1. INTRODUCCIÓN. LA SILLA DEL PAPA EN LOS ORÍGENES DE BAELO CLAUDIA
⌅El oppidum de la Silla del Papa se ubica a 4 km de la costa, en la cumbre de la sierra de la Plata (Fig. 1) y al norte de la ensenada de Bolonia (Tarifa, Cádiz), lugar de emplazamiento de la ciudad hispanorromana de Baelo Claudia (Sillières, 1997Sillières, P. (1997). Baelo Claudia. Una ciudad romana de la Bética. Madrid: Casa de Velázquez.). Junto a las defensas naturales y a la abundancia de recursos, fue un lugar excelente para el asentamiento de comunidades humanas a lo largo de todo el primer milenio a. C. (Moret et al., 2008Moret, P., Muñoz, A., García, I., Callegarin, L., Prados, F., Michel, O., Fabre, J.-M. y Rico, C. (2008). “La Silla del Papa (Tarifa, Cadix) aux origines de Baelo Claudia”. Mélanges de la Casa de Velázquez, 38-1, pp. 353-367. DOI: 10.4000/mcv.882, 2010Moret, P., Fabre, J.-M., García, I., Prados, F. y Constans, A. (2010). “La Silla del Papa (Tarifa, Cádiz): bilan de trois années de recherches”. Pallas, 82, pp. 441-463. DOI: 10.4000/pallas.13131). Desde la cima de la sierra se domina en 360º el territorio circundante: hacia el sur, la bahía de Tánger (Tingis), al este Tarifa (¿Mellaria?) y el Djebel Moussa, columna africana de Hércules; al oeste Vejer de la Frontera (¿Baesippo?) y el cabo de Trafalgar (promunturium Iunonis), al noroeste Medina Sidonia (Asido), puerta de la Bahía de Cádiz, y al norte los pasos hacia las sierras de Cádiz, donde se ubicaron los oppida de Oba, Lascuta e Iptuci. El enclave de la Silla del Papa se identifica con la Bailo prerromana, de la que conocemos su topónimo gracias a monedas bilingües latinas y neopúnicas (García-Bellido, 1985-1986), muy similares a las acuñadas entre la segunda mitad del siglo II y principios del I a. C. por los tres oppida de las sierras de Cádiz mencionados anteriormente, que fueron agrupadas bajo el discutido concepto de “libiofenicias” (García-Bellido, 1993García-Bellido, M. P. (1993). “Las cecas libiofenicias”. En: Costa, B. y Fernández, J. H. (Eds.). La moneda púnica e hispano-cartaginesa. VII Jornadas de Arqueología fenicio-púnica (Eivissa, 1992). Treballs del Museu Arqueològic d’Eivissa i Formentera 31. Ibiza: Museu Arqueològic d’Eivissa i Formentera, pp. 97-146.; Jiménez Díez, 2014Jiménez Díez, A. (2014). “Punic after Punic times? The case of the so–called ‘Libyphoenician’ coins of southern Iberia”. En: Quinn, J. C. y Vella, N. C. (Eds.). The Punic Mediterranean. Cambridge: Cambridge University Press, pp. 219-242.; Machuca Prieto, 2019Machuca Prieto, F. (2019). Una forma fenicia de ser romano. Identidad e integración de las comunidades fenicias de la Península Ibérica bajo poder de Roma. Spal Monografías Arqueología 29. Sevilla: Universidad de Sevilla., pp. 287-292). En este yacimiento, durante la campaña de 2017, fue localizada una tablilla de plomo con una defixio latina, que ha sido objeto de un reciente estudio filológico y sociocultural (Moret et al., 2019Moret, P., Dupraz, E., Ruiz-Darasse, C., Jiménez, H. y Prados, F. (2019). “Le courroux de Philonicus: une nouvelle défixion latine de Bétique”. Revue des Études Anciennes, 121 (2), pp. 329-356. DOI: 10.3406/rea.2019.6919). Lo que se pretende ahora es ahondar en el contexto arqueológico e histórico de este documento excepcional, así como avanzar algunas hipótesis en cuanto a su interpretación en términos sociales y económicos.
Recientes publicaciones eximen de presentar de forma pormenorizada los resultados de los trabajos de excavación llevados a cabo en la Silla del Papa y los de prospección tanto en el yacimiento como en su territorio (p. ej. Moret et al., 2017Moret, P., Prados, F., Fabre, J.-M., Fernández, E., García, F. J., Gonzalez, F. y Jiménez Vialás, H. (2017). “La Silla del Papa: hábitat y necrópolis (Campañas 2014-2016)”. Mélanges de la Casa de Velázquez, 47 (1), pp. 49-71. DOI: 10.4000/mcv.7333; Jiménez y Grau, 2019Jiménez Vialás, H. y Grau Mira, I. (2019). “From Pre-roman Bailo to Roman Baelo: long-term landscape dynamics in the Straits of Gibraltar”. Oxford Journal of Archaeology, 38 (2), pp. 228-246. DOI: 10.1111/ojoa.12166; Laurent et al., 2019Laurent, A., Moret, P., Fabre, J.-M., Calastrenc, C. y Poirier, N. (2019). “La cartographie multi-scalaire d’un habitat sur un site accidenté : la Silla del Papa (Espagne)”. Proceedings of the session III-3 (CA) of the XVIIIth UISPP congress, Paris, June 2018, Session III-3 (CA). Construire des référentiels partagés : Webmapping et archéologie. Archéologies numériques, 19 (3), n.° 1, pp. 1-6.). Los datos que hoy se manejan permiten enmarcar la vida del asentamiento entre los siglos X-IX a. C. y el inicio del reinado de Augusto. En este momento el oppidum quedó abandonado con el consiguiente traslado de población al nuevo enclave costero situado en la ensenada de Bolonia (Prados et al., 2012Prados Martínez, F., Muñoz Vicente, A., García Jiménez, I. y Moret, P. (2012). “Bajar al mar y... ¿hacerse romano? De la Silla del Papa a Baelo Claudia”. En: Mora, B. y Cruz, G. (Coords.). La etapa neopúnica en Hispania y el Mediterráneo centro occidental: identidades compartidas. Historia y Geografía 246. Sevilla: Universidad de Sevilla, pp. 301-329.; Moret y Prados, 2014Moret, P. y Prados, F. (2014). “Les deux Baelo: du site perché protohistorique au site portuaire romain sur la rive nord du détroit de Gibraltar”. En: Mercuri, L., González Villaescusa, R. y Bertoncello, F. (Dirs.). Implantations humaines en milieu littoral méditerranéen. XXXIVes Rencontres internationales d’archéologie et d’histoire d’Antibes. Antibes: Éditions APDCA, pp. 137-148.). Las excavaciones realizadas en los últimos años han confirmado arqueológicamente la hipótesis de que la población de la ciudad romana de Baelo Claudia, fundada en la costa en tiempos de Augusto, procedía en gran medida del yacimiento de la Silla del Papa, que fue abandonado alrededor del 30/25 a. C., aparentemente de forma pacífica y ordenada, como lo indica entre otras evidencias la casi total ausencia de material metálico en los niveles de abandono.
La fase inicial del asentamiento está marcada por tempranos contactos con el mundo fenicio, documentados en dos sondeos del sector superior del oppidum (Moret et al., 2008Moret, P., Muñoz, A., García, I., Callegarin, L., Prados, F., Michel, O., Fabre, J.-M. y Rico, C. (2008). “La Silla del Papa (Tarifa, Cadix) aux origines de Baelo Claudia”. Mélanges de la Casa de Velázquez, 38-1, pp. 353-367. DOI: 10.4000/mcv.882, 2010Moret, P., Fabre, J.-M., García, I., Prados, F. y Constans, A. (2010). “La Silla del Papa (Tarifa, Cádiz): bilan de trois années de recherches”. Pallas, 82, pp. 441-463. DOI: 10.4000/pallas.13131). La reciente revisión del material proveniente de esa intervención ha revelado una ocupación continua a lo largo del primer milenio a. C., si bien la mayor parte de los restos constructivos y del material cerámico recuperados en excavación atañen al periodo que abarca el siglo II y la primera mitad del I a. C., que se perfila como el momento de mayor desarrollo urbanístico del oppidum. La escasez de elementos arquitectónicos de raigambre itálica nos inclina a definir Bailo como un centro urbano indígena marcado por una fuerte impronta cultural fenicia y púnica, al igual que otros focos denominados bástulos o bástulo-púnicos propios del tercio sur de la península ibérica en similares cronologías (López Castro, 2002López Castro, J. L. (2002). “Las ciudades fenicias occidentales”. En: Ribera, A. y Jiménez, J. L. (Coords.). Valencia y las primeras ciudades romanas de Hispania. Valencia: Ajuntament de València, pp. 81-92.).
A los mencionados influjos culturales hay que añadir, además, los contactos con el vecino ámbito tingitano, dada la posición geográfica privilegiada del yacimiento en el centro del llamado “Círculo del Estrecho”, como subraya el geógrafo Estrabón cuando habla de Belón como del puerto “desde donde se realizan habitualmente las travesías hacia Tingis” (III, 1, 8), y como queda atestiguado por un episodio de las guerras sertorianas en el que Sertorio se reúne con una tropa de lusitanos en el mons Belleia, después de cruzar el Estrecho con su ejército, en la primavera de 80 a. C. (Salustio, Hist., I, 105, véase sobre este episodio Moret et al., 2014Moret, P., Prados, F., García, I. y Muñoz, Á. (2014). “El oppidum de Bailo/Silla del Papa y el Estrecho de Gibraltar en tiempos de Sertorio”. En: Sala, F. y Moratalla, J. (Eds.). Las Guerras Civiles romanas en Hispania. Una revisión histórica desde la Contestania. Alicante: Universidad de Alicante, MARQ. Museo Arqueológico de Alicante, Diputación de Alicante, pp. 141-153.). Este texto de Salustio, junto con otros de Apiano y con una serie de indicios arqueológicos, sugiere además la presencia de un componente lusitano, en el sentido amplio de este etnónimo, en la construcción de la comunidad baelonense (Moret, 2023Moret, P. (2023). “Identidades viajeras en el melting pot del Estrecho: Bailo, las ciudades “libiofenicias” y los lusitanos”. Gerión, 41 (2), pp. 419-446. DOI: 10.5209/geri.84084).
Esta compleja idiosincrasia permite entender por qué en el momento de su máximo desarrollo, hacia mediados del siglo I a. C., la organización del hábitat de la Silla del Papa poco tiene que ver con el urbanismo de las principales ciudades de la Hispania republicana. Es cierto que el carácter singular del oppidum se debe, en cierta medida, a la naturaleza abrupta del terreno que condicionó la organización del hábitat. Pero, sin negar la importancia de este factor topográfico, no hay duda de que los componentes culturales del núcleo poblacional prerromano tuvieron un peso determinante en el proceso de formación y evolución del asentamiento, lo que se reflejará, como veremos, en las necrópolis.
La ciudad de Bailo debió ejercer su control sobre un extenso territorio que incluía las ensenadas de Bolonia y de Zahara, pero que tenía su mayor potencialidad agropecuaria al norte, hacia el río Almodóvar y la depresión de la antigua laguna de La Janda (Jiménez y Grau, 2019Jiménez Vialás, H. y Grau Mira, I. (2019). “From Pre-roman Bailo to Roman Baelo: long-term landscape dynamics in the Straits of Gibraltar”. Oxford Journal of Archaeology, 38 (2), pp. 228-246. DOI: 10.1111/ojoa.12166). La necrópolis donde se encontró el plomo objeto de este estudio se sitúa precisamente en un lugar que domina el corredor natural que conectaba la Silla del Papa con esa llanura.
2. LA NECRÓPOLIS NOROESTE
⌅Aunque el asentamiento fortificado se limitó a cuatro hectáreas y media enmarcadas por formaciones rocosas, al norte, este y oeste se extendía un espacio periurbano ocupado de forma discontinua, en una superficie de unas doce hectáreas. En estas zonas se levantaron dos necrópolis, una al suroeste y la otra al noroeste (Fig. 2a). Esta última está situada en la continuación de la cresta occidental que corona la sierra de la Plata, en la llamada Área J, a unos 170 m al norte de la punta septentrional del oppidum fortificado, en un paisaje agreste que alterna lajas de roca verticales con estrechas franjas de terreno plano o moderadamente inclinado, escalonadas a lo largo de la ladera, dominando una de las vías principales de acceso al oppidum, que ascendía desde la llanura del río Almodóvar. Fue en esta necrópolis donde se descubrió el plomo con la inscripción que centra este trabajo.
Después de una campaña de prospecciones en 2013, en las ulteriores campañas (2014, 2016 y 2017) se escogieron dos áreas de excavación: la primera en una terraza de la ladera oriental, cerca del extremo noreste del área cementerial, donde eran visibles tres monumentos circulares (J19 a J21), y la otra en la parte más alta, en torno a cuatro monumentos de arquitectura más compleja (J1, J2, J3 y J27). Todo ello formaba un conjunto escenográfico orientado al este, jerarquizado en cuanto a la diversidad tipológica de los monumentos, y perfectamente perceptible desde la distancia.
2.1. Las estructuras tumulares
⌅En esta necrópolis las construcciones circulares de aspecto tumular son las más frecuentes, y se distribuyen desde la zona cimera hasta las terrazas inferiores, en un espacio de unos 5000 m2. Las prospecciones realizadas en 2013 y 2014 han documentado 26 estructuras pétreas circulares, numeradas de J1 a J26. Su distribución en ladera obedece a la accidentada topografía, buscando las aludidas franjas planas (Fig. 2b). Un dato particularmente interesante es la existencia de varias agrupaciones de monumentos de diferentes tamaños, con diámetros que varían entre 1,60 y 3,80 m.
Estas estructuras tumulares están formadas por sillares de arenisca rectangulares o poligonales, con una cara exterior cuidadosamente tallada, lisa y de perfil curvo y machihembrados en algún caso. Nunca se conservan más de dos hiladas, lo que representa una altura máxima que ronda el metro, según el tamaño de los bloques empleados. Hemos distinguido tres tipos, en función de la existencia o no de un relleno interior, y de la presencia o no de una sepultura en el interior del túmulo. En un solo caso (J12), se encontró una concentración de fragmentos de huesos calcinados en la base del relleno interior, en un paquete de tierra de color negruzco. Este depósito, parcialmente destruido por remociones posteriores, se extiende por menos de 1 m2 cerca del límite sur del túmulo –alejado pues del centro del mismo– y parece limitado al sur por una piedra colocada verticalmente y al este por otra piedra, que podrían ser los restos de una cista. Una datación de C14 realizada sobre un fragmento de carbón vegetal recogido en este estrato dio como resultado una fecha entre 195 y 42 cal BC que excluye una fecha anterior al siglo II a. C., pero que no permite relacionar esta estructura con una fase precisa dentro del periodo republicano. Un segundo tipo está representado por la estructura J10, de 3 m de diámetro, que posee un relleno interior denso y compacto, compuesto por una mezcla de tierra, gravas y piedras (Fig. 3), sin ninguna cista o tumba en su interior.
El tercer tipo corresponde a las estructuras J20 y J21, donde varios indicios hacen pensar que eran huecas (Fig. 4). No se ha documentado resto alguno de estructuración del espacio interno (cista, fosa o relleno intencionado), ni tampoco depósitos orgánicos (huesos, cenizas, etc.) o material mueble (cerámica, metal o vidrio). Estos dos monumentos presentan otra particularidad: el radio de curvatura de sus sillares varía en grandes proporciones, lo cual sugiere una construcción hecha con el expolio de estructuras previas –concretamente, monumentos circulares de distintos diámetros–, quizás en ese momento ya arruinadas.
En contraste con esta llamativa diversidad de uso del espacio interior de los monumentos, las prácticas funerarias documentadas a su alrededor no varían. En los sectores excavados en torno a las estructuras tumulares J10, J11 y J12, así como alrededor de las estructuras huecas J20 y J21, se encontraron enterramientos en urnas colocadas al pie de los monumentos, a escasa distancia de su paramento exterior, en pequeñas fosas excavadas debajo del nivel de circulación. Por su tipología y sus ajuares, estas urnas pertenecen casi en su totalidad a la época republicana, entre inicios del siglo II y mediados del I a. C. Este es un carácter estructural muy notable de esta necrópolis: la asociación de monumentos circulares o rectangulares con enterramientos en urnas formando densas agrupaciones en torno a ellos.
2.2. Los monumentos y los enterramientos de la zona cimera
⌅La zona de mayor elevación de todo el sector cementerial (341 m s. n. m.), justo sobre la línea divisoria de aguas, estaba jalonada de sur a norte por cuatro monumentos de mayor desarrollo vertical y dotados de decoración arquitectónica (J1, J2, J3 y J27), lo que denota una probable preeminencia sobre el resto de estructuras funerarias en función de su visibilidad desde las zonas bajas y desde la principal vía de comunicación terrestre que discurre al pie de la sierra, formando la citada escenografía monumental que aprovechaba la inclinación del terreno (Fig. 5). Los monumentos, de los que solo se conserva in situ su cimentación, estaban ubicados justo por debajo de una linde moderna de piedra seca que reaprovechó elementos arquitectónicos. El desmonte de este muro moderno permitió recuperar 137 sillares o fragmentos de sillares procedentes de la destrucción de estos cuatro monumentos, y reconstruir parcialmente su arquitectura (Desmars, 2021Desmars, A. (2021). Les monuments funéraires de la Silla del Papa (Tarifa, Cadix), IIe-Ier siècle av. J.-C. : étude architecturale, archéologique et historique. Tesis doctoral. Aix-Marseille Université.; Desmars, Laurent y Moret, 2021Desmars, A., Laurent, A. y Moret, P. (2021). “L’apport des outils numériques à l’étude de l’oppidum de la Silla del Papa (Tarifa, Cadix, Espagne)”. En: Berrocal, L. (Ed.). Proyectando lo oculto. Tecnologías LiDAR y 3D aplicadas a la Arqueología de la Arquitectura Protohistórica. Anejos a Cuadernos de Prehistoria y Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid 5. Madrid: Universidad Autónoma de Madrid, pp. 115-128.).
Los monumentos J1 y J3 eran de planta cuadrada, de 3,3 y 2,6 m de lado respectivamente, con remate piramidal (Fig. 6a). J1 poseía una falsa ventana y una cornisa de gola egipcia sobre baquetón, con numerosos paralelos en África del Norte y sureste de la península ibérica (Prados, 2008Prados Martínez, F. (2008). Arquitectura púnica. Los monumentos funerarios. Anejos de Archivo Español de Arqueología XLIV. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas.), mientras que J3 presentaba una basa formada por un listel y un toro del tipo “Etruscan round” que tiene amplia difusión en Italia a partir del siglo III a. C. (Shoe, 1965Shoe, L. T. (1965). Etruscan and Republican Roman Mouldings. Roma: American Academy in Rome.), un nicho en la elevación y una cornisa en cyma recta (Fig. 6b). Estas decoraciones arquitectónicas sugieren una influencia itálica probablemente en la última fase de la necrópolis. En medio entre estos dos monumentos turriformes, en el punto más alto de la necrópolis, J2 era una construcción rectangular de 6,2 × 3,3 m, con zócalo escalonado y cornisa de gola egipcia (Fig. 6c), probablemente un altar funerario1
Al igual que las estructuras tumulares, cada monumento articulaba un espacio en derredor, con un gran número de tumbas de cremación. La mayor parte de los enterramientos se emplazan en el lado oriental de estos monumentos, orientados hacia la salida del sol. Según la naturaleza del terreno, las urnas fueron colocadas entre piedras, en hoyos excavados en la tierra, o aprovechando las oquedades y desigualdades de la roca. Se han documentado varios casos de urnas que se agregan, a veces tocándose de forma voluntaria entre sí, y con hasta cuatro niveles superpuestos, de tal forma que el depósito se sobreelevó a medida que se añadían más urnas, ya que nunca se retiraron o amortizaron las previas (Fig. 7).
En el depósito más profundo de una de estas agrupaciones, entre el túmulo J12 y el monumento J1, una datación por C14 sobre un carbón del relleno del hoyo de la urna inicial dio como resultado (con dos sigmas) el intervalo 361-168 cal BC, lo que hace muy probable un arranque del funcionamiento de la necrópolis antes de la conquista romana. Una fase de ocupación aún más antigua está documentada por restos del Hierro I encontrados en niveles de destrucción en la zona cimera, concretamente varios fragmentos de cerámica a mano, un fragmento de plato de ala y dos fragmentos de una urna tipo Cruz del Negro con decoración pintada bícroma de bandas paralelas en rojo y negro, hallados cerca del monumento J27.
La enorme densidad de deposiciones funerarias, que apenas deja espacio libre (Fig. 8), subraya la categoría que tuvo este espacio, que fue profusamente empleado a lo largo de, al menos, dos siglos, si no tres. La naturaleza arquitectónica de los monumentos debió de funcionar como una referencia simbólica, en relación con familias o clanes destacados del entramado social de Bailo. Esta utilización del mismo espacio funerario a través de varias generaciones, que resulta en una impresionante acumulación de urnas funerarias al pie de cada monumento, manifiesta tanto un especial culto a los ancestros, caso de no haberse perdido la memoria de la relevancia de los antiguos propietarios, como una necesidad de vincularse a estos, en el caso de que se tratase de un nuevo grupo, para reforzar una posición predominante en la estructura social.
Un dato muy relevante es que este proceso de monumentalización, que va emparejado con la agregación de un número creciente de enterramientos alrededor de cada monumento, apunta hacia el grupo ‒familia o linaje‒, y no hacia el individuo.
2.3. Un ritual original, exponente de una cultura híbrida
⌅El rito empleado en todos los casos documentados es el de la cremación, con depósito secundario de los restos óseos en la urna. No se suelen detectar restos orgánicos ni rastro de ceniza en el exterior de las urnas, excepto en un enterramiento de la fase inicial, por lo que con seguridad los cadáveres fueron cremados en otro lugar ‒no localizado hasta ahora‒, realizándose a continuación una selección de huesos antes de ser recogidos en el interior de los recipientes, como parte de un ritual metonímico bien asentado en la Protohistoria peninsular. El ajuar de las tumbas se limita a uno o dos objetos personales (escudilla de cerámica, fíbula, anillo, brazalete, collar con cuentas de pasta vítrea o fusayola), colocados directamente sobre los huesos (Jiménez Vialás et al., 2020Jiménez Vialás, H., De Miguel Ibáñez, M. P., Torres Gomariz, O., Prados Martínez, F. y Moret, P. (2020). “Propuesta metodológica para la excavación y documentación de cremaciones en urna: las necrópolis de Bailo/La Silla del Papa y Baelo Claudia (Tarifa, Cádiz)”. En: De Miguel, M. P., Romero, A., Torregrosa, P. y Jover, F. J. (Eds.). Cuidar, curar, morir: la enfermedad leída en los huesos. Care, heal, die: the disease read in the bones. Colección Petracos 3. Alicante: Universidad de Alicante, pp. 265-285.).
Excepto en un caso en el que la urna estaba tapada por un cipo cilíndrico bajo, la señalización del enterramiento, cuando existe, se hace mediante una simple laja vertical de piedra (Fig. 7). Aunque no se ha hallado ninguna estela ni en esta necrópolis ni en la del suroeste, las citadas lajas actúan como señalizadores de grupos de sepulcros. No hay evidencias de la existencia de un espacio de circulación entre las tumbas, ni del desarrollo de rituales postdeposicionales tales como banquetes u ofrendas, salvo en la última fase, avanzado el siglo I a. C., cuando empezamos a documentar acciones distintas, como la colocación de objetos fuera de las urnas, así como otros elementos aprovechando grietas o pequeñas fosas excavadas a tal efecto (se han localizado collares de cuentas de pasta vítrea, pequeños vasos cerámicos y, en dos casos, monedas, una de ellas de la ceca de Bailo). Estos testimonios evidencian una evolución del ritual hacia usos más cercanos a los que cabría esperar de una necrópolis romana, empezando por entender el espacio como parte sustancial de la ciudad, frecuentada y objeto de usos diversos y celebraciones.
Destaca en estas costumbres funerarias la ausencia de rasgos ampliamente difundidos en el mundo fenicio y púnico, como el rito de la inhumación, las estelas, los hipogeos, o una diferencia de ritual para con los niños. Por otro lado, el desconocimiento de las necrópolis prerromanas de la baja Andalucía en general, y del Campo de Gibraltar en particular, donde enclaves como Carteia o Vejer no han ofrecido hasta el momento información alguna relativa al mundo funerario, dificulta establecer cualquier similitud o parentesco en el entorno directo. Todo ello redunda en la importancia que tiene el descubrimiento de estos contextos, donde confluyeron distintas tradiciones a lo largo del primer milenio a. C. Destaca, por encima de todo, la agrupación de las tumbas en torno a estructuras tumulares o turriformes. Este esquema es claramente ajeno a las tradiciones fenicias o púnicas documentadas en Cádiz o en otros yacimientos del sur peninsular (Moret, 2023Moret, P. (2023). “Identidades viajeras en el melting pot del Estrecho: Bailo, las ciudades “libiofenicias” y los lusitanos”. Gerión, 41 (2), pp. 419-446. DOI: 10.5209/geri.84084). Por el contrario, los monumentos decorados con cornisas de gola egipcia, los remates piramidales o la decoración moldurada simulando vanos o puertas, de clara adscripción africana (Desmars, 2021Desmars, A. (2021). Les monuments funéraires de la Silla del Papa (Tarifa, Cadix), IIe-Ier siècle av. J.-C. : étude architecturale, archéologique et historique. Tesis doctoral. Aix-Marseille Université.), y la propia escenografía asociando monumentos turriformes y otros menores, situados de forma jerárquica en ladera, apuntan hacia el mundo púnico o númida.
Recordemos, además, que el hallazgo de estas golas en la península ibérica se concentra en dos áreas principalmente: el espacio íbero contestano, situado al norte de Cartagena, y el área minera de Cástulo (Prados, 2008Prados Martínez, F. (2008). Arquitectura púnica. Los monumentos funerarios. Anejos de Archivo Español de Arqueología XLIV. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas.; Alejo et al., 2022Alejo, M., Gutiérrez, L., Prados, F., Ortiz, A. J. y Alejo, J. A. (2022). “El monumento fundacional de la plataforma inferior de Giribaile (Jaén). Espacio ideológico de arquitectura social y representativa”. Trabajos de Prehistoria, 79 (1), pp. 159-174. DOI: 10.3989/tp.2022.12293). El grupo de la Silla del Papa vendría a sumarse a este dosier, y no creemos casual que estas tres zonas se caractericen por su fuerte vínculo cultural púnico. En cambio, las similitudes con el mundo ibérico del interior, más allá de las citadas cornisas, y los sectores más septentrionales de la costa mediterránea son escasas: antes de ser hispana, la Silla del Papa pertenece en primer lugar a lo que se ha llamado el “Círculo del Estrecho”, una zona cultural que incluye el extremo sur peninsular y parte del norte de África (Bernal Casasola, 2016Bernal Casasola, D. (2016). “Le Cercle du Détroit. Une région géohistorique sur la longue durée”. Karthago, 29, pp. 7-50.). De hecho, aunque no podamos hablar de paralelos exactos, existen claras analogías al otro lado del Estrecho en la arquitectura númida y mauritana. Por último, hay que subrayar también la ulterior influencia de la arquitectura itálica que se vislumbra en los monumentos más recientes (hacia el 50 a. C.), particularmente en el monumento J3 (Fig. 6b). Recordemos, en este sentido, las monedas bilingües de Bailo, indicativas de la presencia viva de dos improntas culturales en la ciudad: la púnica, muy visible en la iconografía de estas monedas, pero también la romana, subrayada por la temprana presencia de la escritura latina en la ceca de Bailo como en otras acuñaciones “libiofenicias”. De hecho, la investigación sobre las cecas “libiofenicias” ha centrado su atención en la parte en escritura neopúnica anómala de sus leyendas, dejando en la sombra el rótulo en latín que, sin embargo, es un rasgo singular que las aparta netamente de la tradición monetaria hispano-púnica liderada por Gadir (Mora Serrano, 2012Mora Serrano, B. (2012). “Moneda e identidades en las amonedaciones de la Ulterior-Baetica: zonas nucleares y periféricas”. En: Santos Yanguas, J. y Cruz Andreotti, G. (Eds.). Romanización, fronteras y etnias en la Roma antigua: el caso hispano. Anejos de Veleia Acta 12. Vitoria: Revisiones de Historia Antigua VII, pp. 735-769., p. 756). El documento epigráfico que vamos a presentar ahora confirma el papel relevante del latín en la Bailo del siglo I a. C.
3. LA TABELLA DEFIXIONIS
⌅Hasta aquí se ha dibujado un panorama general de la necrópolis noroeste de la Silla del Papa, con la intención de contextualizar el hallazgo del plomo con la defixio. De este tipo de tablillas de execración se conocen unas treinta en la península ibérica (García-Dils de la Vega, 2020García-Dils de la Vega, S. (2020). “Tres nuevas Tabellae defixionum de Colonia Patricia Corduba. Prácticas mágicas en la necrópolis romana de Llanos del Pretorio”. En: Vaquerizo, D., Ruiz, A. y Rubio, M. (Eds.). El Sepulcretum de Llanos del Pretorio (Córdoba-España). Bari: Edipuglia, pp. 129-140., p. 129), de un total de 790 en el Occidente latino (Sánchez Natalías, 2022Sánchez Natalías, C. (2022). Sylloge of defixiones from the Roman West. Oxford: BAR Publishing.; Chiarini, 2021Chiarini, S. (2021). Devotio malefica: Die antiken Verfluchungen zwischen sprachübergreifender Tradition und individueller Prägung. Stuttgart: Franz Steiner.; McKie, 2022McKie, S. (2022). Living and Cursing in the Roman West. Curse Tablets and Society. London: Bloomsbury.). Aunque la gran mayoría han sido fechadas en época imperial, destaca la popularidad que ya tuvo esta práctica hacia finales de la era republicana en el sur de Hispania, particularmente en el valle del Guadalquivir. Está bien atestiguada, por otra parte, la costumbre de depositar este tipo de maldiciones en contextos funerarios (Alfayé y Sánchez Natalías, 2020Alfayé, S. y Sánchez Natalías, C. (2020). “Magic in Roman Funerary Spaces”. En: Gordon, R., Marco, F. y Piranomonte, M. (Eds.). Choosing Magic. Contexts, Objects, Meanings: The Archaeology of Instrumental Religion in the Latin West. Roma: De Luca, pp. 41-54., pp. 47-49) como es el caso.
3.1. Circunstancias del hallazgo y características físicas del objeto
⌅Se ha aludido anteriormente a que durante la excavación se desmontó un muro de linde moderno que separaba dos propiedades. Con este desmonte se pudieron recuperar diversos elementos arquitectónicos, sillares y cornisas, y se documentó la existencia de tres monumentos, los más grandes de la necrópolis. Bajo la linde, entre el altar J2 y el monumento J3, fue donde se halló el plomo, en dos fragmentos (Moret et al., 2019aMoret, P., Dupraz, E., Ruiz-Darasse, C., Jiménez, H. y Prados, F. (2019). “Le courroux de Philonicus: une nouvelle défixion latine de Bétique”. Revue des Études Anciennes, 121 (2), pp. 329-356. DOI: 10.3406/rea.2019.6919, p. 331). Suponemos que el citado muro de linde había permitido preservarlos, a pesar de la poca profundidad a la que se encontraban. No se los puede vincular a un estrato antiguo intacto, o a una estructura funeraria concreta, ya que la construcción del muro moderno supuso la destrucción de la parte superior de la secuencia estratigráfica. Se trata pues de un objeto sin contexto estratigráfico, aunque su ubicación original debe de haber estado muy cerca del lugar de su hallazgo, y en clara relación con los monumentos ubicados en la cima (Fig. 2b).
Los dos fragmentos del plomo se pueden juntar en parte de su contorno y una vez reconstituido mide 18,8 cm de ancho y 10,1 cm de largo, con un espesor medio de 0,25 cm. Estaba doblado por la mitad, con la inscripción en la cara interna, y perforado por un clavo de bronce de sección irregular, de 5 mm de diámetro. No se localizó el clavo, pero los rastros de corrosión verdosa alrededor de los bordes del orificio atestiguan su existencia y su composición metálica basada en cobre.
Se analizó la composición isotópica de dos muestras del plomo, tomadas en dos puntos de la tablilla alejados el uno del otro (Baron y Moret, 2023Baron, S. y Moret, P. (2023). “Provenance du plomb utilisé au Ier siècle av. J.-C. sur un site du détroit de Gibraltar (La Silla del Papa, Tarifa, Cadix)”. En: Meunier, E., Fabre, J.-M., Hiriart, E., Mauné, S. y Tămaş, C. G. (Eds.). Mines et métallurgies anciennes. Mélanges en l’honneur de Béatrice Cauuet. Collection DAN@ 9. Bordeaux: Ausonius Éditions, pp. 211-216.). Su firma isotópica es muy similar, lo que indica que la tablilla se fabricó de una sola pieza a partir de un material metálico homogéneo. Estos resultados se compararon con los datos isotópicos de los minerales y semiproductos de plomo actualmente disponibles para los dos grandes sectores mineros donde sabemos que se extrajo plomo en época romana republicana: Cartagena (Baron, Rico y Antolinos Marín, 2017Baron, S., Rico, Ch. y Antolinos Marín, J. A. (2017). “Le complexe d’ateliers du Cabezo del Pino (Sierra Minera de Cartagena-La Unión, Murcia) et l’organisation de l’activité minière à Carthago Noua à la fin de la République romaine. Apports croisés de l’archéologie et de la géochimie”. Archivo Español de Arqueología, 90, pp. 147-169. DOI: 10.3989/aespa.090.017.007) y Sierra Morena (Santos, García y Gil, 2004Santos, J. F., García, S. y Gil, J. I. (2004). “A lead isotope database: the Los Pedroches-Alcudia area (Spain); implications for archaeometallurgical connections across southwestern and southeastern Iberia”. Archaeometry, 46 (4), pp. 625-634. DOI: 10.1111/j.1475-4754.2004.00178.x, con datos de Los Pedroches y La Carolina). Las firmas isotópicas de la Silla del Papa están más próximas a las de Cartagena que a las de Sierra Morena, sugiriendo que el metal utilizado para fabricar la tablilla provenía de Cartagena, sin llegar a una total certeza, dado que la firma isotópica del plomo es variable dentro de cada uno de los sectores mineros mencionados. Otras muestras tomadas de cuatro fragmentos de plomo hallados en niveles del siglo I a. C. en el hábitat de la Silla del Papa, apuntan, asimismo, a Cartagena como probable lugar de origen. Resulta pues muy probable que la tablilla se fabricara in situ a partir de materiales de plomo disponibles en el oppidum. Por otra parte, el hecho de que el plomo utilizado en Bailo proviniera de Cartagena, y no de Sierra Morena, no es sorprendente. El transporte de lingotes de plomo por vía marítima entre Cartagena y el Estrecho era más fácil y más directo que un suministro desde Sierra Morena que hubiera necesitado dos rupturas de carga entre los tramos terrestre, fluvial y marítimo de la ruta.
3.2. El texto y su datación
⌅Después de su limpieza y restauración, se pudieron leer casi enteramente las seis primeras líneas del texto, así como una pequeña parte de las cuatro siguientes (Fig. 9). Si se admite que el clavo se colocó en medio de la tablilla, no habría mucho más texto después de las diez líneas total o parcialmente conservadas. Se puede considerar, pues, que se ha conservado más de la mitad del texto de la defixio.
Transcripción:
Traducción:
A Dis Pater, a Proserpina y a los dioses infernales: os ruego, yo Filónico, esclavo de Pupilo Flavio, y os imploro, que – ya que yo confío estos humanos a los dioses – [...]: Filemón el mozo de cuadras, Hemón el ovejero, Andrómaco el usurero (?) de Calaet, [...] su aliento de vida [y] su cuerpo [...] dentro de un mes [...] pero yo […].
La fórmula inicial comienza con una invocación a Dis Pater y Proserpina, es decir, a las deidades soberanas del mundo infernal. Esta pareja divina, introducida en los cultos romanos a mediados del siglo III a. C., está bien atestiguada en las defixiones latinas como poder de justicia y castigo, desde el período republicano hasta el imperial (Sánchez Natalías, 2013Sánchez Natalías, C. (2013). El contenido de las defixiones en el Occidente del Imperio Romano. Tesis doctoral. Universidad de Zaragoza., p. 102). Su presencia en la inscripción de la Silla del Papa confirma que el autor conocía las fórmulas tradicionales de las defixiones latinas.
El autor del texto se presenta como un esclavo y da su nombre, Philonicus, escrito Pilonicous, y proporciona el nombre de su amo, expresado en genitivo: Pupilli Flaui, muy probablemente un ciudadano romano llamado Flavius Pupillus, cuyo gentilicio y cognomen aparecen invertidos2
La inscripción presenta interesantes elementos paleográficos y lingüísticos que permiten establecer una serie de hitos cronológicos que nos limitaremos a resumir, remitiendo al lector, para más detalle, a un trabajo previo (Moret et al., 2019Moret, P., Dupraz, E., Ruiz-Darasse, C., Jiménez, H. y Prados, F. (2019). “Le courroux de Philonicus: une nouvelle défixion latine de Bétique”. Revue des Études Anciennes, 121 (2), pp. 329-356. DOI: 10.3406/rea.2019.6919, pp. 335-337 y 345-346). Las peculiaridades observadas en la forma de las letras sugieren una datación en el siglo I a. C., más probablemente en su segunda mitad; asimismo, varios elementos lingüísticos y gramaticales respaldan una datación entre mediados del siglo I a. C. y finales de la época augustea. Esta datación, que corresponde al último momento de uso de la necrópolis o ya a su abandono, ayuda a entender por qué Filónico vino a colocar la defixio con la certeza de que no podía ser descubierta y sin temor a poner su nombre en ella. El lugar donde la colocó, entre el altar J2 y el monumento J3, había dejado de ser objeto de remociones para añadir más tumbas o más monumentos.
La arqueología ha permitido documentar que no fue el único habitante de Bailo que volvió a celebrar algún ritual a la vieja necrópolis “de la sierra”. Más al sur y más abajo en la ladera, al lado del túmulo J10 (Fig. 3), se encontró una caja funeraria tallada en una calcarenita fosilífera que solo se encuentra en la costa (Moret et al., 2017Moret, P., Prados, F., Fabre, J.-M., Fernández, E., García, F. J., Gonzalez, F. y Jiménez Vialás, H. (2017). “La Silla del Papa: hábitat y necrópolis (Campañas 2014-2016)”. Mélanges de la Casa de Velázquez, 47 (1), pp. 49-71. DOI: 10.4000/mcv.7333, p. 61). Esta caja contenía, junto con los huesos, una fíbula del tipo Alesia 21a, fechable en la segunda mitad del siglo I a. C. (Feugère, 1985Feugère, M. (1985). Les fibules en Gaule méridionale de la conquête à la fin du Ve s. ap. J.-C. Revue Archéologique de Narbonnaise Supplément 12. Paris: Éditions du Centre National de la Recherche Scientifique., p. 306 y lám. 110)3
3.3. Magia y uso del griego
⌅Un hecho particularmente notable entre las características gráficas y lingüísticas de la inscripción es la presencia de letras y giros griegos. Los casos más espectaculares son la terminación del nombre Pilonicous, con el dígrafo -ou- en vez de -u-, por influencia del uso griego de notar -ου- el fonema [u] del latín, y el uso directo de la letra griega chi en vez de C o CH para escribir [A]ndromaχun, pero no son los únicos (análisis detallado en Moret et al., 2019Estrabón, Geografía. Libros III-IV. Trad. de M. J.Meana Cubero y F.Piñero Torre. Biblioteca Clásica Gredos 169. Madrid: Gredos, 1992., pp. 347-349). Da la sensación de que el autor del texto tenía mayor conocimiento del griego que del latín, lo que podría explicar por qué se alejó en varias ocasiones de la norma latina para transcribir los nombres griegos y adaptar sus desinencias.
Cabe recordar además que los nombres de los cuatro personajes mencionados son griegos: Philonicus, Philemon, Hæmon y Andromachus. La cuestión de saber cuántos griegos auténticos u orientales grecoparlantes hubo entre los muchos esclavos o libertos que poseen nombres griegos en la epigrafía de Hispania en época republicana es discutida y, posiblemente, no tenga solución (Beltrán Lloris, 2004Beltrán Lloris, F. (2004). “Libertos y cultura epigráfica en la Hispania republicana”. En: Marco, F., Pina, F. y Remesal, J. (eds.). Vivir en tierra extraña: emigración e integración cultural en el mundo antiguo. Instrumenta 16. Barcelona: Universitat de Barcelona, pp. 151-175.; Alvar Nuño, 2019Alvar Nuño, A. (2019). “The use of curse tablets among slaves in Rome and its western provinces”. Religion in the Roman Empire, 5 (3), pp. 398-416. DOI: 10.1628/rre-2019-0023, p. 405). En el caso que nos ocupa, se pueden esgrimir argumentos contrapuestos. Por un lado, las ocupaciones tan humildes como rurales de Filemón y Hemón no hablan a favor de un origen oriental para estos dos personajes. Por otro, la importancia del componente griego u oriental en la onomástica de Baelo es una característica ya observada en los cognomina de las inscripciones de la ciudad baja, de las que casi una cuarta parte eran griegos. Esta proporción es superior a la media en los municipios de Hispania y se explica por “una mezcla de población posibilitada por el carácter marítimo de la ciudad” (Bonneville et al., 1988Bonneville, J.-N., Dardaine, S. y Le Roux, P. (1988). Belo V. L’épigraphie. Les inscriptions romaines de Baelo Claudia. Publications de la Casa de Velázquez, Série Archéologie X. Madrid: De Boccard., p. 130). Y si bien es cierto que sorprende la casi ausencia de onomástica púnica en el repertorio baelonense (Padilla Monge, 2010Padilla Monge, A. (2010). “Algunas notas acerca de la élite del municipio romano de Baelo”. Habis, 41, pp. 185-203.), no podemos descartar que algunos de los cognonima griegos o latinos fueran en realidad de origen púnico, traducidos, siguiendo esquemas bien conocidos en el norte de África (López Castro y Belmonte, 2012López Castro, J. L. y Belmonte, J. A. (2012). “Pervivencias de la antroponimia fenicia en época romana en la península Ibérica”. En: Mora, B. y Cruz, G. (Coords.). La etapa neopúnica en Hispania y el Mediterráneo centro occidental: identidades compartidas. Historia y Geografía 246. Sevilla: Universidad de Sevilla, pp. 141-164.).
Sea como fuere, el autor del texto –sea el propio Filónico o un mago profesional– tenía una práctica de la lengua y la escritura griega lo suficientemente fuerte como para influir en su uso del latín. La hipótesis que nos parece más verosímil es la de un mago itinerante que recorría pueblos y propiedades rurales, como se desprende de un pasaje de Catón (De agricultura, V, 4, cf. Alvar Nuño, 2019Alvar Nuño, A. (2019). “The use of curse tablets among slaves in Rome and its western provinces”. Religion in the Roman Empire, 5 (3), pp. 398-416. DOI: 10.1628/rre-2019-0023, p. 401). Estos individuos, posiblemente de origen oriental, se habían formado en el conocimiento de rituales mágicos ya ampliamente difundidos en la Hispania de finales de la época republicana, como lo atestiguan las tablillas de defixio de Ampurias, Córdoba o Carmona (Urbanová, 2018Urbanová, D. (2018). Latin Curse Tablets of the Roman Empire. Innsbrucker Beiträge zur Kulturwissenschaft 17. Innsbruck: Masaryk University., p. 401 y pp. 446-448).
El plomo de la Silla del Papa es un exponente más de la enorme complejidad social y cultural del sur de la Bética al final de la época republicana (Caballos y Demougin, 2006Caballos Rufino, A. y Demougin, S. (Eds.) (2006). Migrare. La formation des élites dans l’Hispanie romaine. Ausonius Études 11. Bordeaux: De Boccard.). Mientras se hubiera esperado encontrar nombres indígenas o semíticos en una inscripción redactada por un habitante de la Silla del Papa, dado el origen comúnmente atribuido a los habitantes de esta ciudad, los nombres que leemos son griegos, y el bilingüismo revelado por este excepcional documento es entre el latín y el griego, añadiendo una capa de complejidad al bilingüismo latín–neopúnico que caracteriza las monedas de la ciudad. Tendríamos pues dos procesos distintos de contactos lingüísticos, el uno al nivel de la oficialidad y de las instituciones cívicas, plasmado en las monedas que asocian los dos idiomas del poder: el neopúnico como reivindicación (simbólica) del legado cartaginés, y el latín que representa el nuevo poder. Al otro extremo de la escala social, son los esclavos rurales y los libertos los que vehiculan una forma de literacy que podríamos llamar subalterna, con un latín impregnado de griego y un hibridismo grecolatino propio de las prácticas mágicas. Esta presencia del griego, de la mano de magos itinerantes y en los sectores más pobres del cuerpo social, es la antítesis del helenismo cultivado en Gades o Corduba por las élites fenicias y turdetanas que pagaban a grammatikoi como Asclépiades de Mirlea (mencionado por Estrabón, III 4, 3), para enseñarles su idioma y dar un barniz griego a sus tradiciones mitológicas.
3.4. Territorio y relaciones económicas
⌅La mención de las profesiones de los actores activos y pasivos de la defixio nos introduce de lleno en el mundo de las grandes explotaciones ganaderas de los notables de Baelo, entre las que probablemente figuraba Flavius Pupillus, el amo de Filónico. El predominio de la ganadería bovina y ovina parece ser una constante en los usos tradicionales de la tierra en el campo de Tarifa y las prospecciones realizadas en los últimos años así lo indican (Jiménez y Grau, 2019Jiménez Vialás, H. y Grau Mira, I. (2019). “From Pre-roman Bailo to Roman Baelo: long-term landscape dynamics in the Straits of Gibraltar”. Oxford Journal of Archaeology, 38 (2), pp. 228-246. DOI: 10.1111/ojoa.12166). Además de los pastos en el fondo de los valles, del monte bajo y de los bosques abiertos en las zonas más altas, el entorno contaba con lagunas costeras de las que se podía obtener fácilmente sal, un recurso imprescindible para esta actividad.
La práctica combinada del cultivo de cereales y de la ganadería concuerda con la iconografía de las monedas bilingües de Bailo (Fig. 10), en las que aparecen una espiga de trigo, un toro y un caballo. El territorio de la ciudad era apto tanto para la cría de ganado bovino en las zonas bajas de la depresión Zahara-El Almarchal, al oeste de la localidad, como para la cría de ganado ovino-caprino en las laderas y estribaciones de la sierra de la Plata. La naturaleza y distribución de los yacimientos avistados en prospecciones desarrolladas en todo este sector y las características del registro superficial sugieren la existencia de un uso extensivo del suelo, tanto en la época imperial como en épocas anteriores (Grau, Jiménez y Sarabia, 2021Grau, I., Jiménez, H. y Sarabia, J. (2021). “Arqueología de los espacios y comunidades agrarias desde el registro superficial: un análisis comparado de paisajes y prácticas rurales desde la Antigüedad al Medievo”. En: Mayoral, V., Grau, I. y Bellón, J. P. (Eds.). Arqueología y sociedad de los espacios agrarios: en busca de la gente invisible en la materialidad del paisaje. Anejos de Archivo Español de Arqueología XC. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, pp. 27-46.). Los estudios paleoambientales documentan igualmente la práctica de actividades ganaderas a lo largo del tiempo (May et al., 2021May, S., Norpoth, M., Pint, A., Shumilovskikh, L., Raith, K., Brill, D., Rixhon, G., Moret, P., Jimenez-Vialás, H., Grau-Mira, I., García-Jiménez, I., Marzoli, D., León-Martín, C., Reicherter, K. y Brückner, H. (2021). “Mid- to late Holocene environmental changes and human-environment interactions in the surroundings of La Silla del Papa, SW Spain”. Geoarchaeology, 36, pp. 573-600. DOI: 10.1002/gea.21846, p. 590). De hecho, la amplia infraestructura para la fabricación de salazones de pescado en Baelo podría haberse empleado también para la de carne de vacuno y ovino, como se ha observado en las piletas de Traducta (Algeciras), situadas a pocos kilómetros (Bernal Casasola, 2007Bernal Casasola, D. (2007). “Algo más que garum. Nuevas perspectivas sobre la producción de las cetariae hispanas al hilo de las excavaciones en c/ San Nicolás (Algeciras, Cádiz)”. En: Lagóstena, L., Bernal, D. y Arévalo, A. (Eds.). Cetariae 2005. Salsas y salazones de pescado en Occidente durante la Antigüedad. Actas del congreso internacional (Cádiz, 7-9 noviembre de 2005). BAR International Series 1686. Oxford: John and Erica Hedges Ltd., pp. 93-107., pp. 99-101).
Durante el período republicano, al final de la ocupación de la Silla del Papa, las excavaciones arqueológicas sugieren efectivamente la práctica de una economía de base agro-pecuaria, si bien abierta al comercio de productos de ámbito mediterráneo. Sin embargo, en el momento en que se realizó la tablilla de plomo para ser ubicada en un monumento de la necrópolis de la Silla del Papa, el territorio de Baelo acababa de sufrir una profunda transformación con el abandono del oppidum y el desplazamiento de su población a la costa. En este momento se han documentado los primeros asentamientos de tipo villa en el territorio (La Campana en el valle de Zahara y La Torre en la ensenada de Bolonia). Creemos bastante probable que el mozo de cuadra y el pastor que aparecen en la inscripción, así como quien la encargó, fuesen habitantes de este tipo de enclaves rurales al modo romano.
El tercer blanco de las maldiciones de Filónico, el usurero Andrómaco, abre el horizonte de sus relaciones más allá de Baelo y el Estrecho. Dado su sufijo en -ensis, el epíteto Calaetensem que se le aplica se formó probablemente a partir de un nombre de lugar. En el sur de Hispania, el único nombre que se puede comparar con Calaetensis es Callet, dado por Plinio a un oppidum de la Bética (3.12.8; 3.15.5) y confirmado por leyendas monetales. Callet se ubica entre Montellano y El Coronil (Sevilla), a unos 120 km al norte de Baelo, en un punto intermedio de la vía que conducía a la capital provincial Córdoba, vía Astigi. Sin embargo, esta identificación que hemos defendido inicialmente (Moret et al., 2019Moret, P., Dupraz, E., Ruiz-Darasse, C., Jiménez, H. y Prados, F. (2019). “Le courroux de Philonicus: une nouvelle défixion latine de Bétique”. Revue des Études Anciennes, 121 (2), pp. 329-356. DOI: 10.3406/rea.2019.6919) supone dos cambios gráficos y el correspondiente cambio de pronunciación para acercar, no sin dificultad, Calaetensis a Callet. Existe otra hipótesis (Moret, 2023Moret, P. (2023). “Identidades viajeras en el melting pot del Estrecho: Bailo, las ciudades “libiofenicias” y los lusitanos”. Gerión, 41 (2), pp. 419-446. DOI: 10.5209/geri.84084) que se basa en la existencia de Calaetiqum, un nombre de grupo familiar o suprafamiliar en genitivo de plural de origen hispano-céltico, atestiguado por tres inscripciones halladas en Ávila y Guisando, en territorio vetón (Sánchez Moreno, 1996Sánchez Moreno, E. (1996). “A propósito de las gentilitates: los grupos familiares del área vetona y su adecuación para la interpretación de la organización social prerromana”. Veleia, 13, pp. 115-142., p. 123). El sufijo -ensis representaría un intento de encontrar un equivalente latino para el genitivo de plural hispano-céltico -iqum, indicando por lo tanto la pertenencia a un grupo suprafamiliar de tipo gentilidad o cognatio. De admitir esta hipótesis, Andrómaco, aun siendo un esclavo o un liberto como sugiere su nombre griego (para un ejemplo similar, cf. Hurtado Aguña, 2004Hurtado Aguña, J. (2004). “Las gentilidades presentes en los testimonios epigráficos procedentes de la Meseta meridional”. Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, 69-70, pp. 185-206., p. 201), estaría identificado como miembro de un grupo suprafamiliar de origen meseteño, haciendo eco a los “lusitanos” presentes en el mons Belleia en época de Sertorio, como hemos recordado más arriba. Esta posible existencia de gentilidades en Bailo entraría en perfecta consonancia con la estructuración del área funeraria, basada en grupos de tumbas bien definidos, rodeando las estructuras tumulares o los monumentos turriformes.
La existencia de una red de relaciones más allá del territorio de Baelo quizás no se limite a las inferencias que se puedan sacar del adjetivo Calaetensis. El amo de Filónico lleva el gentilicio Flavius, poco frecuente en época republicana, pero que aparece en otras dos ocasiones durante el siglo I a. C. en la Bética. Un grafito sobre cerámica campaniense del siglo I a. C. de Medina Sidonia, la vecina Asido, lleva el nombre de M. Fla[ui--]. Además, un caballero romano llamado Gaius Flavius vivía en Hasta Regia en el 45 a. C. según el Bellum Hispaniense (XXVI, 2). La existencia de cierto vínculo familiar entre estos tres Flavii parece más plausible que la hipótesis de una simple homonimia, dada la proximidad geográfica de las tres ciudades y la proximidad cronológica de las alusiones. Hasta Regia y Asido fueron desde la época púnica importantes centros de producción agrícola, mercados muy activos y puestos de control en la red de comunicación que unía la costa con el interior. Gracias al famoso decreto de Emilio Paulo (CIL II, 5041) sabemos que hasta el 189 a. C. Hasta Regia ejercía una forma de dominación sobre habitantes de una ciudad llamada Lascuta, ubicada a unos 20 km al este de Asido, más cerca de la Silla del Papa que de la propia Hasta Regia. Otra coincidencia notable es que los oppida de Asido y Lascuta se encuentran entre aquellos que, como Bailo, emitieron las citadas monedas con leyenda bilingüe neopúnica y latina (Estarán, 2012Estarán, M. J. (2012). “Bilingüismo en las leyendas monetales: una peculiaridad de la numismática hispana y africana”. Antesteria, 1, pp. 349-357., p. 351) denominadas “libiofenicias” (García-Bellido, 1993García-Bellido, M. P. (1993). “Las cecas libiofenicias”. En: Costa, B. y Fernández, J. H. (Eds.). La moneda púnica e hispano-cartaginesa. VII Jornadas de Arqueología fenicio-púnica (Eivissa, 1992). Treballs del Museu Arqueològic d’Eivissa i Formentera 31. Ibiza: Museu Arqueològic d’Eivissa i Formentera, pp. 97-146.). Hasta Regia podría también formar parte de este grupo, si se le atribuyen, según la hipótesis de M. P. García-Bellido, unas amonedaciones con leyenda neopúnica b‘b‘l (García-Bellido, 1985-1986García-Bellido, M. P. (1985-1986). “Leyendas e imágenes púnicas en las monedas ‘libiofenices’”. En: Gorrochategui, J., Melena, J. L. y García, J. F. (Ed.). Studia Paleohispanica. Actas del IV Coloquio sobre lenguas y culturas paleohispánicos. Veleia 2-3. Vitoria: Universidad del País Vasco, pp. 499-520.). Por último, cabe destacar que las monedas de Bailo, Asido y Lascuta, así como la serie atribuida a Hasta, utilizaron la efigie de Heracles-Melqart, fuertemente influenciada por Gades. Estas afinidades culturales y políticas, sin ser prueba irrefutable de un parentesco entre el amo del esclavo de Bailo y los dos Flavius de Hasta y Asido, dan a esta hipótesis una consistencia notable. Marcus y Gaius Flavius, siendo este último un notable de rango ecuestre, pertenecían a una gens que, según todos los indicios, desarrolló actividades ganaderas en varias ciudades de la red “libiofenicia”. En paralelo Philonicus, que residía en un entorno rural, era esclavo de un terrateniente llamado Flavius: creemos que puede ser más que una coincidencia.
3.5. El esclavo y su amo: una relación singular
⌅Las defixiones en las que el autor es un esclavo y se presenta como tal, son muy minoritarias: apenas un 5 % del total (Alvar Nuño, 2019Alvar Nuño, A. (2019). “The use of curse tablets among slaves in Rome and its western provinces”. Religion in the Roman Empire, 5 (3), pp. 398-416. DOI: 10.1628/rre-2019-0023, p. 407), pero son relativamente frecuentes en la Bética de finales de la República (Moret et al., 2019aMoret, P., Dupraz, E., Ruiz-Darasse, C., Jiménez, H. y Prados, F. (2019). “Le courroux de Philonicus: une nouvelle défixion latine de Bétique”. Revue des Études Anciennes, 121 (2), pp. 329-356. DOI: 10.3406/rea.2019.6919, p. 350). Paradójicamente, la práctica de la escritura estaba bien asentada en la esfera servil, seguramente porque una parte no marginal de los esclavos presentes en Hispania en esa época eran gente foránea, políglota, y dotada de cierto capital cultural. Por otra parte, como ha mostrado Antón Alvar, las defixiones escritas o encomendadas por esclavos tienen a otros esclavos (o libertos) como blancos de sus maldiciones, “revealing a world of conflict between individuals of the same social and legal status that bears little relationship to the idea of class-consciousness” (Alvar Nuño, 2019Alvar Nuño, A. (2019). “The use of curse tablets among slaves in Rome and its western provinces”. Religion in the Roman Empire, 5 (3), pp. 398-416. DOI: 10.1628/rre-2019-0023, p. 408). Recíprocamente, “the practice of cursing was tolerated because it did not question the authority of the pater familias” (ibid.).
En este marco, ¿cómo entender el hecho –casi sin parangón en las tablillas de defixio– de que Filónico, además de autodesignarse como esclavo, indicara el nombre de su amo? Quizás con ello quiso subrayar la importancia de la familia a la que pertenecía, con la esperanza de dar peso en su petición a los dioses. La mención al usurero Andrómaco muestra ciertamente los límites de su riqueza, pero también su acceso a la economía monetaria. En cuanto a Filemón (un simple mozo de cuadra) y Hemón (un pastor), cabe señalar que ocupaban puestos poco especializados, que requerían habilidades técnicas limitadas, lo que les debió colocar en el último peldaño de la escala servil. Se puede suponer que el hecho de reivindicarse como miembro de una familia afamada, aunque su estatus fuera servil, pudo ser para Filónico una manera de marcar diferencias con sus enemigos. De hecho, menciona sus profesiones, que eran de las más viles, sin dar el nombre de sus amos, al revés de lo que hace para sí mismo.
Podemos ir un paso más lejos, relacionando esta inhabitual mención del amo con el contexto funerario del lugar de deposición del plomo. Sabemos que los monumentos funerarios eran vehículos de expresión y representación de los difuntos, y que su arquitectura permitía el “diálogo” entre sus propietarios y los vivos, así como que los primeros intercediesen con los últimos ante los dioses de ultratumba. Esa es la explicación de la ubicación del plomo al pie de un monumento funerario: solicitar la intercesión de los muertos ante Dis Pater, Proserpina y otros dioses infernales para conseguir sus favores y cumplir sus deseos. Ahora bien, hemos subrayado más arriba que la zona cimera de la necrópolis noroeste se distingue del resto del área funeraria por la presencia de tres monumentos turriformes dotados de una decoración arquitectónica, lo que autoriza a atribuirlas a familias de la élite de Bailo. ¿Podría ser que el monumento J3 (Fig. 6b), situado a pocos metros del lugar de hallazgo (Fig. 2b), tuviera algo que ver con la familia de Flavius Pupillus, o con algún antepasado de este? De esta manera, no sería solo a los dioses infernales a los que Filónico estaría pidiendo auxilio y protección, sino también a manes relacionados con su amo.
4. REFLEXIONES FINALES
⌅La documentación que se ha conseguido reunir permite vislumbrar situaciones complejas, que ponen en juego a muchos actores. Esta situación no es de extrañar en el ámbito del Estrecho de Gibraltar, una zona de intercambios y contactos situada en la conexión entre los mundos mediterráneo y atlántico, y entre África y Europa. La documentación histórica y geográfica grecorromana referida al periodo que se corresponde grosso modo con la conquista y establecimiento de Roma en la región, plasma la conexión de fenicios occidentales, púnicos, mauritanos, itálicos, e indígenas conocidos como bástulos o túrdulos. Estas fuentes también mencionan a unos celtas que se asentaron en el sur de la Bética, y a lusitanos que frecuentemente hacían incursiones hasta el Estrecho (Moret et al., 2014Moret, P., Prados, F., García, I. y Muñoz, Á. (2014). “El oppidum de Bailo/Silla del Papa y el Estrecho de Gibraltar en tiempos de Sertorio”. En: Sala, F. y Moratalla, J. (Eds.). Las Guerras Civiles romanas en Hispania. Una revisión histórica desde la Contestania. Alicante: Universidad de Alicante, MARQ. Museo Arqueológico de Alicante, Diputación de Alicante, pp. 141-153.; Moret, 2023Moret, P. (2023). “Identidades viajeras en el melting pot del Estrecho: Bailo, las ciudades “libiofenicias” y los lusitanos”. Gerión, 41 (2), pp. 419-446. DOI: 10.5209/geri.84084). El reconocimiento de la necrópolis, la diversidad y evolución de los monumentos y los ritos funerarios, y el hallazgo de la tablilla, permiten registrar todos los componentes de esta abundante diversidad, en una región en la que, hasta hace poco, no se conocía ninguna necrópolis. Esta última laguna es un obstáculo importante para la caracterización de los grupos sociales establecidos en esta franja norte del Estrecho.
La existencia de monumentos que no son sepulcros en sí, y la agrupación de enterramientos formando conjuntos muy densos alrededor de ellos, marcan la preeminencia de la pertenencia a la familia –en sentido extenso–, a la estirpe o al linaje. Tanto la arquitectura monumental como los rituales –o la ausencia de estos– trascienden las prácticas que se corresponden con el individuo y se han de relacionar con estructuras sociales mayores. En este sentido, la austeridad generalizada de los ajuares individuales contrasta con la opulencia de la arquitectura, que representa el trabajo organizado y mancomunado. En definitiva, la necrópolis de la Silla del Papa –Bailo‒ fue un espacio de memoria colectiva, que perduró en el tiempo hasta más allá de su abandono, y que facilitó el derecho a reclamar la pertenencia a una parte destacada del entramado social. Su hallazgo y actual estudio abre nuevos horizontes interpretativos que habrán de ser clave para el conocimiento de una sociedad en constante cambio que afrontó un temprano ejercicio de romanización y que, aunque incorporó con ello nuevas prácticas, como las mágicas que nos han ocupado, en caso alguno prescindió de su propia tradición, elaborada a lo largo del primer milenio a. C. a raíz de contactos e intercambios con el mundo colonial fenicio y púnico, con la esfera mauritana y con el interior peninsular.