La Historia está en deuda con las mujeres, no solo con las del pasado sino también con las del presente, pero obras como esta evitarán que lo esté también con las del futuro. La Arqueología Feminista y de Género comenzó su andadura con paso firme hace más de tres décadas en nuestro país y entre sus preocupaciones principales estaban las siguientes:
- a) Las críticas al androcentrismo. Estas se han realizado desde dos perspectivas. La primera al androcentrismo que ha primado en la construcción de los discursos de nuestro pasado y en el paraguas de legitimidad concedido a la estructura patriarcal que se ha materializado en relaciones de desigualdad en la actualidad. La segunda, el propio androcentrismo ha primado en una disciplina como la arqueológica. La Arqueología es una disciplina humanística que ha estado capitaneada mayoritariamente por hombres, haciendo primar sus intereses y sus preferencias científicas dando lugar a su masculinidad.
- b) La situación profesional de las mujeres. Acceder o no a un ejercicio profesional, ocupar puestos de responsabilidad y reconocimiento, materializar su presencia en la construcción de la disciplina arqueológica.
- c) Por último, la visibilidad y la reivindicación de las mujeres en el pasado. Este es un aspecto fundamental para la construcción de la identidad femenina. Solo recuperando, haciendo visibles y sacando del silencio a las mujeres de nuestro pasado seremos capaces de generar una genealogía histórica en femenino y de propiciar referentes históricos de mujeres que nos permitan construir una realidad más justa, más real y, por supuesto, más igualitaria entre hombres y mujeres.
Esta obra, como indican las editoras y el editor en la Introducción, es la culminación de un trabajo profundo y renovado realizado en el marco del proyecto de I+D+i “Recuperando la memoria: recorridos femeninos en la Historia de la arqueología española (siglos XIX y XX) (ArqueólogAs)” (2020-2022) (PID2019-110748GB-100), cuyo principal objetivo era recuperar de manera crítica el papel que han ocupado las mujeres a lo largo de los siglos XIX y XX en la construcción de la disciplina arqueológica. En realidad, esta monografía es una compilación acertada, aunque segregada de ponencias (primero) y artículos científicos (después), del congreso Voces in crescendo: del mutismo a la afonía en la historia de las mujeres en la arqueología española, celebrado entre los días 12 y 13 marzo de 2021, el cual a su vez da título a este volumen. Se entiende que es imposible dar cabida en estos espacios de difusión y transferencia a todas las voces femeninas presentes en la historia de nuestra disciplina, pero ¿cuál ha sido el criterio o criterios utilizados por los editores para optar por unas biografías y obviar otras? Esta cuestión es fundamental, y en la obra y, más particularmente en su Introducción, no aparece explicado. Hubiera sido muy acertado hacerlo, sobre todo, porque cuando se está reconstruyendo la historia de la arqueología en femenino o cuando se está procurando recuperar de la oscuridad el protagonismo y profesionalización de las mujeres, debemos tener cuidado de no caer en los sesgos propios de nuestra disciplina.
Sin embargo, la cuidada estructura de este monográfico, unida a la valiosa y rigurosa documentación que aporta cada una de las contribuciones que lo vertebran, convierten este trabajo en una obra de referencia para el estudio de la historia de las mujeres en la disciplina arqueológica. La monografía contiene un total de 29 trabajos, entre los que se incluye el capítulo introductorio, organizados en cuatro bloques. La acertada articulación de las diferentes contribuciones, organizadas de forma cronológica, incluyendo diversas miradas y generando un recorrido diacrónico de la construcción de la disciplina arqueológica española en femenino, generan una visión holística de todo el proceso.
El escaso espacio aquí disponible dificulta tratar detalladamente cada uno de los artículos, pero sí intentaremos dar unas pinceladas esclarecedoras, en la mayoría de las ocasiones de forma conjunta, de los trabajos publicados en la obra. Delante de los bloques temáticos está la Introducción, titulada Introducción: sumando voces a una arqueología hecha por y para todes. Con este epígrafe ya queda claro el objetivo de la obra y su tratamiento y perspectiva inclusiva. Sus autores, Margarita Díaz-Andreu, Octavio Torres Gomariz y Paloma Zarzuela Gutiérrez, editores de esta obra, lo articulan en tres grandes apartados. El primero realiza un recorrido historiográfico, a grandes rasgos, sobre el origen, desarrollo y camino de la arqueología feminista y de género. El segundo expone el marco científico de la obra, que es el del proyecto de I+D+i ArqueólogAs. Y, por último, un tercer apartado en el que se presenta de forma general la articulación del volumen realizando un breve análisis de los diferentes trabajos y dejando ver que se trata de una obra coral que tiene como objetivo recopilar las voces femeninas de la historia de la investigación arqueológica entre los siglos XIX y XX. Pero, ¿son todas las que son? Claramente, no.
El primero de los bloques se titula con el epígrafe Mujeres en los márgenes de la arqueología (siglo XIX y primera mitad del XX). Revelador epígrafe, sin lugar a dudas, ya que en estos momentos se está construyendo la arqueología como disciplina científica. Cinco trabajos lo articulan y consiguen situar con nombre y apellidos a las primeras mujeres españolas que, de una u otra manera, estuvieron relacionadas con el patrimonio, gestión, conservación y transferencia de la arqueología. Es cierto que, a excepción del tercer artículo en el que Jorge del Reguero González expone la vida y obra de Miriam Astruc, catalogada como el primer referente de la arqueología púnica en España, y el cuarto donde Ariadna Guimerá Martínez y Laia Perea Paños analizan la trayectoria profesional como epigrafista de Adela M.ª Trepat i Massó, el resto de mujeres no tuvieron una participación directa e implícita en el desarrollo de la actividad arqueológica, aunque sí tuvieron la curiosidad y la iniciativa de proteger, gestionar y mantener el patrimonio que les había llegado por diferentes vías. Esta es la historia de Mariana P. de Bonanza y Soler de Cornellá, contada por Santiago Olcina Lagos, o las experiencias vitales de Elena Rodríguez-Bolívar y Dolores Simó, entre otras, descritas por Josemi Lorenzo Arribas y Sergio Pérez Martín y Ana Gómez Díaz, respectivamente. Todas ellas eran mujeres cultas y con fuertes inquietudes culturales. La reconstrucción de sus vidas y sus relaciones personales y sociales se realiza mediante fuentes documentales de archivo, correspondencia, etc. Podríamos apuntar que estamos ante las mujeres que, quizás sin saberlo, pusieron las bases y generaron las sinergias necesarias para la construcción de la historia de las mujeres en la arqueología.
El segundo bloque temático, titulado Las olvidadas del siglo XX. Arqueólogas durante el franquismo, recopila ocho trabajos que reúnen las incidencias e interrupciones, generadas por el estallido de la Guerra Civil española, en la incorporación de las mujeres a la disciplina arqueológica. Se venía de un momento en que las mujeres comenzaban a tener poder de decisión sobre el patrimonio y participaban activamente en el mismo. Si bien, no se debe olvidar que la arqueología continuaba siendo una disciplina fuertemente masculinizada, marcada por unas líneas de trabajo mayoritariamente relacionadas con hombres entre las que primaban las corrientes historicistas. Ejemplo de ello es el primero de los trabajos de este segundo bloque, a cargo de Alba Fernández Gallego, en el que se analiza el papel que juega el Instituto Rodrigo Caro en el ámbito de la investigación arqueológica. Institución que, en su origen, estuvo fuertemente jerarquizada y categorizada por la identidad de género masculina, lo que no impidió la presencia de mujeres en sus diferentes secciones, si bien sin perder la esencia del momento. La invisibilidad femenina queda latente en dos aspectos fundamentales: por un lado, la inaccesibilidad de las mujeres a participar en publicaciones científicas, a excepción de Gloria Trías, quien participó en cuatro publicaciones científicas, además de contar en su currículo con una obra en solitario; y, por otro, la inaccesibilidad a optar a financiación propia para sus investigaciones, aunque sí lo hacían a “becas de formación”, que en muchas ocasiones permitían su salida al extranjero, promoviendo su internacionalización. Este es el caso de Ana María Muñoz Amilibia, María Ángeles Vall Ojeda, María Petrus Pons, etc., que consiguieron y disfrutaron de una beca con el objetivo de profundizar en sus intereses científicos. Quizás lo más importante de esta institución sea que, aunque el estallido de la Guerra Civil ralentizó el proceso, no truncó la introducción de mujeres en el ámbito de la investigación. Siempre ocupando posiciones consideradas menores como la biblioteca o el archivo, aunque en un momento tardío, concretamente en 1975, Ana María Amilibia llegó a ser la primera mujer catedrática de Arqueología, Epigrafía y Numismática de España.
Los siguientes trabajos que articulan este bloque tienen nombre propio de mujer, cada una con una implicación diferente. En el segundo de ellos, Ana Cristina Martins nos acerca los valores sociales y científicos de la arqueología, así como la solidaridad, interdisciplinariedad e internacionalización, a través de la figura de María de Lourdes Costa Arthur, arqueóloga portuguesa con fuertes vínculos con la arqueología española. En el tercero de los trabajos, Ricardo de Balbín Bueno y Helena Lorenzo Ferragut estudian el caso de M.ª Josefa Jiménez Cisneros, mujer valiente, emprendedora e independiente. Así podríamos calificarla de manera rápida. Fue representante y pionera de la arqueología urbana gaditana y una investigadora innata. Llegó a ser Comisaria Local de Arqueología, puesto de relevancia que le generó algunos quebraderos de cabeza. Octavio Torres Gomariz trata en el cuarto capítulo la figura de María Luisa Serra Belabre, menorquina de nacimiento y pionera en muchos aspectos. Llegó a ostentar cargos de relevancia y poder en Menorca, directora del Museo de Bellas Artes, ingresó en el cuerpo facultativo de archiveros, bibliotecarios y arqueólogos y posteriormente fue directora de las principales instituciones culturales de la isla. Impulsó y capitaneó instituciones que articularon una perfecta simbiosis entre la sociedad menorquina del momento y la cultura. Tanto es así que estas han permanecido en el tiempo y han constituido un verdadero soporte a la reciente candidatura y proclamación de Menorca Talayótica como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO (18/09/2023). El quinto artículo, a cargo de Susana Rubio-Jara y Joaquín Panera, y el sexto, obra de Feliciana Sala Sellés y Lorenzo Abad Casal, se ocupan de dos mujeres con nombre propio. La primera, Ana María de la Quadra Salcedo y Gayarre, paleolitista especializada en excavación en cueva. Fue impulsora de una línea de trabajo incipiente en la arqueología española, como era la etnoarqueología. Su interés por la etnología fue fortuito, pero desarrolló una verdadera forma de entender la arqueología a partir de su implicación. La segunda, Solveig Nordström, de nacionalidad sueca, llegó a España en los años 60, donde terminó realizando brillantemente su tesis doctoral sobre la cerámica pintada de la provincia de Alicante. Aportó, entre otras cuestiones, el tratamiento arqueométrico de la cerámica. Su trabajo sobre el poblado ibérico de La Escuera es conocido por la innovadora metodología de excavación. En ambos casos, son mujeres que contribuyeron a la formación y la construcción de la disciplina arqueológica del momento, a pesar de que no obtuvieron el reconocimiento que merecían.
El séptimo trabajo, a cargo de Salome Zurinaga Fernández-Toribio, remarca un aspecto fundamental en el desarrollo de la arqueología: el de la internacionalización. Rosario Lucas Pellicer y Alicia Simonet Barrio fueron mujeres con gran iniciativa y con ansias de superación profesional. Esto les llevó a participar activamente en los trabajos de excavación de Nubia en el marco de la Misión Arqueológica Española (MAE) en Egipto. Se convierten por derecho propio en pioneras de la arqueología española en el exterior y en territorios tan adversos como Asuán o Nubia. La cuestión en este caso sería tratar de comprender si desarrollaron su trabajo en igualdad de condiciones con sus compañeros, los hombres, y, sobre todo, si gozaron de su beneplácito, dado que por norma componían el grueso de las misiones en el extranjero. Podemos adelantar que probablemente no.
Cierra este segundo bloque Ana María Muñoz Amilibia, mujer con una gran formación, que participó y dirigió numerosas intervenciones arqueológicas tanto en España como en Italia, pero que sobre todo contribuyó al afianzamiento de la investigación arqueológica científica tanto en la Región de Murcia como en el resto del territorio nacional. En su carrera aunó dos aspectos esenciales, ciencia y educación, binomio fundamental para generar el reemplazo generacional y científico de la disciplina utilizando para ello el yacimiento ibérico de Coimbra del Barrano Ancho en Jumilla (Murcia). Su figura continúa estando muy presente en la arqueología feminista como pionera en ostentar cargos administrativos y de poder dentro de instituciones arqueológicas. Es una representante destacada de la profesionalización de las mujeres en la arqueología del siglo XX y XXI, como bien reflejan los autores de este artículo, José Fenoll Cascales, José Miguel García Cano y Jesús Robles Moreno.
El tercer bloque concierne a las mujeres que ayudaron a sentar las bases de la arqueología feminista en España y saca a relucir comportamientos poco “ortodoxos”, que podrían parecer endémicos en la disciplina arqueológica, como la desigualdad y la discriminación de género, pero también el acoso laboral y sexual: Arqueólogas en democracia (1975-hoy). La organización de este bloque podría resumirse de la siguiente manera. Los dos primeros trabajos se centran en analizar la figura y el papel jugado en el desarrollo de la Arqueología Feminista de nuestro país por medio de seis mujeres. Selene Rodríguez-Caraballo, Laura Tomé y Jared Carballo Pérez realizan una selección de mujeres adscritas a la Universidad de La Laguna (Tenerife). Es el caso de María de la Cruz Jiménez Gómez, especialista en el análisis de contextos neolíticos y calcolíticos del Mediterráneo; María del Carmen del Arco Aguilar, catedrática de universidad, especialista en la Prehistoria reciente y primera mujer que ocupó el secretariado del consejo social de la Universidad de La Laguna; Matilde Arnay de la Rosa, experta en la rama de la antropología física, que impulsó actividades didáctico-formativas y de difusión en el Parque Nacional del Teide; o María Dolores Camalich Massieu, también catedrática de universidad, que ha participado y dirigido numerosos proyectos de investigación y ocupado cargos de gestión como la Comisión Andaluza de Arqueología o la comisión técnica del Conjunto Arqueológico de los Dólmenes de Antequera. Berta Galván Santos, paleolitista, fue una de las primeras investigadoras canarias en realizar estancias de investigación fuera del archipiélago. Todas estas mujeres, con sus respectivas historias, se adscriben a la Universidad de La Laguna, y con este trabajo se pone de manifiesto otra cuestión latente aún en la actualidad: la conciliación familiar y laboral en el marco universitario, problema que no tiene viso de resolverse. En el siguiente trabajo, María D. Guerrero-Perales nos acerca a una de las mujeres españolas que más aportó en los inicios de la lucha feminista, María Encarna Sanahuja Yll. Marxista convencida y activista feminista, plasmó esta forma de entender el mundo y las relaciones sociales en sus investigaciones arqueológicas. Durante su carrera, no solo luchó por visibilizar a las mujeres invisibilizadas a lo largo de la historia, sino que además peleó por incorporar el feminismo a una Academia predominantemente masculina y de estructura patriarcal.
A estas mujeres de carrera universitaria se suman otras que desarrollan la arqueología profesional o comercial. Así, Paloma Zarzuela en el tercer trabajo, Teresa Campos-López et al. y María Haber Uriarte et al. en el cuarto y quinto, respectivamente, analizan, por un lado (en el primero y último), el papel que juegan las mujeres en las empresas de arqueología de la Comunidad de Madrid, poniendo de manifiesto más si cabe la masculinidad de la disciplina y el acceso a la ocupación de puestos de responsabilidad como empresarias, y por otro, en la Comunidad de Murcia, donde la brecha laboral es más clara. Quizás esto sea debido a la percepción de “estabilidad” que genera el trabajar por cuenta ajena frente a ser responsable de una empresa propia. Por otra parte, la relevancia que tiene la participación de las mujeres en dichas esferas, pues esto repercute directamente en la imagen que generamos de nosotras mismas en los medios de transferencia y difusión del patrimonio arqueológico. Por último, cerrando este tercer bloque, dos trabajos que analizan una situación más vigente que nunca en nuestra disciplina, por varias razones, porque por fin se ha comenzado a alzar la voz contra las situaciones de acoso laboral y sexual, tal y como exponen Ariadna Nieto-Espinet y Mireia Campanera. Cada vez es mayor el interés social por erradicar estas situaciones que vejan, infravaloran e invisibilizan a las mujeres como recogen María Coto-Sarmiento et al. Aunque queda mucho camino por recorrer, tímidamente en la actualidad, se empiezan a construir las sinergias adecuadas y a generar una conciencia social necesaria para poner fin estas situaciones de desigualdad y discriminación.
Cerrando este extenso monográfico, el bloque IV, titulado Recorridos institucionales y temáticos (Siglos XIX al XXI), incluye ocho capítulos que realizan un extenso viaje por el papel que han jugado las mujeres en instituciones tan relevantes de nuestro país como es el propio Museo Arqueológico Nacional (MAN), que ocupa el primero de los trabajos firmado por Ruth Maicas, Juan Antonio Martos y Eduardo Galán. Ya en los años 90 podemos encontrar figuras femeninas en la estructura interna de esta institución. En estos años encontramos a mujeres prehistoriadoras como responsables de la exposición permanente de Prehistoria; mujeres que asumieron la dirección del MAN como es el caso de María del Carmen Pérez Die (1991-1997) o Marina Chinchilla Gómez (1999-2000) entre otras. Sin embargo, no será hasta bien entrado el siglo XXI cuando la inclusión de las mujeres en sus diferentes secciones comience a tener sus frutos. A partir de este momento, no solo van a ocupar cargos de responsabilidad, sino que además comienzan a intervenir en qué y en cómo se expone todo el conocimiento generado por la arqueología, como recoge Antonio Bellido Blanco, grosso modo y en particular para el caso de Castilla y León, en el segundo de los trabajos. En el tercero, Nayra García-Patrón Santos y Soledad Díaz Martínez, se centran en el papel de la conservación y restauración de los sitios arqueológicos y la cultura material, campos de la arqueología que de forma mayoritaria continúan estando en manos femeninas. Quizás por la temática de las dos siguientes aportaciones a cargo de Virginia Barciela González y María Lillo Bernabeu, y de María José Berlanga Palomo y María Lourdes Girón Anguiozar, respectivamente, hubieran encajado mejor en el bloque III dado que, respetivamente, ponen el acento en dos líneas de trabajo metodológico-arqueológico, el descubrimiento, documentación e interpretación del arte rupestre, por un lado y, por otro, las mujeres ligadas al estudio de las producciones de cerámica común romana en la península ibérica.
Como colofón a este monográfico, dos magníficos artículos sobre las pioneras de la arqueología subacuática a cargo de Jordina Sales-Carboell, Paloma Zarzuela Gutiérrez y Margarita Díaz-Andreu. Este campo de trabajo no es fácil, pues precisa de una formación concreta anexa a la arqueológica. Esto parece que ha sido un hándicap añadido que ha propiciado la hegemonía de los hombres en sus filas, quedando las mujeres “ahogadas” en lo más profundo de la disciplina, tal y como apuntan las autoras de estos trabajos. Pero tienen nombre propio como es el caso de Francisca Pallarés i Salvador, Gabriela Martín Ávila, Wafilda Pérez Martín, Anna Jover Armengol, Lola Higueras Rodríguez u Olga Vallespín Gómez entre otras muchas, son mujeres con dilatadas carreras de investigación, marcadas por conexiones internacionales que, en la mayoría de los casos, advirtieron el potencial que tenía la arqueología subacuática dado que permitía acceder a contextos cerrados de conjuntos de cultura material.
Clausura el monográfico un trabajo donde Margarita Díaz-Andreu recupera las voces silenciadas: ArqueólogAs en la historia de la arqueología española (siglos XIX y XX), que bien podría considerarse la conclusión de esta obra. Trabajo elocuente, crítico y reflexivo, en su primera parte plantea que la “desigualdad”, en todas sus versiones, está tan asumida y naturalizada en nuestra sociedad actual que enturbia nuestra interpretación del pasado, motivando la construcción de discursos distorsionados de la posible realidad. En la segunda parte, realiza un minucioso y exhaustivo recorrido por las “pioneras de las pioneras” como ella misma las define en un epígrafe. En este caso da voz a un amplísimo coro de mujeres de gran diversidad social y de diferentes momentos de nuestra historia.
Por último, acertadamente bajo nuestro criterio, cada trabajo va acompañado de su propia bibliografía. Esto es importante porque se utilizan fuentes como archivos locales, provinciales o estatales, documentación de instituciones privadas o públicas, entrevistas orales, encuestas o correspondencias. En su conjunto, la bibliografía es extensa, concreta y actual en cada uno de los trabajos, por lo que representa una base de datos de referencias fundamentales para el estudio de la historia de las mujeres en la arqueología de nuestro país.
En definitiva, esta monografía es el producto de un proceso de investigación riguroso y detallado que tenía por objetivo hacer oír las voces silenciadas de nuestra disciplina. Las mujeres no solo tenemos historia, sino que además hemos sido protagonistas de historias. Visibilizar a las mujeres de nuestro pasado no es solo una cuestión de justicia social, sino también una verdadera necesidad. Necesitamos contar con referentes femeninos en nuestra disciplina. Una disciplina que se construyó a finales del siglo XIX, que estuvo fuertemente masculinizada y que por desgracia continúa estando muy mediatizada por las estructuras patriarcales. Por tanto, este libro puede convertirse, o considerarse ya, como un referente de obligada consulta en la investigación y en la profusa construcción de la historia de las mujeres en la arqueología.