1. Introducción: las sedes episcopales en el periodo visigodo
⌅Pese
a que, desde finales del siglo IV, Teodosio convirtió al cristianismo
en la religión oficial del Imperio, las evidencias materiales de las
primigenias sedes episcopales, especialmente lejos de Roma, siguen
siendo lábiles o, al menos, difíciles de identificar con claridad hasta
por lo menos bien entrado el siglo VI. Los escasos datos aparecen casi
siempre antes en las ciudades (Cantino Wataghin, 1992Cantino
Wataghin, G. (1992). “Urbanistica tardoantica e topografia cristiana
termini di un problema”. En: Sena Chiesa, G. y Arslan, E. (Eds.). Felix Temporis Reparatio: Atti del Convengo Archeologico Internazionale Milano Capitale dell’Imperio Romano, Milano 8-11 marzo 1990. Milan: Edizioni ET, pp. 171-192.
, 1995Cantino Wataghin, G. (1995). “Spazio cristiano e ≪civitates≫: Status quaestionis”. En: Materiali per una topografia urbana, Status questionis e nuove acquisizioni. Mediterraneo tardoantico e medievale. Scavi e ricerche, 10. Oristano: Editrice S'Alvure, pp. 201-239.
; Cantino Wataghin, Gurt i Esparraguera y Guyon, 1996Cantino
Wataghin, G., Gurt i Esparraguera J. M. y Guyon, J. (1996). “Topografia
della civitas christiana tra IV e VI secolo”. En: Brogiolo, G. P.
(Ed.). Early medieval towns in the Wetern Mediterranean, Ravello, 22-24 September 1994. Documenti di Archeologia, 10. Mantua: SAP, pp. 17-41.
; Arce, 2018Arce,
J. (2018). “De la ciudad pagana a la ciudad cristiana. El caso de
Hispania (siglos IV-VI)”. En: Panzram, S. y Callegarin, L. (Eds.). Entre civitas y madina. El mundo de las ciudades en la Península Ibérica y en el norte de África (s. IV-IX). Collection de la Casa de Velázquez, 167. Madrid: Casa de Velázquez, pp. 23-31.
),
que se erigen como vehículo principal del nuevo credo y señalan al
obispo como el responsable último de la evangelización, no solo del
propio centro urbano, sino también del territorio que este administraba.
Un espacio que, en muchos casos, debió ser notablemente extenso, ya
que, en Hispania, las jurisdicciones episcopales atendían una media de ca. 15.000 km2 (Vilella, 2002Vilella, J. (2002). “Las iglesias y las cristianidades hispanas: Panorama prosopográfico”. En: Teja, R. (Ed.). La Hispania del siglo IV. Administración, economía, sociedad, cristianización. Bari: Edipuglia, pp. 117-159.
).
En los últimos años se han planteado importantes dudas respecto a cómo
el obispo pudo ejercer el liderazgo espiritual de comunidades
distribuidas por territorios tan amplios, señalándose a las
aristocracias locales y el control que ejercían desde sus villae
1
Las villas han sido consideradas, en algunos casos, como focos de resistencia al poder y el control episcopal, vid. Maier 1995; Bowes 2001; 2010, pp. 205-209.
como parte fundamental en la difusión de la nueva fe en ámbito rural (Martínez Maza, 2021Martínez
Maza, C. (2021). “Lived Ancient Religion: una nueva herramienta teórica
para el estudio de los espacios rurales cristianos de la Hispania
tardo-antigua (ss. IV-V)”. Hispania Sacra, LXXIII (147), pp. 31-42. DOI: https://doi.org/10.3989/hs.2021.003.
).
En cualquier caso, lo que parece menos discutible es el rol de los
obispos en las ciudades, ya que su autoridad política y social fue
aumentando progresivamente a medida que las curias municipales y las
instituciones imperiales se debilitaban, absorbiendo buena parte de sus
funciones. En este sentido, la evidente continuidad entre los antiguos ordines senatoriales y curiales y el nuevo episcopado fue una característica bastante común en estos primeros momentos (Jones, 1964, pp. 920-929Jones, A. H. M. (1964). The Later Roman Empire 284-602, a Social Economic and Administrative Survey. Oxford: Basil Blackwell, vol. 3.
; Gilliard, 1966Gilliard, F. (1966). The social origins of bishops in the fourth century. Berkeley: University of California.
).
El
surgimiento de las primeras sedes episcopales en Hispania estuvo, casi
siempre, en relación con ciudades que asumieron un rol central en el
paisaje en el que se inscribían, poseyendo además una relevancia
económica y, en muchos casos, una población de cierta envergadura. Así,
en el que es considerado el documento conciliar más antiguo que se
conoce en Hispania, el Concilio de Iliberris
2
Si se trata de un único concilio (Sotomayory Berdugo, 2008)
o, más bien, una colección de disposiciones de origen diverso e
impreciso, sigue siendo un tema en discusión. A favor de esta última
hipótesis, Villela y Barreda, 2006.
, se señala la presencia de los obispos de las comunidades establecidas en las ciudades más notables ‒como Emerita, Corduba, Hispalis, Caesarugusta…‒,
algunas de ellas, además, capitales provinciales. En total, 19 obispos y
24 presbíteros que, a inicios del siglo IV, mostraban un importante
grado de organización, que se basaba en gran medida en la estructura
administrativa romana existente, a partir de la dependencia del territorium con respecto a su ciudad (Sotomayor, 2004aSotomayor, M. (2004a). “Las relaciones iglesia urbana-iglesia rural en los concilios hispano-romanos y visigodos”. Antigüedad y Cristianismo, 21, pp. 525-542.
).
Es cierto que, concretamente, en este concilio aparecen citados varios
presbíteros asociados a núcleos de escasa envergadura, pero es
significativo que, en muchos casos, estos no llegaron a erigirse como
sedes episcopales (Sotomayor, 2002Sotomayor,
M. (2002). “Sedes episcopales hispanorromanas, visigodas y mozárabes en
Andalucía”. En: C. González Román y Á. Padilla Arroba (Ed.). Estudios sobre las ciudades de la Bética. Granada: Universidad de Granada, pp. 463-496.
; Ubric Rabaneda, 2019Ubric Rabaneda, P. (2019). “La organización de la Iglesia hispana en los siglos IV-V”. En: Brassous, L. y Panzram, S. (Coords). El espacio provincial en la península ibérica (Antigüedad tardía - Alta Edad Media). Mélanges de la Casa de Velázquez, 49 (2), pp.41-75. DOI: https://doi.org/10.4000/mcv.10921.
)
y los que, en cambio, sí accedieron al rango episcopal, pudieron quizá
estar en relación con la necesidad de controlar a las importantes
comunidades judías de la zona, como Mentesa, Egabrum y Epagrum (Ubric Rabaneda, 2019Ubric Rabaneda, P. (2019). “La organización de la Iglesia hispana en los siglos IV-V”. En: Brassous, L. y Panzram, S. (Coords). El espacio provincial en la península ibérica (Antigüedad tardía - Alta Edad Media). Mélanges de la Casa de Velázquez, 49 (2), pp.41-75. DOI: https://doi.org/10.4000/mcv.10921.
).
Posteriormente, en el siglo V, se continuó añadiendo nuevas sedes en
ciudades, ahora en general, de menor tamaño, aunque con una posición
estratégica en el entramado viario, como Ilerda, Gerunda, Turiaso o Calagurris.
Esta
es la situación que, a grandes rasgos, heredó el reino visigodo de
Toledo y que mantuvo y amplió con la creación de nuevas sedes
episcopales que se distribuyeron de forma desigual durante los siglos VI
y VII por el territorio hispano (Fig. 1).
Se ha señalado que la diócesis, en estos momentos, aunque influenciada
por la antigua geografía histórica, no tendría una circunscripción
claramente definida y que, por tanto, la correspondencia automática que
se adopta entre los límites del territorium de la ciudad y los de la diócesis pueda ser algo apresurada (PovedaArias, 2019Poveda
Arias, P. (2019). “La diócesis episcopal en la Hispania visigoda:
concepción, construcción y disputas por su territorio”. Hispania Sacra, 71 (143), pp. 9-24. DOI: https://doi.org/10.3989/hs.2019.001.
). Las más recientes líneas historiográficas, especialmente dentro de la órbita francesa (Lauwers, 2008Lauwers, M. 2008. “Territorium non facere diocesim. Conflits, limites et représentation territoriale du diocèse (Ve-Xe siècle)”. En: Mazel. F. (Ed.). L’espace du diocèse. Genèse d’un territoire dans l’Occident médiéval (Ve-XIIIe siècle). Rennes: Presses Universitaires de Rennes, pp. 23-68.
; Lunven, 2014Lunven, A. (2014). Du diocèse à la paroisse. Évêchés de Rennes, Dol et Alet/Saint-Malo (V e -XIII e siècle). Rennes: Presses Universitaires de Rennes.
; Mazel, 2016Mazel, F. (2016). L’Évêque et le territoire. L’invention médiévale de l’espace. Paris: Éditions du Seuil.
),
señalan que las diócesis episcopales habrían tenido un carácter
eminentemente social, siendo el aspecto territorial un elemento
secundario, llegándose incluso a plantear la ‘desterritorialización’ de
las mismas (Mazel, 2016, p. 156Mazel, F. (2016). L’Évêque et le territoire. L’invention médiévale de l’espace. Paris: Éditions du Seuil.
).
Sin embargo, la existencia de un buen número de disputas entre los
obispos hispanos por cuestiones territoriales hace que, cuando menos,
podamos matizar ese preeminente carácter social de la diócesis.
Efectivamente, los obispos llevaron a cabo su misión pastoral ‒y no
solo‒ sobre una comunidad de feligreses que residían tanto en la ciudad
‒donde se ubicaba la catedral‒, como en el territorio bajo su control.
Parece evidente, por tanto, que el espacio era parte fundamental en su
ejercicio del poder. De hecho, varios estudios (Brown, 2012, pp. 481-502Brown, P. (2012). Through the Eye of a Needle: Wealth, the Fall of Rome, and the Making of Christianity in the West, 350-550 AD. Princeton-Oxford: Princeton University Press.
; Wood, 2013Wood, I. (2013). “Entrusting Western Europe to the Church, 400-750”. Transactions of the Royal Historical Society, 23, pp. 37-73. DOI: https://doi.org/10.1017/s0080440113000030.
)
han demostrado que la obtención de riquezas a partir, entre otras, de
la explotación directa o indirecta de sus propiedades fundiarias, así
como la apropiación de nuevas haciendas, fue una preocupación constante
de las diócesis. Lo terrenal, por tanto, formaba parte inseparable de lo
sagrado.
En
muchos casos, la fundación de nuevas sedes episcopales debió tener como
origen la necesidad de apropiarse de nuevas zonas o administrar los
territorios e iglesias rurales
3
Ya en el año 400, en el I Concilio de Toledo, se señala la existencia de basílicas “in castella, aut vico aut villa” (c. 5, 89-93), con que no es difícil suponer que esta realidad hubiese continuado aumentando en los siglos siguientes.
que, quedando en espacios periféricos, no resultaban bien controlados.
Un ejemplo de las controversias con relación a la disciplina
eclesiástica en el centro de la península ibérica es aludido prontamente
cuando, en el año 527, el obispo Montano de Toledo se refiere a los
obispos de Carpetaniae et Celtiberiae, ‒señalando de alguna forma
la existencia de una nueva provincia eclesiástica‒ ante su actitud en
el cumplimiento de algunos preceptos (Montano de Toledo, Ep. 2Montano de Toledo (1984). Epistulae. En: Colección canónica Hispana, IV. Concilios galos, concilios hispanos: primera parte, ed. por G. Martínez Díez y F. Rodríguez. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, pp. 356-366.
; Díaz, 2019Díaz,
Pablo de la Cruz (2019). “El esquema provincial en el contexto
administrativo de la monarquía visigoda de Toledo”. En: Brassous, L. y
Panzram, S. (Coords.). El espacio provincial en la Península Ibérica (Antigüedad tardía - Alta Edad Media). Mélanges de la Casa de Velázquez, 49 (2), pp.77-108. DOI: https://doi.org/10.4000/mcv.11009.
). Ese es el contexto que suponemos pudo estar detrás de las fundaciones de las sedes de Arcavica y Segobriga en el siglo VI y de Valeria en el siglo VII, todas ellas en la actual provincia de Cuenca. No
conocemos cuál era su situación administrativa durante el siglo V, pero
es probable que estos territorios estuviesen bajo el control de la sede
metropolitana de Carthago Nova, ya que, a partir de la división constantiniana del siglo IV (Barnes, 1996Barnes, T. D. (1996). “Emperors, panyegrics, prefects, provinces and palaces (284-317)”. Journal of Roman Archaeology, 9, pp. 532-552. DOI: https://doi.org/10.1017/s1047759400017037.
; Zuckerman, 2002Zuckermann,
C. (2002). “Sur la Liste de Vérone et la province de Grande Arménie, la
division de l'Empire et la date de création des diocèses”. En: Mélanges Gilbert Dagron. Travaux et Mémoires, 14. Paris: Collège de France, Centre de Recherche d'Histoire et Civilisation de Byzance, pp. 617-637.
),
este territorio había sido desgajado de la Tarraconenese, para pasar a
formar parte de la Cartaginense. Posteriormente, en periodo visigodo,
las sedes de la actual provincia de Cuenca ‒y otras muchas, como la de Complutum que también forma parte de este estudio‒ corresponderían a la sede metropolitana de Toletum, tal y como se recoge en la Hitación o División de Wamba (Vázquez de Parga, 1943Vázquez de Parga, L. (1943). La división de Wamba: Contribución al estudio de la historia y geografía eclesiásticas de la edad media española. Madrid: Sucesores de Rivadeneyra.
)4
En
los últimos años, los investigadores que se dedican a la investigación
de fuentes escritas visigodas y cristianas, consideran que este
documento se trate probablemente de una falsificación medieval,
datándolo en torno al año 1100 (García Izquierdo y Peterson, 2022)
, donde se recoge los límites jurisdiccionales de las sedes.
La información arqueológica de la que disponemos ‒y que más adelante desarrollamos‒ para estos territorios señala que, mientras Segobriga mantuvo un cierto dinamismo urbano hasta el siglo VIII (Cebrián Fernández y Hortelano Uceda, 2017Cebrián
Fernández, R. y Hortelano Uceda, I. (2017). “La topografía cristiana de
Segóbriga (Saelices, Cuenca)”. En: Perlines Benito, M. y Hevia Gómez,
P. (Eds.). La Meseta Sur entre la Tardía Antigüedad y la Alta Edad Media. Toledo: Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, pp. 107-122.
), en los casos de Valeria y Arcavica
5
Hemos dejado a Segobriga fuera de la argumentación principal de este artículo, ya que se trata
de un ejemplo urbano con significativas diferencias con los casos de Valeria, Arcavica y Complutum.
No obstante, los resultados del equipo de investigación de la ciudad se
utilizan en la discusión de la información, ya que sirven para subrayar
las disparidades detectadas.
, cuando se fundan las
nuevas sedes episcopales, se está tomando como referencia organizativa
una ciudad que había perdido sus características urbanas y la mayor
parte de su población hacía ya bastante tiempo. ¿Por qué entonces se
eligen estos antiguos municipios como sede episcopal? ¿Eran todavía los
límites de sus territorios aún bien conocidos6
Segobriga, Valeria y Arcavica, verosímilmente, capitalizaron las comarcas naturales Manchuela, Serranía y Alcarria respectivamente, que conforman grosso modo la actual provincia de Cuenca.
?
¿Podía articularse una sede episcopal sin un centro urbano que actuase
como base de la cátedra y gobierno de un territorio? En el XII Concilio
de Toledo, celebrado en el año 681, se refleja claramente por primera
vez que se habían creado episcopados sin estar directamente en relación
con civitates, sino in vicis et villulis (Sotomayor, 2004b, p. 284Sotomayor,
Manuel (2004b). “Términos de la organización territorial eclesiástica
en los concilios hispano-romanos y visigodos”. En: Balmelle, C.,
Chevalier, P. y Ripoll, G. (Eds.). Mélanges d’Antiquité tardive. Studiola in honorem Noel Duval. Turnhout: Brepols, pp. 283-297.
)7
Es en el c. 4, donde se reprocha la actitud del rey anterior, Wamba, que había
erigido sedes episcopales en lugares donde, según las normas canónicas,
no podía hacerse, ya que únicamente se podía en ciudades. De hecho, este
canon cita expresamente documentos anteriores, como el concilio de
Laodicea, can. 56 (343/381, existiendo un debate historiográfico sobre
el año de celebración, pero se propone que tuvo lugar entre estas dos
fechas, cf. Hefele, 1908): “non oportet in vicis et villulis episcopos ordinari” o el concilio de Sárdica (343): “si
enim subito aut vicus aliquis aut modica civitas, cui satis est unus
presbyter, voluerit sibi episcopum ordinari ad hoc ut vilescat nomen
episcopi et auctoritas, non debent illi ex alia provincia invitati
facere episcopum”, entre otros.
. Sin embargo, como
veremos para el interior peninsular, no solo fue el caso de las nuevas
fundaciones, sino que la realidad de sede episcopal sin centro urbano
asociado se empieza a vislumbrar también en antiguas diócesis, como en
la vecina Complutum, donde el dinamismo de su territorio no
parece estar en relación con una estructura urbana estable, sino más
bien con un espacio multinuclear que poco tenía que ver con el concepto
de ciudad clásico.
2. Arcavica y su territorio
⌅No es demasiada la información que disponemos de Ercavica
8
Nos referimos a Ercavica cuando tratamos datos relativos a la ciudad romana. Sin embargo, cuando
indicamos la sede episcopal visigoda preferimos utilizar el término de Arcavica, que es como aparece citada en las fuentes conciliares.
a partir de las fuentes romanas, ya que solo conocemos breves menciones
como la de Tito Livio (40:50), con motivo de las campañas que llevaron a
cabo L. Postumio y T. Sempronio Graco en el año 179 a. C., o la de
Plinio (NH 3, 3, 24), en relación a la concesión del ius latii veteris del que disfrutaban, ya antes de Augusto. Más allá de estas y de la
confusión de Ptolomeo sobre la existencia de dos Ercavicas, las fuentes
escritas no recogen ninguna noticia relativa a la ciudad hasta el siglo
VI, cuando reaparece en el III Concilio de Toledo, ya como sede
episcopal, dignidad que mantuvo, hasta mediados del siglo IX (Fita, 1902Fita, F. (1902). “Sebastián, obispo de Arcávica y de Orense. Su crónica y la del rey Alfonso III”. Boletín de la Real Academia de la Historia, 41, pp. 324-344.
).
Si bien, la última referencia a un obispo ercavicense en periodo
visigodo se encuentra en el año 693, cuando este suscribe el XVI
Concilio de Toledo9
No se descarta que lo hiciera también en el XVII, pero no se han conservado las actas.
.
La ciudad (Figs. 2 y 3), que se alza en un promontorio modelado por el río Guadiela, cerca de la calzada que unía Carthago Nova con Segontia,
vivió un momento de importante actividad durante los periodos
julio-claudio y flavio ‒destacando la monumentalización del espacio
forense y la construcción de las termas‒, que pronto se vio afectado por
una importante regresión urbana a partir del siglo III, según se
desprende de los estudios que han llevado a cabo diversos equipos de
investigación (Lorrio, 2001Lorrio, A. (2001). Ercavica: la muralla y la topografía de la ciudad. Madrid: Real Academia de la Historia
; Fuentes Domínguez, 2006Fuentes Domínguez, A. (2006). Castilla-La Mancha en época romana y antigüedad tardía. Ciudad Real: Almud
; Rubio Rivera, 2022Rubio Rivera, R. (2022). “Ercavica”. En : Nogales Basarrate, T. y Péerz del Castillo, J. M. (Coords.) Ciudades romanas de Hispania II. Roma: L´Erma di Bretschneider, pp.151-164.
).
De hecho, entre el siglo IV y V, posiblemente en relación con el
colapso de la organización municipal romana, la ciudad sufre un proceso
de desestructuración acusado que se identifica en la mayor parte de
estructuras públicas, destacando entre ellas el nuevo uso funerario que
adoptará el foro (Osuna, 1977Osuna Ruíz, M. (1977). “Excavaciones arqueológicas en Ercavica, Castro de Santaver, Cañaveruelas (Cuenca), agosto de 1973”. Noticiario Arqueológico Hispánico. Arqueología, 5, pp. 23-28.
). Se propuso de manera inicial (Morín de Pablos et al. 2014Morín
de Pablos, J., Barroso Cabrera, R. y Carrobles Santos, J. (2014). “El
sistema hidráulico de abastecimiento de aguas a la ciudad de Segóbriga”.
En: Álvarez Martínez, J. M., Nogales Basarrate, T. y Rodà de Llanza, I.
(Eds.), Actas XVIII Congreso Internacional de Arqueología Clásica.
Centro y periferia en el mundo clásico (Mérida, 13-17 de mayo de 2013). Mérida: Museo Nacional de Arte Romano, pp. 335-337.
; Barroso Cabrera, 2019, p. 86Barroso Cabrera, R. (2019). De
la provincia Celtiberia a la qūrā de Santabariyya: Arqueología de la
Antigüedad tardía en la provincia de Cuenca (siglos V-VIII d. C.). Oxford: Archaeopress.
)
que la pérdida gradual de población ‒especialmente palpable en la
ausencia de materiales del siglo V y, concretamente, de TSHT‒, pueda
tener una de sus causas en los problemas de abastecimiento de agua que
la ciudad debió sufrir como consecuencia de la falta de mantenimiento y
limpieza de los pozos y aljibes que, originalmente, habían paliado la
ausencia de acueducto en la ciudad.
A
partir de este momento, la frecuentación del solar urbano es escasa y
cuando tiene lugar, está casi siempre en relación con el expolio de los
materiales constructivos que se utilizan en diferentes edificios, como
por ejemplo el que se erige a 2 km de la ciudad (Figs. 3 y 4)
y que se ha identificado con el posible monasterio Servitano. Este
complejo, que ocupa una superficie de al menos 2 ha, se construyó con
muros que oscilan entre 1 y 2 m de grosor, en opus quadratum colocando los sillares a hueso, y con relleno de argamasa, tierra y piedras, junto a un notable conjunto escultórico (Fig. 5).
Es probable que la construcción del mismo sucediera al eremitorio
rupestre contiguo a la ciudad ‒excavado en la ladera sur del castro
donde se ubicaba Ercavica‒ y la necrópolis anexa, con un total de
49 sepulturas, que se datan gracias al ajuar documentado en el siglo
VI. Tanto el complejo monástico como el eremitorio se mantuvieron en
activo hasta mediados del siglo IX cuando tendrá lugar su destrucción (Álvarez Delgado, 1987, p. 409Álvarez-Delgado, Y. (1987). “Cerámicas comunes con y sin decoración, siglo IX. Arcávica (Cuenca)”. En: II Congreso de Arqueología Medieval Española (Madrid 1987). Madrid: Comunidad de Madrid, pp. 403-412.
).
, así como Barroso Cabrera y Morín de Pablos (2003)Barroso Cabrera, R. y Morín de Pablos, J. (2003). “El monasterio Servitano. Auge y caída de un cenobio visigodo”. Codex Aquilarensis, 19, pp. 6-25.
. Se plantea, además, la hipótesis de la existencia de una cerca a partir de las prospecciones geofísicas realizadas en el marco del proyecto SUBRECC (imagen Pilar Diarte-Blasco y Manuel Castro-Priego).
Las
dimensiones y disposición de las estructuras documentadas, así como su
localización y las fuentes escritas que tratan sobre él, han servido
para proponer, como hemos señalado, que se trate efectivamente del
monasterio Servitano
10
Pese
a que la mayor parte de la comunidad académica acepta esta
identificación, hay investigadores que siguen planteando dudas sobre que
lo encontrado en el paraje conocido como El Ejido / Vallejo del Obispo
se pueda vincular efectivamente con el Servitano, aunque se reconozca
que su localización debió por fuerza encontrarse en el territorio de la
diócesis ercavicense (Moreno Martín, 2011, pp. 205-206).
, fundado en tiempos de Leovigildo, gracias al apoyo de una piadosa dama llamada Minicea (BarrosoCabrera y Morín de Pablos, 1995Barroso
Cabrera, R. y Morín de Pablos, J. (1995). “La ciudad de Arcávica en
época visigoda: fuentes literarias y testimonios arqueológicos”. En:
Oliveira Jorge, V. (Ed.). I Congresso de Arqueología peninsular (Trabalhos de Antropologia e Etnologia vol. 4, Oporto, 1993). Porto: Sociedade Portuguesa de Antropologia e Etnologia, pp. 287-306.
; 2003Barroso Cabrera, R. y Morín de Pablos, J. (2003). “El monasterio Servitano. Auge y caída de un cenobio visigodo”. Codex Aquilarensis, 19, pp. 6-25.
).
Según Ildefonso de Toledo, que escribe a mediados del siglo VII,
procedentes del norte de África habrían llegado setenta monjes
encabezados por el abad Donato, del que destaca especialmente su
formación eremítica, lo que, entre otras cuestiones, sirve para
apuntalar la hipótesis que señala al eremitorio rupestre como el origen
del foco monástico. Con la información de Ildefonso de Toledo (De Vir. Illustr. III) y la de Juan de Biclaro (Chronica, 571. 4) se ha incluso precisado que la fundación tuvo lugar en el tercer año del reinado de Leovigildo, en el año 567 (Domínguez del Val, 1954Domínguez del Val, U. (1954). “Eutropio de Valencia y sus fuentes de información”. Revista Española de Teología 14, pp. 369-392.
; Linage Conde, 1980Linage Conde, A. (1980). “Eutropio de Valencia y el monacato”. En: Primer Congreso de Historia del País Valenciano (Valencia, 14-18 de abril de 1971). Valencia: Universidad de Valencia, vol. II, pp. 365-376.
).
No
es descartable, de hecho, que este monasterio jugase un importante rol
en el territorio y de alguna forma participase de la gestión de los
pequeños asentamientos rurales que surgen en la propia llanura al sur de
la ciudad, pero también en el entorno del Guadiela y la zona de La
Rinconada, por sus suelos fértiles y su riqueza minera (Barroso Cabrera, 2019, p. 88Barroso Cabrera, R. (2019). De
la provincia Celtiberia a la qūrā de Santabariyya: Arqueología de la
Antigüedad tardía en la provincia de Cuenca (siglos V-VIII d. C.). Oxford: Archaeopress.
).
Frente a este último yacimiento se documentó una necrópolis de periodo
visigodo, en la zona conocida como Baños de la Isabela ‒en la actualidad
bajo el pantano de Buendía‒, que probablemente sería uno de los
cementerios (Moncó García, 1986Moncó García, C. (1986). “El eremitorio y la necrópolis hispano visigoda de Ercávica”. En: I Congreso de Arqueología Medieval Española, t. II. Huesca, 1985. Zaragoza: Diputación General de Aragón, pp. 241-257.
; Barroso Cabrera, 2019, p. 88Barroso Cabrera, R. (2019). De
la provincia Celtiberia a la qūrā de Santabariyya: Arqueología de la
Antigüedad tardía en la provincia de Cuenca (siglos V-VIII d. C.). Oxford: Archaeopress.
)
de las aldeas y granjas dispersas que empezaron a surgir en la zona
como consecuencia del abandono de la ciudad. La necrópolis, de la que se
recuperó más de una decena de enterramientos en fosa y en cista de
lajas de piedra, sería con toda probabilidad de mayor tamaño.
Aunque
existe un gran desconocimiento del territorio en torno a la antigua
urbe y el monasterio, contamos con algunos datos significativos (Fig. 6). También afectado por la creación del embalse de Buendía, se encuentra el Yacimiento 1
11
En el caso del territorio en torno a Arcavica,
la administración garante de su protección (JCCM) ha requerido el uso
de una nomenclatura genérica en la denominación de los yacimientos y una
ubicación topográfica aproximada con el fin de asegurar la protección
de estos.
(Valero Tévar, 2008, pp. 40-43Valero Tévar, M. Á. (2008). Informe
de carta arqueológica realizado mediante prospección arqueológica
intensiva del término municipal de Villalba del Rey (Cuenca). Estudio de
prospección arqueológica (Número de expediente IX. 91.). Servicio
de Patrimonio. Delegación Cuenca. Consejería Educación, Cultura y
Deportes. Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Inédito.
),
un posible sitio en altura ‒a 728 m s. n. m.‒, con un evidente
posicionamiento estratégico en el control y dominio de campos de cultivo
y vías de comunicación. Los materiales no fueron muy abundantes, pero
suficientes para datarlo en época visigoda. Sobre un promontorio elevado
también se encuentra Yacimiento 2, donde además de fragmentos cerámicos
se han documentado tejas de tipo ímbrice (Valero Tévar, 2011a, pp. 28-32Valero Tévar, M. Á. (2011a). Informe
de carta arqueológica realizado mediante prospección arqueológica
intensiva del término municipal de Tinajas (CU). Estudio de prospección
arqueológica (Número de expediente IX. 167.). Servicio de
Patrimonio. Delegación Cuenca. Consejería Educación, Cultura y Deportes.
Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Inédito.
).
Este tipo de asentamientos, en algunos casos, pudieron surgir como
consecuencia de la reordenación poblacional que debió tener lugar a
partir del siglo V o VI, con el progresivo abandono de la ciudad romana.
Del mismo modo, aunque en llano, destacan yacimientos que surgen cerca
de ella y que poseen un marcado carácter agropecuario, como Yacimiento 3
(ValeroTévar, 2011b, pp. 9-14Valero Tévar, M. Á. (2011b). Informe
de carta arqueológica realizado mediante prospección arqueológica
intensiva del término municipal de Tinajas (CU). Estudio de prospección
arqueológica (Número de expediente IX. 153.). Servicio de
Patrimonio. Delegación Cuenca. Consejería Educación, Cultura y Deportes.
Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Inédito.
), con una extensión importante, o Yacimiento 4 (Valero Tévar, 2011c, pp. 15-18Valero Tévar, M. Á. (2011c). Informe
de carta arqueológica realizado mediante prospección arqueológica
intensiva del término municipal de Tinajas (CU). Estudio de prospección
arqueológica (Número de expediente IX. 165.). Servicio de
Patrimonio. Delegación Cuenca. Consejería Educación, Cultura y Deportes.
Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Inédito.
), de menor tamaño, que se identifica como un lugar de hábitat en la llanura de inundación del valle.
Es
también reseñable que existen yacimientos con una ocupación más
prolongada, que partirían desde periodo romano y terminarían en el
medieval ‒aunque su datación es complicada‒, como Yacimiento 5 (Valero Tévar, 2015a, pp. 184-188Valero Tévar, M. Á. (2015a). Informe de carta arqueológica del término municipal de Cañaveruelas (Cuenca) (Número de inventario 071605100036). Servicio de Patrimonio. Delegación
Cuenca. Consejería Educación, Cultura y Deportes. Junta de Comunidades
de Castilla-La Mancha. Inédito.
), Yacimiento 6 (Valero Tévar, 2015b, pp. 438-443Valero Tévar, M. Á. (2015b). Informe de carta arqueológica del término municipal de Cañaveruelas (Cuenca) (Número de inventario 071605100086). Servicio de Patrimonio. Delegación
Cuenca. Consejería Educación, Cultura y Deportes. Junta de Comunidades
de Castilla-La Mancha. Inédito.
) y Yacimiento 7 (Valero Tévar, 2015c, pp. 104-109Valero Tévar, M. Á. (2015c). Informe de carta arqueológica del término municipal de Cañaveruelas (Cuenca) (Número de inventario 071605100021). Servicio de Patrimonio. Delegación
Cuenca. Consejería Educación, Cultura y Deportes. Junta de Comunidades
de Castilla-La Mancha. Inédito.
), con un marcado carácter agropecuario, o las canteras de arenisca Yacimiento 8 (Valero Tévar, 2015d, pp. 68-72Valero Tévar, M. Á. (2015d). Informe de carta arqueológica del término municipal de Cañaveruelas (Cuenca) (Número de inventario 071605100014). Servicio de Patrimonio. Delegación
Cuenca. Consejería Educación, Cultura y Deportes. Junta de Comunidades
de Castilla-La Mancha. Inédito.
) y Yacimiento 9 (Valero Tévar, 2015e, pp. 497-501Valero Tévar, M. Á. (2015e). Informe de carta arqueológica del término municipal de Cañaveruelas (Cuenca) (Número de inventario 071605100097). Servicio de Patrimonio. Delegación
Cuenca. Consejería Educación, Cultura y Deportes. Junta de Comunidades
de Castilla-La Mancha. Inédito
), que habrían estado en
uso desde el periodo romano, para la construcción de la ciudad y, muy
probablemente, también con posterioridad para otras edificaciones que se
llevaron a cabo en la zona.
Ante el estado actual de la
investigación poco más se puede decir de la organización del territorio
inmediatamente contiguo. Sin embargo, afortunadamente conocemos bien la
ordenación del territorio en torno a la fundación visigoda de Reccopolis, que se sitúa a menos de 50 km de la ciudad de Arcavica y que, verosímilmente, formaría parte de la sede episcopal. De hecho, se ha propuesto (BarrosoCabrera, 2019Barroso Cabrera, R. (2019). De
la provincia Celtiberia a la qūrā de Santabariyya: Arqueología de la
Antigüedad tardía en la provincia de Cuenca (siglos V-VIII d. C.). Oxford: Archaeopress.
), que podría haberse utilizado material constructivo del antiguo municipium para la construcción de la nueva ciudad visigoda, aunque de momento no
tenemos confirmación arqueológica de ello, y los análisis más recientes
demuestran que, por ejemplo, la muralla fue erigida con material que se
talló ex profeso para su construcción y que las cercanas canteras de caliza y arenisca se aprovecharon tanto para esta obra (Diarte-Blasco et al, 2022Diarte-Blasco,
P., Castro-Priego, M. y Olmo-Enciso, L. (2022). “Urban Defence and the
Visigoths: New Light on Fortification Design and Technology from the
Royal City of Reccopolis (Guadalajara, Spain)”. Medieval Archaeology, 66 (1) pp. 30-53. DOI: https://doi.org/10.1080/00766097.2022.2065067.
)
como para otros edificios de la ciudad. En cualquier caso, la fundación
de Leovigildo se convertirá en el centro urbano más relevante del
territorio de la sede episcopal ercavicense y un auténtico foco de
atracción para el establecimiento de nuevos asentamientos.
En relación al territorio, lo que no cabe duda es que la fundación de Reccopolis supuso un importante impacto en el hinterland del antiguo municipium ercavicense, ya que trajo consigo la creación de nuevos asentamientos
rurales ‒mayoritariamente aldeas y granjas que tendrán una vida que irá
desde el siglo VI o inicios del VII hasta el VIII‒, la modificación del
paisaje productivo del entorno, así como del sistema viario, que a
partir de este momento convertirá a la nueva ciudad en punto neurálgico
de las comunicaciones entre el centro peninsular y el Levante,
conectando la capital, Toledo, con la costa, siguiendo la margen
izquierda del río Tajo (Olmo-Enciso, Castro-Priego y Diarte-Blasco, 2019Olmo-Enciso,
L, Castro-Priego, M y Diarte-Blasco, P. (2019). “Transformación social y
agrosistema en el interior peninsular durante la Alta Edad Media (s.
VI-VIII d. C.): nuevas evidencias desde Reccopolis (Zorita de los Canes,
Guadalajara)”. Lucentum, 38, pp. 355-377. DOI: https://doi.org/10.14198/lvcentvm2019.38.17.
; Diarte-Blasco y Castro-Priego, 2023Diarte-Blasco,
P. y Castro-Priego, M. (2023). “Is Historical Cartography a Useful Tool
for Landscape Analysis? A Perspective from Inland Spain (Zorita de los
Canes, Guadalajara) from the Middle Ages to the Present”. Land, 12 (2023), 1627. DOI: https://doi.org/10.3390/land12081627.
).
3. Valeria y su territorio
⌅Valeria es seguramente una fundación ex novo,
que oscila según los autores entre el 87-82 a. C., de la que poseemos
información arqueológica para el periodo altoimperial, mientras que el
tardorromano y visigodo nos es en gran parte desconocido. Las
referencias a esta ciudad en las fuentes literarias tampoco son
demasiadas, ya que desde la breve referencia de Plinio (NH 3,3,25), no
tenemos noticias con seguridad hasta del año 610, cuando la cátedra
valeriense aparece como firmante en la Constitutio Carthaginiensium Sacerdotum, aunque se ha defendido que quizá la dignidad episcopal podría haber surgido ya en época de Leovigildo (Flórez, 1860, t. VIII, pp. 202-207Flórez, E. (1860). España
Sagrada. Tomo VIII. De las iglesias que fueron sufragáneas de Toledo,
Palencia, Setabi, Segovia, Segobriga, Segoncia, Valencia, Valeria y
Urci, según su estado antiguo. Madrid: Real Academia de la Historia, 3ª ed.
; Recuenco, 2009Recuenco,
J., 2009: “La diócesis de Valeria y la iglesia paleocristiana en la
provincia de Cuenca”. En: Gozalbes Cravioto, E. (Coord.). La ciudad romana de Valeria (Cuenca). Cuenca: Universidad de Castilla-La Mancha, pp. 227-246.
) y haberse mantenido hasta finales del siglo VII, cuando aparece por última vez la firma del obispo valeriense en un concilio
12
La
última referencia a un obispo en época visigoda se encuentra en el año
693, suscribiendo el XVI Concilio de Toledo. Tampoco se descarta que lo
hiciera también en el XVII, pero no se han conservado las actas.
.
Los escasos datos que tenemos hasta el momento, provenientes en buena medida de la excavación del foro (Fuentes Domínguez, 1987Fuentes Domínguez, A. (1987). “Avances del Foro de Valeria”. En: Los Foros en las provincias occidentales del imperio. Madrid: Ministerio de Cultura, pp. 69-72.
), señalan que desde mediados del III, como hemos visto para Ercavica,
las estructuras urbanas habrían iniciado un proceso de desmantelamiento
y expolio, que parece culminar en el siglo IV, con la ocupación de la
basílica con estructuras domésticas (Fuentes Domínguez, 1993Fuentes Domínguez, A. (1993). “Las ciudades romanas de la Meseta sur”. En: Bendala. Galán, M. (Ed.). La ciudad hispanorromana. Madrid: Ministerio de Cultura, pp. 160-189.
). Se ha señalado que, del mismo modo que en Ercavica,
la escasez de agua, tras el colapso del sistema municipal, podría haber
tenido parte en el abandono del centro urbano. Además, es necesario
considerar que la alejada posición de la ciudad en relación a las
principales vías de comunicación, tampoco habría favorecido su
continuidad (Barroso Cabrera, 2019, pp. 141-142Barroso Cabrera, R. (2019). De
la provincia Celtiberia a la qūrā de Santabariyya: Arqueología de la
Antigüedad tardía en la provincia de Cuenca (siglos V-VIII d. C.). Oxford: Archaeopress.
).
Es
probable que las particularidades topográficas ‒el núcleo urbano se
ubica entre dos hoces fluviales, en una lengua de tierra a elevada
altitud‒, habrían hecho que parte de la población se hubiese desplazado ca.
500 m, ubicándose bajo el actual pueblo. De hecho, la reutilización de
fustes de columnas y capiteles romanos, datados en el siglo II, así como
sillares y molduras, en la actual iglesia medieval (CondeLópez, 1997Conde López, J. (1997). “Un conjunto de elementos arquitectónicos reutilizado en Valeria”. En: Almagro-Gorbea, M. (Ed.). Ciudades romanas en la provincia de Cuenca: homenaje a Francisco Suay Martínez. Cuenca: Diputación de Cuenca, pp. 133-147.
),
ha servido para proponer que esta estuviese en el solar anteriormente
ocupado por un templo romano. Por otro lado, se ha planteado que, quizá,
el templo pagano fuese posteriormente sustituido por la basílica
cristiana, sede física de la cátedra valeriense visigoda. Aunque se
trata de momento de una hipótesis, no deja de ser sugestivo que la
iglesia medieval esté advocada a ‘Nuestra Señora de la Sey’, quizá
remitiendo a la condición de sede episcopal de la ciudad (Barroso Cabrera, 2019, p. 162Barroso Cabrera, R. (2019). De
la provincia Celtiberia a la qūrā de Santabariyya: Arqueología de la
Antigüedad tardía en la provincia de Cuenca (siglos V-VIII d. C.). Oxford: Archaeopress.
).
En
el núcleo urbano original, solo se ha documentado material adscribible
al periodo visigodo de forma residual. En este sentido, el hecho de que
prácticamente no se identifique TSHT en el solar de la ciudad original,
como tampoco materiales adscribibles al siglo VI o VII ‒como el típico
repertorio de cerámica de cocina de periodo visigodo (Vigil-Escalera Guirado, 2003Vigil-Escalera
Guirado, A. (2003). “Cerámicas tardorromanas y altomedievales de
Madrid”. En: Caballero, L., Mateos, P. y Retuerce, M. (Eds.). Cerámicas tardorromanas y altomedievales en la península ibérica. Ruptura y continuidad. Anejos de Archivo Español Arqueológica, XXVIII. Madrid: CSIC, pp. 371-387.
) o, más raramente para el interior peninsular, producciones gálicas tardías (DSP) (Rigoir, 1971Rigoir, J. (1971). “Les derivées des sigillées paléochrétiennes en Espagne”. Rivista di Studi Liguri, XXXVII, pp. 33-68.
; Fernández Fernández, 2019Fernández
Fernández, A. (2019). “Importación de vajillas de mesa en época tardía:
dérivées des «Sigillées paléochrétiennes» (DSP), «Terra sigillata»
gálica tardía, Gaulish «T.S. grise» (Rayes, 1972), Terra sigillata
«arancione-grigia» (Atlante, 1981)”. En: Fernández Ochoa, C., Morillo
Cerdán, A. y Zarzalejos Prieto, M. M. (Coords.). Manual de cerámica romana. IV: producciones cerámicas de época medio-imperial y tardorromana. Madrid: Comunidad de Madrid, pp. 189-227.
)‒
apuntala la hipótesis de que en torno al siglo V el mismo estuviese
abandonado, empezando a surgir una serie de poblaciones menores
dispersas por el territorio, dedicadas fundamentalmente a actividades
agropecuarias. De hecho, varias necrópolis visigodas, algunas con ricos
ajuares (Fig. 7),
halladas en el territorio debieron estar en relación con núcleos
habitacionales no localizados hasta el momento. Este es el caso, por
ejemplo, de la cercana necrópolis de Los Llanillos-Las Hontanillas
(Villaverde y Pasaconsol), a menos de 10 km al oeste de Valeria y con al menos dieciséis enterramientos (Barroso Cabrera, 2019, p. 178Barroso Cabrera, R. (2019). De
la provincia Celtiberia a la qūrā de Santabariyya: Arqueología de la
Antigüedad tardía en la provincia de Cuenca (siglos V-VIII d. C.). Oxford: Archaeopress.
)
o la necrópolis de Los Colmenares (Almodóvar del Pinar), con casi
sesenta inhumaciones, tanto en fosa simple como en cista con diferentes
tipos de cubiertas (Almagro-Gorbea, 1970Almagro-Gorbea, M. (1970). “Hallazgos de época visigoda en Almodóvar del Pinar (Cuenca)”. Trabajos de Prehistoria, 27, pp. 311-326.
; López Ruiz, Martínez Gómez y Suárez Yubero, 2007López-Ruiz,
J. M., Martínez Gómez, D., y Suárez Yubero, A. (2007). “Excavación
arqueológica en la necrópolis de Los Colmenares en Almodóvar del Pinar
(Cuenca): aproximación a un estudio funerario de Época Visigoda”. En: Arqueología de Castilla-La Mancha. I Jornadas (Cuenca 13-17 de diciembre de 2005). Cuenca: Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, pp. 503-530.
).
En el caso de esta última, su situación geográfica, en las cercanías de
la vía que comunicaba la meseta con el Levante peninsular, así como la
cercanía a las salinas de Monteagudo, hace proponer que quizá se tratase
de un hábitat especialmente importante para la ganadería de la zona (Barroso Cabrera, 2019, p. 171Barroso Cabrera, R. (2019). De
la provincia Celtiberia a la qūrā de Santabariyya: Arqueología de la
Antigüedad tardía en la provincia de Cuenca (siglos V-VIII d. C.). Oxford: Archaeopress.
).
Otro ejemplo de necrópolis cercana a estas salinas, que podría también
estar relacionado con una aldea de tipo ganadero, sería el de La Dehesa
de la Casa-Los Balconcillos (Fuentes). Ubicada a 12 Km al noroeste del
solar urbano de Valeria, los enterramientos se datan mayoritariamente en el siglo VII (López Requena y Barroso Cabrera, 1994López Requena, M. y Barroso Cabrera, R. (1994). La necrópolis de la Dehesa de la Casa. una aproximación al estudio de la epoca visigoda en la provincia de Cuenca. Cuenca: Diputación de Cuenca.
).
Recientemente, a escasos 15 km de Valeria, se ha identificado un yacimiento, conocido como Ciriyuelos (Chumillas) (Fig. 7), que corresponde con un núcleo habitacional de ca. 6,5 ha, como los que suponemos debieron existir junto a las necrópolis
anteriormente citadas. La excavación arqueológica ha descubierto, por el
momento, un edificio construido con zócalos de piedra de grandes lajas
que apoyan directamente sobre el suelo geológico, con tres estancias, un
patio con estructuras de cobertizo y un espacio difícil de definir con
planta irregular circular y una pequeña cubeta en el suelo, así como
otra pequeña estructura en el exterior, que presenta un banco corrido en
piedra (Domínguez-Solera y Muñoz, 2017Domínguez-Solera, S. D. y Muñoz, M. (2017). Chumillas: Ciriyuelos. Yacimiento Arqueológico. Fase I (Campaña de 2016). Madrid: Clan.
, 2021Domínguez-Solera, S. D. y Muñoz, M. (2021). “El Poblado Tardoantiguo de Ciriyuelos (Chumillas, Cuenca)”. En: Retuerce, M. (Ed). Actas del VI Congreso de Arqueología Medieval (España-Portugal) Alicante, noviembre de 2019. Madrid: Asociación Española de Arqueología Medieval, pp. 247-251.
).
Más allá de la cerámica común con las típicas formas de ollas, jarros y
cuencos de periodo visigodo, destaca la aparición de fragmentos de
vidrio, así como gran cantidad de material metálico, como cuchillos,
agujas de hierro, correajes y herraduras. Es destacable que los análisis
arqueozoológicos han recuperado gran cantidad de huesos pertenecientes a
una cabaña ovicaprina (Domínguez-Solera, 2021Domínguez-Solera,
S. D. (2021). “Zooarqueología de la ganadería y la actividad cinegética
en tiempos romanos y visigodos: los casos de Valeria y Ciriyuelos”. Anas, 34, pp. 159-183
), que parece estar señalando la principal ocupación de esta aldea visigoda, que perdura hasta el siglo VIII.
4. Complutum y su territorio
⌅La información arqueológica sobre Alcalá de Henares ha crecido sustancialmente en los últimos años, centrándose tanto en el poblado original de San Juan del Viso ‒probablemente habitado desde la II Edad del Hierro‒, hasta la Complutum romana ubicada a ca. 2 km al noroeste, que se erige a partir del siglo I d. C., cuando tiene lugar el traslado definitivo desde el poblamiento en alto hasta la ocupación en llano en la vega del Henares.
Las fuentes escritas relativas a Complutum, a diferencia de lo que ocurre con Ercavica y Valeria,
son abundantes, ya que, más allá del importante conjunto epigráfico que
se ha podido recuperar, fue una etapa importante en la vía Emerita Augusta-Caesaraugusta (It. Ant. 436, 2; 438, 9; Anon. Rav. 312, 7.18; 413, 8-9.) y aparece citada tanto en Livio (Per. 91.), con motivo de las guerras sertorianas, como en Plinio (NH 3, 24.) y Ptolomeo (2.6, 56). Posteriormente, ya en la segunda mitad del siglo IV, Paulino de NolaPaulino de Nola (1894). Epistulae. CSEL 29. Viena.
cita a Complutum en la epístola XXXI de la correspondencia mantenida con Ausonio de Burdeos, dentro del grupo de las urbs más significativas de Hispania, junto a Barcino, Tarraco y Caesaraugusta. A partir de este momento, la mayor parte de datos que nos llegan sobre
la ciudad tienen que ver con su cristianización, aunque la primera
noticia que tenemos de un posible obispo complutense es una breve
referencia indirecta de finales del siglo VI de Juan de Biclaro (579, 4)
13
Novellus Complutensis episcopus clarus habetur (Vallejo Girves, 1992, p. 54; 1999).
. En la segunda mitad del siglo VII, Ildefonso de Toledo (De Vir. Ill., 1, 118; Codoñer Merino, 1972, p. 32)Ildefonso de Toledo (1972). El «De viris illvstribvs» de Ildefonso de Toledo, ed. por C. Codoñer Merino. Salamanca: Universidad de Salamanca.
, mencionó al primer obispo complutense, Asturio, que era originalmente obispo de Toledo14
Según Ildefonso, Asturio descubriría el sepulcro de los niños-mártires y, a partir de ahí, se establecería en Complutum,
rehusando volver a su sede, aunque nadie ocupó la cátedra toledana
mientras él vivió. Siempre según Ildefonso, Asturio sería el noveno
obispo de Toledo y el primero de Complutum (Vilella, 2003).
. De ser así, el obispado de Complutum surgiría en torno al año 400 ‒año en que sabemos que Asturio representó
a Toledo en el I Concilio de la ciudad‒, aunque lo cierto es que la
firma de un obispo complutense en un concilio no aparece hasta el IV de
Toledo, en el año 633. En cualquier caso, las fuentes conciliares
visigodas, así como el Chronicon de Juan de Biclaro, obispo de
Gerona, muestran que, a partir del siglo VII, la sede complutense
mantendrá un papel relevante, casi siempre además asociado con la sede
toledana, casi como una prolongación de esta en el territorio de la
Carpetania oriental.
Los datos arqueológicos sobre la ciudad
también han crecido significativamente en las últimas décadas. Desde
1985, las intervenciones arqueológicas programadas por la Comunidad de
Madrid han puesto el foco en el estudio de la ciudad imperial, que
habría ocupado un espacio aproximado de 54 ha (Fig. 8).
Para la cuestión que nos ocupa, es importante señalar que, a partir del
siglo V, la ciudad habría vivido una importante transformación de sus
estructuras urbanas, caracterizada por un creciente uso doméstico y
productivo de espacios originalmente públicos, como el foro o las
termas, donde aparecerán muros y pavimentos de escasa entidad, mientras
que amplios sectores de la ciudad iniciaron procesos de abandono
acusados que parecen consolidarse en el siglo VI (Rascón Marqués y Sánchez Montes, 2008Rascón Marqués, S y Sánchez Montes, A. (2008). “Urbanismo de la ciudad de Complutum los siglos VI y VII”. En: Olmo, L. (Ed.). Recópolis y la ciudad en la época visigoda. Alcalá de Henares: Comunidad de Madrid, pp.243-258.
).
No obstante, la actividad se mantuvo en algunos espacios como
comprobamos, por ejemplo, en complejos residenciales como la Casa de
Leda, donde los depósitos estratigráficos fechables en los siglos V y
VI, asociados a muros de cantos de río, y posibles hogares, junto con un
importante conjunto numismático tardoantiguo de la mitad del siglo V,
señalan esa continuidad de uso. O la Casa de Hippolytus, una domus representativa de la élite local ‒interpretada también como un posible collegium ‒, que será transformada en una posible basílica con un pequeño espacio cementerial en las proximidades de su cabecera (Rascón-Marqués, 2016, p. 401Rascón
Marqués, S. (2016). “Casa de Hyppolitus, Complutum (Alcalá de
Henares)”. En: Rodríguez-Gutiérrez, O.; Tran, N. y Soler Huertas, B.
(Coords.). Los espacios de reunión de las asociaciones romanas. Diálogos desde la arqueología y la Historia. En homenaje a Bertrand Goffaux. Sevilla: Universidad de Sevilla, pp. 395-402.
). También observamos la prolongación de la ocupación de otros espacios, como por ejemplo la Casa de los Cupidos, una domus que originalmente debió de levantarse en el siglo I, y que pudo
albergar actividades metalúrgicas en el área del peristilo durante el
siglo VI.
Si dejamos el núcleo urbano original, donde por el momento no tenemos más información para el periodo que nos ocupa, y nos movemos hacia el suburbio, se percibe en seguida una tendencia ‒identificable ya entre el siglo I y el III d. C.‒ que convierte a la vía romana Emerita-Caesaraugusta en un elemento articulador evidente del territorio de la primera. A lo largo de 6 km al este del núcleo urbano, es posible documentar una serie de yacimientos tardorromanos y altomedievales, que estructuran y organizan gran parte del territorio (Fig. 9).
Entre estos nuevos espacios que articulan el paisaje destaca especialmente el área denominada Campo Laudable (Fig. 10),
hoy bajo la zona que ocupa la actual iglesia magistral, ya que se
conecta con la cristianización de la ciudad y con la teórica creación
del obispado en un momento avanzado del siglo IV. Este nuevo núcleo
surgiría a partir del culto a dos mártires
15
Solo trece ciudades hispanas, entre ellas Complutum, tendrán mártires originales (Prudencio, Perist., IV, 41-44; Vallejo, 1999, pp. 203-224)
, un modelo defendido para otros espacios peninsulares como la vía principal de cristianización urbana. En el caso de Complutum, Paulino de Nola (355-430)Paulino de Nola (1894). Carmina. CSEL 30. Viena.
, en su conocido pasaje del carmen (XXX, 599-610Paulino de Nola (1894). Carmina. CSEL 30. Viena.
), detalla que el lugar donde se depositaron los restos de su hijo Celso fue en el Campus laudabilis, precisamente, ad sanctos,
es decir, junto a los niños-mártires Justo y Pastor. Esta afirmación
parece confirmar la existencia en aquel lugar y momento, quizá no sino
de un martyrium, pero sí al menos de una cella o memoria16
Paulino de Nola utiliza el plural martyribus, con lo que tampoco se puede descartar que hubiese varias edificaciones.
. Siglos más tarde, en el VII d. C., Ildefonso de Toledo (De Vir. Ill. I) narraría que Asturio, redescubriría las reliquias y erigiría en aquel lugar un martyrium (CastilloMaldonado, 1999, p. 332 y ss. Castillo Maldonado, P. (1999). Los mártires hispanorromanos y su culto en la Hispania de la Antigüedad Tardía. Granada: Universidad de Granada.
; Vallejo, 1999, p. 217Vallejo Girvés, M. (1999). “Complutum en las fuentes de la Antigüedad Tardía”. En: Rascón Marqués, S. y García-Moreno, L. A. (Eds.). Acta Antiqua Complutensia I. Complutum y las ciudades hispanas en la Antigüedad Tardía. Alcalá de Henares: Universidad de Alcalá, pp. 203-224.
), lo que quizá simplemente esté señalando la monumentalización de las estructuras existentes. También el Liber Passionum ofrece varias referencias topográficas que apuntan que, entre el siglo
V-VI d. C., en la zona conocida como Campo Laudable, existía una “protegente basilica”
dedicada a los santos-niños. Es significativo, no obstante, que, pese a
que las fuentes escritas contemporáneas están llenas de referencias a
los obispos de la sede complutense, la huella material, ya no de la
catedral, sino de la propia cristianización urbana, es muy escasa. En la
zona de Campo Laudable se encuentran, en cualquier caso, los datos más
interesantes, gracias al hallazgo de una necrópolis de época visigoda
‒de la que por el momento solo se conocen 19 enterramientos‒, ubicada
entre las calles Victoria y Tercia, que quizá pudo estar vinculada a una
posible iglesia altomedieval, que se encontraría debajo de lo que es
hoy el templo barroco de Santa Lucía (Castro-Priego, 2018Castro-Priego, M. 2018. La problemática del registro arqueológico de Alcalá de Henares y la aplicación de Nuevas Tecnologías. Alcalá de Henares: Editorial Universidad de Alcalá.
).
Esta necrópolis pudo estar en uso hasta el siglo VII-VIII, para después
ser abandonada hasta, al menos, el siglo XIII, como sugiere un
importante depósito arcilloso de entre 0,80 y 1,50 m con tendencia a la
horizontalidad. A partir de ese momento, se ocupa de nuevo el espacio,
como demuestran los contextos habitacionales y cementeriales que
aparecen seguramente en relación a la conformación de la villa medieval
de Alcalá de Henares.
Tampoco
en el interior de la iglesia magistral los datos han sido más
concluyentes, ya que lo único que se ha confirmado es que la actual
catedral se construyó en el siglo XV sobre una construcción previa, que
no ha podido datarse con seguridad. En esta misma línea, en el exterior
del edificio de culto, en la plaza de los Santos Niños, se han
documentado materiales adscribibles a las cronologías plenomedievales y,
de manera excepcional, algunos contextos de época romana, sin que se
hayan detectado indicadores de una clara ocupación altomedieval.
Asimismo, en las actuales calles Seises, Damas con Rico Home y en el
Convento de Santa Ana (Castro-Priego et al., 2013, p. 155Castro
Priego, M., Olmo Enciso, L. y Gallego García, M. M. (2013). “La
evolución urbana de Alcalá de Henares entre los siglos XIII-XVII: la
secuencia estratigráfica del colegio-convento de «Mínimos de Santa Ana»
(Alcalá de Henares, Madrid)”. Arqueología y Territorio Medieval, 20, pp. 147-204. DOI: https://doi.org/10.17561/aytm.v20i0.1449.
; Castro-Priego, 2018, 241-242; e. p. Castro-Priego, M. 2018. La problemática del registro arqueológico de Alcalá de Henares y la aplicación de Nuevas Tecnologías. Alcalá de Henares: Editorial Universidad de Alcalá.
), se han detectado contextos residuales del siglo V, sobre niveles de arrasamiento de estructuras de los siglos II-III.
Siempre en el suburbio, aunque más hacia el norte y ca. 3,5 km del centro neurálgico de la ciudad romana de Complutum, se encuentra el yacimiento de La Poliseda (Castro-Priego, 2018, 222Castro-Priego, M. 2018. La problemática del registro arqueológico de Alcalá de Henares y la aplicación de Nuevas Tecnologías. Alcalá de Henares: Editorial Universidad de Alcalá.
).
Se ubica en el valle del arroyo Camarmilla, desde el que era posible el
acceso a la vía pecuaria identificada posteriormente con la
denominación de Cañada Real Galiana. Con una extensión de 1,5 ha, se
trata de un asentamiento rural, donde se han localizado estructuras
murarias, y un importante conjunto de hornos o espacios productivos,
vinculados a la producción metalúrgica. La cercanía a la ciudad favorece
que se hayan recuperado fragmentos epigráficos procedentes de Complutum, con una cronología entre el siglo I y II d. C. El yacimiento parece no extenderse más allá de la primera mitad del siglo VI.
Dejando
el suburbio y adentrándonos en el territorio próximo, se observa cómo
la articulación definida entre el siglo I y III d. C. ‒marcada en gran
medida, como ya hemos señalado, por la linealidad de la vía romana‒,
continúa siendo clave con seguridad durante el siglo IV y V, cuando el
patrón de asentamiento se mantuvo estable en gran medida. La Villa del
Val, más los cercanos yacimientos de La Magdalena, Equinox o El Encín,
formarían parte de un espacio de ocupación próximo al río Henares en
diferentes periodos cronológicos. En el caso de la Villa del Val se
documenta una residencia perteneciente a la aristocracia local, así como
un complejo agropecuario, ambos en activo entre el siglo III y el V. En
este último siglo se erigió una basílica, origen del conjunto
cementerial conocido como “Los Afligidos” (siglos VI-VIII), que estaría
además asociado a un conjunto de silos, que se superponía directamente a
las estructuras romanas. De la necrópolis se conocen 118
enterramientos, que se organizan en grupos familiares, aunándose tumbas
con facturas muy diversas, desde grandes estructuras realizadas en
sillería o ladrillo, hasta fosas simples. La mayor parte de ellas no
presentan ajuar, aunque se han recuperado broches de cinturón, anillos,
pendientes, que sirvieron para defender el componente “germánico” de la
población enterrada (Méndez Madariaga y Rascón Marqués, 1989, p. 25Méndez Madariaga, A. y Rascón Marqués, S. (1989). Los visigodos en Alcalá de Henares. Madrid: Comunidad de Madrid.
).
De La Magdalena, gracias a una intervención arqueológica que se desarrolló entre 2008 y 2011 en una superficie de 15 ha (Herasy Martínez et al., 2011Heras
y Martínez, C., Bastida Ramírez, A., Diges, Y., Corrales Pevida, R.,
López-Romero Moraleda, N., De La Oliva, E., Cavagnini, F., Cabada, J.,
Lizano, J. y Galera, V. (2011). “La Parcela 11796 de Alcalá de Henares:
las necrópolis romana y visigoda. Primeras aportaciones”. En: Actas de las VI Jornadas del Patrimonio Arqueológico en la Comunidad de Madrid (2009). Madrid: Comunidad de Madrid, pp. 351-364.
),
sabemos que originalmente, al menos desde época claudia, fue una zona
que se había dedicado a la producción cerámica y a la extracción de
áridos, que acabó transformándose en un cementerio desde finales del
siglo III o inicios del siglo IV, perdurando hasta el VIII d. C. En el
siglo VI, el uso funerario queda bien constatado por 94 tumbas. A partir
de ese momento, la función del espacio se mantiene, pero con una fuerte
dispersión de los enterramientos que son sustituidos por agrupamientos
familiares a finales del siglo VII ‒ principios del VIII (23 tumbas) (Heras y Martínez y Bastida Ramírez, 2008, p. 16Heras y Martínez, C. y Bastida Ramírez, A. (2008). Informe Final de la Intervención Arqueológica en el Yacimiento de “La Magdalena”. Archivo Regional Comunidad de Madrid. Fondo Consejería de Cultura, Sign. 2008/72.
).
La
proliferación en este momento de áreas de enterramiento en lugares
donde había zonas productivas en el Alto Imperio, se identifica también
en los yacimientos otros sectores próximos a la vía: la necrópolis de
Los Santos de La Humosa (Macarro Rodríguez y Silva-Gata, 1998, pp. 285-296Macarro
Rodríguez, J. A. y Silva-Gata, J. F. (1998). “Necrópolis de cistas en
Los Santos de la Humosa: una aproximación cronológica”. Arqueología, Paleontología y Etnografía, 4, pp. 285-296.
), el conjunto termal altoimperial de “La Estación” (Meco) (Heras y Martínez y García Lledó, 2018Heras y Martínez, C. y García Lledó, F. J. (2018). Informe General Yacimiento “La Estación” (Meco). Archivo Regional Comunidad de Madrid. Fondo Consejería de Cultura, Sign. RES/0294/2018. Inédito.
)
o la villa de Morasol (Santos de la Humosa). Además de las necrópolis,
también hay indicios sobre una intensa organización del espacio y de sus
pautas productivas. En el caso del último de los yacimientos citados,
destaca la villa de Morasol, donde, aparte de un importante cementerio,
sabemos que, entre finales del siglo VI y la primera mitad del VII (Vega y Miguel y Santa Cecilia Roma, 2013, pp. 126-127Vega y Miguel, J. J. y Santa Cecilia Roma, A. (2013). Memoria
final de la excavación arqueológica realizada en los terrenos afectados
por la modificación puntual de las normas subsidiarias de Santos de la
Humosa para legalización de un desguace de vehículos. Archivo Museo Arqueológico Regional Comunidad de Madrid. Exp. 2013/0253. Inédito.
),
tuvo lugar su transformación como espacio doméstico, aunque sin tener
en cuenta la producción del vino y/o aceite que la villa romana había
llevado a cabo hasta el siglo III.
Más alejados se sitúan los asentamientos de Casas de Bahezuela (San Fernando de Henares, a 6 km al suroeste de Complutum) y el de Valdelayegua (Torres de la Alameda, a 6 km de Complutum, hacia el sur) (Torra et al., 2008Torra, M., Serrano, E., Sánchez, A., Moreno, E., Presas, M. (2008). Memoria
final de la excavación arqueológica del yacimiento “Valdelayegua” (T.
M. de Torres de la Alameda), PP.KK.4+095-4+200 del Tronco de la
Carretera: Intersección M-224 a M-203. Archivo Museo Arqueológico Regional Comunidad de Madrid. Exp. 2008/36.
; Presas Vías, Torra y Serrano, 2005Presas Vías, M. M., Torra, M. y Serrano, E. (2005). Memoria
Final de la excavación arqueológica de los yacimientos Casas de
Bahezuela II y III (T. M. S. Fernando de Henares, Madrid). Carretera
M-203, conexión de la M-100 y la N-II, en Alcalá de Henares, con la
M-208 y R-3, en Mejorada del Campo. Archivo Museo Arqueológico Regional Comunidad de Madrid. Exp. 2005/117.
; Presas Vías et al., 2009, pp. 355-364Presas Vías, M. M., Torra, M., Serrano, E., Guillén, A., Sánchez, A. y Yáñez, G. I. (2009). “Tres nuevos asentamientos altomedievales en la provincia de Madrid.” En: Quirós Castillo, J. A. (Ed.). The archaeology of early medieval villages in Europe. Documentos de arqueología e historia, 1. Bilbao: Universidad del País Vasco, pp. 355-364
)
que, desde la segunda mitad del siglo V y principios del siglo VII,
formaron parte de núcleos rurales que tenemos bien atestiguados a partir
de estructuras murarias y fondos de cabaña, como en Casas de Bahezuela,
fosas silo y hornos ‒tanto cerámicos, como de hierro o vidrio‒.
5. ¿Sedes sin urbe? Discusión de los datos históricos y arqueológicos
⌅Hace más de veinte años que la historiografía moderna, refiriéndose al modelo de civitas que Roma aplicó a los territorios conquistados, utiliza términos como civitas sine oppido (Arrayáset al., 2001Arrayás,
I., Cortadella, J., Ñaco, T., Olesti, O. y Prieto, A. (2001). “Civitas y
urbs en el nordeste hispánico: algunas reflexiones”. En: Actas del I Congreso Internacional de Historia Antigua. La Península Ibérica hace 2000 años. Valladolid: Universidad de Valladolid, pp. 311-317.
) o civitas sine urbe (OllerGuzman, 2014Oller Guzmán, J. (2014). “La civitas sine urbe y su función de vertebración en el territorio provincial hispano: los casos de Egara y Caldes de Montbui”. Pyrenae, 45 vol. 1, pp. 89-110.
)
‒que ha inspirado claramente el título de este artículo‒, para
referirse a un modelo de organización territorial sin ciudad que fue
relativamente común tras la gran expansión romana que se llevó a cabo
entre el siglo III y el I a. C. Siempre que pudo, Roma se apoyó en el
tejido urbano preexistente o construyó nuevas ciudades, que se
convirtieron en el centro político, jurídico y administrador del
territorio circundante. Sin embargo, cuando la situación no lo permitía,
se implementaron otras soluciones, como está bien documentado, por
ejemplo, en el noroeste peninsular (Orejas, 2002Orejas
Saco del Valle, A. (2002). “El territorio de las ‘civitates’ peregrinas
en los tratados de agrimensura: Las ‘civitates’ del Noroeste hispano”. Habis, 33, pp. 389-406.
; Sastre et al., 2017Sastre
Prats, I., Orejas Saco del Valle, A., Currás Refojos, B. X. y
Zubiaurre, E. (2017). “La formación de la sociedad provincial en el
Noroeste hispano y su evolución: ‘civitates’ y mundo rural”. Gerión, 35 (2), pp. 537-552. DOI: https://doi.org/10.5209/geri.59923.
; Orejas y Sastre, 2020Orejas
Saco del Valle, A. y Sastre Prats, I. (2020). “Paisajes y territorios,
urbes y civitates en la Hispania Romana”. En: Sabaté i Curull, F. (Ed.). Ciutats mediterrànies: l'espai i el territorio. Barcelona: Institut d'Estudis Catalans, pp. 39-47.
) o en el Vallés Occidental, cerca de Barcelona (OllerGuzman, 2014Oller Guzmán, J. (2014). “La civitas sine urbe y su función de vertebración en el territorio provincial hispano: los casos de Egara y Caldes de Montbui”. Pyrenae, 45 vol. 1, pp. 89-110.
),
donde se establecieron núcleos habitativos que no tenían propiamente un
entramado urbanístico definido, pero adquirieron un papel jurídico
administrativo en un contexto territorial eminentemente rural.
Como hemos visto a lo largo de este trabajo, esta realidad es en cierto modo asimilable a la que nos encontramos varios siglos después en la organización episcopal visigoda del centro de la península, donde se fundaron nuevas diócesis que, en algunas ocasiones no estuvieron asociadas a centros urbanos de trascendencia, sino a núcleos de escasa envergadura o, como hemos visto, a las demarcaciones territoriales de antiguas ciudades romanas, de las que quedaba poco más que un vago recuerdo de su esplendor en época altomiperial. Las sedes sine urbe que hemos analizado, sin embargo, no siempre fueron nuevas fundaciones episcopales visigodas, como Arcavica y Valeria, sino que incluyen también ciudades, como la sede tardoantigua de Complutum -fundada supuestamente en torno al 400-, que progresivamente fue perdiendo su carácter urbano. Tres sedes episcopales, próximas a la sede metropolitana y capital del reino, que debieron depender probablemente de ella y de alguna forma nacer por voluntad de esta misma, quizá como consecuencia de una escasa presencia de obispados en la zona.
Es
cierto, en cualquier caso, que existen algunas diferencias evidentes
entre las sedes en este espacio del interior peninsular. Empezando por
el dinamismo de Toledo en este periodo (Castro-Priego, Diarte-Blasco y Olmo-Enciso, 2022Castro-Priego,
M., Diarte-Blasco, P. y Olmo-Enciso L. (2022). “La conformación de la
Toledo Altomedieval: una aproximación a partir de la Vega Baja”. En:
Mateos Cruz, P. y Morán Sánchez, C. J. (Eds.). “Exemplum et Spolia”: la reutilización arquitectónica en la transformación del paisaje urbano de las ciudades históricas. Mérida: Instituto de Arqueología de Mérida - CSIC, vol. I, pp. 417-430.
) y siguiendo con Segobriga es evidente que se trata de ejemplos urbanos con un desarrollo que no
se parecen demasiado a los tres casos que hemos analizado en este
artículo. De forma similar a lo que ocurre en otras ciudades hispanas,
en Segobriga observamos una importante transformación entre los
siglos IV y V, con el cese de las actividades en el teatro y anfiteatro,
el expolio de la basílica del foro y una amplia reestructuración y
expolio de este último. A lo largo del siglo VI, sin embargo, mientras
que en Arcavica y Valeria no tenemos claros signos de
actividad, aquí se generaliza en distintos puntos de la antigua trama
urbana el surgimiento de estructuras de carácter doméstico, que
implicaron un extenso expolio de las construcciones previas. Las
distintas excavaciones que se han realizado en diversos lugares del
yacimiento desde finales del s. XIX, han permitido la recuperación de
material escultórico de posible filiación visigoda, aunque siempre en
contextos más tardíos, correspondientes a los siglos VIII-XII (Abascal, Almagro y Cebrián, 2008, pp. 222-224Abascal Palazón, J. M., Almagro Gorbea, M., y Cebrián Fernández, R. (2008). “Segóbriga visigoda”. Zona arqueológica, 9, 221-241.
).
La
parquedad de la información en el contexto del foro contrasta con la
entidad de las construcciones eclesiásticas. A finales del siglo VI, Segobriga es ya la sede de un obispado visigodo, cuyo conjunto más destacable fue
el complejo basilical situado en los suburbios. Su excavación que se
realizó en el siglo XVIII, y la planta resultante, aportan algunas dudas
sobre el momento de su construcción, que se ha situado a finales del V
17
Otros autores fechan la edificación de la basílica en un momento de la primera mitad del siglo VII (Utrero-Agudo, 2014, p. 175).
(Cebrián Fernández y Hortelano Uceda, 2016, pp. 410-419Cebrián
Fernández, R. y Hortelano Uceda, I. (2016). “La reexcavación de la
basílica visigoda de Segobriga (Cabeza de Griego, Saelices). Análisis
arqueológico, fases constructivas y cronología”. Madrider Mitteilungen, 56, pp. 402-447.
).
La existencia de una necrópolis de época visigoda a unos 270 m del
conjunto eclesiástico, con una cronología entre el siglo IV y IX d. C.,
podría interpretarse por su amplitud temporal y su extensión como un
indicador de la articulación de un espacio cementerial en torno a un
mausoleo, aunque los datos son todavía muy reducidos.
La lista de
obispos alcanza la cifra de 8 en los textos conciliares, a lo largo de
un periodo muy amplio (589-693), lo que señala la continuidad de la
autoridad eclesiástica durante todo el siglo VII. Durante las
excavaciones acometidas entre 1789 y 1790 se localizaron las laudas
sepulcrales de los obispos Nigrinus y Sefronius, fechables a principios
de la centuria mencionada. El obispado debió continuar hasta la segunda
mitad del siglo VIII, cuando la nueva situación política convirtió a la
vecina Uclés en el centro del antiguo territorio segobricense. A modo de
conclusión, podemos defender que la reducción del espacio urbano, la
expansión del carácter doméstico de las estructuras señala una
“ruralización” de la antigua ciudad. Esta situación solo se ve alterada
por la intensidad de la actividad edilicia en el conjunto basilical, que
se extiende hasta el siglo VIII, aunque con una disminución en la
calidad constructiva general (Cebrián Fernández y Hortelano Uceda, 2016, pp. 435-437Cebrián
Fernández, R. y Hortelano Uceda, I. (2016). “La reexcavación de la
basílica visigoda de Segobriga (Cabeza de Griego, Saelices). Análisis
arqueológico, fases constructivas y cronología”. Madrider Mitteilungen, 56, pp. 402-447.
).
Los
tres casos en estudio, sin embargo, representan la evolución de unas
sedes episcopales con particularidades notables. En el caso de Valeria y Arcavica,
la información arqueológica señala con poco margen de duda que, cuando
se crean las nuevas diócesis, los solares urbanos estaban completamente
abandonados y que, pese a su nueva dignidad episcopal, no se vivió
ningún tipo de reactivación de los mismos en este periodo. ¿No era ya
necesario, por tanto, la existencia de un centro urbano desde el que el
obispo, entre otras cuestiones, administrase el territorio? Sabemos que,
en otros casos, como en la cercana sede episcopal Eiotana o Elotana (El Tolmo de Minateda, Hellín, Albacete), fundada entre finales del
siglo VI y principios del VII, no fue exactamente así. La erección del
complejo episcopal y de la nueva civitas (Gutiérrez Lloret, Abad Casal y Gamo Parras, 2005Gutiérrez Lloret, S., Abad Casal, L. y Gamo Parras, B. (2005). “Eio, Iyyuhy el Tolmo de Minateda (Hellín, Albacete): de sede episcopal a madîna islámica”. En: Gurt i Esparraguera, J. M. y Ribera i Lacomba, A. (Eds.). VI Reunión de Arqueología Cristiana Hispánica (València, 2003). Barcelona: Institut d'Estudis Catalans, pp. 345-370.
; Gutiérrez Lloret y Sarabia-Bautista, 2013Gutiérrez
Lloret, S. y Sarabia, J. (2013). “The episcopal complex of Eio-El Tolmo
de Minateda (Hellín, Albacete, Spain). Architecture and spatial
organization. 7th to 8th centuries AD”. Hortus Artium Medievalium. 19 (1), pp. 267-300. DOI: https://doi.org/10.1484/j.ham.1.103584.
) se hizo sobre la meseta que ocupaba el antiguo municipium romano de Ilunum que, pese a haber vivido un proceso similar caracterizado por la
creación de una nueva sede episcopal sobre una ciudad abandonada, fue
capaz de construir un nuevo proyecto urbano, mientras en el valle
circundante surgían nuevos asentamientos rurales (Sarabia-Bautista, 2016Sarabia-Bautista,
J. (2016). “El paisaje rural y suburbano de El Tolmo de Minateda
(Hellín) durante la Antigüedad Tardía y la Alta Edad Media”. En: Gamo
Parras, B. y Sanz Gamo, R. (Coords.). Actas de la I Reunión Científica de Arqueología de Albacete. Albacete: Instituto de Estudios Albacetenses “Don Juan Manuel”, pp. 723-743.
). ¿Por qué no tuvo lugar del mismo modo en Arcavica y en Valeria? Los datos de los que disponemos hasta el momento, parecen señalar que la ubicación de Eio-Iyyuh en la frontera entre visigodos y bizantinos pudo estar detrás de la creciente importancia de la misma (Abad Casal y Gutiérrez Lloret, 1997, pp. 595-596Abad
Casal, L. y Gutiérrez-Lloret, S. (1997). “Iyih (El Tolmo de Minateda,
Hellín, Albacete). Una civitas en el limes visigodo-bizantino”. Antigüedad y Cristianismo, XIV, pp. 591-600.
) y, quizá, de ese nuevo dinamismo urbano que no se advierte ni en el caso de Arcavica, ni en el de Valeria,
donde parece que no hubo una voluntad de recuperar ni el lugar ni el
rol en el territorio que un día desarrollaron estas ciudades.
En el caso de Arcavica,
además, es interesante subrayar la existencia de un eremitorio y un
gran monasterio, que debieron probablemente ejercer un papel religioso y
de control clave en la sede. La ubicación del eremitorio rupestre
completamente contigua a la ciudad, además, subraya el estado de
abandono en que esta se debía encontrar, ya que estos se ubicaban cerca
de vías de comunicación, como podía ser la que conectaba el antiguo
núcleo urbano con Caesaraugusta, pero alejados de poblaciones importantes (Egea Vivancos, 2006Egea Vivancos, A. (2006). “Monacato rupestre en La Rioja y en el Alto Éufrates sirio: puntos de contacto”. Antigüedad y Cristianismo, 23, pp. 789-812.
).
Es necesario tener en cuenta que los monasterios en este momento fueron
un elemento aglutinador en el territorio, incluso influyendo en los
patrones de asentamiento que surgen o se modifican en este periodo (Diarte-Blasco, 2018, pp. 121-127Diarte-Blasco, P. (2018). Late Antique and Early Medieval Hispania: Landscapes without Strategy? Oxford: Oxbow Books.
).
De hecho, el fenómeno eremítico y monástico, que generalmente fue
liderado por personajes con un cierto carisma, puso a veces la autoridad
religiosa del propio obispo en duda (Jussen 2001, p. 166Jussen, B. (2001). “Liturgy and Legitimation, or How the Gallo-Romans Ended the Roman Empire”. En: Jussen B. (Ed.). Ordering Medieval Society. Perspectives on Intellectual and Practical Modes of Shaping Social Relations. Philadephia: University of Pennsylvania Press, pp. 147-199.
).
En este sentido, es sugerente plantear que el nacimiento de la nueva
cátedra arcavicense tuviese, entre otras funciones, el control de la
comunidad monástica del Servitano.
La ausencia de TSHT, que suele cubrir un arco cronológico que cubre desde el siglo IV al V (Pérez Rodríguez-Aragón, 2019Pérez Rodríguez-Aragón, F. (2019). “La Terra sillata Hispánica Tardía: una propuesta de sistematización”. En: Fernández
Ochoa, C., Morillo Cerdán, A. y Zarzalejos Prieto, M. M. (Coords.). Manual de cerámica romana. IV: producciones cerámicas de época medio-imperial y tardorromana. Madrid: Comunidad de Madrid, pp. 65-134.
), y de contextos materiales del siglo VI y VII en el registro arqueológico conocido de ambos centros urbanos señala una fecha post quem bastante ajustada del proceso, probablemente en paralelo, también aquí,
con el surgimiento de los pequeños núcleos rurales. Es cierto que, en
gran medida, no conocemos demasiado de ellos, pese a que en muchos casos
los cementerios que se han documentado en este periodo delatan su
existencia. Los asentamientos que hemos podido identificar
‒mayoritariamente construidos en materiales perecederos que complican su
conservación‒ son pequeñas aldeas y granjas dedicadas a actividades
agropecuarias que, en muchos casos, se ubican en fondos de valles,
próximos a arroyadas o a afluentes secundarios de los principales ríos y
parecen no sobrevivir a la llegada del mundo islámico.
Los conjuntos cerámicos recuperados en los contextos rurales de ambas sedes, así como en el de Complutum,
evidencian que, desde mediados del siglo VI, son mayoritariamente
producciones locales a torneta ‒en torno al 90 %‒, con las típicas
formas de cocina, casi sin decoración y con huellas de fuego. Aparecen
también formas en vidrio y herramientas o adornos metálicos, que parecen
estar señalando la existencia de un comercio eminentemente local. Estos
conjuntos materiales, sin embargo, poco tienen que ver con los que
podemos recuperar en las dos grandes ciudades que probablemente
capitalizarían estos territorios ‒Toletum y Reccopolis‒
donde, uno de los elementos más singulares que muestra el vigor de las
mismas, es el mantenimiento de intensas redes comerciales, incluso con
el Mediterráneo oriental, durante el siglo VI y VII (Gallego-García, 2010Gallego
García, M. M. (2010). “La secuencia cerámica de época visigoda de Vega
Baja. Una primera aproximación”. En: García, A., Izquierdo, R.,
Olmo-Enciso, L. y Peris, D. (Eds.) Espacios urbanos en el Occidente Mediterráneo (s. VI-VIII). Toledo: Toletum Visigodo, pp. 315-326.
; Bernal y Bonifay, 2010Bernal
Casasola, D. y Bonifay, M: (2010). “Importaciones y consumo alimenticio
en las ciudades tardorromanas del mediterráneo nor-occidental (ss.
VI-VIII d.c.): la aportación de las ánforas”. En: García, A., Izquierdo,
R., Olmo-Enciso, L. y Peris, D. (Eds.). Espacios urbanos en el Occidente Mediterráneo (s. VI-VIII). Toledo: Toletum Visigodo, pp. 45-64.
)
18
En
la actualidad, estamos abordando el estudio de los materiales
provenientes de diversos contextos mediterráneos y su caracterización
espacial y funcional en Reccopolis, dentro del proyecto RECCULT
(SBPLY/21/180501/000205), financiado por el programa de Investigación
Científica y Transferencia de Tecnología de la Junta de Comunidades de
Castilla, y por la Unión Europea a través del Fondo Europeo de
Desarrollo Regional.
. Más allá de estas importaciones,
el dinamismo de las élites urbanas y religiosas se subraya por la
recuperación en ambas ciudades de abundante material arquitectónico y
escultórico relativo a edificios de culto cristiano, junto a un
significativo proceso urbanístico, que en Toledo conocemos a partir de
la extensión urbana de la Vega Baja, de ca. 43 ha, y la ciudad de Reccopolis de 30 ha. Este tipo de materiales arquitectónicos y escultóricos, sin
embargo, no aparecen prácticamente ni en los antiguos solares urbanos de Arcavica, ni en Valeria, ni tampoco en Complutum19
Los escasos fragmentos escultóricos hallados en Valeria son hallazgos descontextualizados o se encuentran en la fábrica
bajomedieval de la iglesia de Santa María de la Sey. En el caso de Arcavica,
el pequeño ‒aunque significativo conjunto recuperado‒, también proviene
de hallazgos descontextualizados, aunque en su mayoría recuperados en
el entorno donde se encuentra el posible monasterio Servitano. En ambos
casos, se ha señalado su pertenencia a los ‘talleres del Sureste’ del
siglo VII (Villa del Castillo, 2021, p. 92). En Complutum, significativamente, no se ha recuperado ningún fragmento.
, aunque sí se han recuperado en el caso de Segobriga (Schlunk, 1945Schlunk, H. (1945). “Esculturas visigodas de Segóbriga (Cabeza de Griego)”. Archivo Español de Arqueología, XVIII, pp. 305-319.
; Abascal, Almagro y Cebrián, 2008Abascal Palazón, J. M., Almagro Gorbea, M., y Cebrián Fernández, R. (2008). “Segóbriga visigoda”. Zona arqueológica, 9, 221-241.
; Cebrián Fernández y Hortelano Uceda, 2019Cebrián
Fernández, R. y Hortelano Uceda, I. (2019). “Topografía cristiana
urbana de Segobriga (Cabeza de Griego, Saelices). El material decorativo
de época visigoda hallado en la puerta occidental”. En: López Villar,
J. (Ed.). Tarraco Biennal, Actes 4 r Congrés Internacional d'Arqueologia i Món Antic. Tarragona: Universitat Rovira i Virgili - Institut d’Estudis Catalans, pp. 313-321.
),
subrayando, como hemos señalado antes, la prolongación de la vida en
esta ciudad hasta por lo menos el siglo VIII. También de forma
indirecta, pero elocuente, ninguno de estos núcleos acuñó moneda durante
el periodo visigodo. De hecho, en un espacio bastante amplio del
interior peninsular, solo encontramos las cecas de Reccopolis y Toledo, lo que parece confirmar realidades propiamente “urbanas” con otras que no podemos caracterizar como tal.
El caso de Complutum,
además, posee particularidades que debemos tener en cuenta. En primer
lugar, observamos que, entre el siglo VI y el VII, la estructura urbana
del municipium había perdido su funcionalidad del pasado, mientras que la actividad humana parecía desplazarse mayoritariamente hacia el suburbium.
Concretamente, parece que en torno al área definida como “Campo
Laudable” se documentará la existencia de una ocupación desagregada a
partir del siglo VI, que parece continuar extendiéndose hacia su círculo
territorial más próximo. Con un mejor registro arqueológico que los
casos anteriores, comprobamos cómo las estructuras habitacionales
documentadas, que incluyen a veces cabañas rehundidas, que observamos
también en otros ejemplos que se han analizado en la Comunidad de Madrid
(Vigil-Escalera Guirado, 2000Vigil-Escalera
Guirado, A. (2000). “Cabañas de época visigoda: evidencias
arqueológicas del sur de Madrid. Tipología, elementos de datación y
discusión”. Archivo Español de Arqueología, 73 (181-182), pp. 223-252. DOI: https://doi.org/10.3989/aespa.2000.v73.325.
),
se combinan con espacios productivos. De hecho, parece que la elección
de su ubicación, sin una función estratégica definida, responde a
criterios agrarios, ya que se sitúan, casi siempre, en las inmediaciones
de espacios feraces.
Es también significativo que la cátedra complutense no aparece reflejada en las actas conciliares hasta el siglo VII. Este hecho hace que surjan algunas incertidumbres sobre la existencia de dicha sede episcopal desde, al menos, el siglo V, como se deducía de las noticias prosopográficas episcopales y más concretamente por lo escrito por Ildefonso de Toledo. La referencia de Ildefonso, en cualquier caso, es casi coyuntural, ya que pretendía realzar la supremacía toledana y ensalzar a sus obispos. En este caso, Asturio era enaltecido, entre otros motivos, por la revelación divina que lo llevó a redescubrir a los niños-mártires complutenses, lo que, además, sin pretenderlo, convertiría a esta sede en un caso singular entre las diócesis hispanas, siendo la única creación de una nueva sede episcopal asociada directamente a un culto martirial.
El primer obispo complutense que aparece reflejado en un documento oficial de la Iglesia -la Constitutio Carthaginensium sacerdotum del año 610 (Vives, 1963, p. 409Vives, J. (1963). Concilios visigóticos e Hispanorromanos. Barcelona y Madrid: CSIC.
)-
es Presidius que, de hecho, acudirá también al IV Concilio de Toledo,
marcando el inicio de la presencia de los obispos de la ciudad en los
siguientes concilios. Anteriormente, en el III Concilio de Toledo, al
que acudieron sesenta y dos obispos, se dice expresamente que en el
participaron “ab episcopis totius Spaniae” y Complutum no
aparece entre esos ‘todos’, como tampoco lo hace en los concilios
anteriores. Esta ausencia de en torno a dos siglos, nos hace plantear la
duda de una existencia efectiva de esta sede desde el periodo
tardorromano
20
El origen tardorromano de la sede se ha sugerido en diversas publicaciones, como por ejemplo en Gurti Esparraguera y Sánchez Ramos (2011), que sitúan el inicio de la misma en el siglo IV.
. ¿Podríamos entonces equiparar a Complutum con las sedes sine urbe desde su nacimiento como Valeria o Arcavica? A partir de los datos arqueológicos e históricos es una hipótesis que, al menos, debemos considerar.
En
cualquier caso, los tres obispados jugaron un rol importante más allá
de lo que nos señalan los concilios visigodos, formando parte de los
diversos actores políticos y organizadores de amplias zonas de
al-Ándalus, hasta mediados del siglo IX d. C. en connivencia con el
poder omeya (Acién Almansa, 2009Acién Almansa, M. (2009). “Consideraciones sobre los mozárabes de al-Ándalus”. Studia Histórica. Historia Medieval, 27, pp. 23-56.
). Pese a que, en otros lugares (De Fino, 2015, p. 409De Fino, M. (2015). “Le diocesi rurali nell'Italia tardoantica fra IV e VII sec.”. Atti della Pontificia Accademia Romana di Archeologia. Rendiconti, 87, pp. 391-412.
),
parece que la pervivencia de este tipo de episcopados está directamente
relacionada con el desarrollo urbano de estas aglomeraciones
secundarias, en el caso del territorio que nos ocupa, conocemos la
continuidad de los obispados de Arcavica, Complutum y Valeria, pero también de Segobriga y Segontia, a partir de diversas fuentes, que fueron recopiladas a finales del siglo XIX por Simonet (1903, pp. 808-812, citado en Herrera Roldán, 2010Herrera Roldán, P. (2010). “La Iglesia andaluza bajo el Islam: entre la resistencia y la integración”. Anuario de Historia de la Iglesia Andaluza, 3, pp. 35-64.
).
Durante los emiratos de Abd al-Rahman II y Muhammad I se produciría un
proceso de debilitamiento de las estructuras de gobierno y de los
integrantes de la Iglesia, como resultado de un cúmulo de factores en el
que la propia política omeya contribuyó. Se ha sugerido que este
proceso de reducción de la influencia de la iglesia y de su base social
tuvo como primera consecuencia el abandono de los monasterios y el éxodo
de los religiosos (Linage Conde, 1973, p. 451Linage Conde, A. (1973). Los orígenes del monacato benedictino en la Península Ibérica. León: Caja de Ahorros de León.
).
Tenemos noticias dispares de cada una de las sedes mencionadas. En el caso de Complutum, las fuentes escritas cristianas del siglo IX d. C. subrayan la
continuidad del obispado y posiblemente también de algunos de los
complejos religiosos, que se ubicarían en el valle inmediato al Henares.
Son bien conocidas las referencias en las que Eulogio de Córdoba cita a
Félix, un mártir cordobés ajusticiado bajo el gobierno de Muhammad I en
el 853 d. C., y cuyo origen debe situarse en el “oppido Complutensis” o la estancia del propio Eulogio en Complutum, alojado por el obispo Venerio en el año 858 d. C., en su vuelta desde Zaragoza con dirección a Toledo (Gil, 1973, pp. 445 y 500Gil, J. 1973. Corpus Scriptorum Muzarabicorum. Madrid: CSIC.
; Castro-Priego, 2018, pp. 257-258Castro-Priego, M. 2018. La problemática del registro arqueológico de Alcalá de Henares y la aplicación de Nuevas Tecnologías. Alcalá de Henares: Editorial Universidad de Alcalá.
). El complejo monástico de Arcavica,
en cambio, fue destruido de forma violenta a principios de la segunda
mitad del siglo IX (con anterioridad a 877) dentro de los conflictos
entre las comunidades muladíes y el gobierno cordobés en la Marca Media,
lo que obligó al obispo Esteban a huir al reino asturiano, donde se
convertiría en prelado encargado de la región en torno a Orense bajo el
gobierno de Alfonso III (Fita, 1902, pp. 332-336Fita, F. (1902). “Sebastián, obispo de Arcávica y de Orense. Su crónica y la del rey Alfonso III”. Boletín de la Real Academia de la Historia, 41, pp. 324-344.
).
Las excavaciones arqueológicas realizadas en la década de los 80
pusieron de manifiesto la coincidencia entre los datos arqueológicos
provenientes del monasterio Servitano y las fuentes textuales (Álvarez-Delgado, 1989Álvarez-Delgado, Y. (1989). “Cerámicas del siglo IX de Arcávica (Cuenca)”. Boletín de Arqueología Medieval, 3, pp. 109-121.
). Más vaga aún es la información sobre las sedes de Valeria y Segobriga,
que debieron de quedar destruidas o abandonadas también en el siglo IX.
Prueba de ello, es la creación de la nueva sede episcopal de Cuenca
(1182) después de la caída de la taifa conquense.
De todo lo
mencionado se observa que la lenta conformación de la autoridad emiral
no significó la desaparición de la organización eclesiástica, que se
mantuvo de manera mayoritaria solapándose, uniéndose o aceptando de una u
otra forma el gobierno cordobés (Manzano Moreno, 1991Manzano Moreno, E. (1991). La frontera de al-Andalus en época de los Omeyas. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
).
De manera indirecta, esta duración prolongada de los obispados, pese a
no tener asociadas unas sedes urbanas de relevancia, pone de manifiesto
el papel aglutinador que los mismos debieron ejercer en el territorio,
lo que provocó que se mantuviesen incluso más allá de la inicial
conformación de al-Ándalus.
Volviendo al tema que nos ocupa, lo cierto es que estas sedes sine urbe no fueron una excepcionalidad de esta zona de la Celtiberia y la
Carpetania visigodas, sino que se trata de una situación que, aunque no
sea numerosa, podemos observar también en otros lugares del
Mediterráneo, donde algunas sedes se configuran al margen de las
ciudades, convirtiéndose de este modo el complejo episcopal en el núcleo
de referencia de un territorio. En Italia, por ejemplo, se ha acuñado
el término vescovi rurali para identificar a una realidad no despreciable: de las ca. 260 diócesis que se identifican en la Antigüedad Tardía, una treintena no se encontrarían en relación a un centro urbano (Volpe, 2005, pp. 30-34Volpe, G. (2005). “Nuovi dati sul complesso episcopale paleocristiano di San Pietro a Canosa”. En: Bertoldi Lenoci, L. (Ed.). Canosa. Ricerche storiche, 2004. Convegno di studio, 7 febbraio 2004. Fasano: Schena Editore, pp. 15-34.
; 2008Volpe, G. (2008). “Vescovi rurali e chiese nelle campagne dell'Apulia e dell'Italia meridionale fra Tardoantico e Altomedioevo”. Hortus Artium Medievalium, 14, pp. 31-47. DOI: https://doi.org/10.1484/j.ham.2.305437.
; De Fino, 2015De Fino, M. (2015). “Le diocesi rurali nell'Italia tardoantica fra IV e VII sec.”. Atti della Pontificia Accademia Romana di Archeologia. Rendiconti, 87, pp. 391-412.
). En el caso hispano también conocemos otros ejemplos interesantes, como la sede de Auca (cerca del actual municipio de Villafranca de Montes de Oca, Burgos),
que organizó un territorio montañoso entre el valle del Duero y el Ebro (Martín Viso 1999, p. 159Martin
Viso, Iñaki (1999). “Organización episcopal y poder entre la Antigüedad
Tardía y el medioevo (siglos V-XI): las sedes de Calahorra, Osca y
Osma”. Iberia, 2, pp. 155-190.
; Castellanos y Martín Viso, 2005, p. 13Castellanos,
S. y Martín Viso, I. (2005). “The local articulation of central power
in the North of the Iberian Peninsula (500-1000)”. Early Medieval Europe, 13.1, pp. 1-42. DOI: https://doi.org/10.1111/j.1468-0254.2005.00147.x.
), pese a nunca haber contado con una demarcación urbana; u Oxoma, donde los últimos indicios de transformaciones urbanas y/o actividad edilicia pública de este municipium romano se refieren a los siglos IV-V, cuando se construye la muralla defensiva (García Merino y Sánchez Simón, 1998, p. 13García Merino, C. y Sánchez Simón, M. (1998). Uxama II. La Casa de la Atalaya. Studia Archaeologica, 87. Valladolid: Universidad de Valladolid.
).
De hecho, pese a ser uno de los pocos obispados asentados en la
submeseta norte ‒así como también parte de la Celtiberia visigoda (Díaz, 2008Díaz,
Pablo de la Cruz (2008). “Sedes episcopales y organización
administrativa en la cuenca del Duero (siglos IVVII)”. En: Castellanos,
S. y Martín Viso, I. (Eds.). De Roma a los bárbaros. Poder central y horizontes locales en la cuenca del Duero. León: Universidad de León, pp. 123-143.
)‒, y encontrarse estratégicamente situado en la vía romana que unía Caesaraugusta y Asturica, solo disponemos de hallazgos esporádicos o casuales en relación a este periodo (GutiérrezDohijo, 2000Gutiérrez
Dohijo, E. (2000). “Contexto histórico-arqueológico en torno al origen
del Obispado de Oxoma”. En: Portillo Capilla, T. (Ed.). Jornadas de
Estudio sobre la Historia de la Diócesis de Osma-Soria. I Semana de
Estudios Históricos de la Diócesis de Osma-Soria. 15-17 de septiembre de
1997. Soria: Diputación Provincial de Soria, vol. I, pp. 197- 230.
), que parecen señalar que esta sede estuvo capitalizando un hábitat disperso (Diarte-Blasco, 2023Diarte-Blasco,
P. (2023). “Towns, Countryside, and Agrarian Changes in Post-Roman
Hispania”. En: Bavuso. I. y Castrorao-Barba, A. (Eds.). The European Countryside during the Migration Period. Patterns of Change from Iberia to the Caucasus (300-700 CE). Berlin: De Gruyter, pp. pp. 51-70.
). O los casos de Urgellum y Egara,
donde encontramos dos contextos diferentes, ya que mientras que la
primera se relaciona con el territorio dependiente de una antigua villa (Gurti Esparraguera y Sánchez, 2011Gurt i Esparraguera, J. M. y Sánchez Ramos, I. (2011). “Episcopal Groups in Hispania”. Oxford Journal of Archaeology, 30 (3), pp. 273-298. DOI: https://doi.org/10.1111/j.1468-0092.2011.00369.x.
; Sales Carbonell, 2012, pp. 282-284Sales Carbonell, J. (2012). Las construcciones cristianas de la Tarraconensis durante la Antigüedad Tardía: topografía, arqueología e historia. Barcelona: Universidad de Barcelona.
), Egara se asocia a un poblamiento descentralizado que desde el inicio habría
estado formado por centros productivos, en gran parte, de carácter
agrícola (García i Llinares, Moro y Tuset, 2009, 13-15García i Llinares, G., Moro García, A. y Tuset Bertrán, F. (2009). La seu episcopal d'Egara. Arqueologia d'un conjunt cristià del segle IV al IX. Tarragona: ICAC.
).
En el caso de Egara -que aparece por primera vez citada a inicios del siglo VI, en el I
Concilio de Tarragona (516)-, la información arqueológica de la que
disponemos no permite por el momento conocer con exactitud el entramado
urbano romano, ni mucho menos el visigodo, al que podría haber ido
asociada esta sede. Es especialmente relevante, además, que la sede es
fruto de una ordenación ilícita llevada a cabo por el obispo de
Barcelona, Nundinario. De hecho, la ordenación de Irineo como obispo de Egara,
fue una forma de asegurar que a la muerte del que probablemente era su
padre, Nundario, pudiese trasladarse para ocupar la cátedra de Barcino. Sin que fuese el objetivo original del obispo de Barcino,
esta nueva ordenación estuvo verosímilmente detrás de la propia
perpetuación de la sede, ya que el papa Hilario no permitió que el
obispo abandonase su cátedra y lo obligó a volver a Egara (Hilario, Ep. 14-17; Ubric Rabaneda, 2004, pp. 102-108Ubric Rabaneda, P. (2004). La Iglesia en la Hispania del siglo V. Granada: Universidad de Granada.
).
Esta situación ‒la de los juegos políticos de algunas familias de la
aristocracia para perpetuarse en los cargos episcopales, como una forma
de mantener los privilegios y el poder que otrora les habían otorgado
las dignidades civiles‒ nos pone ante una realidad que tenemos bien
constatada para el siglo IV y V (Palol, 1978Palol, P. (1978). “La cristianización de la aristocracia romana hispánica”. Pyrenae, 13-14, pp. 281-300.
; García Moreno, 1990García
Moreno, L. Á. (1990). “Élites e iglesia hispanas en la transición del
Imperio romano al reino visigodo”. En: Candau, J. M., Gascó, F. y
Ramírez de Verger, A. (Eds.). La conversión de Roma. Cristianismo y Paganismo. Madrid: Ediciones Clásicas, pp. 223-258.
; en relación a la Galia, Mathiesen, 1989Mathisen, R. W. (1989). Ecclesiastical factionalism and religious controversy in fifth-century Gaul. Washington, D. C.: Catholic University of America Press.
),
pero que seguramente tuvo que tener un papel también en la Hispania
visigoda, como parece demostrarlo, por ejemplo, que, en la primera mitad
del siglo VI, cuatro hermanos ‒Justiniano de Valentia, Elpidio de Osca, Justo de Urgellum y Nebridio de Egara‒ se repartiesen algunas de las cátedras más importantes del noreste peninsular; o en el caso de la diócesis de Emerita,
entre otras presiones por la sucesión, las del obispo Paulo cuando
quiere ‒y consigue‒ imponer a su sobrino Fidel a mediados del mismo
siglo (Fuentes Hinojo, 2012Fuentes Hinojo, P. (2012). “Sucesión dinástica y legitimidad episcopal en la Mérida visigoda”. En la España Medieval, 35, pp. 11-33. DOI: https://doi.org/10.5209/rev_elem.2012.v35.38902.
).
En este sentido, se ha señalado que los obispos del periodo visigodo
fueron parte de los antiguos poderes territoriales e, incluso, durante
mucho tiempo, parte de la aristocracia hispano-romana (Díaz, 2014Díaz, Pablo de la Cruz (2014). “Concilios y obispos en la península ibérica (siglos VI-VIII)”. En: Chiese locali e chiese regionali nell’alto medioevo, LXI Settimane di Studio dell Fondazione Centro di Studi sull’Alto Medioevo (Spoleto, 4-9 aprile 2013). Spoleto: Fondazione Centro di Studi sull’Alto Medioevo, pp. 1095-1158.
).
6. Conclusiones
⌅Las sedes episcopales tardorromanas y sus obispos mantuvieron un protagonismo indiscutible en la esfera social, económica y política del reino visigodo de Toledo. Esto demuestra, entre otras muchas cuestiones, que la mayor parte de las ciudades mantuvieron un papel clave en el funcionamiento y administración del reino y fueron parte indiscutible del armazón sociocultural del mismo. Sin embargo y pese a que históricamente las sedes episcopales se habían asentado en ciudades, la imagen urbana del centro peninsular ‒más allá de la capital y sede metropolitana, Toledo, y la nueva ciudad de Reccopolis‒, estaba profundamente debilitada, provocando que las nuevas fundaciones episcopales no se organizasen en torno a ciudades como, por otro lado, era exigido por la norma canónica. ¿Dónde se ubicaban, entonces, las sedes físicas de los obispos? En los tres casos analizados, la realidad arqueológica documentada nos empuja a plantear que desde la primera mitad del siglo VI no había un centro urbano clave en la jerarquización del paisaje, sino más bien un tipo de asentamiento disperso y polinuclear, en el que el obispo debió ejercer su control, suponemos con resortes de poder diferentes a los que podía desarrollar en ciudades como Toledo, Barcelona o Zaragoza. Es probable que las diócesis analizadas estuviesen formadas por una red de núcleos de pequeño tamaño ‒a excepción de Reccopolis, incluida en el territorio arcavicense‒, así como iglesias rurales ‒por ahora sin documentar‒ y monasterios, que quedarían bajo dependencia episcopal.
Las sedes sine urbe analizadas fueron producto evidente de una necesidad del reino visigodo ‒y quizá también de las elites locales de la zona, que pudieron apoyar o promover estas fundaciones, a la vez que perseguían sus propios intereses‒ que, conscientes de que únicamente era lícito erigir nuevas sedes en ciudades, utilizaron las demarcaciones territoriales preexistentes, como las de Valeria o Ercavica, para ordenar el espacio y reforzar la estructura piramidal de la Iglesia. Los episcopados, en la parte alta de la organización, tuvieron en las relaciones sociales con la comunidad uno de los elementos trascendentales en su vida y en su perduración en el tiempo. En este sentido, más allá de valor estratégico y el papel como elemento vertebrador del territorio que estos obispados debieron de tener, no es descartable que hubiese suficiente población en la zona ‒aunque invisible por el momento arqueológicamente‒, como para justificar la exigencia de la creación de nuevas sedes en un paisaje eminentemente desurbanizado, dentro de patrones propios de un contexto altomedieval.
En este escenario, el caso de Complutum presenta particularidades en gran parte causadas por unas fuentes documentales parcas a la hora de identificar la existencia del obispado, lo que de hecho nos ha empujado a plantear la posibilidad de que el mismo no hubiese existido hasta pleno periodo visigodo. Sea como fuere, los datos materiales de los que disponemos señalan que el núcleo habitacional que había constituido la ciudad, se encuentra muy transformado a principios del siglo VII, dando lugar a un hábitat polinuclear, similar probablemente al que tendríamos en los territorios de Arcavica y Valeria. Sedes sine urbe que, pese a no haber dejado por el momento huella arqueológica de su existencia, debieron organizar un amplio territorio hasta que el mundo emiral reorganizase, de nuevo otra vez, la vida y las gentes de esta zona del interior peninsular.
Declaración de conflicto de intereses
⌅Los/as autores/as de este artículo declaran no tener conflictos de intereses financieros, profesionales o personales que pudieran haber influido de manera inapropiada en este trabajo.
Fuentes de financiación
⌅Este trabajo es resultado de las investigaciones desarrolladas dentro de los proyectos SUBRECC (PID2022-136708NA-I00), financiado por MCIN/AEI /10.13039/501100011033/ y por FEDER. Una manera de hacer Europa; y por RECCULT (SBPLY/21/180501/000205), financiado por el programa de Investigación Científica y Transferencia de Tecnología de la Junta de Comunidades de Castilla, y por la Unión Europea a través del Fondo Europeo de Desarrollo Regional.
Pilar Diarte-Blasco es investigadora Ramón y Cajal (RYC2018-025646-I) en el Dpto. de Arqueología y Procesos Sociales en el Consejo Superior de Investigaciones Científicos (Instituto de Historia, Madrid). Manuel Castro-Priego es Profesor Ayudante Doctor en la Universidad de Alcalá (Área de Arqueología, Dpto. de Historia y Filosofía).
Declaración de contribución de autoría
⌅Pilar Diarte-Blasco: conceptualización, curación de datos, análisis formal, obtención de fondos, investigación, metodología, administración de proyecto, redacción - borrador original, redacción - revisión y edición.
Manuel Castro-Priego: conceptualización, curación de datos, análisis formal, obtención de fondos, investigación, metodología, administración de proyecto, redacción - borrador original, redacción - revisión y edición.