado, que presenta en su cara externa un acabado desigual entre el cuello, totalmente alisado, y el cuerpo, que tendría un acabado más rugoso (Fig. 6: 2); un fragmento de dimensiones considerables de un recipiente de tendencia ovoide, casi piriforme, con el labio plano y una decoración de cordón aplicado con incisiones oblicuas que crean un motivo sogueado (Fig. 6: 3) y un conjunto de fragmentos informes y bordes de un mismo recipiente de cocción oxidante con un perfil en “S” poco pronunciado y labio sensiblemente exvasado que presenta una decoración de cordón de sección triangular con incisiones verticales (Fig. 6: 4). Cabe destacar en esta misma agrupación, el único fragmento cerámico a torno localizado durante toda la excavación, un borde de urna de orejetas o de cierre hermético que presenta una decoración pintada con bandas de tonalidades rojizas (Fig. 6: 5). Justo por debajo de este conjunto se hallaron dos fondos planos de cerámica a mano, seccionados y dispuestos en posición vertical, uno fabricado en cocción oxidante y el otro en cocción mixta, con un saliente periférico (Fig. 6: 6 y 7). Estos fragmentos estaban acompañados por un fondo convexo de pequeñas dimensiones, de aproximadamente 6 cm de diámetro, elaborado mediante cocción oxidante, un borde de vasija exvasada y una pequeña jarrita con un asa de sección cuadrangular, perfil carenado y fondo umbilicado (Fig. 6: 8), también de cocción oxidante. En el segundo nivel de uso, formado por los estratos UE 56 y 57, se recuperó un recipiente de pequeñas dimensiones, perfil bicónico, borde exvasado, labio redondeado y fondo umbilicado (Fig. 6: 9), además de un vaso ovoide con el cuello reentrante y el borde redondeado, que presentaba una decoración de cordón aplicado y digitaciones (Fig. 6: 10). Del primer individuo se pudo realizar un estudio específico (cromatografía de gases / espectrometría de masas) que reveló la presencia de indicadores de fermentación en su interior (ácido tartárico, ácido málico y ácido azelaico), así como presencia de corcho (ácido subérico) 2 Este análisis se ha realizado en el marco del proyecto “Caracterización arqueobiológica de producción y consumo de vino en las comarcas meridionales de Catalunya durante la Protohistoria”, dirigido por Jordi Diloli y Nicolas Rozès, financiado por la Fundación Palarq (convocatoria de analíticas 2022-2023) y por la Universitat Rovira i Virgili. .
En
cuanto a los elementos metálicos, se han documentado algunos bronces de
adorno personal, predominando las anillas y las cadenetas, con
variaciones en sus dimensiones, formas y secciones, piezas habituales en
los contextos funerarios de la primera de la Edad del Hierro en la
fachada Mediterránea norte-occidental (Graells 2008, pp. 65-73Graells, R. (2008). La
necròpolis protohistòrica de Milmanda (Vimbodí, Conca de Barberà,
Tarragona), Un exemple del món funerari català durant el trànsit entre
els segles VII i VI aC. Tarragona: Institut Català d’Arqueologia Clàssica.
; Belarte y Noguera 2007, pp. 51-54Belarte, M. C. y Noguera, J. (2007). La necròpolis protohistòrica de Santa Madrona (Riba-roja d’Ebre, Ribera d’Ebre). Tarragona: Institut Català d’Arqueologia Clàssica.
).
Aunque en algunos casos la distinción entre anillas o eslabones de
cadeneta puede resultar confusa, se ha definido su atribución atendiendo
a su diámetro. Así pues, hemos optado por considerar elementos de
cadeneta aquellos cuyo diámetro es inferior a 1,5 cm, y anillas cuando
sus dimensiones están comprendidas entre 1,5 y 3 cm. Asimismo, se ha
excluido del grupo de las anillas una argolla, de unos 3,5 cm de
diámetro y un grosor superior a 6 mm, con una función desconocida.
También se ha exhumado una cuenta esferoidal de bronce que habría
formado parte de un collar.
Fuera de este conjunto se recuperó
como ya hemos indicado, una punta de lanza con hoja lanceolada, nervio
central y mango tubular (Fig. 5),
con unas dimensiones de 18 cm de largo por 2,6 cm de ancho máximo de la
hoja. El hallazgo de este elemento de bronce entre el ajuar metálico
resulta bastante excepcional en el nordeste peninsular, si bien tenemos
algunos paralelos documentados en áreas más septentrionales, como es el
caso de la necrópolis del Bronce Final y la Primera Edad del Hierro de
Can Bech de Baix d'Agullana (Toledo, Palol y Agustí, 2006, pp. 191-192Toledo, A., Palol, P. de y Agustí, A. (2006). La necròpolis d’incineració del bronze final transició a l’edat del ferro de Can Bech de Baix, Agullana (Alt Empordà, Girona). Els resultats de la campanya d'excavació de 1974. Sèrie monogràfica, 24. Girona: Museu d’Arqueologia de Catalunya.
) o la lanza procedente del depósito de objetos del Bronce Final de Ripoll (Pons, 1979, pp. 67-68Pons, E. (1979): “El dipòsit d’objectes de l’Edat de Bronze de Ripoll”. Annals de l’Institut d’Estudis Gironins, 25 (1), pp. 59-78.
).
En el ámbito de la antracología, los análisis efectuados hasta el momento han permitido identificar dos taxones en dos unidades estratigráficas diferentes, pinus t. sylvestris/nigra (pino albar/salgareño) en la UE 13 y quercus ilex/coccifera (encina/coscoja) en la UE 11. Estos hallazgos sugieren una selección monoespecífica de combustible en diferentes fases de uso de la Sala del Llac, pues el pino albar/salgareño crece en alturas que superan los 800 m, muy por encima de los relieves colindantes a la Cueva de la Font Major. En todo caso, no podemos confirmar si su cremación se habría realizado in situ o bien en otros lugares y luego se habrían transportado de forma selectiva al interior de la cavidad.
Sobre los restos carpológicos, debemos poner de manifiesto que prácticamente todos los elementos identificados corresponden a diferentes especies de cereales, mayoritariamente trigo desnudo (triticum aestivum/durum o compactum) y cebada vestida (hordeum vulgare). También se han identificado, carbonizadas, parte de espiguillas de cereal, específicamente, una cariópside de centeno (secale cerealia) en el nivel UE 13, una variedad extremadamente rara en la protohistoria y prácticamente inexistente en época prehistórica. De hecho, la información actual apunta que se trataría de una especie introducida incipientemente en la Península Ibérica durante época romana, popularizándose en la Edad Media. En la misma UE se ha localizado la única cariópside de fruto, una pepita de uva (vitis vinifera ssp. vinifera) carbonizada.
Finalmente, tanto en S1 como en S5 se han identificado restos óseos pertenecientes a la parte proximal de, al menos, tres patas (una anterior y dos posteriores) de un ovicaprino infantil, una de ellas en conexión o semiconexión anatómica (Fig. 7), además de un diente (UE 11). Respecto al análisis de los huesos, podemos concluir que se trata de tres de las patas de un único individuo, concretamente dos patas posteriores y una pata anterior. Los tres metápodos documentados (un metacarpo y dos metatarsos) presentaban incisiones en su superficie que por sus características y su ubicación se pueden relacionar con el proceso de desarticulación de las manos y los pies del individuo, seguramente para separar las partes esqueléticas de resto del cuerpo. Se trataría de un individuo juvenil, de entre seis y dieciocho meses de edad, que habría sido depositado en la cueva después de su despellejo y desarticulación.
Aproximación cronológica
⌅El
conjunto de materiales cerámicos y metálicos recuperados durante el
proceso de excavación de la Sala del Llac, formado por varios
recipientes de cerámica a mano, una urna de orejetas y un conjunto de
bronces de ornamentación personal, permiten confirmar la utilización de
este espacio durante un amplio periodo de la Edad del Hierro, que, en el
ámbito estratigráfico parece dividirse en dos fases. El hallazgo de los
restos óseos de ovicaprino relacionados con un conjunto cerámico en el
sondeo S1 (UE 11) y los restos antracológicos de la misma cata (UE 13)
nos han permitido, a partir de las dataciones radiocarbónicas realizadas
en el Beta Analytic Radiocarbon Dating Laboratory, reajustar la
cronología de uso en dos etapas. Un resto de madera de la UE 13,
asociado a una vasija seccionada dispuesta boca abajo (BETA-579352), ha
proporcionado unos resultados de 2460 ± 30 BP de edad radiocarbónica
convencional. Esta, calibrada, da unos márgenes con un 95,4 % de
probabilidades, que nos situaría entre el 758 y el 429 ANE. Por otro
lado, las patas de cordero en semiconexión anatómica de la UE 11
(BETA-579351), nivel estratigráfico asociado también a un conjunto
cerámico perteneciente a un único recipiente fragmentado, han
proporcionado una aproximación cronológica de 2160 ± 30 BP de edad
radiocarbónica convencional que, calibrada con un 95,4 % de
probabilidades, se situaría entre el 358 y el 107 ANE. Estos datos,
combinados con el conjunto de elementos materiales, parecen indicar una
primera fase de ocupación del espacio, definido por la UE 13, durante la
Primera Edad del Hierro, concretamente entre los siglos VIII y VI ANE,
al que seguiría una segunda ocupación del lugar, que la datación
radiocarbónica de la UE 11 confirmaría entre finales del siglo III ANE y
el siglo II ANE, relacionándose perfectamente con las miniaturas a
torno recuperadas por Salvador Vilaseca a finales de los años 60 del
siglo pasado (Vilaseca, 1969, p. 201Vilaseca, S. (1969). “La Cueva de la Font Major”. Trabajos de Prehistoria, 26, pp. 117-202.
),
típicas de los últimos momentos de la época ibérica. En función de las
dataciones obtenidas, entre las dos fases de uso habría un hiato entre
finales del siglo V e inicios del siglo III ANE.
Lectura interpretativa
⌅A
partir de los datos obtenidos, tanto del análisis de las excavaciones
antiguas, del reestudio de los materiales depositados en distintos
museos, y de nuestras nuevas intervenciones en el yacimiento, planteamos
una línea interpretativa que, indudablemente, amplía de forma muy
significativa el conocimiento disponible sobre las prácticas
desarrolladas en la Sala del Llac, permitiendo confirmar la utilización
activa de esta sala como espacio ritual de alta significación simbólica.
De hecho, la conexión de las múltiples evidencias artefactuales y
bioarqueológicas identificadas posibilita que puedan empezar a
caracterizarse varios de los gestos y de las acciones rituales que
vertebraron las prácticas efectuadas en dicho espacio, tanto en su
elección como en su materialización. En este sentido, la selección de la
Sala del Llac como escenario ritual se debe a diversos factores, entre
los cuales destacaríamos su ubicación, al tratarse del punto que da
acceso a las galerías inundadas de la cavidad: un entorno liminal y de
contacto con el río subterráneo. Es, además, un espacio de notable
amplitud, donde el agua se acumula formando un lago poco profundo, antes
de desviarse hacia otra galería más estrecha (Fig. 8).
En este sentido, cabe decir que tanto la morfología y origen de la
cavidad como el tipo de materiales documentados encajan perfectamente
con el primero de los tipos de cueva-santuario establecido por Teresa
Moneo (Moneo, 2003, p. 300Moneo, T. (2003). Religio ibérica: santuarios, ritos y divinidades (siglos VII-I aC). Madrid: Real Academia de la Historia.
).
Debemos valorar también el factor sensorial, un elemento especialmente
importante para la comprensión de las prácticas cultuales desarrolladas
en las cavidades subterráneas (Alfayé, 2010Alfayé,
S. (2010). “Hacia el lugar de los dioses: aproximación a la
peregrinación religiosa en la Hispania indoeuropea”. En: Marco, F.,
Pina, F. y Remesal, J. (Eds.). Viajeros, peregrinos y aventureros en el mundo antiguo. Barcelona: Publicacions i edicions de la Universitat de Barcelona, pp. 177-218.
; Machause y Skeates, 2022Machause, S. y Skeates, R. (2022). “Caves, Senses, and Ritual Flows in the Iberian Iron Age: The Territory of Edeta”. Open Archaeology, 8.1, pp. 1-29. DOI: https://doi.org/10.1515/opar-2022-0222.
),
pues en la Sala del Llac destaca singularmente el sonido del agua, muy
presente en este espacio donde el río se desvía por una estrecha galería
hacia una surgencia exterior. Este factor podría enfatizar y acompañar
acústicamente ciertas acciones, como la música o bien las palabras
pronunciadas en este recinto. Por último, no podemos pasar por alto que
la Sala del Llac se ubica justo al lado mismo de las “Gatoneres de Cal
Palletes”, en las que se documenta un rico conjunto de grabados
rupestres perteneciente al santuario paleolítico más antiguo del NE
peninsular, donde se atesoran diferentes representaciones de caballos,
cérvidos y uros, así como múltiples símbolos abstractos (Fontanals, Martín y Vergès, 2021, p. 30Fontanals, M., Martín, P. y Vergès, J. M. (2021). Cova
de la Font Major. Espluga de Francolí conca de Barberà. Memòria de la
intervenció arqueològica programada realitzada entre els dies 14
d’octubre a 8 de novembre de 2019. Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya.
), en todo caso un espacio sacro desde la Prehistoria que acentuaría la relevancia simbólica de la sala.
En cuanto a la materialización de los gestos/acciones rituales, es probablemente el aspecto sobre el cual nuestras recientes intervenciones han aportado datos de mayor interés, sobre todo en contraste con el tipo de antecedentes, en su mayor parte descontextualizados, que conocíamos hasta la fecha. Así, las evidencias registradas hasta el momento permiten describir unos eventos que incluyen la realización de varios gestos o acciones rituales de deposición: vasos cerámicos, determinados tipos de madera, elementos metálicos personales y restos de fauna. Todas ellas se enmarcan en un sentido amplio dentro del concepto de entrega u ofrenda votiva de determinados objetos y productos.
Por
otro lado, la presencia de determinados tipos cerámicos, como el vasito
bicónico identificado en el sector S-5, con indicios de haber contenido
vino, sugiere también la posible realización de gestos ligados a la
manipulación ritual de los líquidos y a la práctica de libaciones. En
este caso, pensamos fundamentalmente en el uso y el significado ritual
atribuido a las propias aguas subterráneas, pero muy probablemente
también al vino, tal y como sugieren los datos bioarqueológicos
anteriormente apuntados (resultados del análisis del vaso bicónico antes
mencionado e identificación de semilla de vid carbonizada). Esta última
hipótesis puede verse también reforzada teniendo en cuenta el hallazgo
en las intervenciones del Dr. Vilaseca de fragmentos pertenecientes a
ánforas de producción itálica (Vilaseca, 1969, p. 179Vilaseca, S. (1969). “La Cueva de la Font Major”. Trabajos de Prehistoria, 26, pp. 117-202.
; Graells, Balsera y Sardà, 2008, pp. 59-60Graells,
R., Balsera R. y Sardà S. (2008). “Rellegint la Cova de la Font Major.
Un santuari en cova protohistòric al curs alt del Francolí”. Pyrenae, 39, pp. 45-66.
), vinculables quizá también a la presencia y consumo de vino en el interior de la cavidad, durante la segunda fase de su uso.
Asimismo,
tenemos indicios carpológicos de que otros vasos cerámicos pudieron
contener trigo y cebada, evidencias claramente relacionables con las
ofrendas de cereal. Cabe destacar también el hallazgo del recipiente
documentado in situ y en posición invertida, que contenía en su
interior un sedimento con numerosos carbones, si bien no podemos
asegurar que se tratara de los residuos de una quema efectuada
directamente en el vaso, o si los restos antracológicos formaban parte
del sedimento que se depositó en su interior con posterioridad a la
deposición del vaso. Resulta sugerente vincular con estos datos la
descripción de otro vaso recuperado durante las antiguas excavaciones
efectuadas en la Sala del Llac, que contenía carbones en su interior (Vilaseca, 1969, p. 181Vilaseca, S. (1969). “La Cueva de la Font Major”. Trabajos de Prehistoria, 26, pp. 117-202.
).
En todo caso, debemos mencionar que no se trata de un hecho insólito,
pues existe documentación sobre este tipo de prácticas en otros espacios
como por ejemplo la Cueva de Piedra del Águila (Orcera, Jaén), donde en
hogares rituales se quemaron ofrendas vegetales (cebada vestida, trigo,
haba, guisante, mijo y avena) que fueron depositadas en vasos cerámicos
y también en contenedores de esparto (Rueda y Bellón, 2016, p. 78Rueda,
C. y Bellón, J. P. (2016). “Culto y rito en cuevas: modelos
territoriales de vivencia y experimentación de lo sagrado, más allá de
la materialidad (ss. V-II A.N.E.)”. ARYS: Antigüedad: Religiones y Sociedades, 14, pp. 43-80. DOI: https://doi.org/10.20318/arys.2017.3986.
).
Además, las acciones vinculadas a la cremación y generación de humo
admiten también la posibilidad de ser valoradas desde el punto de vista
olfativo. El olfato es un elemento que contribuye de forma importante a
la ritualización de los cuerpos y de los espacios. Su asociación con las
experiencias (recuerdos somáticos) y emociones resulta esencial para la
creación de eventos vivenciales de alta significación simbólica (Classen, 1993Classen, C. (1993). Worlds of Sense. Exploring the Senses in History and Across Cultures. London / New York: Routledge.
, 1997Classen, C. (1997). “Foundations for an anthropology of the senses”. International Social Science Journal, 153, pp. 401-412. DOI: https://doi.org/10.1111/j.1468-2451.1997.tb00032.x.
; Classen, Howes y Synnott, 1994Classen, C., Howes, D. y Synnott, A. (1994). Aroma: The Cultural History of Smell. London / New York: Routledge.
; Hamilakis, 2002Hamilakis,
Y. (2002). The past as oral history: towards an archaeology of the
senses. En: Hamilakis, Y., Pluciennik, M. y Tarlow, S. (Eds.). Thinking Through the Body. Archaeologies of Corporeality. New York: Springer, pp. 121-136.
; Drobnick, 2005Drobnick, J. (2005). “Volatile effects. Olfactory dimensions of art and architecture”. En: Empire of the Senses. The Sensual Culture Reader. Oxford / New York: Routledge, pp. 265-280.
; Day, 2013Day, J. (2013). Making senses of the past: Toward a sensory archaeology. Carbondale: Southern Illinois Univ. Press.
; Skeates y Day, 2020Skeates, R. y Day, J. (2020). “Sensory archaeology: Key concepts and debates”. En: Skeates, R. y Day, J. (Eds.). The Routledge Handbook of Sensory Archaeology. London / New York: Routledge, pp. 1-17.
).
En este sentido, no podemos obviar tampoco que se trata de un espacio
oscuro, en el cual el uso y la manipulación de los recursos lumínicos,
mediante antorchas, hogueras o lámparas con grasas podría ser un recurso
para potenciar la ritualización y la escenificación de determinados
gestos y acciones litúrgicas (Dowd y Hensey, 2016Dowd, M. y Hensey, R. (2016). The archaeology of darkness. Oxford: Oxbow Book.
; Skeates, 2016Skeates,
R. (2016). “Experiencing darkness and light in caves: Later prehistoric
examples from Seulo in central Sardinia”. En: Dowd, M. y Hensey, R.
(Eds.). The archaeology of Darkness. Oxford: Oxbow Books, pp. 39-49.
; Machause y Skeates, 2022Machause, S. y Skeates, R. (2022). “Caves, Senses, and Ritual Flows in the Iberian Iron Age: The Territory of Edeta”. Open Archaeology, 8.1, pp. 1-29. DOI: https://doi.org/10.1515/opar-2022-0222.
).
Este hecho parece estar constatado a partir de los fragmentos de madera
hallados ya en su momento por Salvador Vilaseca, algunos de ellos con
evidencias de contacto con el fuego (Vilaseca, 1969, p. 200Vilaseca, S. (1969). “La Cueva de la Font Major”. Trabajos de Prehistoria, 26, pp. 117-202.
).
Del mismo modo, las unidades estratigráficas con abundante carbón,
visibles antes de empezar nuestras intervenciones, apuntaban también a
esta idea, que pudimos reafirmar mediante la identificación de algunos
de estos elementos vegetales quemados. Otro dato interesante vinculado a
los gestos de deposición de los vasos cerámicos procede de la
identificación en el sondeo S-2 de un recipiente fabricado a mano
seccionado por la mitad. Un vaso que fue colocado en posición invertida,
protegiendo el contenido objeto de la ofrenda, tal como sucede en la
Cova dels Pilars (Alacant) (Grau, 1996Grau, I. (1996). “La Cova dels Pilars (Agres, El Comtat) (1996)”. Alberri. Quaderns d'investigacio del centre d'estudis contestants, 9, pp. 79-106.
; Grau y Amorós, 2013Grau,
I. y Amorós, I. (2013). “La delimitación simbólica de los espacios
territoriales ibéricos: el culto en el confín y las cuevas-santuario”.
En: Rísquez, C. y Rueda, C. (Eds.). Santuarios iberos: territorio,
ritualidad y memoria. Actas del Congreso “El santuario de la Cueva de la
Lobera de Castellar. 1912-2012”. Jaén: Asociación para el Desarrollo Rural de la Comarca de El Condado, pp. 183-211.
).
En
cuanto a los restos faunísticos, se trata de un tipo de evidencia muy
importante a pesar de estar muchas veces mal documentados en el ámbito
de las cuevas santuario del mundo ibérico, en gran medida debido a las
desafortunadas vicisitudes históricas que han experimentado algunos de
estos espacios. En este sentido, la identificación en nuestro trabajo de
determinados restos de fauna (patas de ovicaprinos) nos aporta datos
muy interesantes sobre los criterios de selección de las ofrendas
cárnicas depositadas en la cavidad. Además, tenemos constancia de la
recuperación previa de restos faunísticos en esta sala, algunos de los
cuales, además, con evidencias de la acción del fuego. En concreto se
habrían identificado las siguientes especies: equus caballus (frg. de astrágalo), ovis (cráneo, escápula, tibia, mandíbulas, molares, metatarsianos, etc.) y bos (frg. de fémur) (Vilaseca, 1969, p. 200Vilaseca, S. (1969). “La Cueva de la Font Major”. Trabajos de Prehistoria, 26, pp. 117-202.
).
Unos datos que nos obligan a considerar la probable inclusión del
consumo cárnico como parte integrante del conjunto de acciones festivas
ligadas a los momentos de frecuentación de la Cova de la Font Major.
Esta circunstancia permite intuir el papel destacado que podría haber
desempeñado la celebración periódica de ciertos ágapes excepcionales en
un paraje de innegables connotaciones simbólicas, sobre todo teniendo en
cuenta el enorme potencial de convocatoria y de agregación social que
catalizan los rituales de comensalidad. Algunas evidencias documentadas
en estos espacios, tales como Cova de la Guineu (Font-Rubí, Tarragona),
donde se identificó un hogar con restos de ovicápridos en los niveles
del ibérico final (Equip Guineu, 1994, p. 20Equip Guineu (1994). “Elaboració d’una cronoestratigrafia per a la prehistòria del Penedès”. Tribuna d’Arqueologia, 1993-1994, pp. 7-24.
),
pueden interpretarse precisamente bajo estos parámetros. Del mismo modo
se ha propuesto la ejecución de este tipo de prácticas para la Cueva
Merinel (Bugarra, Valencia) (Blay, 1992Blay, F. (1992). “Cueva Merinel (Bugarra) análisis de la fauna”. En: J. Juan Cabanilles (Coord.). Estudios
de Arqueología ibérica y romana. Homenaje a Enrique Pla Ballester,
Serie de Trabajos Varios del Servicio de Investigación Prehistórica, 89. Valencia: Diputación Provincial de Valencia, pp. 283-288.
; Machause, 2017, p. 435Machause, S. (2017). Las cuevas como espacios rituales en época ibérica. Los casos de Kelin, Edeta y Arse. Tesis doctoral. Universitat de Valencia.
) o la cueva santuario vinculada al oppidum de Giribaile (Vilches, Jaén) (Alejo et al., 2021Alejo,
M., Gutiérrez, L. M., Ortiz, A. J., Alejo, J. A. y Riquelme, J. A.
(2021). “Ritualidad en el área de servicio de la cueva santuario del oppidum de Giribaile”. SPAL - Revista de Prehistoria y Arqueología, 30.2, pp. 74-102. DOI: https://doi.org/10.12795/spal.2021.i30.18.
).
Igualmente,
la presencia de restos parciales de macrofauna pone de manifiesto de
manera implícita la ejecución de prácticas sacrificiales. Este tipo de
acciones puede vincularse a algunos ítems documentados en otras
cuevas-santuario del NE peninsular, como la hoja de cuchillo y los
cuchillos curvos de la Cova de les Encantades (Esponellà, Girona) o la
hoja del cuchillo afalcatado de la Cova “C” del Cingle Blanc (Arbolí) (González-Alcalde, 2011, p. 142González-Alcalde, J. (2011). “Una reflexión genérica sobre el sacerdocio ibérico en el contexto de las cuevas-santuario”. Recerques del Museu d’Alcoi, 20, pp. 137-150.
). Esta interpretación sería aplicable también al puñal de hierro encontrado en la Cueva del Garrofet (Querol, Tarragona) (Santacana y Vilaseca, 1973, p. 352Santacana, J. y Vilaseca, S. (1973). “La cueva de Garrofet (Querol, Tarragona)”. En: Crónica del XIII Congreso Arqueológico Nacional. Zaragoza: Seminario de Arqueología de la Universidad de Zaragoza, pp. 347-354.
).
Dadas
las características internas de la cavidad, cabe pensar que las
prácticas citadas vinculadas a la fauna (sacrificiales, comensalidad),
así como al procesamiento y al despellejamiento de los animales, se
podrían haber realizado en un lugar cercano a la cavidad o en las
inmediaciones. Es por ello por lo que debemos tomar en consideración
algunos de los huesos recuperados con anterioridad a nuestra
intervención, definidos como “quemados o ahumados” (Vilaseca, 1969, p. 200Vilaseca, S. (1969). “La Cueva de la Font Major”. Trabajos de Prehistoria, 26, pp. 117-202.
) y que, por lo tanto, presentaban indicios de su exposición al fuego en diferentes grados.
Respecto
a los elementos metálicos, su posible significación simbólica admite
diferentes interpretaciones a partir de su diversidad funcional y
tipológica. Así pues, sobre los anillos o anillas de bronce, cabe añadir
que son elementos documentados de forma frecuente en múltiples cuevas
santuario del área valenciana (Cova de les Dones, Cova dels Pilars, Sima
de l’Aigua) y también del Alto Guadalquivir y que pudiera tratarse de
adornos para las trenzas del cabello (Rueda, 2013Rueda,
C. (2013). “Ritos de paso de edad y ritos nupciales en la religiosidad
ibera: algunos casos de estudio”. En: C. Risquez y C. Rueda (Eds.). Santuarios
iberos: territorio, ritualidad y memoria. Actas del Congreso “El
santuario de la Cueva de la Lobera de Castellar. 1912-2012”. Jaén: Asociación para el Desarrollo Rural de la Comarca de El Condado, pp. 341-384.
; Rueda y Bellón, 2016, p. 56Rueda,
C. y Bellón, J. P. (2016). “Culto y rito en cuevas: modelos
territoriales de vivencia y experimentación de lo sagrado, más allá de
la materialidad (ss. V-II A.N.E.)”. ARYS: Antigüedad: Religiones y Sociedades, 14, pp. 43-80. DOI: https://doi.org/10.20318/arys.2017.3986.
) o quizá para distintas partes del cuerpo (Machause y Falcó, 2023, p. 69Machause,
S. y Falcó, J. (2023). “La Cova de les Dones (Millares, València): el
agua subterránea en las prácticas rituales ibéricas”. Lucentum, 42, pp. 51-74. DOI: https://doi.org/10.14198/lvcentvm.23619.
).
Su deposición a modo de ofrenda se relacionaría con un posible cambio
de aspecto personal de los participantes en las celebraciones rituales
efectuadas en dichos santuarios rupestres (Grau y Amorós, 2013, p. 200Grau,
I. y Amorós, I. (2013). “La delimitación simbólica de los espacios
territoriales ibéricos: el culto en el confín y las cuevas-santuario”.
En: Rísquez, C. y Rueda, C. (Eds.). Santuarios iberos: territorio,
ritualidad y memoria. Actas del Congreso “El santuario de la Cueva de la
Lobera de Castellar. 1912-2012”. Jaén: Asociación para el Desarrollo Rural de la Comarca de El Condado, pp. 183-211.
) o en la celebración de tránsitos de edad (Rueda 2013Rueda,
C. (2013). “Ritos de paso de edad y ritos nupciales en la religiosidad
ibera: algunos casos de estudio”. En: C. Risquez y C. Rueda (Eds.). Santuarios
iberos: territorio, ritualidad y memoria. Actas del Congreso “El
santuario de la Cueva de la Lobera de Castellar. 1912-2012”. Jaén: Asociación para el Desarrollo Rural de la Comarca de El Condado, pp. 341-384.
).
Por otro lado, la identificación de colgantes de “chupete”, sujetos a
cadenas elaboradas con aros o anillas, nos ilustra la deposición de
ciertos elementos distinguidos de ornamentación personal.
De
hecho, con anterioridad a nuestros trabajos, ya se había recuperado una
serie de elementos variados de ornamentación personal en esta sala: una
fíbula anular hispánica de bronce, un fragmento de posible anillo o
pendiente, un anillo de sección semicircular, una cuenta bicónica de
pasta vítrea azul, así como otras anillas y colgantes con apéndices
esferoidales o de “chupete” (Vilaseca, 1969, pp. 197-200; fig. 13BVilaseca, S. (1969). “La Cueva de la Font Major”. Trabajos de Prehistoria, 26, pp. 117-202.
),
idénticos a los ejemplares recuperados en nuestras intervenciones.
Otras cuevas-santuario de la provincia de Tarragona, como la Cova de la
Moneda (Montral), también han proporcionado ejemplares de fíbulas
anulares (Canela, 2015, pp. 161, 237Canela, J. (2015). Evolució del poblament i el paisatge a la Cessetània occidental durant el 1r. mil·lenni aC. Tesis doctoral. Universitat Rovira i Virgili.
),
un tipo de ofrenda que enlaza con prácticas similares a las
documentadas en algunos santuarios del Alto Guadalquivir (Collado de los
Jardines, Cueva de la Lobera, Haza del Rayo) en los que se constata
habitualmente su presencia, asociada muy posiblemente a la ofrenda de
prendas, mantos y túnicas (Rueda et al., 2021, p. 147Rueda,
C., Bellón, J. P., Herranz, A. B., Lechuga, M. A., Ruiz, A., Moreno, M.
I., Molinos, M., Rísquez, C., Gutiérrez, M. y Portillo, M. (2021).
“Ofrendas en el humedal: el santuario ibero de Haza del Rayo (Sabiote,
Jaén)”. Trabajos de Prehistoria, 78, pp. 140-152. DOI: https://doi.org/10.3989/tp.2021.12269.
).
Finalmente,
la punta de lanza de bronce identificada debería relacionarse con la
deposición de armas, así como con la posibilidad de que se efectuaran
también determinados gestos vinculados a la exaltación del ethos guerrero. En este sentido, conviene señalar que la presencia de armas se
ha podido documentar en otras cavidades interpretables como
cuevas-santuario protohistóricas del área catalana como es el caso los
fragmentos de falcata de la Cova “C” del Cingle Blanc (Arbolí,
Tarragona) o la hoja de lanza de la Cova de les Encantades (Esponellà,
Girona) (González-Alcalde, 2011, p. 142González-Alcalde, J. (2011). “Una reflexión genérica sobre el sacerdocio ibérico en el contexto de las cuevas-santuario”. Recerques del Museu d’Alcoi, 20, pp. 137-150.
).
De especial interés son los cercanos ejemplos ubicados en el término
municipal de Vimbodí i Poblet: la Cova dels Xaragalls y el Avenc dels
Bassots. En el primer caso, tal y como se desprende de las memorias
recientes, parece que se recuperaron fragmentos de armas: en concreto se
documentó una punta de espada o puñal de bronce en un nivel asociado al
Bronce Final (Rodríguez, 2021, p. 41Rodríguez, A. J. (2021). Memòria
d’intervenció arqueològica de la cova dels Xaragalls (Vimbodí-Poblet,
Conca de Barberà). Intervenció del 1 al 28 de febrer del 2021. Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya.
).
En el segundo caso, donde también el agua está presente, destacamos el
hallazgo de una espada-puñal y de una lanza de hierro (Palau y Pallisé, 2006Palau,
R. y Pallisé, J. (2006). “Ressenya de quatre fenòmens càrstics a la
zona limítrofa del PNIN de Poblet”. En: Vallvey, A., Grau, J. M. y
Ribera, M. C. (Eds.). Actes de les segones jornades sobre el bosc de
poblet i les muntanyes de prades. Els límits de la pressió humana en el
medi natural. Poblet: Departament de Medi Ambient i Habitatge de la Generalitat de Catalunya, pp. 289-316.
).
Un tipo de prácticas que han sido también identificadas en proporciones
de mucha mayor entidad en santuarios como la Cueva del Collado de los
Jardines (Santa Elena, Jaén), donde se recuperaron falcatas y puntas de
flecha (Calvo y Cabré, 1918Calvo, I. y Cabré, J. (1918). Excavaciones en la cueva y collado de los Jardines (Santa Elena-Jaén): memoria de los trabajos realizados en el año 1916. Madrid: Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos.
).
Otro
punto importante en el análisis que presentamos es el referido a las
escalas de participación. Como es lógico, no podemos aportar datos
excesivamente precisos o concluyentes sobre el número de personas
implicadas o participantes en las prácticas rituales efectuadas en la
Sala del Llac. En el ámbito antropológico, la intensidad de uso es
conocida como densidad ritual y puede valorarse a partir de la
repetición y a la cantidad (Bell, 1997, p. 173Bell, C. (1997). Ritual: Perspectives and Dimensions. Oxford: Oxford University Press.
).
Respecto a la cantidad, las intervenciones de S. Vilaseca destacan el
elevado volumen de vasos en cerámica a mano de los “niveles inferiores” y
se nos indica que grosso modo los fragmentos recuperados
corresponderían en total a unos 1.000 vasos, de los cuales más de 200 no
estaban decorados, más de 300 presentaban decoración incisa y el resto
decoración con relieves (Vilaseca, 1969, pp. 184, 202Vilaseca, S. (1969). “La Cueva de la Font Major”. Trabajos de Prehistoria, 26, pp. 117-202.
).
En cualquier caso, no se realizó un inventario exhaustivo, ni se aportó
un número mínimo real de individuos. De todos modos, las
características espaciales del contexto y el tipo de evidencias
documentadas que hemos podido identificar en nuestras recientes
intervenciones, sugieren que pudiera tratarse de prácticas oficiadas o
ejecutadas por un número más bien restringido de personas. Probablemente
individuos iniciados, con un conocimiento privilegiado de la galería y
de su potencial simbólico, que desarrollarían un papel o rol litúrgico
activo en la ejecución de las ceremonias (González-Alcalde, 2011González-Alcalde, J. (2011). “Una reflexión genérica sobre el sacerdocio ibérico en el contexto de las cuevas-santuario”. Recerques del Museu d’Alcoi, 20, pp. 137-150.
).
Estos individuos iniciados actuarían como conductores, guiando quizá a
los aspirantes/visitantes de forma individual, o bien en pequeños
grupos, para poder alcanzar determinados estatus (de edad, de
fertilidad, nupciales, guerreros, etc.). Por consiguiente, el elevado
número de ofrendas que concentra la cavidad, más que a la celebración de
eventos de elevada participación, parece responder a su utilización
ritual recurrente y frecuente. Cabe apuntar también que la diversidad de
ofrendas y acciones rituales atestiguada hasta el momento podría
relacionarse con la participación de distintos grupos, ¿De diferentes
niveles o categorías sociales? ¿Miembros integrantes de diferentes
comunidades? ¿Participantes con diversidad de objetivos y finalidades?
Para avanzar en la concreción precisa de todos estos aspectos, sería
necesario ampliar el área intervenida en futuras excavaciones, con el
objetivo de poder determinar la entidad de los conjuntos artefactuales
relacionables de forma efectiva a unos mismos eventos o momentos
ceremoniales.
La frecuencia de las celebraciones es también un
aspecto de difícil determinación, aunque el volumen y la concentración
de ofrendas documentado en la Sala del Llac, es evidente que no responde
a frecuentaciones de carácter esporádico, sino todo lo contrario, pues
refleja un uso recurrente de un espacio singular que poseyó un
significado ritual destacado (y probablemente calendarizado) durante
varios siglos. En cualquier caso, el aumento o descenso del nivel de
agua en el río subterráneo debió actuar como un factor clave, tanto en
el ámbito simbólico-ritual como también en el aspecto práctico. Desde un
punto de vista sensorial, el otoño y la primavera representan las
etapas más indicadas (debido al aumento de la circulación de agua por
las galerías interiores) y, por ello, resulta sugerente plantear que la
frecuentación del lugar con fines litúrgicos pudiera haberse efectuado,
primordialmente, coincidiendo con los equinoccios de primavera y otoño,
que marcan el inicio y el fin de dicho ciclo de circulación de aguas más
pronunciado. La relación con los equinoccios en cavidades sagradas se
ha podido constatar y plantear de forma paradigmática en el caso de la
Cueva de la Lobera (Castellar, Jaén), donde los últimos rayos solares
del día se proyectan en el fondo de la cueva, conformando una imagen
visual que simula el estereotipo propio de una imagen femenina, hecho
que se ha interpretado como una epifanía/hierofanía (Esteban, Rísquez y Rueda, 2014Esteban, C., Rísquez, C. y Rueda, C. (2014). “Una hierofanía solar en el santuario ibérico de Castellar (Jaén)”. Archivo Español de Arqueología, 87, pp. 91-107. DOI: https://doi.org/10.3989/aespa.087.014.006.
).
En cualquier caso, necesitamos recopilar más datos sobre la evolución
hidrogeológica que experimentó el curso de aguas de la Cova de la Font
Major a lo largo del tiempo, para poder aportar una visión más precisa
sobre este aspecto. De todos modos, merece la pena apuntar la existencia
de un posible busto femenino de terracota, con un tocado adornado con
diadema que algunos autores añaden a la lista de hallazgos fortuitos
efectuados en la Cova de la Font Major (González-Alcalde, 2006González-Alcalde, J. (2006). “Cuevas-santuario en Cataluña”. Quaderns de Prehistòria i Arqueologia de Castelló, 25, pp. 187-248.
; Canela, 2015Canela, J. (2015). Evolució del poblament i el paisatge a la Cessetània occidental durant el 1r. mil·lenni aC. Tesis doctoral. Universitat Rovira i Virgili.
) o en sus aledaños (Carreras, 2002Carreras, A. (2002). Història de l'Espluga de Francolí, vol. II. Antics pobladors. L'Espluga de Francolí: Associació Història de l'Espluga de Francolí.
).
Se trata de un elemento relacionable con la realización de
celebraciones vinculadas al ciclo agrario y, por lo tanto, de notables
implicaciones interpretativas. Además, dicha pieza encuentra paralelo en
las dos esculturas de terracota de la Cova de les Encantades (Cabrera
de Mar, Barcelona), que han sido interpretadas como posibles
representaciones de la diosa Deméter (Coll, Cazoru y Bayés, 1994, pp. 33-86Coll,
R., Cazoru, F. y Bayés, E. (1994). “El santuari iberic de la cova de
les Encantades del Montcabrer (Cabrera de Mar, el Maresrne). Estudi
preliminar”. Laietania, 9, pp. 33-86.
; Coll y Cazorla, 1998, pp. 275-282, lám. IIColl,
R. y Cazorla, F. (1998). “Una cueva santuario ibérica en el Maresme:
«la cova de les Encantades» del Montcabrer (Cabrera de Mar, El
Maresme)”. En: Aranegui, C. (Eds.). Los Iberos Príncipes de Occidente. Las estructuras de poder en la sociedad ibérica, Actas del Congreso Internacional. Barcelona: Fundación La Caixa, pp. 275-283.
).
En
cuanto a la funcionalidad de la sala y el tipo de prácticas realizadas,
las características marcadamente singulares del contexto analizado han
determinado su interpretación unánime como lugar de culto (Tarradell, 1973Tarradell, M. (1973). “Cuevas sagradas o cuevas santuario. Un aspecto poco valorado de la religión ibérica”. En: Memorias de 1973 del Instituto de Arqueología y Prehistoria. Barcelona: Universidad de Barcelona, pp. 25-40.
; De la Vega, 1986De la Vega, J. (1986). “Contribució catalana a l’inventari de les probables coves santuari ibèriques”. Fonaments, 6, pp. 171-181.
; Carreras, 2002Carreras, A. (2002). Història de l'Espluga de Francolí, vol. II. Antics pobladors. L'Espluga de Francolí: Associació Història de l'Espluga de Francolí.
; Moneo, 2003Moneo, T. (2003). Religio ibérica: santuarios, ritos y divinidades (siglos VII-I aC). Madrid: Real Academia de la Historia.
; González-Alcalde, 2006González-Alcalde, J. (2006). “Cuevas-santuario en Cataluña”. Quaderns de Prehistòria i Arqueologia de Castelló, 25, pp. 187-248.
; Graells, Balsera y Sardà, 2008Graells,
R., Balsera R. y Sardà S. (2008). “Rellegint la Cova de la Font Major.
Un santuari en cova protohistòric al curs alt del Francolí”. Pyrenae, 39, pp. 45-66.
; Ayllón, 2013Ayllón,
R. (2013). “Renovarse o morir. Las cuevas santuario del Noreste
Peninsular a partir del s. III a.C.”. En: Rísquez, C. y Rueda, C.
(Eds.). Santuarios iberos: territorio, ritualidad y memoria. Actas
del Congreso “El santuario de la Cueva de la Lobera de Castellar.
1912-2012”. Jaén: Asociación para el Desarrollo Rural de la Comarca de El Condado, pp. 271-288.
).
En este sentido, el propio Salvador Vilaseca ya se decantó por un uso
ritual del espacio vinculado al relevante papel del agua lustral o
cárstica, enfatizando que no se trataba de aguas estancadas, sino de una
corriente y, por lo tanto, de agua saneada. Esta circunstancia le llevó
a plantear la posible ejecución de abluciones o inmersiones, así como
el lanzamiento y la deposición de ofrendas en el río subterráneo (Vilaseca, 1969, p. 202Vilaseca, S. (1969). “La Cueva de la Font Major”. Trabajos de Prehistoria, 26, pp. 117-202.
).
El mismo autor propuso que algunos objetos podrían haber sido arrojados
desde la parte superior de la montaña donde se ubica la cueva (Vilaseca, 1969, p. 202Vilaseca, S. (1969). “La Cueva de la Font Major”. Trabajos de Prehistoria, 26, pp. 117-202.
), hipótesis sugerente que ya fue desarrollada en algunos de nuestros trabajos anteriores (Cots et al., 2021Cots,
I., Pérez, M., Diloli, J., Ferré, R. y Sardà, S. (2021). “Ritual Spaces
in the Font Major Cave: The Sala del Llac and the Sala de la Mamella
(L’Espluga de Francolí, Tarragona)”. En: Machause, S., Rueda. C, Grau,
I. y Roure, R. (Eds.). ROCK & RITUAL. Caves, Rocky Places and Religious Practices in the Ancient Mediterranean. Montpellier: Presses universitaires de la Méditerranée, pp. 101-111.
).
En esta línea, cabe remarcar que la morfología interna de la cavidad,
así como el supuesto acceso practicable a la cueva, han sido modificados
tanto por factores geológicos como antrópicos. No excluimos posibles
entradas alternativas que habrían colapsado. De hecho, las recientes
intervenciones en las “Gatoneres de Cal Palletes” han proporcionado
evidencias que conducen a plantear un posible acceso, ahora colapsado,
cercano a la Sala del Llac, documentándose materiales que confirman la
actividad durante la Edad del Hierro en este lugar (Fontanals, Martín y Vergès, 2021, p. 29Fontanals, M., Martín, P. y Vergès, J. M. (2021). Cova
de la Font Major. Espluga de Francolí conca de Barberà. Memòria de la
intervenció arqueològica programada realitzada entre els dies 14
d’octubre a 8 de novembre de 2019. Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya.
),
hecho que al mismo tiempo refuerza la idea del posible conocimiento y
de la posible interacción simbólica con las representaciones
paleolíticas.
Desde nuestro punto de vista, las particularidades
del contexto y el tipo de evidencias documentadas hasta el momento
apuntan de forma bastante clara a la celebración de rituales hidro-hipogénicos (Graells, Balsera y Sardà, 2008Graells,
R., Balsera R. y Sardà S. (2008). “Rellegint la Cova de la Font Major.
Un santuari en cova protohistòric al curs alt del Francolí”. Pyrenae, 39, pp. 45-66.
; Cots et al., 2021Cots,
I., Pérez, M., Diloli, J., Ferré, R. y Sardà, S. (2021). “Ritual Spaces
in the Font Major Cave: The Sala del Llac and the Sala de la Mamella
(L’Espluga de Francolí, Tarragona)”. En: Machause, S., Rueda. C, Grau,
I. y Roure, R. (Eds.). ROCK & RITUAL. Caves, Rocky Places and Religious Practices in the Ancient Mediterranean. Montpellier: Presses universitaires de la Méditerranée, pp. 101-111.
).
Es decir, se trataría de prácticas asociadas fundamentalmente al
significado especial asociado a las aguas subterráneas que circulan de
forma constante por la galería. La atribución de propiedades
propiciatorias, regeneradoras, purificadoras y sanadoras en espacios
rituales ligados a la circulación y al surgimiento de aguas subterráneas
se constata de forma transcultural en múltiples contextos y horizontes
histórico-arqueológicos. En el caso concreto del mundo ibérico, se ha
señalado, además, la predilección mayoritaria por las “aguas vivas”, es
decir aguas en constante movimiento que fluyen sin estancarse. No solo
se pretendía abastecer de agua los santuarios para atender los rituales,
sino que además es muy probable que el movimiento fuera el factor que
otorgara a las aguas un mayor valor simbólico, purificador y salutífero.
Asimismo, cabe la posibilidad de que el agua también fuera recogida, al menos en pequeñas cantidades, para su posterior uso en el marco de determinadas prácticas rituales en el exterior de la cavidad. Ello permitiría la participación de un mayor número de personas en estas celebraciones, sin excluir el aparente carácter restrictivo de las actividades efectuadas en el interior de la sala, que serían ejecutadas por ciertos grupos o individuos concretos. Estos planteamientos concluyen que el agua pudo desempeñar un papel primordial en este espacio sacro, quizás vinculado a los antepasados o a algún tipo de arquetipo o fuerza telúrica. Así pues, nos preguntamos si los diferentes tipos de ofrendas podrían considerarse como gestos necesarios y precisos para el uso, manipulación o extracción de esta.
Finalmente, no podemos pasar por alto que algunas evidencias documentadas se relacionan fácilmente con la práctica de ciertos rituales de iniciación o de paso (deposición de manufacturas metálicas). Tampoco podemos descartar que, debido a su estratégica ubicación territorial, se tratara de un espacio destinado a la celebración de prácticas con otro tipo de connotaciones, como rituales étnico-grupales o rituales político-clientelares. En cualquier caso, entendemos que en todas estas prácticas el agua pudo desempeñar un papel clave al sancionar o validar litúrgicamente las acciones realizadas y los objetivos rituales asociados a estas.
Así pues, creemos que La Sala del Llac reúne todos los requisitos para plantear que pudiera ser utilizada y concebida como “omphalos”,
es decir como un lugar de contacto con el mundo subterráneo y, por
ende, con el conjunto de mitos y creencias asociadas al inframundo, al
más allá. En este sentido, los gestos documentados y las prácticas
efectuadas en la sala estarían claramente vinculados a los cultos
ctónicos (que pueden asociarse tanto a la fertilidad y al ciclo
agrícola, como a la conexión con los antepasados), implicando la idea
del descenso simbólico a lo más profundo de la Tierra y el recorrido por
el inframundo, seguido del ascenso de los participantes una vez
completados los parámetros y gestos rituales establecidos. En este
sentido, y relacionándolo con el culto a los antepasados, no podemos
pasar por alto que ciertos ítems depositados en la Sala del Llac
mantienen correspondencia directa con los objetos habitualmente
recuperados en las necrópolis, y más concretamente con algunos de los
conjuntos de la necrópolis de Milmanda (Vimbodí i Poblet), situada a
poca distancia de la cavidad. Ello invita a plantear que quizá algunos
de los elementos metálicos documentados pudieran entenderse como objetos
de ofrenda a determinados antepasados o personajes de la comunidad. Una
práctica similar a la documentada en la Sala de la Mamella, otro
espacio de la cueva donde se recuperó un conocido depósito de materiales
de la Edad del Bronce (Vilaseca, 1959Vilaseca, S. (1959). “Noticia de hallazgos de objetos de bronce en la cueva de la Font Major, de Espluga de Francolí”. Ampurias, XXI, pp. 266-273.
, 1969Vilaseca, S. (1969). “La Cueva de la Font Major”. Trabajos de Prehistoria, 26, pp. 117-202.
; Almagro Basch, 1960Almagro Basch, M. (1960). Inventaria Archaeologica, España, fascículo 5-E.2-E-6. Madrid: Instituto Español de Prehistoria y Dirección General de Bellas Artes.
), que también puede ser releído o reinterpretado como resultado de una acción de homenaje póstumo a un personaje distinguido.
Conclusiones
⌅Las
recientes intervenciones en la Sala del Llac han proporcionado datos
muy interesantes para avanzar en la caracterización de aspectos de tipo
cronológico y funcional de este paradigmático yacimiento, en el que no
se había producido ninguna actuación arqueológica desde mediados de los
años 60 del siglo pasado. Cabe indicar que su interpretación seguía los
parámetros establecidos por Salvador Vilaseca en su publicación de 1969Vilaseca, S. (1969). “La Cueva de la Font Major”. Trabajos de Prehistoria, 26, pp. 117-202.
,
con algunas aportaciones posteriores basadas en revisiones de esta
misma investigación, que en ningún caso contribuían con nuevos datos
arqueológicos, a profundizar en el conocimiento de la sala.
De la
excavación efectuada por el GRESEPIA destacan, en primer lugar, las
aportaciones cronoestratigráficas y las apreciaciones cronológicas
derivadas de estas, que nos han permitido identificar diferentes
momentos funcionales del espacio. En concreto, los resultados obtenidos
permiten constatar fehacientemente el uso ritual del espacio entre los
siglos VIII-VI ANE y también entre finales del siglo III y el siglo II
ANE, existiendo un hiato en el que aparentemente no hay actividad, que
comprende desde finales del siglo V hasta inicios del siglo III ANE. En
este sentido, resulta especialmente sugerente el evidente repunte de
frecuentaciones que presentan este tipo de santuarios en el área del NE
peninsular a partir del siglo III ANE (Ayllón, 2013Ayllón,
R. (2013). “Renovarse o morir. Las cuevas santuario del Noreste
Peninsular a partir del s. III a.C.”. En: Rísquez, C. y Rueda, C.
(Eds.). Santuarios iberos: territorio, ritualidad y memoria. Actas
del Congreso “El santuario de la Cueva de la Lobera de Castellar.
1912-2012”. Jaén: Asociación para el Desarrollo Rural de la Comarca de El Condado, pp. 271-288.
).
En segundo lugar, el análisis permite ampliar significativamente el conocimiento sobre los posibles gestos realizados en la sala, pues se documenta por primera vez de forma rigurosa y contextualizada la ofrenda de ciertas manufacturas metálicas, la deposición in situ de una selección de determinadas partes de animales, así como la posible presencia de vino, cereales y otros restos vegetales entre los contenidos de algunos de los vasos entregados o ritualmente depositados en el espacio. La investigación realizada sobre otros contextos similares durante las últimas décadas nos ofrece la posibilidad de establecer paralelos, evidenciando conexiones cultuales que nos conducen a plantear interpretaciones sugerentes al respecto. A su vez, hemos podido profundizar en algunos aspectos hasta ahora no habitualmente valorados en este tipo de contextos (variables de selección del espacio, factor sensorial, escalas de participación, frecuencia de celebraciones, accesos alternativos, prácticas exteriores, etc.).
Por
último, pensamos que la cavidad pudo actuar como un espacio ritual muy
significativo desde una perspectiva territorial. Las ceremonias que se
celebrarían en la Sala del Llac se sustentarían en el espacio interno,
simbólico, y en el externo, pues definirían un territorio en el que
podría haber peregrinaciones colectivas recurrentes por parte de
diferentes comunidades (próximas o no), erigiéndose la cueva como un
hito paisajístico de referencia que se ubicaría en un espacio
radioconcéntrico en cuanto a las capacidades de movilidad regional. El
nacimiento o surgimiento del río Francolí desde la cueva, un curso
fluvial de gran significado en la Cesetania, vía de comunicación
fundamental entre la costa y el interior, donde enlaza con la planicie
ilerdense (Ilergecia), acentuaría el sentido especial de la
misma. En este sentido, debemos apuntar que la elección y el uso como
cuevas santuario de algunas cavidades del ámbito cesetano, se han
vinculado a su ubicación geográfica en las zonas periféricas (Ayllón, 2012Ayllón,
R. (2012). “Cessetania’s sacred landscape: An approximation to the
sanctuary-caves functionality”. En: Cascalheira, J. y Gonçalves, C.
(Eds.). Actas das IV Jornadas de Jovens en Investigaçao arqueologica - JIA 2011, II. Faro: Universidade do Algarve, pp. 307-312.
), tal y como se ha planteado para los santuarios extraurbanos de otras regiones de la costa oriental de la península ibérica (Grau, 2010Grau,
I. (2010). “Límite, confín, margen, frontera… Conceptos y nociones en
la antigua Iberia”. En: Prados, F. M, García, I. y Bernard, G. (Eds.). Confines. El extremo del mundo durante la Antigüedad. Alicante: Servicio de publicaciones de la Universidad de Alicante, pp. 23-48.
; Grau y Amorós, 2013Grau,
I. y Amorós, I. (2013). “La delimitación simbólica de los espacios
territoriales ibéricos: el culto en el confín y las cuevas-santuario”.
En: Rísquez, C. y Rueda, C. (Eds.). Santuarios iberos: territorio,
ritualidad y memoria. Actas del Congreso “El santuario de la Cueva de la
Lobera de Castellar. 1912-2012”. Jaén: Asociación para el Desarrollo Rural de la Comarca de El Condado, pp. 183-211.
; Rueda y Bellón, 2016Rueda,
C. y Bellón, J. P. (2016). “Culto y rito en cuevas: modelos
territoriales de vivencia y experimentación de lo sagrado, más allá de
la materialidad (ss. V-II A.N.E.)”. ARYS: Antigüedad: Religiones y Sociedades, 14, pp. 43-80. DOI: https://doi.org/10.20318/arys.2017.3986.
; Machause y Quixal, 2018Machause, S. y Quixal, D. (2018). “Cuevas rituales ibéricas en el territorio de Kelin (ss. V-III a.C.)”. Complutum, 29 (1), pp. 115-134. DOI: https://doi.org/10.5209/cmpl.62398.
,
etc.). Desde una perspectiva de carácter étnico-territorial, entendemos
que dichas áreas limítrofes, al no ser espacios de explotación directa,
ejercerían como “tierra de nadie”; del mismo modo que se ha planteado
para las cuevas-santuario ibéricas del Massís del Garraf (Ros, 2003Ros, A. (2003). “L’ús de coves santuari al massís del Garraf durant el període ibèric”. En: IV Trobada d’Estudiosos del Garraf. Barcelona: Diputació de Barcelona, pp. 181-185.
).
En
cualquier caso, es indudable que los sistemas religiosos del mundo
ibérico estaban conectados a la naturaleza y al territorio, que en el
caso ibérico poseía además una dimensión simbólica clara que se
proyectaba en determinados hitos sagrados del paisaje. Cabe señalar
también la importancia que poseía la ubicación liminal de las
cuevas-santuario al definir los márgenes simbólicos de un posible
territorio político (Grau y Amorós, 2013Grau,
I. y Amorós, I. (2013). “La delimitación simbólica de los espacios
territoriales ibéricos: el culto en el confín y las cuevas-santuario”.
En: Rísquez, C. y Rueda, C. (Eds.). Santuarios iberos: territorio,
ritualidad y memoria. Actas del Congreso “El santuario de la Cueva de la
Lobera de Castellar. 1912-2012”. Jaén: Asociación para el Desarrollo Rural de la Comarca de El Condado, pp. 183-211.
).
En este sentido, las peregrinaciones a cuevas-santuario posibilitarían
la comunicación con lo divino y supondrían una forma más de apropiación
del paisaje, contribuyendo a la creación de la memoria de las
comunidades mediante comportamientos rituales cíclicos (Alfayé, 2010Alfayé,
S. (2010). “Hacia el lugar de los dioses: aproximación a la
peregrinación religiosa en la Hispania indoeuropea”. En: Marco, F.,
Pina, F. y Remesal, J. (Eds.). Viajeros, peregrinos y aventureros en el mundo antiguo. Barcelona: Publicacions i edicions de la Universitat de Barcelona, pp. 177-218.
; López-Bertran, 2011López-Bertran, M. (2011). “Practical movements: Kinetic rituals in the ancient Western Mediterranean”. Journal of Mediterranean Archaeology, 24.1, pp. 85-109. DOI: https://doi.org/10.1558/jmea.v24i1.85.
; Rueda y Bellón, 2016Rueda,
C. y Bellón, J. P. (2016). “Culto y rito en cuevas: modelos
territoriales de vivencia y experimentación de lo sagrado, más allá de
la materialidad (ss. V-II A.N.E.)”. ARYS: Antigüedad: Religiones y Sociedades, 14, pp. 43-80. DOI: https://doi.org/10.20318/arys.2017.3986.
; Rueda et al., 2021Rueda,
C., Bellón, J. P., Herranz, A. B., Lechuga, M. A., Ruiz, A., Moreno, M.
I., Molinos, M., Rísquez, C., Gutiérrez, M. y Portillo, M. (2021).
“Ofrendas en el humedal: el santuario ibero de Haza del Rayo (Sabiote,
Jaén)”. Trabajos de Prehistoria, 78, pp. 140-152. DOI: https://doi.org/10.3989/tp.2021.12269.
; Machause y Díez, 2022Machause, S. y Díez, A. (2022). “Analysing the sacred landscape in the Iberian Culture: GIS, caves and ritual performance”. Zephyrus, 90, pp. 135-158. DOI: https://doi.org/10.14201/zephyrus202290135158.
).
Agradecimientos
⌅Queremos agradecer a Laura Bricio y a Diana Álvarez, investigadoras del GRESEPIA, los estudios arqueobotánicos y zooarqueológico respectivamente. Así mismo, a Xavier Sicart y a Jordi Vilà, igualmente componentes del GRESEPIA, sus aportaciones y colaboración en los trabajos arqueológicos. También a Jaume Massó, técnico del Museu de Reus, por su inestimable ayuda en la recopilación de los datos sobre los primeros trabajos de Salvador Vilaseca en la Cova de la Font Major.
Declaración de conflicto de intereses
⌅Los autores de este artículo declaran no tener conflictos de intereses financieros, profesionales o personales que pudieran haber influido de manera inapropiada en este trabajo.
Fuentes de financiación
⌅Esta investigación se ha realizado en el marco del proyecto cuadrienal Evolución paleoambiental y poblamiento prehistórico en las cuencas de los ríos Francolí, Gaià, Siurana y rieras del Camp de Tarragona (2018-2021) (CLT009/18/00053) (Departament de Cultura, Generalitat de Catalunya), participando también en su financiación el Ayuntamiento de l’Espluga de Francolí (Conca de Barberà, Tarragona).
Declaración de contribución de autoría
⌅Ernest Capella Martínez: investigación, redacción ‒ borrador original.
Ivan Cots Serret: conceptualización, investigación, metodología, redacción ‒ borrador original; redacción ‒ revisión y edición.
Jordi Diloli Fons: conceptualización, análisis formal, investigación, redacción ‒ borrador original; redacción ‒ revisión y edición.
Marc Prades Painous: investigación; redacción ‒ borrador original.
Samuel Sardà Seuma: conceptualización, análisis formal, investigación, redacción ‒ borrador original; redacción ‒ revisión y edición.
Josep Maria Vergès Bosch: conceptualización, análisis formal, investigación, metodología, redacción ‒ revisión y edición, administración de proyecto.