Corrigendum
⌅La dirección de la revista Archivo Español de Arqueología, en aplicación de las directrices marcadas por la Guía de Buenas Prácticas de la Editorial CSIC y las recomendaciones de los comités internacionales de ética editorial, ha acordado incluir algunos cambios, debido a falta de información precisa sobre la autoría de algunos análisis y materiales presentados, en el trabajo publicado por José Carlos Sánchez Pardo, Mario Pereiro Fernández, Francisco Alonso Toucido y Mario César Vila titulado “La materialidad de un poder altomedieval. Estudio arqueológico de O Castelo de Portomeiro (Val do Dubra, A Coruña)”, Archivo Español de Arqueología, vol. 97, https://doi.org/10.3989/aespa.097.024.722. Estos cambios están motivados por el aviso de Alba L. Carneiro Alonso a la dirección de la revista informando de la existencia de falta de información sobre la autoría de algunos análisis y materiales, así como de una posible práctica académica poco apropiada. En concreto, dicha especialista argumenta y evidencia que, a pesar de que el artículo ha seguido el procedimiento de evaluación pertinente (revisión por Consejo de Redacción y doble ciego por expertos), los autores incluyeron análisis, dibujos y fotografías de material cerámico que corresponden a su autoría, atribuyéndoselos indebidamente y sin haber solicitado su autorización. Estos materiales fueron elaborados en el marco de su Trabajo de Fin de Máster (Carneiro Alonso, A. L., 2021. Estudio de materiales del Castelo de Portomeiro (Val do Dubra, A Coruña), Universidad de Santiago de Compostela), así como durante el estudio de materiales del yacimiento arqueológico que llevó a cabo para la empresa Tempos Arqueólogos en 2021. Al verificar la dirección de la revista dichos términos con los autores, quienes en todo momento reconocieron el error y se mostraron dispuestos a subsanarlo, la Editorial CSIC tomó la decisión de solventar dicha falta de información sobre la autoría de los referidos análisis y materiales. Se ofreció a Alba L. Carneiro la posibilidad de ser incorporada como autora del artículo o bien incluir en este las debidas menciones a la autoría de sus análisis y materiales. La especialista optó por esta segunda opción. En particular, en el texto se han añadido varias referencias bibliográficas (Carneiro Alonso 2021 y 2022, Fernández-Pereiro 2021, 2022, 2023, y Ramos Soriano 2023), y en la pág. 22 se ha indicado que el estudio de algunos materiales fue llevado a cabo por Alba Lucía Carneiro Alonso y Mario Ramos Soriano en el marco de los referidos proyectos de excavación y de un Trabajo Final de Máster (Carneiro Alonso 2021 y 2022, Ramos Soriano 2023). En el pie de Fig. 19 se ha sustituido la frase "(dibujo de los autores)" por "(Carneiro Alonso 2021a, p. 76; Carneiro Alonso 2021b, p. 55)" y en el pie de la Fig. 20 se ha sustituido "(dibujo de los autores)" por "(Carneiro Alonso 2021b, p. 27, y Carneiro Alonso 2021b, p. 31”. Los autores y Archivo Español de Arqueología lamentan la situación generada y piden disculpas a sus lectores. No se tendrán en consideración las posibles réplicas, contrarréplicas o comentarios a esta decisión editorial. Madrid, 24 de julio de 2025.
1. Introducción
⌅El
estudio arqueológico de las fortificaciones y su papel en las dinámicas
sociopolíticas del norte peninsular en la Alta Edad Media ha
experimentado un importante auge en los últimos diez años. Prueba de
ello es la publicación de tres volúmenes colectivos que recopilan tanto
casos concretos de estudio como síntesis regionales y que ponen sobre la
mesa datos y preguntas de gran calado sobre la configuración de los
poderes sociopolíticos mucho antes de que cristalizara la articulación
feudal (Gutiérrez González, 2020-2021Gutiérrez González, J. A. (Coord.) (2020-2021).
La creación de los primeros paisajes fortificados medievales en el
noroeste peninsular: Castillos y fortificaciones en el periodo de la
monarquía asturiana (c. 720-910). Cuadernos de Arquitectura y Fortificación, 7. Madrid: Ediciones La Ergástula.
; Catalán, Fuentes y Sastre, 2014Catalán, R., Fuentes, P. y Sastre, J. C. (Eds.) (2014). Fortificaciones en la Tardoantigüedad. Élites y articulación del territorio (siglos V-VIII d.C.). Madrid: La Ergástula.
; Quirós Castillo y Tejado Sebastián, 2012Quirós Castillo, J. A. y Tejado Sebastián, J. M. (Coords.) (2012). Los castillos altomedievales en el noroeste de la Península Ibérica. Bilbao: Universidad del País Vasco.
).
Estos trabajos siguen la estela de una renovación a escala europea de
los estudios arqueológicos sobre fortificaciones y en general, las
plasmaciones del poder en los paisajes de la Alta Edad Media (Baker, Brookes y Reynolds, 2013Baker, J., Brookes, S. y Reynolds, A. (Eds.) (2013). Landscapes of Defence in Early Medieval Europe. Turnhout: Brepols.
; Carroll, Reynolds y Yorke, 2019Carroll, J., Reynolds, A. y Yorke, B. (Eds.) (2019). Power and Place in Europe in the Early Middle Ages. Oxford: Oxford University Press.
).
Para el norte de la península ibérica, esto está suponiendo un avance
con respecto a los trabajos meramente descriptivos de las
fortificaciones, derivados de la “castellología”, de cara a comprender
de forma compleja su papel en las dinámicas sociopolíticas de estos
siglos (Quirós Castillo, 2013Quirós
Castillo, J. A. (2013): “Defensive sites of the Early Middle Ages in
North-West Spain”. En Baker, J., Brookes, S. y Reynolds, A. (Eds.). Landscapes of Defence in Early Medieval Europe. Turnhout: Brepols, pp. 303-339.
).
En el caso concreto de Galicia, y dejando a un lado el tema de las ocupaciones de lugares en altura entre los siglos IV-VI (Tejerizo y Rodríguez, 2021Tejerizo García, C. y Rodríguez González, C. (2021). “Más allá de los castella tutiora: la ocupación de asentamientos fortificados en el noroeste peninsular (siglos IV-VI)”. Gerión, 39 (2), pp. 717-745. DOI: https://doi.org/10.5209/geri.78125
; Fernández-Pereiro, 2023Fernández-Pereiro,
M. (2023). “La articulación del paisaje posromano en la Gallaecia del
s. V. Una aproximación a través de las evidencias arqueológicas”. En
Carvajal Castro, Á. y Tejerizo García, C. (Coords.). El Estado en la Alta Edad Media: Nuevas aproximaciones teóricas y metodológicas. Bilbao: Universidad del País Vasco.
),
la mayor parte de los datos sobre posibles fortificaciones
altomedievales anteriores al año 1000 hasta hace pocos años procedían
únicamente de prospecciones de superficie, tal y como explicamos en un
anterior trabajo (Sánchez Pardo, 2012Sánchez-Pardo,
J. C. (2012). “Castros, castillos y otras fortificaciones en el paisaje
sociopolítico de Galicia (siglos IV-XI)”. En Quirós Castillo, J. A. y
Tejado Sebastián, J. M. (Coords.), Los castillos altomedievales en el noroeste de la península ibérica. Vitoria: Universidad del País Vasco, pp. 29-55.
). Destacamos entre ellos los casos de estudio aportados por J. Garrido (1987)Garrido Rodríguez, J. (1987). Fortalezas de la antigua provincia de Tuy. Pontevedra: Diputación Provincial de Pontevedra.
, J. López Quiroga (2002)López
Quiroga, J. (2002). “Fluctuaciones del poblamiento y hábitat
fortificado de altura en el noroeste de la Península Ibérica (siglos
V-IX)”. En Mil anos de fortificações na Península e no Magreb (500-1500): actas do Simposio Internacional sobre Castelos. Lisboa: Colibri, pp. 83-91.
, C. A. González Paz (2009)González
Paz, C. A. (2009). “Catro exemplos de fortificacións altomedievais
galegas do século X: Castellum de Aranga, Castellum Minei, Castellum
Berreti e Castellum de Citofacta, Rudesindus”. En San Rosendo. Su tiempo y su legado. Santiago de Compostela: Xunta de Galicia, pp. 359-368.
, M. Gago (2011)Gago
Mariño, M. (2011). “Castillos (casi) en el aire. Una aproximación a las
fortificaciones tardorromanas y altomedievales en Galicia”. Castillos de España, 164-165, pp. 23-32.
, J. C. Sánchez Pardo y C. Galbán Malagón (2015)Sánchez-Pardo,
J. C., y Galbán Malagón, C. J. (2015). “Fortificaciones de altura en el
entorno de Santiago de Compostela. Hacia un primer análisis
arqueológico comparativo”. Nailos: Estudios Interdisciplinares de Arqueología, 2, pp. 125-161.
, M. Fernández-Pereiro (2016Fernández-Pereiro,
M. (2016). “O Faro de Budiño: Uma outra fortaleza tardoantiga?”. En
Martínez Caballero, S., Cabañero Martín, V. M. y Merino Bellido, C.
(Coords.). Arqueología en el Valle del Duero, del Paleolítico a la
Edad Media: Actas IV Jornadas de Jóvenes Investigadores del Valle del
Duero. Madrid: Glyphos Publicaciones pp 349-362.
, 2019)Fernández-Pereiro, M. (2019). Recintos fortificados en altura na costa atlántica galega. Un estudo arqueolóxico. Tesis doctoral. Universidade de Santiago de Compostela.
y R. Valdés Blanco-Rajoy (2008Valdés Blanco-Rajoy, R. (2008). “Las fortalezas medievales que jalonaban la ruta jacobea entre Santiago y Betanzos”. En Caminería Hispánica. Actas del VIII Congreso Internacional, Madrid: CEDEX, pp. 1-19.
, 2020)Valdés Blanco-Rajoy, R. (2020). “Fortalezas de la Ribeira Sacra en el entorno del monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil”. Madrygal. Revista de Estudios Gallegos, 23, pp. 375-399. DOI: https://doi.org/10.5209/madr.73078
, así como las recopilaciones contenidas en los blogs de Manuel Gago
1
http://www.manuelgago.org/blog/category/republicas-de-homes-libres/ (consultado el 29-12-23)
y Xabier Moure2
https://onosopatrimonio.blogspot.com/2011/07/castelos-de-galiza.html (consultado el 29-12-2023)
y en el proyecto colaborativo patrimoniogalego.org. Pese a su
importancia como primeras aproximaciones al tema, el problema de todos
estos trabajos basados únicamente en prospecciones es que no nos
permiten manejar características, cronologías y secuencias de ocupación
precisas y fiables para este tipo de yacimientos.
Afortunadamente,
en los últimos cinco años la situación ha comenzado a cambiar con la
realización y publicación de cuatro intervenciones arqueológicas en
fortificaciones de cronología altomedieval en Galicia: Faro de Budiño (Fernández-Pereiro, Sánchez Pardo y Alonso Toucido, 2020Fernández-Pereiro,
M., Sánchez Pardo, J. C. y Alonso Toucido, F. (2020). “Fortificaciones y
control del territorio en la Gallaecia Altomedieval. Estudio
arqueológico del yacimiento de Faro de Budiño (O Porriño, Pontevedra)”. Munibe Antropologia - Arkeologia, 71, pp. 163-180.
), Castelo de Rubiás (García Losquiño et al., 2023García
Losquiño, I., Sánchez-Pardo, J. C., Otero Vilariño, C., Sanjurjo, J. y
Gago Mariño, M. (2023). “Fortificaciones altomedievales en torno a Lugo
(Galicia, España): Estudio arqueológico del yacimiento de O Castelo de
Rubiás”. En Pergola, P. (Ed.). Perchement et Réalités Fortifiées en Méditerranée et en Europe, Vème-Xème Siècles, Oxford: Archaeopress, pp. 202-212. DOI: https://doi.org/10.2307/jj.2711709.24
), Castelo da Veiga (Nión Álvarez et al., 2023Nión-Álvarez,
S., Sánchez-Pardo, J. C., Alonso Toucido, F., Fernández-Rodríguez, C.,
Otero Vilariño, C., Carneiro Alonso, A. y Silva Alvite, V. (2023).
“Definiendo cronologías cerámicas y procesos de fortificación
altomedievales desde el noroeste peninsular”. Lucentum, (42), pp. 341-356. DOI: https://doi.org/10.14198/LVCENTVM.23266
) y Castelo de San Salvador de Todea (Rodríguez Novoa et al., 2022Rodríguez
Nóvoa, A. A., Fernández-Fernández, A., Valle Abad, P. y Pérez
Rodríguez, F. J. (2022). “Origen, evolución y desarrollo de un castillo
medieval del interior de Galicia. El caso del castillo roquero de San
Salvador de Todea (Allariz, Ourense)”. Munibe Antropologia-Arkeologia, 73, pp. 205-228.
).
Se trata de excavaciones que están aportando los primeros contextos
bien documentados y datados en Galicia tanto de estructuras como de
conjuntos cerámicos en yacimientos fortificados de época altomedieval,
principalmente entre los siglos VIII-X. Sin embargo, hay que reconocer
que hasta el momento se trata de intervenciones pequeñas, basadas en uno
o dos sondeos y, por tanto, sus resultados son limitados. Es por ello
por lo que en el presente trabajo presentamos el primer caso de
excavación a mayor escala en un yacimiento fortificado de época
altomedieval, como son las tres campañas realizadas en O Castelo de
Portomeiro (Val do Dubra, A Coruña), durante los años 2020, 2021 y 2022.
Afortunadamente,
en los últimos cinco años la situación ha comenzado a cambiar con la
realización y publicación de cuatro intervenciones arqueológicas en
fortificaciones de cronología altomedieval en Galicia: Faro de Budiño (Fernández-Pereiro, Sánchez Pardo y Alonso Toucido, 2020Fernández-Pereiro,
M., Sánchez Pardo, J. C. y Alonso Toucido, F. (2020). “Fortificaciones y
control del territorio en la Gallaecia Altomedieval. Estudio
arqueológico del yacimiento de Faro de Budiño (O Porriño, Pontevedra)”. Munibe Antropologia - Arkeologia, 71, pp. 163-180.
), Castelo de Rubiás (García Losquiño et al., 2023García
Losquiño, I., Sánchez-Pardo, J. C., Otero Vilariño, C., Sanjurjo, J. y
Gago Mariño, M. (2023). “Fortificaciones altomedievales en torno a Lugo
(Galicia, España): Estudio arqueológico del yacimiento de O Castelo de
Rubiás”. En Pergola, P. (Ed.). Perchement et Réalités Fortifiées en Méditerranée et en Europe, Vème-Xème Siècles, Oxford: Archaeopress, pp. 202-212. DOI: https://doi.org/10.2307/jj.2711709.24
), Castelo da Veiga (Nión Álvarez et al., 2023Nión-Álvarez,
S., Sánchez-Pardo, J. C., Alonso Toucido, F., Fernández-Rodríguez, C.,
Otero Vilariño, C., Carneiro Alonso, A. y Silva Alvite, V. (2023).
“Definiendo cronologías cerámicas y procesos de fortificación
altomedievales desde el noroeste peninsular”. Lucentum, (42), pp. 341-356. DOI: https://doi.org/10.14198/LVCENTVM.23266
) y Castelo de San Salvador de Todea (Rodríguez Novoa et al., 2022Rodríguez
Nóvoa, A. A., Fernández-Fernández, A., Valle Abad, P. y Pérez
Rodríguez, F. J. (2022). “Origen, evolución y desarrollo de un castillo
medieval del interior de Galicia. El caso del castillo roquero de San
Salvador de Todea (Allariz, Ourense)”. Munibe Antropologia-Arkeologia, 73, pp. 205-228.
).
Se trata de excavaciones que están aportando los primeros contextos
bien documentados y datados en Galicia tanto de estructuras como de
conjuntos cerámicos en yacimientos fortificados de época altomedieval,
principalmente entre los siglos VIII-X. Sin embargo, hay que reconocer
que hasta el momento se trata de intervenciones pequeñas, basadas en uno
o dos sondeos y, por tanto, sus resultados son limitados. Es por ello
por lo que en el presente trabajo presentamos el primer caso de
excavación a mayor escala en un yacimiento fortificado de época
altomedieval, como son las tres campañas realizadas en O Castelo de
Portomeiro (Val do Dubra, A Coruña), durante los años 2020, 2021 y 2022.
2. Localización y descripción general
⌅El yacimiento de O Castelo de Portomeiro ocupa la cumbre y, potencialmente, las laderas del llamado monte Maior o monte Castelo, en la parroquia de San Cosme de Portomeiro, en el ayuntamiento de Val do Dubra, provincia de A Coruña, a 12 km al noroeste en línea recta de la ciudad de Santiago de Compostela (Fig. 1).
El monte Castelo constituye una
elevación solitaria y prominente de 406 m de altura máxima sobre el
nivel del mar, con el río Tambre al sur y la fértil llanura de la aldea
de Portomeiro al norte. A nivel físico, destaca por la presencia de
grandes y abundantes bolos graníticos que afloran por toda su
superficie, y de manera especial, en su cumbre (Fig. 2).
Esta cumbre constituye una pequeña plataforma natural relativamente
llana de forma ovalada con un eje máximo este-oeste de unos 72 m de
largo y otro norte-sur de unos 45 m, con un área aproximada de 2900 m2,
si bien los numerosos batolitos graníticos ya indicados disminuyen
considerablemente su superficie útil. Desde distintos puntos de la
cumbre se obtiene un amplio dominio visual del territorio circundante,
destacando especialmente el control de uno de los pasos históricos del
río Tambre, el llamado “Porto do Crego” y el contacto directo con otras
cumbres próximas entre las que cabe señalar la que ocupa el yacimiento
de Castromaior, de cronología aparentemente prehistórica, pero con
posible ocupación altomedieval (Sánchez Pardo y Galbán Malagón, 2015Sánchez-Pardo,
J. C., y Galbán Malagón, C. J. (2015). “Fortificaciones de altura en el
entorno de Santiago de Compostela. Hacia un primer análisis
arqueológico comparativo”. Nailos: Estudios Interdisciplinares de Arqueología, 2, pp. 125-161.
).
El estado de conservación del yacimiento es irregular, ya que ha sido alterado por plantaciones de eucalipto ‒principalmente en la cumbre y las laderas norte y oeste‒, las diferentes pistas de acceso, y una antigua cantera de granito en la ladera suroeste. En la cumbre del monte es donde se encuentra mejor conservado el asentamiento, y ya en nuestras primeras visitas, antes de las excavaciones, se podían identificar fácilmente diversas estructuras arqueológicas a pesar de la vegetación. El recinto se encuentra cerrado por una muralla ovalada que conserva casi todo su perímetro, alcanzado una altura máxima próxima a 1 m en la mayor parte de su trazado. En la zona sur se disponen las dos entradas conocidas al interior del recinto. Por una parte, la más moderna semeja proceder de una destrucción reciente de la muralla, creada para facilitar el acceso a la cumbre. Y, al oeste de esta, se sitúa una puerta que preserva, entre grandes bloques de granito, las dos jambas y el umbral. Informaciones orales indican que, hasta hace relativamente poco, se conservaba el dintel en la zona. En el interior del recinto fortificado se identificaban a simple vista varias estructuras murales en superficie, siendo posible individualizar varios edificios. Estos son de formas regulares, rectangulares o cuadrangulares, y aprovechan los bolos graníticos existentes en superficie para encajarse. También se documentaban en superficie abundantes restos de teja y algunos pequeños fragmentos de cerámica de cocción reductora.
No tenemos constancia de ninguna referencia
escrita en las fuentes medievales ni, que sepamos, en posteriores. El
primer estudio del yacimiento lo realiza Xerardo Agrafoxo, a inicios de
la década de 1990 como parte de una obra sobre los castros de la comarca
(Agrafoxo, 1992Agrafoxo, X. (1992). O hábitat castrexo no Val de Barcala, Amaía e o Val do Dubra. Santiago de Compostela: Gráficas Sementeira.
).
Este autor, tras una prospección de superficie, lo identifica como un
castro de la Edad del Hierro, pero la abundante vegetación que encuentra
en el lugar no le permiten aportar datos más allá de sus
características generales. Posteriormente, a finales de la década de
1990, se realizan diversas prospecciones para su catalogación en el
inventario de la Dirección Xeral de Patrimonio Cultural de la Xunta de
Galicia (Caramés Moreira, 1999Caramés Moreira, V. (1999). Ficha de Catalogación: Castelo de Portomeiro. Santiago de Compostela: Servizo de Arqueoloxía. Dirección Xeral da Xunta de Galicia.
; López-Felpeto Gómez, 1999López-Felpeto Gómez, M. A. (1999). Ficha de Catalogación: Castelo de Portomeiro, Santiago de Compostela: Servizo de Arqueoloxía. Dirección Xeral da Xunta de Galicia.
).
En ellas se identificaba ya como un yacimiento romano-medieval.
Concretamente, en estas prospecciones se documentaron diversos
materiales en superficie, parte de los cuales fueron depositados en el
Museo Arqueolóxico Provincial de A Coruña. Se trataba de restos de
tejas, un fragmento de vidrio de un posible ungüentario, cerámicas ocres
de posible cronología tardorromana y otras cerámicas de cocción
reductora y factura más ruda. En el año 2010, el periodista y reconocido
divulgador cultural Manuel Gago publicó en su blog un reportaje sobre
este yacimiento, apuntando también a su posible cronología altomedieval
3
http://www.manuelgago.org/blog/2010/03/27/republicas-de-homes-libres-santuarios-e-castelos-na-beira-do-tambre/ (consultado el 3-1-2024)
.
Posteriormente, O Castelo de Portomeiro también fue incluido dentro de
una breve revisión general de las posibles fortificaciones
altomedievales en altura situadas en las proximidades de Santiago de
Compostela (Sánchez Pardo y Galbán Malagón, 2015Sánchez-Pardo,
J. C., y Galbán Malagón, C. J. (2015). “Fortificaciones de altura en el
entorno de Santiago de Compostela. Hacia un primer análisis
arqueológico comparativo”. Nailos: Estudios Interdisciplinares de Arqueología, 2, pp. 125-161.
).
Finalmente, O Castelo de Portomeiro fue analizado mediante
teledetección digital y prospección de superficie como parte de la tesis
doctoral de Mario Pereiro sobre recintos fortificados en la Galicia
occidental (Fernández-Pereiro, 2019Fernández-Pereiro, M. (2019). Recintos fortificados en altura na costa atlántica galega. Un estudo arqueolóxico. Tesis doctoral. Universidade de Santiago de Compostela.
).
Este trabajo permitió caracterizar el yacimiento y realizar una
hipótesis de su extensión y cronología altomedieval, pero sin poder
formular una propuesta concreta sobre sus fechas de ocupación y
funcionalidad. El nivel de conservación de las estructuras y la escasa
sedimentación en la cumbre del monte, permitían en muchos casos
identificar edificaciones completas sin necesidad de excavarlas.
Dado el interés de toda esta información precedente, se realizaron tres campañas arqueológicas durante los años 2020, 2021 y 2022 bajo la dirección científica de José Carlos Sánchez Pardo y técnica de Mario Pereiro, con el objetivo de documentar sus estructuras y comprender su funcionalidad, cronología y fases de ocupación. Estas campañas fueron financiadas por el proyecto Ramón y Cajal “Arqueología tardoantigua y medieval en Galicia” y el Convenio USC-Gain Oportunius, ambos coordinados por José Carlos Sánchez Pardo con la colaboración económica en dos de ellas de la Diputación de A Coruña. Se excavaron así 7 sondeos en distintas zonas del yacimiento: muralla, puerta y edificios interiores, exhumando una superficie total aproximada de 250 m2 (Fig. 3). También cabe destacar el importante esfuerzo realizado en obtener dataciones absolutas para este yacimiento, con un total de 14 dataciones radiocarbónicas AMS realizadas en los laboratorios de Beta (EE. UU.) a lo largo de los tres años 4 Ver Tabla 1 y Figura 18 . Este hecho convierte a este yacimiento en uno de los más ampliamente datados de todo el norte peninsular, aunque, como veremos, esto no implica que podamos afinar todo lo que quisiéramos sus cronologías.
En las siguientes páginas realizaremos un resumen detallado de los principales resultados de estas campañas (Fernández-Pereiro 2021Fernández-Pereiro, M. (2021). Memoria interpretativa: Sondaxes no Castelo de Portomeiro - Xuño 2020. Servizo de Arqueoloxía. Dirección Xeral de Patrimonio da Xunta de Galicia.
, 2022Fernández-Pereiro, M. (2022). Memoria Interpretativa: Escavación arqueolóxica e consolidación do Castelo de Portomeiro (Val do Dubra, A Coruña). Campaña 2021. Servizo de Arqueoloxía. Dirección Xeral de Patrimonio da Xunta de Galicia.
, 2023Fernández-Pereiro, M. (2023). Memoria Interpretativa: Escavación arqueolóxica do Castelo de Portomeiro (Val do Dubra, A Coruña). Campaña 2022. Servizo de Arqueoloxía. Dirección Xeral de Patrimonio da Xunta de Galicia.
),
dividiendo nuestra exposición en los elementos principales del
yacimiento: sistema defensivo, puerta, estructuras internas, y cultura
material mueble, para finalmente realizar una interpretación global
sobre el carácter, funcionalidad y posible contexto sociopolítico de
este yacimiento.
3. El sistema defensivo: muralla y puerta
⌅El yacimiento de O Castelo de Portomeiro está completamente rodeado por una muralla que cierra la cumbre del monte. De todos modos, no es descartable que el sistema defensivo del asentamiento sea más complejo y que incluya otros recintos concéntricos a lo largo de la ladera del monte. De hecho, a unos 100 m ladera abajo, en la zona norte se conservan una serie de acumulaciones de mampostería de granito y rebajes en los batolitos, que podrían indicar una primera línea muraria en esta zona. Desgraciadamente, la densidad de la vegetación en toda la ladera sumada a la fuerte alteración del entorno debido al uso de maquinaria pesada en el proceso de plantación de eucalipto, no nos permite confirmar o refutar esta hipótesis hoy en día.
Centrándonos por tanto en el recinto amurallado de la cumbre, hay que señalar que posee una forma ovalada con un eje máximo este-oeste de unos 72 m de largo y otro norte-sur de unos 45 m (Fig. 3). Se conforma así un perímetro aproximado (a falta de limpiar y excavar su totalidad) de 190 m de longitud que engloba en su interior una superficie de unos 2900 m2. La zona mejor conservada de este recinto, donde es visible la muralla en superficie, se sitúa en el lado sur, enmarcada entre dos grandes afloramientos rocosos (Fig. 4). Curiosamente, es en esta zona donde se sitúa un acceso moderno que corta perpendicularmente al recinto. La zona norte de este sistema defensivo se encuentra colmatada por sedimento, siendo identificable el trazado en gran parte de su recorrido. Un gran conjunto de afloramientos graníticos cierra el sistema defensivo por el lateral este.
El trazado de la muralla es fácil de seguir, bien sea porque se observa la cara exterior de la misma o bien por la propia elevación del terreno. La única excepción ocurre cuando el trazado de la muralla coincide con grandes afloramientos graníticos. En estos casos normalmente no se conserva estructura, por lo que hay que seguirla a partir de los negativos tallados en la roca. Además, el recorrido de la muralla viene marcado en casi toda su extensión por un muro mucho más estrecho de cierre de finca situado encima de la misma (Fig. 5). Fue el anterior propietario del terreno, José Mansilla, quien construyó este muro siendo niño, en compañía de su padre, a mediados del s. XX. En la campaña del año 2022, este muro agrícola (UE 4205) fue documentado y parcialmente retirado, ya que se asentaba encima del derrumbe de un edificio altomedieval (UE 4203) del cual, según el propio testimonio de José Mansilla, se retiró el material pétreo necesario para su construcción.
Más allá de lo que se aprecia a través de la prospección superficial del sistema defensivo, también se recopiló información de este durante las diferentes campañas de excavación. El llamado sector 2000 engloba las distintas intervenciones realizadas en el sistema defensivo, comprendiendo hasta la fecha dos sondeos realizados directamente por su cara exterior, con una extensión total de unos 32 m2, a lo que habría que añadir la excavación del Edificio 4 que, al estar adosado a la muralla, completó datos sobre su cara interior.
En la campaña del 2022, se realizó un sondeo (s2200) en la cara exterior de la muralla (Fig. 6A) que continuaba el formulado en el interior (s4200). En esta zona, la muralla (UE 2204) utilizaba un afloramiento granítico (UE 2205) como apoyo, y es en ese sector donde se conserva algo de la cara exterior (Fig. 6B), ya que en el resto de la zona excavada se encuentra en muy mal estado de conservación. Se retiró completamente uno de los dos niveles de derrumbe (UE 2202), quedando el inferior parcialmente excavado (UE 2203) debido al riesgo de colapso de la muralla. Así se pudo documentar que la muralla alcanza en esta zona una anchura de 280 cm por 120 cm de altura. Puesto que semeja bastante homogénea en su conjunto, es probable que el ancho general de la muralla tenga unas medidas similares. En cambio, la altura sería superior, ya que aún quedó potencia de derrumbe sin retirar por razones de seguridad.
Por otra parte, en la campaña de 2020, se excavó parcialmente una puerta situada en la zona suroeste del recinto, que ya había sido documentada durante la prospección superficial (Fig. 7). Este acceso se configura como una apertura exterior de 80 cm que se abre hacia el interior, de manera abocinada. En las grandes piedras que conforman la solera se documentaron unos rebajes para la colocación de un gozne para la puerta y para cierres, presumiblemente de hierro, a tenor de los restos metálicos encontrados en ellos. Esta puerta se excavó parcialmente debido al riesgo de colapso de las paredes laterales del acceso.
En la cara exterior de la puerta ser realizó un pequeño sondeo que permitió conocer parcialmente la secuencia de construcción de la muralla (Fig. 8). Por un lado, se documentó una pequeña estructura de mampostería que se conservaba en la zona oeste del sondeo (UE 2109) y un nivel homogéneo compuesto por tierra orgánica y bolsas de roca descompuesta (UE 2110). Esto se interpretó como la fase de uso de esta zona, compuesta por un posible empedrado de acceso a la puerta, parcialmente conservado, y una nivelación previa del sedimento en las primeras etapas de construcción de la muralla (Fig. 9). De esta nivelación del sedimento procede la muestra de carbón vegetal CP20-Mo10-UE2110 que fue enviada a datar y ofreció un intervalo 321-428 cal AD (89,1 %). Durante la excavación de la puerta, sobre la solera de la misma, se localizó una concha de ostra, que también fue enviada a datar (CP20-Mo14-UE2106). El problema que tiene esta muestra es que, al desconocer el lugar exacto de procedencia y, por tanto, el valor asociado de efecto reservorio marino (Delta R), no podemos obtener una calibración fiable. Usando un valor Delta R de -168 obtenemos un intervalo que abarca toda la Alta Edad Media (ss. VI-X d. C.), mientras que con un valor positivo de +153 el resultado de probabilidades abarca los siglos IX-XIII. Por lo tanto, podemos apuntar a que el abandono y colmatación de la puerta, en cuyo depósito se localizaba esta concha, se produjo en algún momento de ambos intervalos, siendo más probable en torno al siglo X, tal y como muestran las dataciones de otros edificios que luego explicaremos.
La técnica de construcción de la muralla es homogénea en todos los sectores descubiertos. Presenta doble paramento de mampostería regular, con relleno interno de pedregullo y tierra, que se asienta sobre la roca natural en algunos puntos mientras que, en otros, como por ejemplo en la puerta, lo hace sobre sedimentos orgánicos. La técnica de construcción de los paramentos de la muralla es singular, ya que se realiza mediante lajas semirregulares horizontales de granito con reducida altura. Hay que destacar la presencia de una hendidura horizontal, situada a una altura aproximada de 50-60 cm sobre la cota de nivel de uso, que se aprecia tanto en la zona de la puerta como en la excavación de la cara interior de la muralla realizada en 2022. Que en dos puntos tan distantes se aprecie el mismo fenómeno, nos hace pensar que no es casual, sino que se relaciona con la historia de construcción de la muralla. En un primer momento podría plantearse que se trata de dos fases históricas distintas, concretamente que la muralla altomedieval se haya levantado sobre la base de una muralla prehistórica castreña conservada, lo que explicaría dicho corte. Sin embargo, la muralla se erige directamente sobre el mismo nivel de sedimento que encontramos por todo el yacimiento y que incluye la destrucción o alteración de la fase castreña. Además, el hecho de que la muralla esté asentada sobre la tierra y no en la roca, no parece concordar con las técnicas constructivas de la cultura castreña galaica. Descartada (al menos en el estado actual de la investigación) esta posibilidad, podemos pensar en dos hipótesis basadas en la idea de que toda la muralla conservada pertenece a la fase altomedieval. La primera implica que en un primer momento se construiría todo el perímetro del castillo hasta la altura de la hendidura. Esto permitiría delimitar la extensión total del recinto fortificado y empezar o continuar la construcción de los edificios internos. A continuación, se avanzaría subiendo la muralla con otro alzado similar de unos 50-60 cm. Este modo de construcción finalizaría cada tramo con unas losas de granito de pequeño tamaño. Otra posible explicación sería un sistema de construcción similar a un opus vittatum con el objetivo de garantizar una mayor durabilidad de los paramentos de la muralla, alternar losas de gran tamaño, con bandas de menor dimensión y así favorecer una mayor adaptabilidad a movimientos estructurales. La banda de losas de menor tamaño sería el punto frágil de la construcción, y parece haber desaparecido a causa de la erosión y de los procesos postdeposicionales, quedando las grietas o hendiduras que documentamos en los dos sectores. Es destacable a su vez el empleo de tegula como ripio en algunos puntos de la muralla.
4. El interior de o castelo de portomeiro
⌅Dentro de la zona amurallada es donde se ha desarrollado el mayor esfuerzo en las tres campañas de excavación, con una superficie abierta próxima a los 240 m2, dividida en tres sectores diferentes del interior del castillo. Estos tres sectores se corresponden con un número similar de estructuras independientes. Como ya mencionamos, la relativa facilidad de identificación de estructuras murales durante las prospecciones en el yacimiento, sumado a la continua limpieza vegetal de los últimos años, permite planificar los sectores de excavación, asociarlos a diferentes edificios y formular hipótesis sobre la distribución interna del espacio en el castillo (Fig. 10).
El interior de O Castelo de Portomeiro no es una superficie plana, sino que se distribuye en áreas diferenciadas por la altura a la que se sitúan y por la compartimentación que ofrecen los propios afloramientos graníticos (Fig. 3). En la zona más elevada, situada hacia el oeste, se emplaza un único edificio adosado a un gran afloramiento granítico. Al noreste de esta zona, en una altura intermedia, se documenta un conjunto de estructuras murales que denominamos ‘complejo central’. Al sur de este complejo, en una de las partes más bajas del recinto se sitúan varios inmuebles de tamaño más reducido. En la mitad este, se identifican dos grandes edificios. Por último, en la zona noreste, en lo que parece una pequeña vaguada se localiza una pequeña estructura rectangular dividida en dos estancias. En todo caso insistimos en que se trata de una hipótesis basada en el relieve observable que deberá ser comprobada mediante futuras excavaciones.
La técnica constructiva de los edificios excavados es relativamente homogénea, con estructuras lineales de mampostería irregular de granito local dispuestas en dos caras colocadas en hiladas regulares y con tizones puntuales. En todo caso, es posible distinguir ligeras diferencias en la calidad de la técnica constructiva y el acabado de las estructuras entre los distintos edificios, como veremos más adelante. El tamaño de los bloques de mampostería varía en cada caso, pero habitualmente oscila entre los 40-80 cm de largo y 30-50 cm de alto. En todos los edificios se encontraron evidencias de que estaban cubiertos con un tejado conformado por tejas curvas de gran tamaño, de un ancho aproximado de 25-30 cm y una longitud mínima de 50 cm. Esta techumbre estaría muy probablemente sostenida por un entramado de vigas de madera, de las cuales posiblemente procedan algunos de los carbones documentados durante las excavaciones.
Durante nuestras excavaciones en O Castelo de Portomeiro hemos podido intervenir en tres edificios diferentes (Edificios 1, 3 y 4) que procedemos a describir a continuación.
4.1. Edificio 1 (Sector 1000)
⌅Al norte y en línea con la puerta de la muralla parcialmente excavada se sitúa, en una plataforma individualizada, el conjunto de estructuras murales que denominamos Edificio 1 (Sector 1000) (Fig. 11). En este sector fueron excavados un total de 81 m2 en las campañas de los años 2020 y 2021. Lo interesante de este sector es la complejidad de la construcción, identificándose al menos cuatro estancias diferentes que denominamos alfabéticamente por orden de identificación.
La Estancia A, situada en la zona norte de sector, fue excavada por completo en el año 2020. Se articula a partir de dos lienzos murales dispuestos en paralelo en eje noreste-suroeste (UE 1103 al este y UE 1106 al oeste) y que se adosan al norte a un conjunto de afloramientos graníticos (UE 1104-1107). Uno de ellos se encuentra partido, posiblemente por causas naturales como un rayo, desplazándose y alterando todo el cierre norte de esta estancia. Sabemos que esta estancia se encontraba cubierta por un tejado sustentado por un poste central, ya que se identificó una estructura de mampostería que tendría la función de asegurar este apoyo (UE 1120). Esta cubrición se identificó gracias a un depósito de tejas que se encontraba próximo a las estructuras murales, que se interpretó como la fase de derrumbe del tejado de la estancia (UE 1116). Esta acumulación contenía varios carbones, de los que se tomó una muestra para datación por C14 (CP20-Mo13-UE1116), con un resultado más probable entre segunda mitad del siglo VIII y finales del IX (764-891 cal AD al 84 %). Al ser estos carbones, posiblemente, restos de la madera de la estructura de cubrición de la estancia, estaríamos ante el momento del corte de dichas maderas. Por lo que podemos entender esta fecha como un término post quem para la construcción de la estancia.
Bajo este nivel de colapso del tejado, se distinguió un nivel de color marrón oscuro (UE 1114), con amplia presencia de carbones. Se tomó una muestra de uno de ellos (CP20-Mo17-UE1114), que ofreció una datación que abarcaba con más probabilidades entre finales del s. VII y finales del VIII (676-779 cal AD al 74,7 %) aunque también encajaría en el siglo IX (790-870 cal AD al 20,7 %). Este nivel se identifica estratigráficamente como el momento de abandono de la estancia. Bajo este, se identificó el nivel de uso de la Estancia A, un depósito de color negro, muy compacto (UE 1117). Es este nivel el que cubra la cimentación de los muros de la Estancia A.
Es en el límite sur de esta Estancia A donde mejor se ha podido documentar el nivel constructivo más antiguo del yacimiento, que se corresponde con un antiguo castro de inicios de la II Edad del Hierro. De hecho, el material cerámico prehistórico en este sector supera con creces al material altomedieval, alcanzando un significativo 90 % del total del material total exhumado. La superación de los depósitos asociados a la fase altomedieval, más allá de la documentación de cultura material mueble protohistórica, también permitió identificar dos tramos de una posible estructura muraria de forma circular (UE 1118 y 1223). Estos restos fueron localizados en las campañas del año 2020 y 2021, y se sitúan en la zona con mayor potencia estratigráfica del sector, en su mitad norte. La fábrica es similar en los dos tramos, con el uso de mampostería granítica local, construida en dos caras con relleno térreo interior y aparentemente dispuesta en hiladas regulares. La estructura está directamente construida sobre el substrato granítico, mediante la realización de unos rebajes en el mismo. Además, en la zona sur de este mismo sector, se localizó un rebaje circular en el substrato natural que se identificó como un posible hueco para poste. Hipotéticamente, estamos ante los restos de una edificación prehistórica circular de un diámetro próximo a los 5 m, lo que daría una superficie total del edificio aproximada de unos 15 m2 (Fig. 12). Asociados a estos restos murales, se identificaron unos pequeños depósitos de sedimento marrón que contienen cerámica prehistórica. En dos de ellos (UE 1119 y 1229) se tomaron muestras de carbón para datación. En el primer caso (CP20-Mo22-UE1119) ofreció una datación entre los ss. VI y V a. C., mientras que el segundo (CP21-Mo01-UE1229) se retrasaba la datación a los ss. VIII-VI a. C. Estos dos depósitos se asocian a las evidencias constructivas mencionadas, pero el alto grado de alteración y lo reducido de su extensión impide precisar su origen; por lo tanto, tenemos que considerar estas fechas como dataciones post quem de esa ocupación prehistórica.
Al oeste de la Estancia A, se encuentra la Estancia B, que fue excavada muy parcialmente en el año 2020, por lo que únicamente sabemos que estaba techada por una cubierta de tejas (UE 1115), similar a la identificada para la Estancia A (UE 1116) (Fig. 13).
Al suroeste del sector fue identificada en prospección superficial la Estancia C. Esta se configura como una construcción cuadrangular, situada en perpendicular al sector excavado, y en la que se identificaron tres estructuras lineales (UE 1213, 1226 y 1228) con una acumulación de mampostería entre dos de ellas que se interpretó como la fase de derrumbe de la estancia (UE 1227). Estas evidencias fueron documentadas, pero no excavadas durante esta intervención, reservándose para futuras campañas. La denominada Estancia D, también excavada parcialmente, se interpreta como un espacio abierto tipo patio dentro del complejo a partir del cual se articulan el resto de las estancias. Posiblemente estaba parcialmente techado por una cubierta de teja en su extremo sur, hacia el este de la Estancia C, según los fragmentos de tejas recuperados en la fase de abandono (UE 1204). Se encuentra cerrada por el muro UE 1224 en el sur y en el este por el muro UE 1216, que se sitúa en línea con la UE 1103. Entre estas dos estructuras se identificó un vano, lo que permitiría el acceso desde la zona inferior del yacimiento. En perpendicular a este vano, se documentaron dos estructuras murales en mal estado de conservación (UE 1205 y 1206) que no presentan relaciones estratigráficas claras con las demás estructuras. Podrían estar en relación al acceso, como una forma de distribución en la Estancia D, aunque dada su sencillez constructiva y la irregularidad de su trazado, no es descartable que se trate de un camino de paso relacionado con modificaciones posteriores al abandono del castillo. El nivel de uso de esta estancia (UE 1234, 1235 y 1236) es similar en composición al ya mencionado para la Estancia A, encontrándose dividido por la aparición del substrato natural.
4.2. Edificio 2 (Sector 3000)
⌅El denominado Sector 3000, con una superficie excavada total de unos 58 m2, se sitúa en la parte más elevada intramuros. En este sector se realizó un pequeño sondeo de 5 m2 en la intervención del año 2020 en lo que ya parecía un edificio independiente. Los buenos resultados obtenidos, principalmente por la gran cantidad de cerámica recuperada, y la posible interpretación en superficie de la extensión de toda la estructura motivaron la completa excavación de la misma en la siguiente campaña del año 2021 (Fig. 14). En esta misma intervención, este edificio fue consolidado, siendo actualmente el único en este estado de todo el yacimiento.
Esta estructura, denominada Edificio 2, se configura en una planta rectangular orientada en el eje SO-NE e incorpora varios afloramientos graníticos como parte fundamental de su construcción. El más imponente es el utilizado como pared NE del edificio (UE 3208), pero hay que señalar uno situado en el medio de la pared noroeste (UE 3206) o el situado al sur (UE 3207), que son parte estructural de los muros, empleándolos como cimentación y apoyo constructivo. La fábrica de este edificio, aunque similar a los otros edificios conocidos, parece presentar una calidad inferior, con el uso de mampostería peor trabada y trabajada (Fig. 15). De todos modos, hay que tener en cuenta que esta percepción seguramente se vea influida por su peor estado de conservación, debido a su ubicación en la parte más alta y expuesta a las peores incidencias climáticas de todo el yacimiento. Entendemos que el acceso al edificio se haría por la zona oeste, en la unión del muro con el afloramiento granítico, pero, desgraciadamente, esta zona fue destruida por las raíces de un eucalipto. Además, por el interior, en su esquina oeste, se encontró una estructura de combustión, compuesta por piedra y tierra quemada (UE 3222), que se identificó como un hogar. Esta se encontraba en cota con el nivel de uso, compuesto por un depósito muy similar al ya mencionado para el sector 1000, muy compacto y de color oscuro (UE 3106/3221).
Fue en el interior de este Edificio 2 donde se localizó la mayor cantidad de material cerámico exhumado de todo el castillo (en torno al 75 % del total), aproximadamente unos 1400 fragmentos. La mayor parte de este conjunto cerámico se encontró en el nivel de abandono de la estancia (UE 3204/3211). Esta gran cantidad de material cerámico, principalmente ollas, junto con recurrentes signos de haber sido puestas al fuego, y la propia identificación de una estructura de combustión, parecen sugerir que este edificio tuvo una función de almacenaje y elaboración de alimentos. En la campaña del año 2020, se tomó una muestra de carbón en la zona excavada de este nivel de abandono (CP20-Mo19-UE3104) que ofreció una datación entre finales del siglo IX y principios del s. XI (892-1014 cal AD al 95,4 %), en correspondencia con los datos obtenidos en el sector 1100 y 2100. También se mandó, tras la campaña de 2021, una muestra de depósito rubefactado UE 3222, que como indicamos anteriormente se interpreta como el hogar de esta estancia. Sin embargo, no se hallaron restos de carbón en ella y la materia orgánica ofreció una fecha posterior a la bomba de carbono (00,25 ± 0,37 pMC).
4.3. Edificio 4 (Sector 4000)
⌅Durante los trabajos de prospección del yacimiento, en la zona este del recinto, se localizó un conjunto de muros que guardaban relación con un afloramiento granítico y que se situaban muy próximos a la muralla. En la campaña del 2021 comenzó la excavación de este sector (4000) con un sondeo que descubrió tres lienzos murales de un edificio y una secuencia estratigráfica similar a la ya conocida en otros sectores del yacimiento. En la campaña del 2022 se planteó una excavación en área con el objetivo de exhumar la práctica totalidad de este edificio y el descubrimiento de la cara interior de la muralla. En total, en los dos años, se abrió una extensión próxima a los 100 m2 (Figs. 16 y 17).
Este edificio presenta interesantes contrastes y peculiaridades con respecto a los precedentes. En primer lugar, destaca por su gran tamaño, próximo a los 80 m2, y su planta singular, en forma de L. Esta particular forma podría hacer pensar en un edificio subdividido, pero durante la excavación no se identificó ninguna evidencia de distribución interior. Es posible que no las hubiese o que estuviesen realizadas en materiales orgánicos que han desaparecido. Otra peculiaridad a tener en cuenta es la gran amplitud de su acceso, de 2 m de ancho. Esta puerta está orientada hacia el oeste, y dada la gran cantidad de fragmentos de teja que se exhumaron, parece que debía estar cubierta, quizá a modo de pórtico. Pero, sin duda, lo más curioso es la propia técnica constructiva del edificio. Por una parte, destaca la buena factura de sus muros, muy bien trazados y tramados, con sillares en los esquinales, y con restos de uso de mortero de cal como aglutinante y enlucido, algo que por el momento no se ha documentado en el resto del castillo. Esta buena calidad constructiva ha facilitado además la mejor conservación de este edificio. En cambio, y por oposición a su buena factura, sorprende que, para completar el inmueble por su lado sur, en vez de realizar un muro individual se escogiera adosar el edificio a la muralla. Además, el escoger esta solución constructiva implica que aparentemente se dejó a la vista en su interior un escalón térreo. Esto se debe a que el nivel de uso del edificio se encuentra a un nivel inferior al de cimentación de la muralla, por lo que, si se mantuviera el nivel general del edificio, se llegaría a descalzar la muralla, con los inherentes problemas constructivos y, consecuentemente, defensivos.
De este edificio se recogieron cinco muestras de carbones vegetales para datar por radiocarbono (Tab. 1). La muestra CP21-MU01-UE4110 procede de la UE 4110, que es el depósito identificado bajo el derrumbe de tejas de esta estancia 4000, mientras que la CP21-MU05-UE4111 corresponde al nivel de tierra de nivelación de esta misma estancia. Aunque ambas UE se interpretan como niveles de época altomedieval, las dos muestras ofrecieron una cronología prehistórica, la segunda con un intervalo idéntico al de la UE 1229 del Edificio 1, entre los siglos VIII y VI a. C., mientras que la primera con un arco más probable entre el siglo VI y V a. C. (550-399 cal BC al 81 %). Esto indica que, durante el proceso de construcción de la fortificación altomedieval, se excavaron y destruyeron los niveles prehistóricos para luego cimentar con ellos las nuevas estructuras del castillo.
| Código Muestra | Cód. Lab. | Tipo | UE | Data BP | Cal BC-AD 1 Signa (68,2 %) | Cal BC-AD cal BC-AD2 Signa (95,4 %) (95,4 %) |
|---|---|---|---|---|---|---|
| CP20-Mo13-UE 1116 | Beta- 566031 | Carbón vegetal | 1116 | 1210 ± 30 BP | ||
| CP20-Mo17-UE 1114 | Beta-566035 | Carbón vegetal | 1114 | 1250 ± 30 BP | ||
| CP20-Mo10- UE 2110 | Beta-566030 | Carbón vegetal | 2110 | 1670 ± 30 BP | ||
| CP20-Mo19-UE 3104 | Beta- 566032 | Carbón vegetal | 3104 | 1090 ± 30 BP | ||
| CP20-Mo22-UE 1119 | Beta- 566033 | Carbón vegetal | 1119 | 2430 ± 30 BP | ||
| CP20-MU24-UE 2106 | Beta-566034 | Concha de ostra marina | 2106 | 1470 ± 30 BP | ||
| CP21-Mo01-UE 1229 | Beta-623732 | Carbón vegetal | 1229 | 2530 ± 30BP | ||
| CP21-MU05-UE 4111 | Beta-623733 | Carbón vegetal | 4111 | 2530 ± 30 BP | ||
| CP21-MU01-UE 4110 | Beta-623734 | Carbón vegetal | 4110 | 2410 ± 30 BP | ||
| CP22-Mo.4216.01 | Beta-651492 | Carbón vegetal | 4216 | 1180 ± 30BP | ||
| CP22-Mo.4217.02 | Beta-651493 | Carbón vegetal | 4217 | 1500 ± 30BP | ||
| CP22-Mo.4216.03 | Beta- 651494 | Carbón vegetal | 4216 | 1130 ± 30 BP |
Las otras tres muestras de carbones sí ofrecieron dataciones de época altomedieval. Las muestras CP22-Mo.4216.01 y CP22-Mo.4216.03 proceden de dos puntos distintos de la UE 4216, vinculada al derrumbe de tejas de esta gran estancia, que aparece mezclada con tierra negra y abundantes piedras, y se interpreta como los últimos niveles de abandono altomedieval. La primera arroja un intervalo entre el 770-900 cal AD (82,7 %), mientras que la segunda correspondería al arco entre el 875-994 cal AD (89,3 %). Por su parte, la muestra CP22-Mo.4217.02 corresponde al depósito de tejas y piedras exterior, en la zona oeste fuera de la estancia, bajo el hipotético pórtico, en el que apareció también material cerámico. Esta muestra arroja un resultado calibrado al 94,5 % de 536-644 AD.
5. Cultura material mueble
⌅Durante
las tres campañas arqueológicas se exhumaron un total de 2247 piezas,
en su mayoría cerámicas. El estudio de estos materiales fue llevado a
cabo por Alba Lucía Carneiro Alonso y Mario Ramos Soriano en el marco de
los proyectos de excavación así como de un Trabajo Final de Máster (Carneiro Alonso 2021Carneiro Alonso, A. L. (2021), Estudio de materiales del Castelo de Portomeiro (Val do Dubra, A Coruña). Trabajo Final de Máster. Máster
Interuniversitario en Arqueología y Ciencias de la Antigüedad.
Universidad de Santiago de Compostela.
y 2022Carneiro Alonso, A. L. (2022), Estudio de materiais do Castelo de Portomeiro (Val do Dubra, A Coruña). Campaña de escavación xullo 2021”. En
Fernández-Pereiro, M. Memoria Interpretativa: Escavación arqueolóxica e
consolidación do Castelo de Portomeiro (Val do Dubra, A Coruña). Campaña
2021. Servizo de Arqueoloxía. Dirección Xeral de Patrimonio da Xunta de
Galicia.
, Ramos Soriano 2023). Aunque se realizará
una publicación específica sobre este conjunto material, dada la
importancia de comprender mejor la cerámica altomedieval gallega
procedente de un contexto bien datado como este, adelantamos aquí
algunas de sus características principales.
En primer lugar, hay
un conjunto cerámico perteneciente a la II Edad del Hierro galaica.
Estas piezas presentan homogeneidad en sus modelos, acabados cuidados,
cocciones reductoras y desengrasantes decantados (Carneiro Alonso 2021Carneiro Alonso, A. L. (2021), Estudio de materiales del Castelo de Portomeiro (Val do Dubra, A Coruña). Trabajo Final de Máster. Máster
Interuniversitario en Arqueología y Ciencias de la Antigüedad.
Universidad de Santiago de Compostela.
y 2022Carneiro Alonso, A. L. (2022), Estudio de materiais do Castelo de Portomeiro (Val do Dubra, A Coruña). Campaña de escavación xullo 2021”. En
Fernández-Pereiro, M. Memoria Interpretativa: Escavación arqueolóxica e
consolidación do Castelo de Portomeiro (Val do Dubra, A Coruña). Campaña
2021. Servizo de Arqueoloxía. Dirección Xeral de Patrimonio da Xunta de
Galicia.
, Ramos Soriano 2023Ramos
Soriano, M. (2023). “Estudio de materiales de la IIIª campaña de
excavación del Castelo de Portomeiro (Val do Dubra, A Coruña)”. En
Fernández-Pereiro, M. Memoria Interpretativa: Escavación arqueolóxica do Castelo de Portomeiro (Val do Dubra, A Coruña). Campaña 2022. Servizo de Arqueoloxía. Dirección Xeral de Patrimonio da Xunta de Galicia.
).
Dentro del conjunto recuperado, gran parte son fragmentos
indeterminados de cuerpo, pero destacan una serie de bordes, que nos
permiten identificar tipologías reconocidas en otros yacimientos
prehistóricos galaicos, como pueden ser los facetados. Cabe destacar un
borde tipo “Corredoira” (González-Ruibal, 2006, p. 479González-Ruibal, A. (2006). Galaicos. Poder y Comunidad en el Noroeste de la Península Ibérica (1200 a.C. - 50 d.C.). Brigantium, 18/19. A Coruña: Museo Arqueológico Provincial.
; Rey Castiñeira, 1991, pp. 395-398Rey Castiñeira, J. (1991). Yacimientos castreños de la vertiente atlántica. Análisis de la cerámica indígena. Tesis doctoral. Universidade de Santiago de Compostela.
) y un borde tipo “Borneiro B” (Rey Castiñeira, 1991, pp. 385-389Rey Castiñeira, J. (1991). Yacimientos castreños de la vertiente atlántica. Análisis de la cerámica indígena. Tesis doctoral. Universidade de Santiago de Compostela.
) (Fig. 19).
Estas dos tipologías están bien estudiadas en otros yacimientos
prehistóricos del noroeste de la Península Ibérica, con una cronología
asociada a la II Edad del Hierro (ss. IV a. C. – I d. C.). A su vez
también se han documentado varias cuentas de pasta vítrea.
; Carneiro Alonso 2021b, p. 55).
De cronología romana o tardorromana, desde el punto de vista de la cultura material se documentó un conjunto de tegulae en posición secundaria, en los diferentes depósitos excavados en el
yacimiento. A su vez fueron recuperados dos fragmentos de vidrio de azul
verdoso pertenecientes a un mismo recipiente y un borde verdoso,
identificados como cuencos acampanados hondos lisos, con paralelos en el
yacimiento de O Areal, Vigo, datados entre los siglos V-VII d. C. (César Vila, 2015, p. 678César Vila, M. (2015). Terra Sigilata y contextos arqueológicos en la Galicia suroccidental: Intervenciones en yacimientos de Bueu y Vigo (Pontevedra). Tesis doctoral. Universidad de Santiago de Compostela.
).
Fueron recuperados 3 fragmentos cerámicos de pastas oxidantes y
desgrasantes seleccionados, adscribibles a tradición romana siendo
identificado con reservas, el pie de un vaso o copa tipo V2/V2A,
encuadrable entre los siglos II-V d. C. (Alcorta Irastorza, 2001, pp. 265-269Alcorta Irastorza, E. J. (2001). Lvcvs Avgvsti. Cerámica común romana de cocina y mesa hallada en las excavaciones de la ciudad. A Coruña: Fundación Pedro Barrié de la Maza.
).
La
cerámica altomedieval es la más abundante del conjunto, caracterizada
por contar con una coloración mayoritariamente ocre con variación en la
escala de naranjas, aunque no homogénea, ya que también se identifican
coloraciones grises casi negras (Carneiro Alonso 2021Carneiro Alonso, A. L. (2021), Estudio de materiales del Castelo de Portomeiro (Val do Dubra, A Coruña). Trabajo Final de Máster. Máster
Interuniversitario en Arqueología y Ciencias de la Antigüedad.
Universidad de Santiago de Compostela.
y 2022Carneiro Alonso, A. L. (2022), Estudio de materiais do Castelo de Portomeiro (Val do Dubra, A Coruña). Campaña de escavación xullo 2021”. En
Fernández-Pereiro, M. Memoria Interpretativa: Escavación arqueolóxica e
consolidación do Castelo de Portomeiro (Val do Dubra, A Coruña). Campaña
2021. Servizo de Arqueoloxía. Dirección Xeral de Patrimonio da Xunta de
Galicia.
, Ramos Soriano 2023Ramos
Soriano, M. (2023). “Estudio de materiales de la IIIª campaña de
excavación del Castelo de Portomeiro (Val do Dubra, A Coruña)”. En
Fernández-Pereiro, M. Memoria Interpretativa: Escavación arqueolóxica do Castelo de Portomeiro (Val do Dubra, A Coruña). Campaña 2022. Servizo de Arqueoloxía. Dirección Xeral de Patrimonio da Xunta de Galicia.
).
Sus pastas son de desgrasantes heterogéneos, de gran tamaño, coherentes
con el substrato geológico local al contener mica y cuarzo, su extura
es porosa y la compactación baja, evidenciándose cocciones no
controladas (Fig. 20).
b, p. 27, y Carneiro Alonso 2021b, p. 31).
A nivel tipológico únicamente fueron documentadas ollas con bordes biselados y biselados engrosados, de orientación oblicua y labio con remate en “protopestaña”. Las ollas cuentan con panza globular y cuello estrangulado, su boca varía entre los 15 y los 28 cm de diámetro. Desde el punto de vista decorativo, se han documentado cordones aplicados con digitaciones e incisiones, así como cepillados e incisiones ondulantes. La técnica de fabricación de las piezas es la torneta o torno lento, documentada por las improntas digitales en el interior de las piezas y las evidencias de rotación en los bordes.
El principal yacimiento
de interés a la hora de identificar paralelos para las cerámicas de
Portomeiro es el Castelo da Veiga en Culleredo. Con cronologías entre
los siglos IX y X d. C. suministradas por dataciones absolutas, presenta
una amplia mayoría de ollas en su repertorio, de pastas marrones o
anaranjadas, realizadas a torneta con bordes biselados al igual que
Portomeiro, aunque en este caso con un elenco mayor de decoraciones y
con una jarra trilobulada en la colección. En este caso, las
características de las decoraciones sugieren vincular al yacimiento con
una tradición productora más relacionada con al mundo cantábrico (Nión Álvarez et al., 2023Nión-Álvarez,
S., Sánchez-Pardo, J. C., Alonso Toucido, F., Fernández-Rodríguez, C.,
Otero Vilariño, C., Carneiro Alonso, A. y Silva Alvite, V. (2023).
“Definiendo cronologías cerámicas y procesos de fortificación
altomedievales desde el noroeste peninsular”. Lucentum, (42), pp. 341-356. DOI: https://doi.org/10.14198/LVCENTVM.23266
), hecho no constatado en Portomeiro. En el castillo
de San Salvador de Todea (Allariz, Ourense) se ha documentado una
amplia secuencia de ocupación entre los siglos VIII y XIV d. C. (Rodríguez Nóvoa et al., 2022Rodríguez
Nóvoa, A. A., Fernández-Fernández, A., Valle Abad, P. y Pérez
Rodríguez, F. J. (2022). “Origen, evolución y desarrollo de un castillo
medieval del interior de Galicia. El caso del castillo roquero de San
Salvador de Todea (Allariz, Ourense)”. Munibe Antropologia-Arkeologia, 73, pp. 205-228.
).
Aunque el tipo mayoritario identificado es la olla, la presencia de
bordes rectos o ligeramente exvasados la alejan del conjunto de
Portomeiro. Tampoco se han detectado en Portomeiro producciones
características de época plenomedieval, como las jarras trilobuladas o
la abundante presencia de cerámicas de pastas gris perla (Alonso Toucido, 2015Alonso
Toucido, F. (2015). “Estudio preliminar de la cerámica del área de
Santiago de Compostela en época plenomedieval”. En Martínez Peñín, R. y
Cavero Domínguez, G. (Eds.). Evolución de los espacios urbanos y sus territorios en el Noroeste de la Península Ibérica. León: Ediciones el Forastero, pp. 699-724.
), lo que confirma que el castillo se abandonó sin duda antes del siglo XI.
Al
igual que en el caso de A Veiga, en Portomeiro, se identifica por
primera vez desde el siglo VIII-IX la existencia de producciones
estandarizadas con bordes bien definidos y unas características, que,
aunque rudas, son homogéneas al conjunto. Los ejemplos de A Veiga y
Portomeiro permiten comprobar como una tradición cerámica gallega se
está asentando en el territorio, creándose redes de distribución y
talleres especializados en contraposición con las producciones manuales y
heterogéneas previas, características de los siglos VII y VIII (Tejerizo García, Alonso Toucido y Torres Iglesias, 2021Tejerizo
García, C., Alonso Toucido, F. y Torres Iglesias, D. (2021). “Cerámicas
del interior de Galicia desde el tardoimperio a la Alta Edad Media (s.
V-X/XI d. n. e.)”. Pyrenae, 52(2), pp. 149-185. DOI: https://doi.org/10.1344/pyrenae2021.vol52num2.7
).
6. Discusión
⌅6.1. Antes del castillo: el castro de la Edad del Hierro y una posible reocupación tardorromana
⌅La
primera ocupación de la que tenemos constancia en la cumbre del monte
Castelo corresponde a un poblado castreño que debió de estar habitado al
menos entre los siglos VI y IV a. C. aproximadamente. Sin embargo,
apenas nos quedan evidencias de este primer asentamiento, ya que fue
casi totalmente arrasado para la creación de la fortificación
altomedieval en torno a los siglos VIII-IX d. C. El indicio más claro de
este antiguo castro, y que se repite desde la primera campaña en O
Castelo de Portomeiro, es la aparición de algunas cerámicas encuadrables
en la II Edad del Hierro galaica (González-Ruibal, 2006González-Ruibal, A. (2006). Galaicos. Poder y Comunidad en el Noroeste de la Península Ibérica (1200 a.C. - 50 d.C.). Brigantium, 18/19. A Coruña: Museo Arqueológico Provincial.
).
Este material aparece siempre relacionado con los estratos
identificados como niveles de construcción y uso de la fase
altomedieval, que en el Edificio 1 son las UE 1117, 1234, 1235 y 1236;
en el Edificio 2 son las UE 3106 y 3221; y en el Edificio 4 son las UE
4111 y 4220. Estos depósitos de color negro fueron excavados total o
parcialmente en diferentes puntos del yacimiento, con el objetivo de
comprender la secuencia estratigráfica completa de cada sector. Pero,
como se ha indicado, hasta la fecha, únicamente ha sido en el sector
1000 donde se han documentado pequeños restos de muros circulares de
aquel asentamiento castreño. Además, cuatro dataciones radiocarbónicas
de carbones coinciden en la horquilla entre los siglos VII y V a. C. Es
cierto que hay un cierto desfase entre estas dataciones, más antiguas,
que nos llevarían a la I Edad del Hierro, y las cerámicas encontradas
que son habitualmente consideradas de los siglos IV-I a. C. Aunque no
debemos descartar el efecto madera vieja en las dataciones, hay que
tener en cuenta la enorme destrucción de los niveles prehistóricos
durante la construcción del castillo, lo que ha llevado a recuperar solo
un conjunto reducido de material cerámico que podría no ser totalmente
diagnóstico.
Estos elementos constructivos y materiales, junto al característico emplazamiento del yacimiento en la cumbre de un monte prominente, pero no alejado de las tierras de cultivo, nos permiten confirmar que originalmente existió un asentamiento prehistórico, un “castro”, en la cumbre del monte Castelo. Que solo se conserven tan escasos restos nos indica el profundo impacto de las obras realizadas en la fase altomedieval. Será en este momento, tras la decisión de construir un castillo en el lugar, cuando se afronte una remodelación total de la cumbre del monte, con la destrucción y expolio de los restos del castro protohistórico previo. La evidencia de su existencia solo se pudo conservar en zonas puntuales, a través de esos pequeños tramos de muros, o en los fragmentos cerámicos localizados en los depósitos negros que remiten a los primeros tiempos de construcción de la fase altomedieval.
Como se ha visto, no hemos documentado hasta la
fecha estructuras asociadas a ninguna otra fase intermedia entre esta de
la Edad del Hierro y la Alta Edad Media. Sin embargo, hay cuatro
razones que nos llevan a no descartar por el momento una posible
ocupación en época tardorromana. Por un lado, los materiales de
cronología tardorromana encontrados en las prospecciones de 1999 de los
que hablábamos al inicio, como el fragmento de vidrio fino,
probablemente un cuello de un ungüentario, y las posibles cerámicas
engobadas. Por otro lado, la datación radiocarbónica CP20-Mo10-UE2110 de
un carbón procedente del nivel sobre el que se construye la puerta que
ofrece una cronología más probable entre mitad del siglo IV y principios
del V. También la presencia de pequeños trozos muy fragmentados de teja
(quizá tegula romana) en los niveles de relleno sobre los que se
asienta la fortificación altomedieval, así como su presencia como ripio
en el paramento de la muralla y en posición secundaria en niveles de
relleno altomedievales. Y por último el paralelo recientemente estudiado
por nosotros del yacimiento de Faro de Budiño en el que pudimos
detectar claramente como la fase altomedieval de esta fortificación, con
una cronología similar a la de Portomeiro, se superponía a estructuras
previas tardorromanas datadas por radiocarbono también entre los siglos
IV-V, presentando cada una de estas fases un tipo de cultura material
mueble bien diferenciada (Fernández-Pereiro, Sánchez Pardo y Alonso Toucido, 2020Fernández-Pereiro,
M., Sánchez Pardo, J. C. y Alonso Toucido, F. (2020). “Fortificaciones y
control del territorio en la Gallaecia Altomedieval. Estudio
arqueológico del yacimiento de Faro de Budiño (O Porriño, Pontevedra)”. Munibe Antropologia - Arkeologia, 71, pp. 163-180.
).
Obviamente,
ninguno de estos argumentos es concluyente en sí mismo: las cerámicas y
el vidrio fueron hallados descontextualizados en superficie durante las
prospecciones, una única datación de un carbón de un nivel de relleno
en sí misma tampoco implica nada, los pequeños fragmentos de teja
mencionados no pueden ser identificados ni datados correctamente y
podrían provenir de una fase altoimperial vinculada al castro, mientras
que el caso de Faro de Budiño no tiene por qué coincidir con el nuestro.
Sin embargo, tomadas en conjunto, y uniendo la información que los
últimos estudios están poniendo sobre la mesa de la habitual ocupación
de recintos fortificados entre los siglos IV y VI (Tejerizo y González, 2021Tejerizo García, C. y Rodríguez González, C. (2021). “Más allá de los castella tutiora: la ocupación de asentamientos fortificados en el noroeste peninsular (siglos IV-VI)”. Gerión, 39 (2), pp. 717-745. DOI: https://doi.org/10.5209/geri.78125
), no podemos descartar por ahora que existiese una
reocupación del estratégico y prominente emplazamiento antiguo del
castro en estos siglos del final del Imperio Romano en los que las
dinámicas sociales y de poblamiento acusan una notable transformación (Fernández Pereiro, 2023Fernández-Pereiro,
M. (2023). “La articulación del paisaje posromano en la Gallaecia del
s. V. Una aproximación a través de las evidencias arqueológicas”. En
Carvajal Castro, Á. y Tejerizo García, C. (Coords.). El Estado en la Alta Edad Media: Nuevas aproximaciones teóricas y metodológicas. Bilbao: Universidad del País Vasco.
).
6.2. El castillo altomedieval: construcción, ocupación y abandono
⌅En algún punto entre los siglos VIII y IX tiene lugar una profunda e intensa remodelación del espacio del antiguo castro. En este período se lleva a cabo la construcción de una serie de grandes edificios de planta ortogonal realizados en mampostería de tamaño medio, dispuesta en hiladas regulares y con la utilización de mortero de tierra al menos en alguno de los edificios (con seguridad en el Edificio 4) así como la construcción, o profunda reconstrucción, de unas gruesas murallas de unos 3 m de anchura que protegen dichos edificios y el espacio interior. De hecho, la secuencia estratigráfica del sector 4000 evidencia que en un primer momento se construyó la muralla de todo el recinto (quizá siguiendo varias acometidas tal y como evidencian las líneas de corte en los alzados de la muralla en este sector) y a continuación, una vez bien defendido el lugar, se procedió a la construcción de los edificios interiores.
Se trata de una actuación bien planificada, no llevada a cabo de forma aleatoria ni tampoco prolongada en el tiempo sino probablemente en una única gran acometida constructiva que debió de requerir de la movilización de decenas de personas que seguían un plan constructivo bien claro. Aunque se observa una evidente lógica de economía constructiva, con la utilización de los grandes batolitos de la cumbre para apoyar los muros de los edificios o de la muralla, o el asentamiento de algunos muros directamente sobre tierra, sin llegar al nivel geológico (incluido también el tramo de la muralla explorado en el sector 4000), es innegable que se trata de intervenciones importantes que requieren una elevada inversión económica y esfuerzo constructivo. De hecho, es tal la intensidad de la obra acometida para construir este castillo altomedieval que prácticamente arrasó con todas las estructuras del antiguo castro, de las cuales solo encontramos restos en zonas muy concretas. Para ello debieron nivelar el terreno y el suelo, lo que explica que las cerámicas de la antigua ocupación prehistórica aparezcan habitualmente en contextos de relleno. Es probable que parte de la mampostería del antiguo castro se reutilizase en la fortificación altomedieval, aunque también hay indicios de extracción de piedra del propio sustrato rocoso en otras zonas en las que sí se profundizó hasta el nivel geológico. Hasta el momento no hemos detectado pavimentos como tales, sino que el suelo estaría formado de tierra pisada.
Como
hemos visto, existen ciertas diferencias en la calidad constructiva de
los edificios excavados, que quizá tengan que ver con su distinta
funcionalidad. Mientras que el Edificio 2, que identificamos como una
zona de producción y almacenaje de alimentos, presenta una factura más
sencilla, el Edificio 4 muestra una mejor técnica constructiva, con el
empleo de sillarejo e incluso un sillar en el esquinal, así como una
planta más compleja en forma de L. De hecho, esta planta y los derrumbes
de teja visibles en la pequeña parte excavada fuera de la puerta de
este edificio, nos hace pensar que pudo tener un pórtico adosado de
madera con techumbre de teja. Desconocemos la función de este edificio.
En relación con esta ocupación altomedieval, todavía ignoramos un tema
fundamental como es el aprovisionamiento de agua. Hasta la fecha no
hemos documentado ningún pozo, manantial interno o sistema de recogida
de agua de lluvia, como sí sucede en otros recintos fortificados
altomedievales (Fernández-Pereiro, 2019Fernández-Pereiro, M. (2019). Recintos fortificados en altura na costa atlántica galega. Un estudo arqueolóxico. Tesis doctoral. Universidade de Santiago de Compostela.
).
Como decíamos, a pesar de la amplia batería de dataciones radiocarbónicas realizada no resulta fácil afinar la cronología de construcción y ocupación exactas de este lugar en la Alta Edad Media (Tab. 1 y fig. 18). La estratigrafía por ahora no muestra indicios de más de una fase altomedieval, y tampoco tenemos evidencias de reformas dentro de la misma, lo que nos lleva a pensar en un único momento de ocupación no muy dilatado en el tiempo en el que no llegó a ser necesario realizar reformas de calado en los edificios. También es evidente que parte de nuestras dataciones absolutas pueden corresponder a restos de las vigas de techumbre, y que estas podrían proceder de especies de vida larga (por ejemplo, robles, que eran habituales en el entorno), lo que estaría envejeciendo las cronologías. Quizá esto explica las dos dataciones vinculadas al arco entre los siglos VI y primera mitad del VIII (CP20-Mo17-UE1114 y CP22-Mo.4217.02).
Por su parte, tanto la cultura material como las dataciones que corresponden claramente a niveles de abandono muestran que el castillo dejó de ocuparse sin duda antes del año 1000, sin que tengamos, por ahora, indicios de posteriores ocupaciones. Este abandono no parece haberse efectuado de forma violenta ni deberse a ningún evento traumático, como un incendio. Más bien parece deberse a una decisión consciente de sus habitantes, que se llevarían probablemente casi todo el material que utilizaban, excepto quizá el ajuar del Edificio 2 que hemos interpretado como una “cocina”. Tras la marcha de sus ocupantes hace más de mil años, las estructuras fueron colapsando por el paso del tiempo, sin haber sufrido expolios posteriores. Esto ha permitido que el yacimiento se haya conservado de forma relativamente buena, como ya mostraba el estado de la puerta cuando quedó al descubierto tras los incendios de 2018.
Queda, por último, ocuparnos de interpretar el carácter y funcionalidad de este asentamiento. Durante el período en el que el castillo de Portomeiro permanece en uso, debió de tener una ocupación continuada de un contingente de varias decenas de personas que vivirían en él, tal y como indica el número y tamaño de los edificios, la presencia de restos cerámicos de ollas y vasos, tanto de cocina como de almacenaje, así como las evidencias de actividades como la producción de alimentos (hogar en el Edificio 2). No se trata, pues de una ocupación puntual ni, por tanto, de una funcionalidad esporádica. De hecho, la aparición de una concha de ostra marina en este lugar situado a más de 40 km de la costa sugiere la existencia de una mínima red de comercio y una demanda de este tipo de alimento entre la población del castillo.
Por otro
lado, parece lógico pensar que el objetivo principal de esta
fortificación es el control territorial a corto y medio rango. Este
control tendría muy probablemente un carácter militar y estaría
relacionado en primer lugar con el cruce del río Tambre y el control de
su valle. En ese sentido, es probable que albergase en su interior a una
guarnición de soldados encargada de la vigilancia de ese territorio y
que, como acabamos de decir, viviría de forma estable en el castillo.
Además, aunque se trata todavía de hipótesis, es posible que este
yacimiento formase parte de una red de conexiones visuales con otros
recintos con características similares del entorno (Sánchez Pardo y Galbán Malagón, 2015Sánchez-Pardo,
J. C., y Galbán Malagón, C. J. (2015). “Fortificaciones de altura en el
entorno de Santiago de Compostela. Hacia un primer análisis
arqueológico comparativo”. Nailos: Estudios Interdisciplinares de Arqueología, 2, pp. 125-161.
).
Todas
estas constataciones enlazan de nuevo con la importante inversión y
planificación que se evidencia en la creación de esta fortificación,
mostrando que detrás de ella se esconden élites o grupos sociales con un
elevado poder en el contexto del noroeste peninsular entre los siglos
VIII y IX. Sin embargo, no podemos saber hoy en día quienes eran
exactamente estas élites. A pesar del aun limitado conocimiento del
registro arqueológico altomedieval gallego, es evidente que la actividad
constructiva y la cultura material detectada escapan del ámbito de una
comunidad campesina —cuyas características se están empezando a analizar
recientemente (Tejerizo García, Alonso Toucido y Torres Iglesias, 2021Tejerizo
García, C., Alonso Toucido, F. y Torres Iglesias, D. (2021). “Cerámicas
del interior de Galicia desde el tardoimperio a la Alta Edad Media (s.
V-X/XI d. n. e.)”. Pyrenae, 52(2), pp. 149-185. DOI: https://doi.org/10.1344/pyrenae2021.vol52num2.7
)—. Y, sobre todo, es evidente que las cronologías,
aunque aún algo imprecisas, nos sitúan en el momento de expansión de las
estructuras políticas del reino de Oviedo en el territorio de la actual
Galicia (Baliñas, 1992Baliñas Pérez, C. (1992). Do mito á realidade: a definición social e territorial de Galicia na Alta Idade Media (seculos VIII e IX). Santiago de Compostela: Fundación Universitaria de Cultura.
; Portass, 2013Portass, R. (2013). “All quiet on the western front? Royal politics in Galicia from c. 800 to c. 950”. Early Medieval Europe, 21(3), pp. 283-306. DOI: https://doi.org/10.1111/emed.12019
). De hecho, es aproximadamente en este período
cuando se produce, a escasos kilómetros al sur del castillo de
Portomeiro, la fundación de Santiago de Compostela, el Locus Sancti Iacobi que, como es bien sabido, jugará un papel esencial en la conformación política e ideológica del nuevo reino (López Alsina, 2013López Alsina, F. (2013). La ciudad de Santiago de Compostela en la Alta Edad Media. Santiago de Compostela: Consorcio de Santiago.
).
Por tanto, es coherente pensar que esta fortificación tenga relación
con el aumento del control territorial en este contexto de expansión de
la monarquía astur, si bien desconocemos si la iniciativa aquí
corresponde a élites locales galaicas, incluso en respuesta a la
expansión de la nueva estructura política (Baliñas, 2009Baliñas
Pérez, C. (2009). “Rebeldes con causa: un análisis interpretativo de la
conflictiva relación entre la nobleza gallega y los reyes de Asturias,
ca. 750-910”. En López Díaz, M. (Coord.). Estudios en homenaje al profesor José M. Pérez García. Vigo: Universidade de Vigo, Vol. 1., pp. 37-66.
),
o bien se explica por la integración del territorio en dicho reino, ya
sea mediante la imposición y llegada de élites foráneas o a partir de la
negociación con las aristocracias locales, como se ha propuesto en
otras zonas del noroeste (Gutiérrez González, 1995Gutiérrez González, J. A. (1995). Fortificaciones y feudalismo en el origen y formación del reino leonés (siglos IX-XIII). Valladolid: Universidad de Valladolid.
; Justo Sánchez, 2019Justo Sánchez, D. (2019). Asentar
el dominio y controlar el territorio. Funciones de los castillos en la
expansión de la monarquía asturleonesa: el caso de Ardón. Anejos de Nailos: Estudios interdisciplinares de arqueología, 5. Oviedo: APIAA, pp. 375-387.
).
En
honor a la verdad, a día de hoy tenemos indicios que apoyan las dos
hipótesis. Por un lado, la situación del castillo, en la orilla norte
del río Tambre, parece marcar un primer punto de control militar fuera
de los territorios donados por la monarquía ovetense a la iglesia
compostelana, el llamado Giro de Santiago. El río Tambre ha funcionado
como frontera territorial desde época prehistórica (González García, 2011González
García, F. J. (2011). “Los Célticos de Gallaecia: apuntes sobre
etnicidad y territorialidad en la Edad del Hierro del Noroeste de la
Península Ibérica”. Complutum, 22, pp. 117-132. DOI: https://doi.org/10.5209/rev_cmpl.2011.v22.n1.7
) y continuó siéndolo en la Alta Edad Media (López Alsina, 2013, p. 163López Alsina, F. (2013). La ciudad de Santiago de Compostela en la Alta Edad Media. Santiago de Compostela: Consorcio de Santiago.
).
Desde el siglo IX, parte del antiguo territorio de los postamáricos, al
sur del Tambre, se ve transformado en el Giro compostelano. Este
proceso de instauración de un nuevo poder en territorios regidos con
anterioridad por sus correspondientes domini tuvo, por necesidad,
que generar numerosos conflictos con las élites locales instauradas en
el territorio. No deja de ser sintomático que todas las concesiones
reales ejecutadas hasta el siglo IX en Galicia son destinadas a foráneos
a costa de los bienes de las poblaciones locales (Baliñas Pérez 1986Baliñas Pérez, C. (1986). “Igrexa e Política na Galicia do período asturiano (718-1037)”. Cuadernos de Estudios Gallegos, 36 (101), pp. 69-87.
). De hecho, serán varias las insurrecciones de los nobles galaicos contra la monarquía entre los siglos VIII y X (Baliñas Pérez, 2009Baliñas
Pérez, C. (2009). “Rebeldes con causa: un análisis interpretativo de la
conflictiva relación entre la nobleza gallega y los reyes de Asturias,
ca. 750-910”. En López Díaz, M. (Coord.). Estudios en homenaje al profesor José M. Pérez García. Vigo: Universidade de Vigo, Vol. 1., pp. 37-66.
).
Dado este contexto, no sería descabellado interpretar la erección del
castillo de Portomeiro como una reacción de las élites locales ante las
injerencias del poder real desde Oviedo, representado por la incipiente
ciudad de Compostela, actuando el Tambre como frontera norte del giro de
la ciudad y Portomeiro como plaza fuerte delimitadora de un magnate
gallego.
Pero, por otro lado, es llamativo que la primera mención
documental de un conde que actúa supuestamente en nombre del rey
ovetense en territorio gallego, en el año 818, se produzca a apenas 7 km
de O Castelo de Portomeiro, en la cercana localidad de Vilouchada
(Trazo), al norte del Tambre (Escudero Manzano, 2021Escudero
Manzano, G. J. (2021). “Los condes de Présaras y la fundación de San
Salvador de Sobrado. El intento de una parentela magnaticia por
recuperar su preeminencia en Gallecia”. Studia Historica. Historia Medieval, 39(1), pp. 197-213. DOI: https://doi.org/10.14201/shhme2021391197213
; Portela Silva, 2009Portela
Silva, E. (2009). “El rey y los obispos. Poderes locales en el espacio
galaico durante el periodo astur”. En Fernández Conde, F. J. y García de
Castro Valdés, C. (Coords.). Symposium Internacional: Poder y simbología en Europa. Siglos VIII-X. Oviedo: Trea, pp. 215-226.
).
Se trata del conde Aloito, que recibe una donación por haber impartido
justicia a favor de un personaje local, y que aparece acompañado en el
documento del obispo Quendulfo de Iria y de un tal Teodomiro,
posiblemente el futuro obispo que “descubrirá” la tumba del apóstol
Santiago en Compostela pocos años después. Tal y como demuestra un
estudio reciente, es probable que este conde sea el ascendiente de toda
una serie de magnates ligados a la sede de Compostela y que fueron
apoyados fuertemente por los monarcas ovetenses hasta mitad del siglo X (Escudero Manzano, 2021Escudero
Manzano, G. J. (2021). “Los condes de Présaras y la fundación de San
Salvador de Sobrado. El intento de una parentela magnaticia por
recuperar su preeminencia en Gallecia”. Studia Historica. Historia Medieval, 39(1), pp. 197-213. DOI: https://doi.org/10.14201/shhme2021391197213
). El documento relata además que el lugar en el que
aparece este conde se denominaba antiguamente Lentobre, un topónimo
prerromano, pero había cambiado recientemente su nombre a “Villa
Ostulata”, terreno rozado o quemado, algo que sin duda evidencia cambios
‒pacíficos o violentos‒ en la propia esfera local (Portela Silva, 2009Portela
Silva, E. (2009). “El rey y los obispos. Poderes locales en el espacio
galaico durante el periodo astur”. En Fernández Conde, F. J. y García de
Castro Valdés, C. (Coords.). Symposium Internacional: Poder y simbología en Europa. Siglos VIII-X. Oviedo: Trea, pp. 215-226.
).
Se trata además de un documento que muestra todo el esplendor
protocolario de los documentos reales de Alfonso II en Oviedo, pero en
un contexto plenamente rural, algo sorprendente y que remite de nuevo a
un poder fuerte detrás del mismo (Floriano, 1949-1951, doc. 28Floriano Cumbreño, A. (1949-1951). Diplomática española del período astur. Oviedo.
).
Es por tanto posible pensar que de alguna manera este importante conde
Aloito pudo tener la iniciativa o el control de la cercana fortificación
de Portomeiro. Aunque se trata de una conjetura, no parece descabellada
teniendo en cuenta la cercanía espacial y temporal, así como el poder
que evidencia el castillo.
En ambos casos, el abandono no precipitado de la fortificación sugiere que este se debió a una pérdida de su función o interés geoestratégico original surgido entre los siglos VIII o IX. Fuese cual fuese ese contexto de origen, es evidente que este castillo ya no cumplía su función a finales del siglo X, tras la consolidación de la sede compostelana y el avance de las zonas de acción política del reino hacia áreas del sur.
7. Conclusiones
⌅Gracias a su buen grado de conservación, el yacimiento de O Castelo de Portomeiro está aportando datos de enorme interés para comprender mejor un período crucial pero aun poco conocido arqueológicamente en Galicia como son los siglos VIII-X. Las tres campañas realizadas hasta la fecha nos permiten documentar y analizar en detalle por primera vez en territorio gallego un contexto arqueológico bien preservado del período altomedieval. Frente a la idea de debilidad habitualmente asociada a este período, los resultados obtenidos ponen de manifiesto la capacidad económica y política que unas élites tuvieron hace unos 1200 años para planificar y erigir un recinto fortificado con edificaciones internas de buena calidad constructiva en un lugar estratégico de control territorial. La amplia batería de dataciones radiocarbónicas realizada sobre este yacimiento, junto con su situación en las proximidades del Locus Sancti Iacobi permite plantear una serie de hipótesis sobre la conformación de los sistemas de poder en el noroeste peninsular en el contexto de la expansión de la monarquía ovetense. Finalmente, estas campañas han sacado a la luz uno de los primeros conjuntos cerámicos altomedievales bien contextualizados del territorio gallego, lo cual supone un importante paso de cara a una mejor comprensión de la cerámica de estos siglos, hasta ahora prácticamente desconocida.
Agradecimientos
⌅Este proyecto no habría sido posible sin la fundamental y generosa implicación desde el inicio de la Asociación Larada, especialmente de Antonio Negreira e Iván Barcia. Tampoco habríamos podido llegar a este lugar sin las investigaciones pioneras y labor divulgativa de Manuel Gago Mariño. Queremos agradecer el trabajo y esfuerzo de todos los profesionales que trabajaron y colaboraron en las diferentes intervenciones (Oria, Tania, Carla, Mario, Alba, Verónica, Celtia, Julián, Victor, Tatiana, Laura, Clara, Mar, Jose Manuel e Iria), así como a todo el alumnado de prácticas de los grados de Historia e Historia del Arte de la Universidade de Santiago de Compostela (Iago, Iria, Aldara, Daniel, Anxo, Eloy, Jesús, Alba, Marina, Paula, Tamara y Jorge). Agradecemos también la ayuda prestada por Patxi Pérez Ramallo y Jorge Sanjurjo Sánchez en la calibración de las dataciones radiocarbónicas.
Declaración de conflicto de intereses
⌅Los autores de este artículo declaran no tener conflictos de intereses financieros, profesionales o personales que pudieran haber influido de manera inapropiada en este trabajo.
Fuentes de financiación
⌅Las campañas de excavación y las analíticas fueron financiadas por el proyecto “Arqueología tardoantigua y medieval en Galicia” (2015-PN002) del Ministerio de Ciencia e Innovación, el Convenio USC-Gain Oportunius 2021 y la Diputación de A Coruña.
El Concello de Val do Dubra aportó personal y maquinaria para la limpieza del yacimiento.