Archivo Español de Arqueología 98
enero-diciembre 2025, 736
ISSN-L: 0066-6742, eISSN: 1988-3110
https://doi.org/10.3989/aespa.098.025.736

La Sala del Llac: un santuario protohistórico en la Cova de la Font Major (L’Espluga de Francolí, Conca de Barberà, Tarragona)

The Sala del Llac: a Protohistoric shrine in the Font Major Cave (L'Espluga de Francolí, Conca de Barberà, Tarragona)

Ernest Capella Martínez

Universitat Rovira i Virgili (URV)

https://orcid.org/0000-0001-8082-5958

Ivan Cots Serret

Universitat Rovira i Virgili (URV)

https://orcid.org/0000-0002-4141-044X

Jordi Diloli Fons

Universitat Rovira i Virgili (URV)

https://orcid.org/0000-0001-5048-9308

Marc Prades Painous

Institut Català d’Arqueologia Clàssica (ICAC), Universitat Rovira i Virgili (URV)

https://orcid.org/0000-0002-3763-8652

Samuel Sardà Seuma

Universitat Rovira i Virgili (URV)

https://orcid.org/0000-0001-8224-0937

Josep Maria Vergès Bosch

Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES-CERCA), Universitat Rovira i Virgili (URV)

https://orcid.org/0000-0003-1807-7463

Resumen

Presentamos en este artículo los resultados de las intervenciones arqueológicas que el grupo de investigación GRESEPIA-URV, en colaboración con el IPHES-CERCA, ha efectuado entre 2019 y 2021 en la Sala del Llac de la Cova de la Font Major de l’Espluga de Francolí. En este espacio, que ya fue objeto de diferentes trabajos arqueológicos por parte de Salvador Vilaseca entre 1959 y 1964, se recuperaron una gran cantidad de vasos cerámicos, elementos metálicos y restos óseos, que fueron adscritos a una amplia cronología y a una funcionalidad incierta, que combinaba la ritualidad con un espacio de enterramiento. Nuestra reciente investigación en la Sala del Llac ha tenido como objetivo actualizar los datos sobre la secuencia cronoestratigráfica y sobre la interpretación de la funcionalidad de la cavidad. En este sentido se ha incidido en el estudio de los materiales exhumados, trazándose una nueva propuesta de uso de este espacio durante la Protohistoria.

Palabras clave: 
Edad del Hierro; río subterráneo; prácticas rituales; culto ctónico; territorio.
Abstract

In this article, we present the results obtained from the archaeological interventions carried out by the research group GRESEPIA-URV, in collaboration with IPHES-CERCA, between 2019 and 2021 in the Sala del Llac of Cova de la Font Major (Espluga del Francolí). The Sala del Llac, which had already been the subject of various archaeological campaigns led by Salvador Vilaseca between 1959 and 1964, yielded multiple pottery vessels, metal artifacts, and bone remains. These findings were assigned a broad chronology and an unclear function, combining ritual activities with a burial site. Our recent investigation in the Sala del Llac aimed to update the data regarding the chronological sequence of stratigraphy, as well as to refine the interpretation of the cavity’s function. In this regard, we placed special emphasis on the study of the excavated materials, providing a new hypothesis regarding the use of this space during Protohistoric times.

Keywords: 
Iron Age; subterranean river; ritual practices; underground worship; territory.

Enviado: 09-08-2024. Aceptado: 19-02-2025. Publicado online: 27-05-2025.

Cómo citar este artículo / Citation: Capella Martínez, E., Cots Serret, I., Diloli Fons, J., Prades Painous, M., Sardà Seuma, S., Vergès Bosch, J. M. (2025). "La Sala del Llac: un santuario protohistórico en la Cova de la Font Major (L’Espluga de Francolí, Conca de Barberà, Tarragona)". Archivo Español de Arqueología, 98, 736. DOI: https://doi.org/10.3989/aespa.098.025.736.

CONTENIDO

Antecedentes e historia de la investigación

 

Actualmente separadas, la Cova de la Font Major y la Cova de la Vila (L'Espluga de Francolí, Conca de Barberà, Tarragona), constituyen el denominado complejo de Les Coves de l'Espluga, un sistema kárstico de tipo binario que se extiende entre la zona de La Mata-Riudabella y el Capuig, un cerro ubicado en la ribera derecha del río Francolí sobre el cual se sitúa el núcleo urbano de la población. Se trata de un sistema subterráneo de galerías con aproximadamente 3,6 km explorados, formado por diversas cavidades, destacando el pasaje por el que transcurre un río que recoge las aguas de la vertiente septentrional de las Muntanyes de Prades, y que con su salida al exterior por la Font Major, genera el nacimiento tradicional del río Francolí.

Situación de la Cova de la Font Major (elaboración propia).
Figura 1.  Situación de la Cova de la Font Major (elaboración propia).

El acceso actual a la cueva se efectúa por el noreste del casco urbano, donde parece que se habría situado su entrada natural. En todo caso, el redescubrimiento de la cavidad se produjo de forma fortuita en 1853, al abrir un pozo en una casa del pueblo (Cal Palletes), que reveló la existencia de la corriente subterránea, si bien esta no sería explorada sistemáticamente hasta 1956, momento en que un grupo de espeleólogos recorrería la galería alcanzando el acceso original, derrumbado desde al menos época romana. Cabe indicar que durante este período habría cierta frecuentación de la cueva, como indican algunos grafitis conservados en su interior. Al año siguiente de la exploración se practicó una abertura al complejo, retirando los sedimentos que taponaban la entrada y el tramo superior del relleno de la galería principal (galería del Pessebre), una acción que desgraciadamente destruyó buena parte del yacimiento, perdiéndose los datos arqueológicos (Vilaseca, 1959, p. 267Vilaseca, S. (1959). “Noticia de hallazgos de objetos de bronce en la cueva de la Font Major, de Espluga de Francolí”. Ampurias, XXI, pp. 266-273.
; 1969, pp. 118-120Vilaseca, S. (1969). “La Cueva de la Font Major”. Trabajos de Prehistoria, 26, pp. 117-202.
). El nuevo acceso permitió la entrada a la cavidad de curiosos y aficionados a la arqueología y a la espeleología, lo que conllevó un importante impacto sobre el registro arqueológico. Entre 1985 y 1990, después de casi treinta años de exploraciones puntuales por parte de distintos equipos, miembros del Equip de Recerques Espeleològiques del Centre Excursionista de Catalunya, documentaron sistemáticamente la cavidad, topografiando un total de 3590 m de recorrido, hasta alcanzar un sifón que aún hoy día no ha sido franqueado (Cervelló, 1986Cervelló, J. M. (1986). “El carst conglomeràtic de l’Espluga de Francolí”. Espeleòleg, 37, pp. 3-6.
; Bosch, 1986Bosch, M. (1986). “La cova de l’Espluga de Francolí”. Espeleòleg, 37, pp. 7-10.
; Bosch, Cervelló, Romero, 1991Bosch, M., Cervelló, J. M. y Romero, M. (1991). “Noves dades sobre l’Espluga”. Espeleòleg, 39, pp. 4-10.
).

Plano topográfico de la Cova de la Font Major, con indicación de la ubicación de la Sala del Llac (elaboración propia).
Figura 2.  Plano topográfico de la Cova de la Font Major, con indicación de la ubicación de la Sala del Llac (elaboración propia).

El descubrimiento de restos arqueológicos en la cavidad se produjo prácticamente, como hemos indicado, en el mismo momento en que se habilitó el acceso desde el exterior, a finales de los años 50 del pasado siglo. En una noticia publicada en la revista Juventud de Valls, fechada el 9 de enero de 1965, se menciona una conferencia pronunciada por el Dr. Domènech Miró, presidente del Club de Montañismo de Tarragona, en la que se explicaba cómo durante la exploración de 1957 ya apareció en la cavidad “material prehistórico, especialmente cerámica ibérica”. En todo caso, sería Salvador Vilaseca quien, en 1959, citando por primera vez la cueva con el nombre que aún hoy conserva de Cova de la Font Major, especificaría en la revista Ampurias la importancia de los restos arqueológicos de época protohistórica recuperados:

Por otra parte, en una estrecha galería que se abre a 20 m a la derecha, esto es, a la izquierda de la antigua corriente, aparecieron algunos objetos y fragmentos de cerámica ibérica (fragmentos de vasijas rojas sin pintar, uno de un pequeño kálathos con una espiral recurrente, fragmentos de cerámica gris a torno o “ampuritana”, unos pequeños kylix de la misma clase, etc.) y una fíbula anular de bronce. Más al interior aparece cerámica del siglo IV a.J.C. (Vilaseca, 1959, pp. 267-268Vilaseca, S. (1959). “Noticia de hallazgos de objetos de bronce en la cueva de la Font Major, de Espluga de Francolí”. Ampurias, XXI, pp. 266-273.
).

En el mismo trabajo describe la localización de un conjunto de objetos de bronce en lo que llamó un “antiguo escondite”, en un espacio que denominó Sala de la Mamella, situado a 50 m de la entrada (Vilaseca, 1959, p. 268Vilaseca, S. (1959). “Noticia de hallazgos de objetos de bronce en la cueva de la Font Major, de Espluga de Francolí”. Ampurias, XXI, pp. 266-273.
). Con la intención de efectuar una nueva investigación de la cavidad, Salvador Vilaseca y su equipo intentaron excavar durante el mismo 1959 un espacio situado a unos 300 m del acceso al que denominaron Sala "P", caracterizado por ser el punto de encuentro entre la galería seca y el río subterráneo que transcurre por el interior de la cavidad. Sin embargo, debido a que el nivel de agua la inundaba parcialmente, no obtuvieron resultados apreciables (Vilaseca, 1969, p. 176Vilaseca, S. (1969). “La Cueva de la Font Major”. Trabajos de Prehistoria, 26, pp. 117-202.
). En 1964, gracias a la disminución del caudal del río se pudieron reanudar los trabajos de exploración, interviniendo en la Sala P, actualmente conocida como Sala del Llac (Sala del Lago), donde se conservaba parte de la estratigrafía arqueológica original, hecho que favoreció el descubrimiento de una deposición ordenada de diferentes vasos cerámicos, parcialmente fragmentados, que se clasificaron cronológicamente como pertenecientes a un amplio período que abarcaría desde el Bronce Final hasta época ibero-romana (Vilaseca, 1964, 1969Vilaseca, S. (1964). “La cerámica de factura tosca de la cueva de la Font Major de Espluga de Francolí (Prov. de Tarragona)”. En: VIII Congreso Arqueológico Nacional Sevilla-Málaga. Zaragoza: Universidad de Zaragoza, Secretaría General de los Congresos Arqueológicos Nacionales, pp. 258-264.
). En una zona adyacente se recogió también una considerable cantidad de material arqueológico, básicamente cerámico, si bien este se encontraba en posición secundaria y sin contexto estratigráfico.

Posteriormente a la intervención del Dr. Vilaseca se han realizado otros trabajos arqueológicos en diferentes espacios de la cueva (Genera, 1995Genera, M. (1995). “Dades sobre el plistocè a la balma de la Fontmajor, l’Espluga de Francolí (Conca de Barberà, Tarragona)”. En: X Col·loqui Internacional d’Arqueologia de Puigcerdà. Puigcerdà: Institut d’Estudis Ceretans, pp. 189-191.
; Cebrià et al., 2014Cebrià, A., Fontanals, M., Martín, P., Morales, J. I., Oms, F. X., Rodríguez-Hidalgo, A., Soto, M. y Vergès, J. M. (2014). “Nuevos datos para el Neolítico antiguo en el nordeste de la Península Ibérica procedentes de la Cova del Toll (Moià, Barcelona) y de la Cova de la Font Major (L’Espluga de Francolí, Tarragona)”. Trabajos de Prehistoria, 71 (1), pp. 134-145. DOI: https://doi.org/10.3989/tp.2014.12128.
) pero en ningún caso se había excavado de nuevo en la Sala del Llac, habiéndose efectuado únicamente revisiones de materiales (Rauret, 1962Rauret, A. M. (1962). “Consideraciones sobre hallazgos ibero-romanos en la Font Major (Espluga de Francolí)”. En: VII Congreso Nacional de Arqueología. Zaragoza: Seminario de Arqueología de la Universidad de Zaragoza, pp. 251-254.
) o aproximaciones interpretativas sobre la intervención de Salvador Vilaseca. El último de estos estudios, realizado por una colaboradora de nuestro grupo de investigación 1 El estudio se realizó en forma de Trabajo de Fin de Máster (TFM) por parte de María Pérez Santafosta (GRESEPIA-URV), con el título Les coves santuari d’época ibérica al litoral meridional de Catalunya: el cas de la Cova de la Font Major de L’Espluga de Francolí, presentado en junio de 2014 en la Universitat Rovira i Virgili. , sirvió para actualizar los datos sobre los materiales exhumados en la Sala del Llac distribuidos por distintos museos de la demarcación, de forma que a partir del mismo percibimos la necesidad de ampliar y profundizar en el conocimiento del contexto del yacimiento y de su interesante secuencia funcional. Este hecho motivó el interés de nuestro grupo de investigación (GRESEPIA-URV) por realizar nuevos trabajos arqueológicos en la Sala del Llac, que iniciamos en 2019 con un doble objetivo: por un lado, la documentación de evidencias destinadas a clarificar con detalle la secuencia cronoestratigráfica y por otro, la obtención de datos más precisos sobre las prácticas efectuadas en la sala que permitiesen dilucidar su funcionalidad. La excavación se ha efectuado entre 2019 y 2021 en el marco del proyecto Evolución paleoambiental y poblamiento prehistórico en las cuencas de los ríos Francolí, Gaià, Siurana y rieras del Camp de Tarragona (2018-2021) (CLT009/18/00053) (Departament de Cultura. Generalitat de Catalunya), dirigido por el Dr. Josep Maria Vergès, del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES).

Descripción de los nuevos trabajos arqueológicos efectuados (campañas 2019-2021)

 

La intervención en la Sala del Llac, iniciada en octubre de 2019, se programó con el objetivo de documentar las variaciones laterales del depósito sedimentario, visibles en algunos de los cortes expuestos por la erosión fluvial. El hecho de que este espacio se sitúe en el contacto entre el cauce fósil del río subterráneo y el cauce actual permitía plantear como hipótesis que las diferencias observadas en dichos cortes eran el resultado de la alternancia entre fases de deposición y fases de erosión fluviales, tanto pleistocenas como holocenas, que habían dado lugar a un depósito sedimentario de alta complejidad, en el que se presentaban adosados e imbricados sedimentos de distintas épocas. Para contrastar esta hipótesis, caracterizar y fechar los distintos niveles, y reconstruir la dinámica sedimentaria, especialmente la relacionada con la frecuentación protohistórica, se planteó la realización de tres sondeos arqueológicos mediante catas: S1 y S5, ubicadas al pie de la pared norte, realizándose la primera en el extremo distal del depósito que rellena el cauce fósil, en contacto con el curso de agua actual y la segunda unos 3 m de la anterior, en la zona seca, y S2, contigua a la pared sur, en la zona seca, a unos 3 m del curso de agua.

Los tres sondeos, de 1 × 1 m de superficie, se excavaron de forma manual, distinguiendo unidades estratigráficas discretas con base en criterios sedimentarios, y/o a presencia/ausencia y variaciones del registro arqueológico. Durante la campaña de 2019 la posición espacial de los restos recuperados se señaló exclusivamente a partir de la pertenencia a una determinada UE. Viendo que las características y estado de conservación del yacimiento requerían de un sistema de posicionamiento más preciso, especialmente para los casos de asociaciones de restos in situ, se optó, a partir de 2020, por dejar los materiales de cada UE sin levantar, y realizar modelos 3D de las asociaciones mediante fotogrametría. Estos modelos se georreferenciaron con coordenadas UTM 31N ETRS89, con la ayuda de una estación total estacionada a partir de las bases topográficas instaladas por el equipo del IPHES en sus trabajos de documentación del santuario paleolítico situado en las vecinas Gatoneres de Cal Palletes, lo que permitía a posteriori establecer la posición tridimensional precisa de todos los elementos, incluso lo relativo a orientación y pendiente, aspectos relevantes en contextos fluviales, donde la acción del agua puede modificar la posición de los restos.

La excavación de S1 (Fig. 3) permitió definir una secuencia estratigráfica completa, documentándose in situ varios conjuntos de materiales cerámicos, juntamente con restos bioarqueológicos. La estratigrafía, de origen fluvial, estaba formada por un sedimento superficial limo-arcilloso con un gran contenido de partículas de mica (UE 10) que aparecen en gran parte de la sala. Justo por debajo, se observaba un estrato formado por la sucesión de limos y arcillas con pequeños lentejones de arenas finas (UE 11). Se trata de depósitos de baja energía generados por la alternancia de fases de decantación de material fino en suspensión, seguidas de episodios de sedimentación de arena transportadas por débiles avenidas. En el sondeo efectuado en el sector S1, este estrato superior se documentaba hasta una profundidad de entre 25 a 30 cm, tratándose de un nivel en el que aparecieron varios conjuntos de materiales: una agrupación cerámica (conjunto B) y dos agrupaciones óseas (conjuntos C y D). Por debajo de este, la composición estratigráfica era prácticamente invariable (UE 12), con una disposición idéntica a la unidad estratigráfica anterior, hasta llegar a una profundidad de entre 46 a 52 cm, donde se individualizó un nuevo estrato a partir de la identificación de una gran cantidad de material orgánico, formado por restos de madera muy bien conservada y otros elementos vegetales indeterminados (UE 13). Sin embargo, lo más destacado de la UE 13 fue la localización de un vaso cerámico íntegro, en posición invertida (Fig. 4), que se recuperó con el sedimento que lo rellenaba y se mantuvo refrigerado hasta que se llevó a cabo, en laboratorio y con condiciones controladas, la excavación y muestreo del relleno para efectuar los estudios arqueobotánicos y de química analítica correspondientes.

a) Planta de la Sala del Llac. Disposición de los sectores de intervención; b) Planta y sección de las catas S1, S2 y S5 (elaboración propia).
Figura 3.  a) Planta de la Sala del Llac. Disposición de los sectores de intervención; b) Planta y sección de las catas S1, S2 y S5 (elaboración propia).
Recuperación del vaso dispuesto en posición invertida en el sector S1 (UE 13).
Figura 4.  Recuperación del vaso dispuesto en posición invertida en el sector S1 (UE 13).

En contraposición, el sondeo S2 (Fig. 3) aportó unos resultados menos significativos. En esta zona se observó un depósito sedimentario formado por una sucesión de arenas, limos y arcillas con laminaciones (UE 20, 21, 22, 23 y 24), probablemente de época pleistocena. En cualquier caso, en la zona anexa al sector 2, dentro del mismo lago y en una acumulación de sedimento que se habría desplomado por el contacto continuo de la corriente de agua, se localizó de forma descontextualizada una punta de lanza de bronce notablemente bien conservada (Fig. 5).

Punta de lanza de bronce recuperada durante los trabajos de excavación (imagen cedida por Gerard Fernàndez Molina).
Figura 5.  Punta de lanza de bronce recuperada durante los trabajos de excavación (imagen cedida por Gerard Fernàndez Molina).

Por último, se realizó un sondeo abierto en la parte central de la sala (S5) (Fig. 3), a unos 4 m de S1, en dirección opuesta a la zona de captación, donde se documentaba una acumulación de sedimento con una potencia superior a 1,30 m. En este sector, el primer estrato identificado (UE 50) estaba formado por un nivel limoso-arcilloso de tonalidad clara con un alto contenido de mica y de textura poco compacta, dónde se pudieron recuperar pequeños fragmentos de cerámica fabricada a mano. A una profundidad de entre 10 y 15 cm respecto a la cota inicial del sondeo, se registró un cambio en la estratigrafía, identificándose un nivel (UE 51) formado como en la UE 11 del sondeo del sector S1, por la alternancia de limos y arcillas y finas capas de arenas finas. En este estrato se identificó un pequeño recorte semicircular (UE 52) en uno de los extremos del sondeo, con un nivel de relleno (UE 53) de textura y composición idéntica al estrato UE 51. La aparición de una acumulación significativa de carbones y otros elementos vegetales en descomposición, permitió individualizar un nuevo estrato (UE 54). En una esquina del sector se documentó un conjunto de cerámica muy fragmentada (conjunto A), acompañado de una vasija seccionada en vertical (Fig. 6: 3). Justo por debajo se recuperó otro conjunto cerámico formado por dos fondos de urna seccionados horizontalmente y dispuestos verticalmente (UE 56). A una profundidad de entre 87 y 97 cm, apareció un nuevo nivel claramente diferenciado (UE 57), compuesto por gravas alternadas con capas de limos. Dispuesto sobre este, se localizó un pequeño vaso globular tumbado (Fig. 6: 9). Finalmente, entre 10 y 15 cm por debajo de este nivel, se identificó el suelo rocoso de la sala.

Vasijas cerámicas aparecidas durante la intervención arqueológica (elaboración propia).
Figura 6.  Vasijas cerámicas aparecidas durante la intervención arqueológica (elaboración propia).

Todo el sedimento extraído de las UE con contenido arqueológico se llevó fuera de la cueva, se flotó, para recuperar los restos carbonizados, y posteriormente se tamizó con agua con una malla de base de 1 mm de luz. Tras secarse, el residuo fue cribado manualmente para recuperar los elementos de interés: arqueobotánicos (antracológicos y carpológicos), faunísticos, pequeños fragmentos cerámicos y algunos metales, de los que se efectuaron los análisis oportunos.

Los materiales arqueológicos: datos artefactuales y bioarqueológicos

 

El proceso de excavación de los distintos sectores seleccionados en la Sala del Llac ha permitido documentar y extraer una muestra variada e interesante de materiales, tanto cerámicos, como metálicos o bioarqueológicos.

Con respecto a la cerámica, en el sector S1 destaca el conjunto B, una agrupación que presenta diversos fragmentos pertenencientes a un mismo individuo, fabricado a mano, de base plana y cuerpo ovoide, con borde exvasado y un acabado totalmente alisado en su cara interna y ligeramente bruñido en la parte superior externa, que contrasta claramente con el cuerpo, muy rugoso. En lo que se refiere a los aspectos decorativos, presenta un cordón aplicado de sección semicircular con incisiones oblicuas dibujando un sogueado (Fig. 6: 1). Tal como hemos indicado, en los últimos niveles del sondeo S1 (UE 13) se localizó la parte inferior de un recipiente seccionado aproximadamente por la mitad, dispuesto boca abajo, que mostraba un pequeño surco trabajado en la fractura (Fig. 4).

En el sector S5, con una estratigrafía más completa que ha ayudado a diferenciar dos claros niveles de uso, se ha identificado un conjunto de materiales dispuestos en los estratos UE 54 y 55, individualizándose, en primera instancia, una agrupación de fragmentos (conjunto A) que conformarían distintos individuos cerámicos elaborados a mano: una vasija de perfil ovoide y cuello diferenciado con borde plano ligeramente exvasado, que presenta en su cara externa un acabado desigual entre el cuello, totalmente alisado, y el cuerpo, que tendría un acabado más rugoso (Fig. 6: 2); un fragmento de dimensiones considerables de un recipiente de tendencia ovoide, casi piriforme, con el labio plano y una decoración de cordón aplicado con incisiones oblicuas que crean un motivo sogueado (Fig. 6: 3) y un conjunto de fragmentos informes y bordes de un mismo recipiente de cocción oxidante con un perfil en “S” poco pronunciado y labio sensiblemente exvasado que presenta una decoración de cordón de sección triangular con incisiones verticales (Fig. 6: 4). Cabe destacar en esta misma agrupación, el único fragmento cerámico a torno localizado durante toda la excavación, un borde de urna de orejetas o de cierre hermético que presenta una decoración pintada con bandas de tonalidades rojizas (Fig. 6: 5). Justo por debajo de este conjunto se hallaron dos fondos planos de cerámica a mano, seccionados y dispuestos en posición vertical, uno fabricado en cocción oxidante y el otro en cocción mixta, con un saliente periférico (Fig. 6: 6 y 7). Estos fragmentos estaban acompañados por un fondo convexo de pequeñas dimensiones, de aproximadamente 6 cm de diámetro, elaborado mediante cocción oxidante, un borde de vasija exvasada y una pequeña jarrita con un asa de sección cuadrangular, perfil carenado y fondo umbilicado (Fig. 6: 8), también de cocción oxidante. En el segundo nivel de uso, formado por los estratos UE 56 y 57, se recuperó un recipiente de pequeñas dimensiones, perfil bicónico, borde exvasado, labio redondeado y fondo umbilicado (Fig. 6: 9), además de un vaso ovoide con el cuello reentrante y el borde redondeado, que presentaba una decoración de cordón aplicado y digitaciones (Fig. 6: 10). Del primer individuo se pudo realizar un estudio específico (cromatografía de gases / espectrometría de masas) que reveló la presencia de indicadores de fermentación en su interior (ácido tartárico, ácido málico y ácido azelaico), así como presencia de corcho (ácido subérico) 2 Este análisis se ha realizado en el marco del proyecto “Caracterización arqueobiológica de producción y consumo de vino en las comarcas meridionales de Catalunya durante la Protohistoria”, dirigido por Jordi Diloli y Nicolas Rozès, financiado por la Fundación Palarq (convocatoria de analíticas 2022-2023) y por la Universitat Rovira i Virgili. .

En cuanto a los elementos metálicos, se han documentado algunos bronces de adorno personal, predominando las anillas y las cadenetas, con variaciones en sus dimensiones, formas y secciones, piezas habituales en los contextos funerarios de la primera de la Edad del Hierro en la fachada Mediterránea norte-occidental (Graells 2008, pp. 65-73Graells, R. (2008). La necròpolis protohistòrica de Milmanda (Vimbodí, Conca de Barberà, Tarragona), Un exemple del món funerari català durant el trànsit entre els segles VII i VI aC. Tarragona: Institut Català d’Arqueologia Clàssica.
; Belarte y Noguera 2007, pp. 51-54Belarte, M. C. y Noguera, J. (2007). La necròpolis protohistòrica de Santa Madrona (Riba-roja d’Ebre, Ribera d’Ebre). Tarragona: Institut Català d’Arqueologia Clàssica.
). Aunque en algunos casos la distinción entre anillas o eslabones de cadeneta puede resultar confusa, se ha definido su atribución atendiendo a su diámetro. Así pues, hemos optado por considerar elementos de cadeneta aquellos cuyo diámetro es inferior a 1,5 cm, y anillas cuando sus dimensiones están comprendidas entre 1,5 y 3 cm. Asimismo, se ha excluido del grupo de las anillas una argolla, de unos 3,5 cm de diámetro y un grosor superior a 6 mm, con una función desconocida. También se ha exhumado una cuenta esferoidal de bronce que habría formado parte de un collar.

Fuera de este conjunto se recuperó como ya hemos indicado, una punta de lanza con hoja lanceolada, nervio central y mango tubular (Fig. 5), con unas dimensiones de 18 cm de largo por 2,6 cm de ancho máximo de la hoja. El hallazgo de este elemento de bronce entre el ajuar metálico resulta bastante excepcional en el nordeste peninsular, si bien tenemos algunos paralelos documentados en áreas más septentrionales, como es el caso de la necrópolis del Bronce Final y la Primera Edad del Hierro de Can Bech de Baix d'Agullana (Toledo, Palol y Agustí, 2006, pp. 191-192Toledo, A., Palol, P. de y Agustí, A. (2006). La necròpolis d’incineració del bronze final transició a l’edat del ferro de Can Bech de Baix, Agullana (Alt Empordà, Girona). Els resultats de la campanya d'excavació de 1974. Sèrie monogràfica, 24. Girona: Museu d’Arqueologia de Catalunya.
) o la lanza procedente del depósito de objetos del Bronce Final de Ripoll (Pons, 1979, pp. 67-68Pons, E. (1979): “El dipòsit d’objectes de l’Edat de Bronze de Ripoll”. Annals de l’Institut d’Estudis Gironins, 25 (1), pp. 59-78.
).

En el ámbito de la antracología, los análisis efectuados hasta el momento han permitido identificar dos taxones en dos unidades estratigráficas diferentes, pinus t. sylvestris/nigra (pino albar/salgareño) en la UE 13 y quercus ilex/coccifera (encina/coscoja) en la UE 11. Estos hallazgos sugieren una selección monoespecífica de combustible en diferentes fases de uso de la Sala del Llac, pues el pino albar/salgareño crece en alturas que superan los 800 m, muy por encima de los relieves colindantes a la Cueva de la Font Major. En todo caso, no podemos confirmar si su cremación se habría realizado in situ o bien en otros lugares y luego se habrían transportado de forma selectiva al interior de la cavidad.

Sobre los restos carpológicos, debemos poner de manifiesto que prácticamente todos los elementos identificados corresponden a diferentes especies de cereales, mayoritariamente trigo desnudo (triticum aestivum/durum o compactum) y cebada vestida (hordeum vulgare). También se han identificado, carbonizadas, parte de espiguillas de cereal, específicamente, una cariópside de centeno (secale cerealia) en el nivel UE 13, una variedad extremadamente rara en la protohistoria y prácticamente inexistente en época prehistórica. De hecho, la información actual apunta que se trataría de una especie introducida incipientemente en la Península Ibérica durante época romana, popularizándose en la Edad Media. En la misma UE se ha localizado la única cariópside de fruto, una pepita de uva (vitis vinifera ssp. vinifera) carbonizada.

Finalmente, tanto en S1 como en S5 se han identificado restos óseos pertenecientes a la parte proximal de, al menos, tres patas (una anterior y dos posteriores) de un ovicaprino infantil, una de ellas en conexión o semiconexión anatómica (Fig. 7), además de un diente (UE 11). Respecto al análisis de los huesos, podemos concluir que se trata de tres de las patas de un único individuo, concretamente dos patas posteriores y una pata anterior. Los tres metápodos documentados (un metacarpo y dos metatarsos) presentaban incisiones en su superficie que por sus características y su ubicación se pueden relacionar con el proceso de desarticulación de las manos y los pies del individuo, seguramente para separar las partes esqueléticas de resto del cuerpo. Se trataría de un individuo juvenil, de entre seis y dieciocho meses de edad, que habría sido depositado en la cueva después de su despellejo y desarticulación.

Restos óseos de ovicaprino infantil procedentes del sector S1 (UE 11) (fotografía: Diana Álvarez Abrio).
Figura 7.  Restos óseos de ovicaprino infantil procedentes del sector S1 (UE 11) (fotografía: Diana Álvarez Abrio).

Aproximación cronológica

 

El conjunto de materiales cerámicos y metálicos recuperados durante el proceso de excavación de la Sala del Llac, formado por varios recipientes de cerámica a mano, una urna de orejetas y un conjunto de bronces de ornamentación personal, permiten confirmar la utilización de este espacio durante un amplio periodo de la Edad del Hierro, que, en el ámbito estratigráfico parece dividirse en dos fases. El hallazgo de los restos óseos de ovicaprino relacionados con un conjunto cerámico en el sondeo S1 (UE 11) y los restos antracológicos de la misma cata (UE 13) nos han permitido, a partir de las dataciones radiocarbónicas realizadas en el Beta Analytic Radiocarbon Dating Laboratory, reajustar la cronología de uso en dos etapas. Un resto de madera de la UE 13, asociado a una vasija seccionada dispuesta boca abajo (BETA-579352), ha proporcionado unos resultados de 2460 ± 30 BP de edad radiocarbónica convencional. Esta, calibrada, da unos márgenes con un 95,4 % de probabilidades, que nos situaría entre el 758 y el 429 ANE. Por otro lado, las patas de cordero en semiconexión anatómica de la UE 11 (BETA-579351), nivel estratigráfico asociado también a un conjunto cerámico perteneciente a un único recipiente fragmentado, han proporcionado una aproximación cronológica de 2160 ± 30 BP de edad radiocarbónica convencional que, calibrada con un 95,4 % de probabilidades, se situaría entre el 358 y el 107 ANE. Estos datos, combinados con el conjunto de elementos materiales, parecen indicar una primera fase de ocupación del espacio, definido por la UE 13, durante la Primera Edad del Hierro, concretamente entre los siglos VIII y VI ANE, al que seguiría una segunda ocupación del lugar, que la datación radiocarbónica de la UE 11 confirmaría entre finales del siglo III ANE y el siglo II ANE, relacionándose perfectamente con las miniaturas a torno recuperadas por Salvador Vilaseca a finales de los años 60 del siglo pasado (Vilaseca, 1969, p. 201Vilaseca, S. (1969). “La Cueva de la Font Major”. Trabajos de Prehistoria, 26, pp. 117-202.
), típicas de los últimos momentos de la época ibérica. En función de las dataciones obtenidas, entre las dos fases de uso habría un hiato entre finales del siglo V e inicios del siglo III ANE.

Lectura interpretativa

 

A partir de los datos obtenidos, tanto del análisis de las excavaciones antiguas, del reestudio de los materiales depositados en distintos museos, y de nuestras nuevas intervenciones en el yacimiento, planteamos una línea interpretativa que, indudablemente, amplía de forma muy significativa el conocimiento disponible sobre las prácticas desarrolladas en la Sala del Llac, permitiendo confirmar la utilización activa de esta sala como espacio ritual de alta significación simbólica. De hecho, la conexión de las múltiples evidencias artefactuales y bioarqueológicas identificadas posibilita que puedan empezar a caracterizarse varios de los gestos y de las acciones rituales que vertebraron las prácticas efectuadas en dicho espacio, tanto en su elección como en su materialización. En este sentido, la selección de la Sala del Llac como escenario ritual se debe a diversos factores, entre los cuales destacaríamos su ubicación, al tratarse del punto que da acceso a las galerías inundadas de la cavidad: un entorno liminal y de contacto con el río subterráneo. Es, además, un espacio de notable amplitud, donde el agua se acumula formando un lago poco profundo, antes de desviarse hacia otra galería más estrecha (Fig. 8). En este sentido, cabe decir que tanto la morfología y origen de la cavidad como el tipo de materiales documentados encajan perfectamente con el primero de los tipos de cueva-santuario establecido por Teresa Moneo (Moneo, 2003, p. 300Moneo, T. (2003). Religio ibérica: santuarios, ritos y divinidades (siglos VII-I aC). Madrid: Real Academia de la Historia.
). Debemos valorar también el factor sensorial, un elemento especialmente importante para la comprensión de las prácticas cultuales desarrolladas en las cavidades subterráneas (Alfayé, 2010Alfayé, S. (2010). “Hacia el lugar de los dioses: aproximación a la peregrinación religiosa en la Hispania indoeuropea”. En: Marco, F., Pina, F. y Remesal, J. (Eds.). Viajeros, peregrinos y aventureros en el mundo antiguo. Barcelona: Publicacions i edicions de la Universitat de Barcelona, pp. 177-218.
; Machause y Skeates, 2022Machause, S. y Skeates, R. (2022). “Caves, Senses, and Ritual Flows in the Iberian Iron Age: The Territory of Edeta”. Open Archaeology, 8.1, pp. 1-29. DOI: https://doi.org/10.1515/opar-2022-0222.
), pues en la Sala del Llac destaca singularmente el sonido del agua, muy presente en este espacio donde el río se desvía por una estrecha galería hacia una surgencia exterior. Este factor podría enfatizar y acompañar acústicamente ciertas acciones, como la música o bien las palabras pronunciadas en este recinto. Por último, no podemos pasar por alto que la Sala del Llac se ubica justo al lado mismo de las “Gatoneres de Cal Palletes”, en las que se documenta un rico conjunto de grabados rupestres perteneciente al santuario paleolítico más antiguo del NE peninsular, donde se atesoran diferentes representaciones de caballos, cérvidos y uros, así como múltiples símbolos abstractos (Fontanals, Martín y Vergès, 2021, p. 30Fontanals, M., Martín, P. y Vergès, J. M. (2021). Cova de la Font Major. Espluga de Francolí conca de Barberà. Memòria de la intervenció arqueològica programada realitzada entre els dies 14 d’octubre a 8 de novembre de 2019. Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya.
), en todo caso un espacio sacro desde la Prehistoria que acentuaría la relevancia simbólica de la sala.

Vista de la Sala del Llac en el momento de la intervención arqueológica (fotografía: archivo GRESEPIA-URV).
Figura 8.  Vista de la Sala del Llac en el momento de la intervención arqueológica (fotografía: archivo GRESEPIA-URV).

En cuanto a la materialización de los gestos/acciones rituales, es probablemente el aspecto sobre el cual nuestras recientes intervenciones han aportado datos de mayor interés, sobre todo en contraste con el tipo de antecedentes, en su mayor parte descontextualizados, que conocíamos hasta la fecha. Así, las evidencias registradas hasta el momento permiten describir unos eventos que incluyen la realización de varios gestos o acciones rituales de deposición: vasos cerámicos, determinados tipos de madera, elementos metálicos personales y restos de fauna. Todas ellas se enmarcan en un sentido amplio dentro del concepto de entrega u ofrenda votiva de determinados objetos y productos.

Por otro lado, la presencia de determinados tipos cerámicos, como el vasito bicónico identificado en el sector S-5, con indicios de haber contenido vino, sugiere también la posible realización de gestos ligados a la manipulación ritual de los líquidos y a la práctica de libaciones. En este caso, pensamos fundamentalmente en el uso y el significado ritual atribuido a las propias aguas subterráneas, pero muy probablemente también al vino, tal y como sugieren los datos bioarqueológicos anteriormente apuntados (resultados del análisis del vaso bicónico antes mencionado e identificación de semilla de vid carbonizada). Esta última hipótesis puede verse también reforzada teniendo en cuenta el hallazgo en las intervenciones del Dr. Vilaseca de fragmentos pertenecientes a ánforas de producción itálica (Vilaseca, 1969, p. 179Vilaseca, S. (1969). “La Cueva de la Font Major”. Trabajos de Prehistoria, 26, pp. 117-202.
; Graells, Balsera y Sardà, 2008, pp. 59-60Graells, R., Balsera R. y Sardà S. (2008). “Rellegint la Cova de la Font Major. Un santuari en cova protohistòric al curs alt del Francolí”. Pyrenae, 39, pp. 45-66.
), vinculables quizá también a la presencia y consumo de vino en el interior de la cavidad, durante la segunda fase de su uso.

Asimismo, tenemos indicios carpológicos de que otros vasos cerámicos pudieron contener trigo y cebada, evidencias claramente relacionables con las ofrendas de cereal. Cabe destacar también el hallazgo del recipiente documentado in situ y en posición invertida, que contenía en su interior un sedimento con numerosos carbones, si bien no podemos asegurar que se tratara de los residuos de una quema efectuada directamente en el vaso, o si los restos antracológicos formaban parte del sedimento que se depositó en su interior con posterioridad a la deposición del vaso. Resulta sugerente vincular con estos datos la descripción de otro vaso recuperado durante las antiguas excavaciones efectuadas en la Sala del Llac, que contenía carbones en su interior (Vilaseca, 1969, p. 181Vilaseca, S. (1969). “La Cueva de la Font Major”. Trabajos de Prehistoria, 26, pp. 117-202.
). En todo caso, debemos mencionar que no se trata de un hecho insólito, pues existe documentación sobre este tipo de prácticas en otros espacios como por ejemplo la Cueva de Piedra del Águila (Orcera, Jaén), donde en hogares rituales se quemaron ofrendas vegetales (cebada vestida, trigo, haba, guisante, mijo y avena) que fueron depositadas en vasos cerámicos y también en contenedores de esparto (Rueda y Bellón, 2016, p. 78Rueda, C. y Bellón, J. P. (2016). “Culto y rito en cuevas: modelos territoriales de vivencia y experimentación de lo sagrado, más allá de la materialidad (ss. V-II A.N.E.)”. ARYS: Antigüedad: Religiones y Sociedades, 14, pp. 43-80. DOI: https://doi.org/10.20318/arys.2017.3986.
). Además, las acciones vinculadas a la cremación y generación de humo admiten también la posibilidad de ser valoradas desde el punto de vista olfativo. El olfato es un elemento que contribuye de forma importante a la ritualización de los cuerpos y de los espacios. Su asociación con las experiencias (recuerdos somáticos) y emociones resulta esencial para la creación de eventos vivenciales de alta significación simbólica (Classen, 1993Classen, C. (1993). Worlds of Sense. Exploring the Senses in History and Across Cultures. London / New York: Routledge.
, 1997Classen, C. (1997). “Foundations for an anthropology of the senses”. International Social Science Journal, 153, pp. 401-412. DOI: https://doi.org/10.1111/j.1468-2451.1997.tb00032.x.
; Classen, Howes y Synnott, 1994Classen, C., Howes, D. y Synnott, A. (1994). Aroma: The Cultural History of Smell. London / New York: Routledge.
; Hamilakis, 2002Hamilakis, Y. (2002). The past as oral history: towards an archaeology of the senses. En: Hamilakis, Y., Pluciennik, M. y Tarlow, S. (Eds.). Thinking Through the Body. Archaeologies of Corporeality. New York: Springer, pp. 121-136.
; Drobnick, 2005Drobnick, J. (2005). “Volatile effects. Olfactory dimensions of art and architecture”. En: Empire of the Senses. The Sensual Culture Reader. Oxford / New York: Routledge, pp. 265-280.
; Day, 2013Day, J. (2013). Making senses of the past: Toward a sensory archaeology. Carbondale: Southern Illinois Univ. Press.
; Skeates y Day, 2020Skeates, R. y Day, J. (2020). “Sensory archaeology: Key concepts and debates”. En: Skeates, R. y Day, J. (Eds.). The Routledge Handbook of Sensory Archaeology. London / New York: Routledge, pp. 1-17.
). En este sentido, no podemos obviar tampoco que se trata de un espacio oscuro, en el cual el uso y la manipulación de los recursos lumínicos, mediante antorchas, hogueras o lámparas con grasas podría ser un recurso para potenciar la ritualización y la escenificación de determinados gestos y acciones litúrgicas (Dowd y Hensey, 2016Dowd, M. y Hensey, R. (2016). The archaeology of darkness. Oxford: Oxbow Book.
; Skeates, 2016Skeates, R. (2016). “Experiencing darkness and light in caves: Later prehistoric examples from Seulo in central Sardinia”. En: Dowd, M. y Hensey, R. (Eds.). The archaeology of Darkness. Oxford: Oxbow Books, pp. 39-49.
; Machause y Skeates, 2022Machause, S. y Skeates, R. (2022). “Caves, Senses, and Ritual Flows in the Iberian Iron Age: The Territory of Edeta”. Open Archaeology, 8.1, pp. 1-29. DOI: https://doi.org/10.1515/opar-2022-0222.
). Este hecho parece estar constatado a partir de los fragmentos de madera hallados ya en su momento por Salvador Vilaseca, algunos de ellos con evidencias de contacto con el fuego (Vilaseca, 1969, p. 200Vilaseca, S. (1969). “La Cueva de la Font Major”. Trabajos de Prehistoria, 26, pp. 117-202.
). Del mismo modo, las unidades estratigráficas con abundante carbón, visibles antes de empezar nuestras intervenciones, apuntaban también a esta idea, que pudimos reafirmar mediante la identificación de algunos de estos elementos vegetales quemados. Otro dato interesante vinculado a los gestos de deposición de los vasos cerámicos procede de la identificación en el sondeo S-2 de un recipiente fabricado a mano seccionado por la mitad. Un vaso que fue colocado en posición invertida, protegiendo el contenido objeto de la ofrenda, tal como sucede en la Cova dels Pilars (Alacant) (Grau, 1996Grau, I. (1996). “La Cova dels Pilars (Agres, El Comtat) (1996)”. Alberri. Quaderns d'investigacio del centre d'estudis contestants, 9, pp. 79-106.
; Grau y Amorós, 2013Grau, I. y Amorós, I. (2013). “La delimitación simbólica de los espacios territoriales ibéricos: el culto en el confín y las cuevas-santuario”. En: Rísquez, C. y Rueda, C. (Eds.). Santuarios iberos: territorio, ritualidad y memoria. Actas del Congreso “El santuario de la Cueva de la Lobera de Castellar. 1912-2012”. Jaén: Asociación para el Desarrollo Rural de la Comarca de El Condado, pp. 183-211.
).

En cuanto a los restos faunísticos, se trata de un tipo de evidencia muy importante a pesar de estar muchas veces mal documentados en el ámbito de las cuevas santuario del mundo ibérico, en gran medida debido a las desafortunadas vicisitudes históricas que han experimentado algunos de estos espacios. En este sentido, la identificación en nuestro trabajo de determinados restos de fauna (patas de ovicaprinos) nos aporta datos muy interesantes sobre los criterios de selección de las ofrendas cárnicas depositadas en la cavidad. Además, tenemos constancia de la recuperación previa de restos faunísticos en esta sala, algunos de los cuales, además, con evidencias de la acción del fuego. En concreto se habrían identificado las siguientes especies: equus caballus (frg. de astrágalo), ovis (cráneo, escápula, tibia, mandíbulas, molares, metatarsianos, etc.) y bos (frg. de fémur) (Vilaseca, 1969, p. 200Vilaseca, S. (1969). “La Cueva de la Font Major”. Trabajos de Prehistoria, 26, pp. 117-202.
). Unos datos que nos obligan a considerar la probable inclusión del consumo cárnico como parte integrante del conjunto de acciones festivas ligadas a los momentos de frecuentación de la Cova de la Font Major. Esta circunstancia permite intuir el papel destacado que podría haber desempeñado la celebración periódica de ciertos ágapes excepcionales en un paraje de innegables connotaciones simbólicas, sobre todo teniendo en cuenta el enorme potencial de convocatoria y de agregación social que catalizan los rituales de comensalidad. Algunas evidencias documentadas en estos espacios, tales como Cova de la Guineu (Font-Rubí, Tarragona), donde se identificó un hogar con restos de ovicápridos en los niveles del ibérico final (Equip Guineu, 1994, p. 20Equip Guineu (1994). “Elaboració d’una cronoestratigrafia per a la prehistòria del Penedès”. Tribuna d’Arqueologia, 1993-1994, pp. 7-24.
), pueden interpretarse precisamente bajo estos parámetros. Del mismo modo se ha propuesto la ejecución de este tipo de prácticas para la Cueva Merinel (Bugarra, Valencia) (Blay, 1992Blay, F. (1992). “Cueva Merinel (Bugarra) análisis de la fauna”. En: J. Juan Cabanilles (Coord.). Estudios de Arqueología ibérica y romana. Homenaje a Enrique Pla Ballester, Serie de Trabajos Varios del Servicio de Investigación Prehistórica, 89. Valencia: Diputación Provincial de Valencia, pp. 283-288.
; Machause, 2017, p. 435Machause, S. (2017). Las cuevas como espacios rituales en época ibérica. Los casos de Kelin, Edeta y Arse. Tesis doctoral. Universitat de Valencia.
) o la cueva santuario vinculada al oppidum de Giribaile (Vilches, Jaén) (Alejo et al., 2021Alejo, M., Gutiérrez, L. M., Ortiz, A. J., Alejo, J. A. y Riquelme, J. A. (2021). “Ritualidad en el área de servicio de la cueva santuario del oppidum de Giribaile”. SPAL - Revista de Prehistoria y Arqueología, 30.2, pp. 74-102. DOI: https://doi.org/10.12795/spal.2021.i30.18.
).

Igualmente, la presencia de restos parciales de macrofauna pone de manifiesto de manera implícita la ejecución de prácticas sacrificiales. Este tipo de acciones puede vincularse a algunos ítems documentados en otras cuevas-santuario del NE peninsular, como la hoja de cuchillo y los cuchillos curvos de la Cova de les Encantades (Esponellà, Girona) o la hoja del cuchillo afalcatado de la Cova “C” del Cingle Blanc (Arbolí) (González-Alcalde, 2011, p. 142González-Alcalde, J. (2011). “Una reflexión genérica sobre el sacerdocio ibérico en el contexto de las cuevas-santuario”. Recerques del Museu d’Alcoi, 20, pp. 137-150.
). Esta interpretación sería aplicable también al puñal de hierro encontrado en la Cueva del Garrofet (Querol, Tarragona) (Santacana y Vilaseca, 1973, p. 352Santacana, J. y Vilaseca, S. (1973). “La cueva de Garrofet (Querol, Tarragona)”. En: Crónica del XIII Congreso Arqueológico Nacional. Zaragoza: Seminario de Arqueología de la Universidad de Zaragoza, pp. 347-354.
).

Dadas las características internas de la cavidad, cabe pensar que las prácticas citadas vinculadas a la fauna (sacrificiales, comensalidad), así como al procesamiento y al despellejamiento de los animales, se podrían haber realizado en un lugar cercano a la cavidad o en las inmediaciones. Es por ello por lo que debemos tomar en consideración algunos de los huesos recuperados con anterioridad a nuestra intervención, definidos como “quemados o ahumados” (Vilaseca, 1969, p. 200Vilaseca, S. (1969). “La Cueva de la Font Major”. Trabajos de Prehistoria, 26, pp. 117-202.
) y que, por lo tanto, presentaban indicios de su exposición al fuego en diferentes grados.

Respecto a los elementos metálicos, su posible significación simbólica admite diferentes interpretaciones a partir de su diversidad funcional y tipológica. Así pues, sobre los anillos o anillas de bronce, cabe añadir que son elementos documentados de forma frecuente en múltiples cuevas santuario del área valenciana (Cova de les Dones, Cova dels Pilars, Sima de l’Aigua) y también del Alto Guadalquivir y que pudiera tratarse de adornos para las trenzas del cabello (Rueda, 2013Rueda, C. (2013). “Ritos de paso de edad y ritos nupciales en la religiosidad ibera: algunos casos de estudio”. En: C. Risquez y C. Rueda (Eds.). Santuarios iberos: territorio, ritualidad y memoria. Actas del Congreso “El santuario de la Cueva de la Lobera de Castellar. 1912-2012”. Jaén: Asociación para el Desarrollo Rural de la Comarca de El Condado, pp. 341-384.
; Rueda y Bellón, 2016, p. 56Rueda, C. y Bellón, J. P. (2016). “Culto y rito en cuevas: modelos territoriales de vivencia y experimentación de lo sagrado, más allá de la materialidad (ss. V-II A.N.E.)”. ARYS: Antigüedad: Religiones y Sociedades, 14, pp. 43-80. DOI: https://doi.org/10.20318/arys.2017.3986.
) o quizá para distintas partes del cuerpo (Machause y Falcó, 2023, p. 69Machause, S. y Falcó, J. (2023). “La Cova de les Dones (Millares, València): el agua subterránea en las prácticas rituales ibéricas”. Lucentum, 42, pp. 51-74. DOI: https://doi.org/10.14198/lvcentvm.23619.
). Su deposición a modo de ofrenda se relacionaría con un posible cambio de aspecto personal de los participantes en las celebraciones rituales efectuadas en dichos santuarios rupestres (Grau y Amorós, 2013, p. 200Grau, I. y Amorós, I. (2013). “La delimitación simbólica de los espacios territoriales ibéricos: el culto en el confín y las cuevas-santuario”. En: Rísquez, C. y Rueda, C. (Eds.). Santuarios iberos: territorio, ritualidad y memoria. Actas del Congreso “El santuario de la Cueva de la Lobera de Castellar. 1912-2012”. Jaén: Asociación para el Desarrollo Rural de la Comarca de El Condado, pp. 183-211.
) o en la celebración de tránsitos de edad (Rueda 2013Rueda, C. (2013). “Ritos de paso de edad y ritos nupciales en la religiosidad ibera: algunos casos de estudio”. En: C. Risquez y C. Rueda (Eds.). Santuarios iberos: territorio, ritualidad y memoria. Actas del Congreso “El santuario de la Cueva de la Lobera de Castellar. 1912-2012”. Jaén: Asociación para el Desarrollo Rural de la Comarca de El Condado, pp. 341-384.
). Por otro lado, la identificación de colgantes de “chupete”, sujetos a cadenas elaboradas con aros o anillas, nos ilustra la deposición de ciertos elementos distinguidos de ornamentación personal.

De hecho, con anterioridad a nuestros trabajos, ya se había recuperado una serie de elementos variados de ornamentación personal en esta sala: una fíbula anular hispánica de bronce, un fragmento de posible anillo o pendiente, un anillo de sección semicircular, una cuenta bicónica de pasta vítrea azul, así como otras anillas y colgantes con apéndices esferoidales o de “chupete” (Vilaseca, 1969, pp. 197-200; fig. 13BVilaseca, S. (1969). “La Cueva de la Font Major”. Trabajos de Prehistoria, 26, pp. 117-202.
), idénticos a los ejemplares recuperados en nuestras intervenciones. Otras cuevas-santuario de la provincia de Tarragona, como la Cova de la Moneda (Montral), también han proporcionado ejemplares de fíbulas anulares (Canela, 2015, pp. 161, 237Canela, J. (2015). Evolució del poblament i el paisatge a la Cessetània occidental durant el 1r. mil·lenni aC. Tesis doctoral. Universitat Rovira i Virgili.
), un tipo de ofrenda que enlaza con prácticas similares a las documentadas en algunos santuarios del Alto Guadalquivir (Collado de los Jardines, Cueva de la Lobera, Haza del Rayo) en los que se constata habitualmente su presencia, asociada muy posiblemente a la ofrenda de prendas, mantos y túnicas (Rueda et al., 2021, p. 147Rueda, C., Bellón, J. P., Herranz, A. B., Lechuga, M. A., Ruiz, A., Moreno, M. I., Molinos, M., Rísquez, C., Gutiérrez, M. y Portillo, M. (2021). “Ofrendas en el humedal: el santuario ibero de Haza del Rayo (Sabiote, Jaén)”. Trabajos de Prehistoria, 78, pp. 140-152. DOI: https://doi.org/10.3989/tp.2021.12269.
).

Finalmente, la punta de lanza de bronce identificada debería relacionarse con la deposición de armas, así como con la posibilidad de que se efectuaran también determinados gestos vinculados a la exaltación del ethos guerrero. En este sentido, conviene señalar que la presencia de armas se ha podido documentar en otras cavidades interpretables como cuevas-santuario protohistóricas del área catalana como es el caso los fragmentos de falcata de la Cova “C” del Cingle Blanc (Arbolí, Tarragona) o la hoja de lanza de la Cova de les Encantades (Esponellà, Girona) (González-Alcalde, 2011, p. 142González-Alcalde, J. (2011). “Una reflexión genérica sobre el sacerdocio ibérico en el contexto de las cuevas-santuario”. Recerques del Museu d’Alcoi, 20, pp. 137-150.
). De especial interés son los cercanos ejemplos ubicados en el término municipal de Vimbodí i Poblet: la Cova dels Xaragalls y el Avenc dels Bassots. En el primer caso, tal y como se desprende de las memorias recientes, parece que se recuperaron fragmentos de armas: en concreto se documentó una punta de espada o puñal de bronce en un nivel asociado al Bronce Final (Rodríguez, 2021, p. 41Rodríguez, A. J. (2021). Memòria d’intervenció arqueològica de la cova dels Xaragalls (Vimbodí-Poblet, Conca de Barberà). Intervenció del 1 al 28 de febrer del 2021. Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya.
). En el segundo caso, donde también el agua está presente, destacamos el hallazgo de una espada-puñal y de una lanza de hierro (Palau y Pallisé, 2006Palau, R. y Pallisé, J. (2006). “Ressenya de quatre fenòmens càrstics a la zona limítrofa del PNIN de Poblet”. En: Vallvey, A., Grau, J. M. y Ribera, M. C. (Eds.). Actes de les segones jornades sobre el bosc de poblet i les muntanyes de prades. Els límits de la pressió humana en el medi natural. Poblet: Departament de Medi Ambient i Habitatge de la Generalitat de Catalunya, pp. 289-316.
). Un tipo de prácticas que han sido también identificadas en proporciones de mucha mayor entidad en santuarios como la Cueva del Collado de los Jardines (Santa Elena, Jaén), donde se recuperaron falcatas y puntas de flecha (Calvo y Cabré, 1918Calvo, I. y Cabré, J. (1918). Excavaciones en la cueva y collado de los Jardines (Santa Elena-Jaén): memoria de los trabajos realizados en el año 1916. Madrid: Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos.
).

Otro punto importante en el análisis que presentamos es el referido a las escalas de participación. Como es lógico, no podemos aportar datos excesivamente precisos o concluyentes sobre el número de personas implicadas o participantes en las prácticas rituales efectuadas en la Sala del Llac. En el ámbito antropológico, la intensidad de uso es conocida como densidad ritual y puede valorarse a partir de la repetición y a la cantidad (Bell, 1997, p. 173Bell, C. (1997). Ritual: Perspectives and Dimensions. Oxford: Oxford University Press.
). Respecto a la cantidad, las intervenciones de S. Vilaseca destacan el elevado volumen de vasos en cerámica a mano de los “niveles inferiores” y se nos indica que grosso modo los fragmentos recuperados corresponderían en total a unos 1.000 vasos, de los cuales más de 200 no estaban decorados, más de 300 presentaban decoración incisa y el resto decoración con relieves (Vilaseca, 1969, pp. 184, 202Vilaseca, S. (1969). “La Cueva de la Font Major”. Trabajos de Prehistoria, 26, pp. 117-202.
). En cualquier caso, no se realizó un inventario exhaustivo, ni se aportó un número mínimo real de individuos. De todos modos, las características espaciales del contexto y el tipo de evidencias documentadas que hemos podido identificar en nuestras recientes intervenciones, sugieren que pudiera tratarse de prácticas oficiadas o ejecutadas por un número más bien restringido de personas. Probablemente individuos iniciados, con un conocimiento privilegiado de la galería y de su potencial simbólico, que desarrollarían un papel o rol litúrgico activo en la ejecución de las ceremonias (González-Alcalde, 2011González-Alcalde, J. (2011). “Una reflexión genérica sobre el sacerdocio ibérico en el contexto de las cuevas-santuario”. Recerques del Museu d’Alcoi, 20, pp. 137-150.
). Estos individuos iniciados actuarían como conductores, guiando quizá a los aspirantes/visitantes de forma individual, o bien en pequeños grupos, para poder alcanzar determinados estatus (de edad, de fertilidad, nupciales, guerreros, etc.). Por consiguiente, el elevado número de ofrendas que concentra la cavidad, más que a la celebración de eventos de elevada participación, parece responder a su utilización ritual recurrente y frecuente. Cabe apuntar también que la diversidad de ofrendas y acciones rituales atestiguada hasta el momento podría relacionarse con la participación de distintos grupos, ¿De diferentes niveles o categorías sociales? ¿Miembros integrantes de diferentes comunidades? ¿Participantes con diversidad de objetivos y finalidades? Para avanzar en la concreción precisa de todos estos aspectos, sería necesario ampliar el área intervenida en futuras excavaciones, con el objetivo de poder determinar la entidad de los conjuntos artefactuales relacionables de forma efectiva a unos mismos eventos o momentos ceremoniales.

La frecuencia de las celebraciones es también un aspecto de difícil determinación, aunque el volumen y la concentración de ofrendas documentado en la Sala del Llac, es evidente que no responde a frecuentaciones de carácter esporádico, sino todo lo contrario, pues refleja un uso recurrente de un espacio singular que poseyó un significado ritual destacado (y probablemente calendarizado) durante varios siglos. En cualquier caso, el aumento o descenso del nivel de agua en el río subterráneo debió actuar como un factor clave, tanto en el ámbito simbólico-ritual como también en el aspecto práctico. Desde un punto de vista sensorial, el otoño y la primavera representan las etapas más indicadas (debido al aumento de la circulación de agua por las galerías interiores) y, por ello, resulta sugerente plantear que la frecuentación del lugar con fines litúrgicos pudiera haberse efectuado, primordialmente, coincidiendo con los equinoccios de primavera y otoño, que marcan el inicio y el fin de dicho ciclo de circulación de aguas más pronunciado. La relación con los equinoccios en cavidades sagradas se ha podido constatar y plantear de forma paradigmática en el caso de la Cueva de la Lobera (Castellar, Jaén), donde los últimos rayos solares del día se proyectan en el fondo de la cueva, conformando una imagen visual que simula el estereotipo propio de una imagen femenina, hecho que se ha interpretado como una epifanía/hierofanía (Esteban, Rísquez y Rueda, 2014Esteban, C., Rísquez, C. y Rueda, C. (2014). “Una hierofanía solar en el santuario ibérico de Castellar (Jaén)”. Archivo Español de Arqueología, 87, pp. 91-107. DOI: https://doi.org/10.3989/aespa.087.014.006.
). En cualquier caso, necesitamos recopilar más datos sobre la evolución hidrogeológica que experimentó el curso de aguas de la Cova de la Font Major a lo largo del tiempo, para poder aportar una visión más precisa sobre este aspecto. De todos modos, merece la pena apuntar la existencia de un posible busto femenino de terracota, con un tocado adornado con diadema que algunos autores añaden a la lista de hallazgos fortuitos efectuados en la Cova de la Font Major (González-Alcalde, 2006González-Alcalde, J. (2006). “Cuevas-santuario en Cataluña”. Quaderns de Prehistòria i Arqueologia de Castelló, 25, pp. 187-248.
; Canela, 2015Canela, J. (2015). Evolució del poblament i el paisatge a la Cessetània occidental durant el 1r. mil·lenni aC. Tesis doctoral. Universitat Rovira i Virgili.
) o en sus aledaños (Carreras, 2002Carreras, A. (2002). Història de l'Espluga de Francolí, vol. II. Antics pobladors. L'Espluga de Francolí: Associació Història de l'Espluga de Francolí.
). Se trata de un elemento relacionable con la realización de celebraciones vinculadas al ciclo agrario y, por lo tanto, de notables implicaciones interpretativas. Además, dicha pieza encuentra paralelo en las dos esculturas de terracota de la Cova de les Encantades (Cabrera de Mar, Barcelona), que han sido interpretadas como posibles representaciones de la diosa Deméter (Coll, Cazoru y Bayés, 1994, pp. 33-86Coll, R., Cazoru, F. y Bayés, E. (1994). “El santuari iberic de la cova de les Encantades del Montcabrer (Cabrera de Mar, el Maresrne). Estudi preliminar”. Laietania, 9, pp. 33-86.
; Coll y Cazorla, 1998, pp. 275-282, lám. IIColl, R. y Cazorla, F. (1998). “Una cueva santuario ibérica en el Maresme: «la cova de les Encantades» del Montcabrer (Cabrera de Mar, El Maresme)”. En: Aranegui, C. (Eds.). Los Iberos Príncipes de Occidente. Las estructuras de poder en la sociedad ibérica, Actas del Congreso Internacional. Barcelona: Fundación La Caixa, pp. 275-283.
).

En cuanto a la funcionalidad de la sala y el tipo de prácticas realizadas, las características marcadamente singulares del contexto analizado han determinado su interpretación unánime como lugar de culto (Tarradell, 1973Tarradell, M. (1973). “Cuevas sagradas o cuevas santuario. Un aspecto poco valorado de la religión ibérica”. En: Memorias de 1973 del Instituto de Arqueología y Prehistoria. Barcelona: Universidad de Barcelona, pp. 25-40.
; De la Vega, 1986De la Vega, J. (1986). “Contribució catalana a l’inventari de les probables coves santuari ibèriques”. Fonaments, 6, pp. 171-181.
; Carreras, 2002Carreras, A. (2002). Història de l'Espluga de Francolí, vol. II. Antics pobladors. L'Espluga de Francolí: Associació Història de l'Espluga de Francolí.
; Moneo, 2003Moneo, T. (2003). Religio ibérica: santuarios, ritos y divinidades (siglos VII-I aC). Madrid: Real Academia de la Historia.
; González-Alcalde, 2006González-Alcalde, J. (2006). “Cuevas-santuario en Cataluña”. Quaderns de Prehistòria i Arqueologia de Castelló, 25, pp. 187-248.
; Graells, Balsera y Sardà, 2008Graells, R., Balsera R. y Sardà S. (2008). “Rellegint la Cova de la Font Major. Un santuari en cova protohistòric al curs alt del Francolí”. Pyrenae, 39, pp. 45-66.
; Ayllón, 2013Ayllón, R. (2013). “Renovarse o morir. Las cuevas santuario del Noreste Peninsular a partir del s. III a.C.”. En: Rísquez, C. y Rueda, C. (Eds.). Santuarios iberos: territorio, ritualidad y memoria. Actas del Congreso “El santuario de la Cueva de la Lobera de Castellar. 1912-2012”. Jaén: Asociación para el Desarrollo Rural de la Comarca de El Condado, pp. 271-288.
). En este sentido, el propio Salvador Vilaseca ya se decantó por un uso ritual del espacio vinculado al relevante papel del agua lustral o cárstica, enfatizando que no se trataba de aguas estancadas, sino de una corriente y, por lo tanto, de agua saneada. Esta circunstancia le llevó a plantear la posible ejecución de abluciones o inmersiones, así como el lanzamiento y la deposición de ofrendas en el río subterráneo (Vilaseca, 1969, p. 202Vilaseca, S. (1969). “La Cueva de la Font Major”. Trabajos de Prehistoria, 26, pp. 117-202.
). El mismo autor propuso que algunos objetos podrían haber sido arrojados desde la parte superior de la montaña donde se ubica la cueva (Vilaseca, 1969, p. 202Vilaseca, S. (1969). “La Cueva de la Font Major”. Trabajos de Prehistoria, 26, pp. 117-202.
), hipótesis sugerente que ya fue desarrollada en algunos de nuestros trabajos anteriores (Cots et al., 2021Cots, I., Pérez, M., Diloli, J., Ferré, R. y Sardà, S. (2021). “Ritual Spaces in the Font Major Cave: The Sala del Llac and the Sala de la Mamella (L’Espluga de Francolí, Tarragona)”. En: Machause, S., Rueda. C, Grau, I. y Roure, R. (Eds.). ROCK & RITUAL. Caves, Rocky Places and Religious Practices in the Ancient Mediterranean. Montpellier: Presses universitaires de la Méditerranée, pp. 101-111.
). En esta línea, cabe remarcar que la morfología interna de la cavidad, así como el supuesto acceso practicable a la cueva, han sido modificados tanto por factores geológicos como antrópicos. No excluimos posibles entradas alternativas que habrían colapsado. De hecho, las recientes intervenciones en las “Gatoneres de Cal Palletes” han proporcionado evidencias que conducen a plantear un posible acceso, ahora colapsado, cercano a la Sala del Llac, documentándose materiales que confirman la actividad durante la Edad del Hierro en este lugar (Fontanals, Martín y Vergès, 2021, p. 29Fontanals, M., Martín, P. y Vergès, J. M. (2021). Cova de la Font Major. Espluga de Francolí conca de Barberà. Memòria de la intervenció arqueològica programada realitzada entre els dies 14 d’octubre a 8 de novembre de 2019. Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya.
), hecho que al mismo tiempo refuerza la idea del posible conocimiento y de la posible interacción simbólica con las representaciones paleolíticas.

Desde nuestro punto de vista, las particularidades del contexto y el tipo de evidencias documentadas hasta el momento apuntan de forma bastante clara a la celebración de rituales hidro-hipogénicos (Graells, Balsera y Sardà, 2008Graells, R., Balsera R. y Sardà S. (2008). “Rellegint la Cova de la Font Major. Un santuari en cova protohistòric al curs alt del Francolí”. Pyrenae, 39, pp. 45-66.
; Cots et al., 2021Cots, I., Pérez, M., Diloli, J., Ferré, R. y Sardà, S. (2021). “Ritual Spaces in the Font Major Cave: The Sala del Llac and the Sala de la Mamella (L’Espluga de Francolí, Tarragona)”. En: Machause, S., Rueda. C, Grau, I. y Roure, R. (Eds.). ROCK & RITUAL. Caves, Rocky Places and Religious Practices in the Ancient Mediterranean. Montpellier: Presses universitaires de la Méditerranée, pp. 101-111.
). Es decir, se trataría de prácticas asociadas fundamentalmente al significado especial asociado a las aguas subterráneas que circulan de forma constante por la galería. La atribución de propiedades propiciatorias, regeneradoras, purificadoras y sanadoras en espacios rituales ligados a la circulación y al surgimiento de aguas subterráneas se constata de forma transcultural en múltiples contextos y horizontes histórico-arqueológicos. En el caso concreto del mundo ibérico, se ha señalado, además, la predilección mayoritaria por las “aguas vivas”, es decir aguas en constante movimiento que fluyen sin estancarse. No solo se pretendía abastecer de agua los santuarios para atender los rituales, sino que además es muy probable que el movimiento fuera el factor que otorgara a las aguas un mayor valor simbólico, purificador y salutífero.

Asimismo, cabe la posibilidad de que el agua también fuera recogida, al menos en pequeñas cantidades, para su posterior uso en el marco de determinadas prácticas rituales en el exterior de la cavidad. Ello permitiría la participación de un mayor número de personas en estas celebraciones, sin excluir el aparente carácter restrictivo de las actividades efectuadas en el interior de la sala, que serían ejecutadas por ciertos grupos o individuos concretos. Estos planteamientos concluyen que el agua pudo desempeñar un papel primordial en este espacio sacro, quizás vinculado a los antepasados o a algún tipo de arquetipo o fuerza telúrica. Así pues, nos preguntamos si los diferentes tipos de ofrendas podrían considerarse como gestos necesarios y precisos para el uso, manipulación o extracción de esta.

Finalmente, no podemos pasar por alto que algunas evidencias documentadas se relacionan fácilmente con la práctica de ciertos rituales de iniciación o de paso (deposición de manufacturas metálicas). Tampoco podemos descartar que, debido a su estratégica ubicación territorial, se tratara de un espacio destinado a la celebración de prácticas con otro tipo de connotaciones, como rituales étnico-grupales o rituales político-clientelares. En cualquier caso, entendemos que en todas estas prácticas el agua pudo desempeñar un papel clave al sancionar o validar litúrgicamente las acciones realizadas y los objetivos rituales asociados a estas.

Así pues, creemos que La Sala del Llac reúne todos los requisitos para plantear que pudiera ser utilizada y concebida como “omphalos”, es decir como un lugar de contacto con el mundo subterráneo y, por ende, con el conjunto de mitos y creencias asociadas al inframundo, al más allá. En este sentido, los gestos documentados y las prácticas efectuadas en la sala estarían claramente vinculados a los cultos ctónicos (que pueden asociarse tanto a la fertilidad y al ciclo agrícola, como a la conexión con los antepasados), implicando la idea del descenso simbólico a lo más profundo de la Tierra y el recorrido por el inframundo, seguido del ascenso de los participantes una vez completados los parámetros y gestos rituales establecidos. En este sentido, y relacionándolo con el culto a los antepasados, no podemos pasar por alto que ciertos ítems depositados en la Sala del Llac mantienen correspondencia directa con los objetos habitualmente recuperados en las necrópolis, y más concretamente con algunos de los conjuntos de la necrópolis de Milmanda (Vimbodí i Poblet), situada a poca distancia de la cavidad. Ello invita a plantear que quizá algunos de los elementos metálicos documentados pudieran entenderse como objetos de ofrenda a determinados antepasados o personajes de la comunidad. Una práctica similar a la documentada en la Sala de la Mamella, otro espacio de la cueva donde se recuperó un conocido depósito de materiales de la Edad del Bronce (Vilaseca, 1959Vilaseca, S. (1959). “Noticia de hallazgos de objetos de bronce en la cueva de la Font Major, de Espluga de Francolí”. Ampurias, XXI, pp. 266-273.
, 1969Vilaseca, S. (1969). “La Cueva de la Font Major”. Trabajos de Prehistoria, 26, pp. 117-202.
; Almagro Basch, 1960Almagro Basch, M. (1960). Inventaria Archaeologica, España, fascículo 5-E.2-E-6. Madrid: Instituto Español de Prehistoria y Dirección General de Bellas Artes.
), que también puede ser releído o reinterpretado como resultado de una acción de homenaje póstumo a un personaje distinguido.

Conclusiones

 

Las recientes intervenciones en la Sala del Llac han proporcionado datos muy interesantes para avanzar en la caracterización de aspectos de tipo cronológico y funcional de este paradigmático yacimiento, en el que no se había producido ninguna actuación arqueológica desde mediados de los años 60 del siglo pasado. Cabe indicar que su interpretación seguía los parámetros establecidos por Salvador Vilaseca en su publicación de 1969Vilaseca, S. (1969). “La Cueva de la Font Major”. Trabajos de Prehistoria, 26, pp. 117-202.
, con algunas aportaciones posteriores basadas en revisiones de esta misma investigación, que en ningún caso contribuían con nuevos datos arqueológicos, a profundizar en el conocimiento de la sala.

De la excavación efectuada por el GRESEPIA destacan, en primer lugar, las aportaciones cronoestratigráficas y las apreciaciones cronológicas derivadas de estas, que nos han permitido identificar diferentes momentos funcionales del espacio. En concreto, los resultados obtenidos permiten constatar fehacientemente el uso ritual del espacio entre los siglos VIII-VI ANE y también entre finales del siglo III y el siglo II ANE, existiendo un hiato en el que aparentemente no hay actividad, que comprende desde finales del siglo V hasta inicios del siglo III ANE. En este sentido, resulta especialmente sugerente el evidente repunte de frecuentaciones que presentan este tipo de santuarios en el área del NE peninsular a partir del siglo III ANE (Ayllón, 2013Ayllón, R. (2013). “Renovarse o morir. Las cuevas santuario del Noreste Peninsular a partir del s. III a.C.”. En: Rísquez, C. y Rueda, C. (Eds.). Santuarios iberos: territorio, ritualidad y memoria. Actas del Congreso “El santuario de la Cueva de la Lobera de Castellar. 1912-2012”. Jaén: Asociación para el Desarrollo Rural de la Comarca de El Condado, pp. 271-288.
).

En segundo lugar, el análisis permite ampliar significativamente el conocimiento sobre los posibles gestos realizados en la sala, pues se documenta por primera vez de forma rigurosa y contextualizada la ofrenda de ciertas manufacturas metálicas, la deposición in situ de una selección de determinadas partes de animales, así como la posible presencia de vino, cereales y otros restos vegetales entre los contenidos de algunos de los vasos entregados o ritualmente depositados en el espacio. La investigación realizada sobre otros contextos similares durante las últimas décadas nos ofrece la posibilidad de establecer paralelos, evidenciando conexiones cultuales que nos conducen a plantear interpretaciones sugerentes al respecto. A su vez, hemos podido profundizar en algunos aspectos hasta ahora no habitualmente valorados en este tipo de contextos (variables de selección del espacio, factor sensorial, escalas de participación, frecuencia de celebraciones, accesos alternativos, prácticas exteriores, etc.).

Por último, pensamos que la cavidad pudo actuar como un espacio ritual muy significativo desde una perspectiva territorial. Las ceremonias que se celebrarían en la Sala del Llac se sustentarían en el espacio interno, simbólico, y en el externo, pues definirían un territorio en el que podría haber peregrinaciones colectivas recurrentes por parte de diferentes comunidades (próximas o no), erigiéndose la cueva como un hito paisajístico de referencia que se ubicaría en un espacio radioconcéntrico en cuanto a las capacidades de movilidad regional. El nacimiento o surgimiento del río Francolí desde la cueva, un curso fluvial de gran significado en la Cesetania, vía de comunicación fundamental entre la costa y el interior, donde enlaza con la planicie ilerdense (Ilergecia), acentuaría el sentido especial de la misma. En este sentido, debemos apuntar que la elección y el uso como cuevas santuario de algunas cavidades del ámbito cesetano, se han vinculado a su ubicación geográfica en las zonas periféricas (Ayllón, 2012Ayllón, R. (2012). “Cessetania’s sacred landscape: An approximation to the sanctuary-caves functionality”. En: Cascalheira, J. y Gonçalves, C. (Eds.). Actas das IV Jornadas de Jovens en Investigaçao arqueologica - JIA 2011, II. Faro: Universidade do Algarve, pp. 307-312.
), tal y como se ha planteado para los santuarios extraurbanos de otras regiones de la costa oriental de la península ibérica (Grau, 2010Grau, I. (2010). “Límite, confín, margen, frontera… Conceptos y nociones en la antigua Iberia”. En: Prados, F. M, García, I. y Bernard, G. (Eds.). Confines. El extremo del mundo durante la Antigüedad. Alicante: Servicio de publicaciones de la Universidad de Alicante, pp. 23-48.
; Grau y Amorós, 2013Grau, I. y Amorós, I. (2013). “La delimitación simbólica de los espacios territoriales ibéricos: el culto en el confín y las cuevas-santuario”. En: Rísquez, C. y Rueda, C. (Eds.). Santuarios iberos: territorio, ritualidad y memoria. Actas del Congreso “El santuario de la Cueva de la Lobera de Castellar. 1912-2012”. Jaén: Asociación para el Desarrollo Rural de la Comarca de El Condado, pp. 183-211.
; Rueda y Bellón, 2016Rueda, C. y Bellón, J. P. (2016). “Culto y rito en cuevas: modelos territoriales de vivencia y experimentación de lo sagrado, más allá de la materialidad (ss. V-II A.N.E.)”. ARYS: Antigüedad: Religiones y Sociedades, 14, pp. 43-80. DOI: https://doi.org/10.20318/arys.2017.3986.
; Machause y Quixal, 2018Machause, S. y Quixal, D. (2018). “Cuevas rituales ibéricas en el territorio de Kelin (ss. V-III a.C.)”. Complutum, 29 (1), pp. 115-134. DOI: https://doi.org/10.5209/cmpl.62398.
, etc.). Desde una perspectiva de carácter étnico-territorial, entendemos que dichas áreas limítrofes, al no ser espacios de explotación directa, ejercerían como “tierra de nadie”; del mismo modo que se ha planteado para las cuevas-santuario ibéricas del Massís del Garraf (Ros, 2003Ros, A. (2003). “L’ús de coves santuari al massís del Garraf durant el període ibèric”. En: IV Trobada d’Estudiosos del Garraf. Barcelona: Diputació de Barcelona, pp. 181-185.
).

En cualquier caso, es indudable que los sistemas religiosos del mundo ibérico estaban conectados a la naturaleza y al territorio, que en el caso ibérico poseía además una dimensión simbólica clara que se proyectaba en determinados hitos sagrados del paisaje. Cabe señalar también la importancia que poseía la ubicación liminal de las cuevas-santuario al definir los márgenes simbólicos de un posible territorio político (Grau y Amorós, 2013Grau, I. y Amorós, I. (2013). “La delimitación simbólica de los espacios territoriales ibéricos: el culto en el confín y las cuevas-santuario”. En: Rísquez, C. y Rueda, C. (Eds.). Santuarios iberos: territorio, ritualidad y memoria. Actas del Congreso “El santuario de la Cueva de la Lobera de Castellar. 1912-2012”. Jaén: Asociación para el Desarrollo Rural de la Comarca de El Condado, pp. 183-211.
). En este sentido, las peregrinaciones a cuevas-santuario posibilitarían la comunicación con lo divino y supondrían una forma más de apropiación del paisaje, contribuyendo a la creación de la memoria de las comunidades mediante comportamientos rituales cíclicos (Alfayé, 2010Alfayé, S. (2010). “Hacia el lugar de los dioses: aproximación a la peregrinación religiosa en la Hispania indoeuropea”. En: Marco, F., Pina, F. y Remesal, J. (Eds.). Viajeros, peregrinos y aventureros en el mundo antiguo. Barcelona: Publicacions i edicions de la Universitat de Barcelona, pp. 177-218.
; López-Bertran, 2011López-Bertran, M. (2011). “Practical movements: Kinetic rituals in the ancient Western Mediterranean”. Journal of Mediterranean Archaeology, 24.1, pp. 85-109. DOI: https://doi.org/10.1558/jmea.v24i1.85.
; Rueda y Bellón, 2016Rueda, C. y Bellón, J. P. (2016). “Culto y rito en cuevas: modelos territoriales de vivencia y experimentación de lo sagrado, más allá de la materialidad (ss. V-II A.N.E.)”. ARYS: Antigüedad: Religiones y Sociedades, 14, pp. 43-80. DOI: https://doi.org/10.20318/arys.2017.3986.
; Rueda et al., 2021Rueda, C., Bellón, J. P., Herranz, A. B., Lechuga, M. A., Ruiz, A., Moreno, M. I., Molinos, M., Rísquez, C., Gutiérrez, M. y Portillo, M. (2021). “Ofrendas en el humedal: el santuario ibero de Haza del Rayo (Sabiote, Jaén)”. Trabajos de Prehistoria, 78, pp. 140-152. DOI: https://doi.org/10.3989/tp.2021.12269.
; Machause y Díez, 2022Machause, S. y Díez, A. (2022). “Analysing the sacred landscape in the Iberian Culture: GIS, caves and ritual performance”. Zephyrus, 90, pp. 135-158. DOI: https://doi.org/10.14201/zephyrus202290135158.
).

Agradecimientos

 

Queremos agradecer a Laura Bricio y a Diana Álvarez, investigadoras del GRESEPIA, los estudios arqueobotánicos y zooarqueológico respectivamente. Así mismo, a Xavier Sicart y a Jordi Vilà, igualmente componentes del GRESEPIA, sus aportaciones y colaboración en los trabajos arqueológicos. También a Jaume Massó, técnico del Museu de Reus, por su inestimable ayuda en la recopilación de los datos sobre los primeros trabajos de Salvador Vilaseca en la Cova de la Font Major.

Declaración de conflicto de intereses

 

Los autores de este artículo declaran no tener conflictos de intereses financieros, profesionales o personales que pudieran haber influido de manera inapropiada en este trabajo.

Fuentes de financiación

 

Esta investigación se ha realizado en el marco del proyecto cuadrienal Evolución paleoambiental y poblamiento prehistórico en las cuencas de los ríos Francolí, Gaià, Siurana y rieras del Camp de Tarragona (2018-2021) (CLT009/18/00053) (Departament de Cultura, Generalitat de Catalunya), participando también en su financiación el Ayuntamiento de l’Espluga de Francolí (Conca de Barberà, Tarragona).

Declaración de contribución de autoría

 

Ernest Capella Martínez: investigación, redacción ‒ borrador original.

Ivan Cots Serret: conceptualización, investigación, metodología, redacción ‒ borrador original; redacción ‒ revisión y edición.

Jordi Diloli Fons: conceptualización, análisis formal, investigación, redacción ‒ borrador original; redacción ‒ revisión y edición.

Marc Prades Painous: investigación; redacción ‒ borrador original.

Samuel Sardà Seuma: conceptualización, análisis formal, investigación, redacción ‒ borrador original; redacción ‒ revisión y edición.

Josep Maria Vergès Bosch: conceptualización, análisis formal, investigación, metodología, redacción ‒ revisión y edición, administración de proyecto.

Notas

 
1

El estudio se realizó en forma de Trabajo de Fin de Máster (TFM) por parte de María Pérez Santafosta (GRESEPIA-URV), con el título Les coves santuari d’época ibérica al litoral meridional de Catalunya: el cas de la Cova de la Font Major de L’Espluga de Francolí, presentado en junio de 2014 en la Universitat Rovira i Virgili.

2

Este análisis se ha realizado en el marco del proyecto “Caracterización arqueobiológica de producción y consumo de vino en las comarcas meridionales de Catalunya durante la Protohistoria”, dirigido por Jordi Diloli y Nicolas Rozès, financiado por la Fundación Palarq (convocatoria de analíticas 2022-2023) y por la Universitat Rovira i Virgili.

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