Archivo Español de Arqueología 97 
ISSN-L: 0066-6742, eISSN: 1988-3110
https://doi.org/10.3989/aespa.097.024.626

La necrópolis de la civitas de Santa Criz de Eslava (Navarra) (siglos I a. C.-III d. C.): hacia la caracterización de las prácticas funerarias de una ciudad romana en territorio vascón

The necropolis of the civitas of Santa Criz de Eslava (Navarre) (1st c. BC – 3rd c. AD): towards the characterization of the funerary practices of a Roman town in the Vascones’ territory

 

1. INTRODUCCIÓN

 

El yacimiento de Santa Criz de Eslava se localiza en el término municipal de Eslava, en Navarra, dominando el territorio circundante de la Val de Aibar. El promontorio del mismo nombre, ya ocupado por un espacio amurallado en torno al s. V a. C. (Armendáriz, 2008Armendáriz, J. (2008). De aldeas a ciudades: el poblamiento durante el I milenio a. C. en Navarra. Pamplona: Gobierno de Navarra., pp. 453-460) a modo de castro, alberga una ciudad romana habitada desde el s. I a. C. hasta su abandono a favor de enclaves rurales en torno al s. IV d. C. (Armendáriz, Sáez de Albéniz y Diéguez, 1997Armendáriz, R., Sáez de Albéniz, M. P. y Diéguez, I. (1997). “Aproximación al paisaje urbano del yacimiento arqueológico de Santa Criz (Eslava)”. Trabajos de Arqueología de Navarra, 28, pp. 245-285.). La imagen monumental que debió ostentar esta ciudad se intuye a través de los sorprendentes restos del foro (Cebrián et al., 2020Cebrián, R., Andreu, J., Romero, L., Mateo, R. y Delage, I. (2020). “Arquitectura pública de Santa Criz de Eslava (Navarra, conventus Caesaraugustanus) en época altoimperial: el criptopórtico del foro y su almacén anexo”. SPAL, 29.1, pp. 213-242. DOI: 10.12795/spal.2020.i29.08) y de la necrópolis (Fig. 1). Esta se sitúa a los pies meridionales del cerro, en la margen derecha del camino viejo de Gallipienzo, probable ramal secundario de la vía que conectaba el Pirineo central con el río Ebro, la denominada Iacca-Vareia (Andreu y Armendáriz, 2018Andreu, J. y Armendáriz, J. (2018). “La ‘vía romana de la Navarra Media’ entre las civitates de de Campo Real/Fillera de Sos del Rey Católico (Zaragoza) y Santa Criz de Eslava (Navarra) a propósito de un nuevo miliario procedente de Gabarderal”. En: Torres, R. (Ed.). Studium, magisterium et amicitia. Homenaje al profesor Agustín González Enciso. Pamplona, Eunate Ediciones, pp. 41-48.; Andreu et al., 2019Andreu, J., Delage, I., Romero, L. y Mateo, Tx. (2019). Santa Criz de Eslava, reflejos de Roma en territorio vascón. Pamplona: Gobierno de Navarra., pp. 12-15).

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  (elaboración Luis Romero)
Figura 1 Localización del yacimiento de Santa Criz de Eslava y disposición de la necrópolis (1), del camino viejo de Gallipienzo (2), del foro (3) y del castro prerromano vascónico (4) (elaboración Luis Romero)

La necrópolis fue identificada a principios del s. XX gracias a los descubrimientos esporádicos de agricult

ores (Andreu, Ozcáriz y Mateo, 2019Andreu, J., Ozcáriz, P. y Mateo, Tx. (2019). Epigrafía romana de Santa Criz de Eslava (Eslava, Navarra). Bolonia: Fratelli Lega Editori., p. 9), pero no fue objeto de noticia arqueológica hasta la excavación de B. Taracena y L. Vázquez de Parga en los cercanos Casquilletes de San Juan de Gallipienzo, en los años 40 del s. XX, donde se encontraron vestigios funerarios arquitectónicos (Blázquez, 1961Blázquez, J. M. (1961). “Relieves de Los Casquilletes de San Juan, Gallipienzo”. Príncipe de Viana, 84-85, pp. 121-126.; Castiella, 2003Castiella, A. (2003). Por los caminos romanos de Navarra. Pamplona: Fundación Caja Navarra., p. 99). Estos descubrimientos, junto al testimonio oral de varios agricultores locales1Olcairum (2007): Plan Director Santa Criz, informe de trabajo inédito. motivaron la realización en 1994 de unas prospecciones y sondeos, dirigidos por Txaro Mateo, Rosa Armendáriz y Pilar Sáez, que permitieron localizar el núcleo de la necrópolis cívica con tres recintos funerarios (en adelante RF) y el basamento de un cuarto junto al ramal secundario (Fig. 2) (Armendáriz, Mateo y Sáez de Albéniz, 1997Armendáriz, R., Mateo, M. R. y Sáez de Albéniz, M. P. (1997). “Santa Criz, una necrópolis romana de incineración en Eslava (Navarra)”. Isturitz, 9, pp. 823-841.).

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  (elaboración Paloma Lorente)
Figura 2 Mapa de las intervenciones y descubrimientos realizados en torno a la necrópolis de Santa Criz (elaboración Paloma Lorente)

Entre 1995 y 2007 se llevaron a cabo varias campañas de excavación sistemáticas que confirmaron el potencial arqueológico del enclave y proporcionaron el material estudiado y expuesto en esta sede (Armendáriz, Mateo y Sáez de Albéniz, 1997Armendáriz, R., Mateo, M. R. y Sáez de Albéniz, M. P. (1997). “Santa Criz, una necrópolis romana de incineración en Eslava (Navarra)”. Isturitz, 9, pp. 823-841.; Sesma, Tabar y García, 2008Sesma, J., Tabar, M. I. y García, J. (2008). “La tierra te sea leve. Arqueología de la muerte en Navarra”. Revista de Arqueología, 322 (29), pp. 38-47.). Desde 2017, el yacimiento ha sido revitalizado gracias a un proyecto multidisciplinar dirigido por el profesor Javier Andreu Pintado que pretende dinamizar y potenciar los estudios científicos del lugar (Andreu et al.,2019Andreu, J., Delage, I., Romero, L. y Mateo, Tx. (2019). Santa Criz de Eslava, reflejos de Roma en territorio vascón. Pamplona: Gobierno de Navarra.). Este ha incluido la realización de una campaña de prospecciones geomagnéticas que ha aportado algunas novedades sobre la configuración de la necrópolis, conclusiones a las que remitimos por cuanto comprometen, también, algunas cuestiones sobre la topografía de la necrópolis que aquí se estudia (Hermann, Andreu y Teichner, 2023Hermann, F., Andreu, J. y Teichner, F. (2023). “Aproximación al urbanismo de una ciudad de los ‘Vascones’: prospecciones geofísicas en Santa Criz de Eslava (Eslava, Navara)”. Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra, 31, pp. 237-248.).

2. METODOLOGÍA EMPLEADA

 

El objetivo principal del presente estudio ha sido caracterizar el conjunto de evidencias funerarias halladas tanto de manera fortuita como en el marco de actividades arqueológicas, presentando una primera síntesis global de las prácticas funerarias atestiguadas. Así, se ha pretendido considerar la organización espacial tanto de los hitos arquitectónicos funerarios, como de la distribución interna de la propia necrópolis. La singularización de cada una de las sepulturas (en adelante SP), atendiendo a la identificación de sus elementos formales y la caracterización de los individuos es uno de los propósitos esenciales del trabajo. Por consiguiente, el objetivo final ha sido la puesta en relación de estos elementos con el resto de vestigios arqueológicos de cara a la definición de los ritos que podemos inferir de la documentación disponible.

El término “monumento” deriva del latino monumentum emparentado con el verbo moneo que cuenta entre sus acepciones con la de recordar (Glare, 1968Glare (1968). s. v. Monumentum. Oxford Latin Dictionary. Oxford: Oxford University Press, p. 1132., p. 1132). Por ello, los monumenta sepulchralia pretenden rememorar a los fallecidos a través de la magnificación de la señalización de la sepultura (Martínez Pérez, 2015Martínez Pérez, M. A. (2015). “Monumentos funerarios romanos en la Comunidad Valenciana. Tipos y ejemplos más destacados”. ArqueoWeb, 16, pp. 102-123.). Se trata de estructuras de representación social, orientadas a la exaltación del difunto y de su familia, con el objetivo de la perpetuación de su memoria (Vaquerizo, 2001bVaquerizo, D. (2001b). “Formas arquitectónicas funerarias de carácter monumental en Colonia Patricia Corduba”. Archivo Español de Arqueología, 74, pp. 131-160. DOI: 10.3989/aespa.2001.v74.151; Beltrán, 2004Beltrán, J. (2004). “Monumenta sepulcrales en forma de altar con pulvino de los territorios hispanorromanos: revisión de materiales y estado de la cuestión”. Archivo Español de Arqueología, 77, pp. 101-142. DOI: 10.3989/aespa.2004.v77.93; Borg, 2011Borg, B. E. (2011). “What’s in a tomb: roman death public and private”. En: Andreu, J., Espinosa, D. y Pastor, S. (Coord.). Mors omnibus instat. Aspectos arqueológicos, epigráficos y rituales de la muerte en el Occidente Romano. Madrid: Liceus E-Excellence, pp. 51-78.). Debido a que no conocemos si todas las construcciones funerarias de Santa Criz disponían de este carácter monumental, hemos optado por denominarlos como RF designando como tales la destinación de un espacio acotado a un uso funerario, ya sea a la construcción de un monumento o a la edificación de otras estructuras para acoger los restos de los difuntos (Purcell, 1987Purcell, N. (1987). “Tomb and Suburb”. En: Von Hesberg, H. y Zanker, P. (Eds.). Römische Gräberstrassen. Selbstdarstellung-Status-Standard. München: Bayerische Akademie der Wissenschaften, pp. 239-249., p. 38).

Al sur del foro y al pie de una vía funeraria pavimentada con pequeñas losas y cantos de arenisca, se identifican treinta SP (denominadas sepultura – SP 1 a 30) en el interior de los tres principales RF que forman la necrópolis cívica (Andreu, Ozcáriz y Mateo, 2019Andreu, J., Ozcáriz, P. y Mateo, Tx. (2019). Epigrafía romana de Santa Criz de Eslava (Eslava, Navarra). Bolonia: Fratelli Lega Editori.). Durante el segundo semestre de 2020, se realizó una revisión minuciosa del material, que conllevó la reinterpretación estratigráfica del contexto funerario y de sus evidencias. El inventario y estudio del material cerámico, metálico, vítreo y faunístico, así como el estudio antropológico de los restos óseos ha constituido una etapa esencial para la interpretación. Dado que los restos óseos de las cremaciones fueron exhumados atendiendo a cada estructura sin realizar una micro-excavación en sub-cuadrículas, ha sido imposible realizar una interpretación de la eventual disposición del difunto en la pira funeraria en el caso de las cremaciones primarias o el procedimiento de recogida y depósito secundario de los restos de las SP2En los últimos años se ha puesto en evidencia el interés de excavar las áreas de cremación por cuadrantes de 20 cm de lado, ya que esta metodología brinda una gran numero de datos sobre el desarrollo del funeral y la cremación del cuerpo, desde la posición del difunto, la composición de la pira, la conducción del fuego o el tratamiento de los restos (Blaizot, 2005; Van Andringa, Duday y Lepetz,2013), entre otras cuestiones. Además, actualmente en las cremaciones secundarias se aplica un protocolo meticuloso de desmontaje del contenido de las urnas por capas de 2 a 3 cm con documentación fotográfica exhaustiva con el fin de comprender la organización interna de la sepultura (Duday, Depierre y Janint, 2000).. Por ello el estudio se ha concentrado en otros aspectos que acercan a la caracterización de los individuos enterrados.

Dentro de una perspectiva pluridisciplinar y con el objetivo de proporcionar una imagen completa del conjunto, la caracterización biológica de los individuos, estimación de sexo, edad y eventuales patologías, ha sido una etapa importante y necesaria para analizar la relación entre el difunto y el ajuar funerario que lo acompañaba, es decir, todos los objetos que lo acompañaban durante la cremación y aquellos depositados intencionalmente sobre su sepultura. Dado que las cremaciones presentaban una gran fragmentación de los restos óseos, observando una ausencia sustancial de huesos planos y porosos, ha sido imposible determinar el sexo de los individuos de una manera fiable3Las tres formas de identificación del dimorfismo sexual en el esqueleto humano se basan en la constitución física a partir del diagnóstico secundario (Castex, Courtaud y Hambucken-Bontempi, 1993; Murail, Bruzek y Braga, 1999; Černý, Houët y Turek, 1999), en las diferencias morfológicas ligadas al parto (Bruzek, Castex y Tona, 1996; Bruzek 2002; Bruzek y Schmitt 2008) y teniendo en cuenta referentes médicos, es decir, un método probabilista (Murail et al.2005). Ninguno de estos métodos ha podido aplicarse dada la conservación citada. mientras que para la estimación de la edad solo se ha podido observar el nivel de maduración de los restos óseos4La estimación de edad se basa en la observación de dos procesos fundamentales: el crecimiento, para los individuos jóvenes, y la senescencia para los adultos. Para estos últimos, una vez el proceso de unión de la epífisis medial de la clavícula completada, el único hueso indicador válido es el hueso coxal ya que sufre cambios sistemáticos a lo largo de la maduración (Schmitt, 2005, pp. 1-2). En el caso de los individuos más jóvenes, las metodologías se basan principalmente en el crecimiento de la dentición (Moorrees, Fanning y Hunt, 1963; Demirjian, Goldstein y Tanner, 1973; Ubelaker, 1989; Miles, 2001; Boquentin, 2003, pp. 89-93) y en los procesos de maduración ósea (Fazekas y Kosa, 1978; Coqueugniot y Weaver, 2007; Coqueugniot, Weaver y Houët, 2010). Sin embargo, todos estos métodos solo se podían aplicar de manera parcial, dado que, sobre todo la dentición, se ha conservado de manera muy parcial., acotando únicamente tres franjas de edad: adulto, adulto-joven e infantil. Así mismo se ha identificado el número mínimo de individuos (NMI) a través del método basado en la frecuencia de regiones anatómicas (White, Black y Folkens, 2016White, T., Black, M. y Folkens, P. (Dirs.) (2016). Traité d’ostéologie humaine. Paris: De Boeck Supérieur., pp. 337-339) lo que ha permitido identificar un NMI de 29 humanos y 1 animal, correspondiendo a un individuo por cada sepultura excavada. Un primer estudio bioantropológico inédito de una parte de los restos fue realizado por J. M. Reverte5Reverte, J. M. (1997). Estudio de los restos óseos, anotaciones inéditas. Lorente, P. (2020). La necrópolis de Santa Criz de Eslava: inventario y estudio del material y de los restos óseos, informe de trabajo inédito. (Tab. 1). Sin embargo, los datos aquí presentados difieren con los propuestos por él, debido a la diferencia de métodos utilizados para la estimación de sexo y edad, ya que Reverte ‒como hizo en colaboraciones con otros proyectos (Unzu y Peréx, 1997bUnzu, M. y Peréx, M. J. (1997b). “Necrópolis y poblado de época romana en Espinal (Navarra)”. Trabajos de Arqueología de Navarra, 13, pp. 75-156., pp. 127-133)‒ centraba su estimación en aspectos como la gracilidad o robustez de los huesos, así como en la morfología de las suturas craneales, metodologías hoy relegadas en el estudio de las cremaciones.

Tabla 1 Tabla comparativa de los resultados del estudio antropológico hecho por Reverte en 1997 y el de XXX en 2020 
SEPREVERTE (1997)LORENTE (2020)
1Mujer 40-50 años Complexión débil (nº18)N. ID; Adulto; complexión grácil
2 Mujer 30-40 años (nº14) N. ID; Adulto; muy robusto
3 Texto: mujer 20-25 años Papel cremación: Hombre 40-50 años N. ID; joven-adulto
4Niño/Niña 8-10 años (nº15)Individuo Infantil (menor de 15 años)
5N. ID 30-40 año (nº17)N. ID; Adulto : 1 frag. costilla Izq. Remodelación hueso por contusión
6OvicápridoFauna calcinada (N. ID)
7Mujer 25-35 añosN. ID; Adulto; complexión gracil
8Mujer jovenN. ID; Adulto?
9XN. ID; Adulto
10XN. ID; Adulto
11XN. ID; Adulto
12XN. ID; Adulto
13N. ID Adulto (nº22, 25 y 26)N. ID; Adulto
14Mujer 30-40 añosN. ID; Adulto
15Hombre 40-50 añosN. ID; Adulto
16Mujer 25-35 añosN. ID
17Hombre 30-40 añosN. ID
18Mujer 30-40 añosN. ID; Adulto
19Mujer 20-30 añosN. ID
20Mujer 30-35 años (nº6)N. ID; Adulto
21Mujer 20-30 años (nº6)N. ID; Infantil?
22Hombre 30-40 años (nº27) (sólo 1996)N. ID; Adulto (20-49 años)
23Mujer 30-40 Años (nº 12)N. ID; Adulto
24Mujer 40-50 años (nº 11)N. ID; Infantil?
25XN. ID
26XN. ID; Adulto
27XN. ID
28XN. ID
29XN. ID; Adulto
30XN. ID; Adulto robusto

(elaboración Paloma Lorente)

Las pocas estimaciones de edad que se han podido realizar se han basado en la maduración ósea (fusión de epífisis y diáfisis), ya que otros indicadores estaban ausentes. Así, se ha podido señalar que la mayoría de los individuos estudiados, al menos veinte, eran adultos, mientras que tres correspondían a un perfil infantil siendo uno de ellos (SP 4), por el estadio de formación del ápex dental inferior, menor de 15 años y otros dos (SP 21 y SP 24) presentaban una morfología propia infantil por el fragmento de costilla de SP 21 y por la talla reducida de la falange y el ápex dental en varios dientes, aun en formación, en SP 24. En otras seis sepulturas ha sido imposible realizar una estimación (SP 16, 17, 19, 25, 27 y 28). Los únicos datos fiables en cuanto a la edad corresponden a SP 22, en la cual fueron enterrados los restos de un adulto de entre 20-49 años, como se deduce del estudio morfológico del fragmento de coxal conservado (Schmitt, 2005Schmitt, A. (2005). “Une nouvelle méthode pour estimer l’âge au décès des adultes à partir de la surface sacro-pelvienne iliaque”. Bulletins et Mémoires de la Société d’Anthropologie de Paris, 17 (12), pp. 1-16. DOI: 10.4000/bmsap.943). Las SP en bustum (SP 2 y SP 30) contenían cada una los restos de un individuo de complexión física rosbusta, mientras que si atendemos a este aspecto los individuos de SP 1 y SP 7 presentaban individuos más gráciles. Sin embargo, con estos dos datos no se puede reconocer un género específico de los individuos, sino solo su constitución física en el momento de la muerte. Teniendo en cuenta estos datos, se evidencia la subrepresentación de individuos infantiles en la necrópolis. Ello puede deberse a un problema tafonómico, de una conservación arqueológica diferente (fosas más pequeñas, peor preservación) o a una elección socio-cultural que implicaría su exclusión de la necrópolis (Blaizot, Alix y Ferber,2003Blaizot, F., Alix, G. y Ferber, E. (2003). “Le traitement funéraire des enfants décédés avant un an dans l’antiquité : étude de cas”. Bulletins et Mémoires de la Société d’Anthropologie de Paris, 15 (1-2), pp. 49-77. DOI: 10.4000/bmsap.560).

En primer lugar, el contenido de cada cremación ha sido diferenciado en dos categorías: restos humanos y fauna. Los restos óseos humanos han sido clasificados e inventariados por regiones anatómicas (utilizando los modelos referentes propuestos por Depierre, 2014Depierre, G. (2014). Crémation et archéologie. Nouvelles alternatives méthodologiques en ostéologie humaine. Dijon: Université de Dijon.), afinando su determinación y lateralización cuando ha sido posible. Posteriormente, con el objetivo de proporcionar tablas comparativas y de recapitulación sobre el contenido de cada sepultura y el grado de conservación ósea, se han pesado todos los huesos. La utilización de esta metodología (Duday, Depierre y Janint,2000Duday, H., Depierre, G. y Janint, T. (2000). “Validation des paramètres de quantification, protocoles et strategies dans l’étude anthropologique des sépultures sécondaires à incinération. L’exemple des nécropoles protohistoriques du Midi de la France”. En: Dedet et al. (Dir.). Archéologie de la mort, archéologie de la tombe au premier âge du fer. Lattes: Lattes, pp. 7-29.) permite, entre otras cosas, identificar una posible selección, tal vez intencional, de ciertas partes del cuerpo durante la recuperación de los restos del difunto de la pira funeraria (Duday, 2009Duday, H. (2009). The archaeology of the Dead. Lectures in Archeothanatology. Oxford: Oxbow Books., pp. 145-153). Finalmente, las masas relativas obtenidas por región anatómica de cada cremación se han comparado con una serie de valores de referencia de la cuenca mediterránea y locales (Krogman, 1978Krogman, W.-M. (1978). The human skeleton in forensic medicine. Springfield: Springfield.), que indican la representación y conservación del cuerpo tras la cremación.

El análisis del material funerario de la necrópolis de Santa Criz ha permitido identificar en este sentido el potencial de la reinterpretación y el examen de contextos ya excavados, demostrando que las evidencias están presentes y solo es necesaria una metodología apropiada para poder identificarlas. Si bien hay varios trabajos que han abordado un acercamiento a la cultura funeraria en el territorio vascón (Unzu y Peréx, 1997aUnzu, M. y PeréxM. J. (1997a). “La cultura funeraria en Navarra en época romana”. Isturitz, 9, pp. 797-815. y 1997bUnzu, M. y Peréx, M. J. (1997b). “Necrópolis y poblado de época romana en Espinal (Navarra)”. Trabajos de Arqueología de Navarra, 13, pp. 75-156.; Peréx y Unzu, 2007Peréx, M. J. y Unzu, M. (2007). “La necrópolis de Iturissa (Espina)”. En: Hurtado, M. A., Cañada, F. y Sesma, J. (Dirs.). La tierra te sea leve. Arqueología de la muerte en Navarra. Pamplona: Gobierno de Navarra, pp. 156-160.; Mezquíriz y Tabar, 2007Mezquíriz, M. A. y Tabar, M. I. (2007). “Enterramientos aislados en Andelos, Arellano y Pamplona”. En: Hurtado, M. A., Cañada, F. y Sesma, J. (Dirs.). La tierra te sea leve. Arqueología de la muerte en Navarra. Pamplona: Gobierno de Navarra, pp. 165-168.) y a su religiosidad (Tobalina, 2009Tobalina, E. (2009). “Contribuciones al estudio de la religiosidad de los Vascones”. En: Andreu, J. (Ed.). Los Vascones de las fuentes antiguas, en torno a una etnia de la Antigüedad Peninsular. Barcelona: Instrumenta-Universitat de Barcelona, pp. 479-498.), los estudios se han centrado principalmente en los vestigios epigráficos y arquitectónicos (Fatás y Martín-Bueno, 1977Fatás, G. y Martín-Bueno, M. (1977). “Un mausoleo de época imperial en Sofuentes (Zaragoza)”. Madrider Mitteilungen, 18, pp. 232-271.; Marco, 1979Marco, F. (1979). “Las estelas decoradas de época romana en Navarra”. Trabajos de Arqueología Navarra, 1, pp. 205-250.; García, 1991García, J. (1991). “Estelas decoradas de Aguilar de Codés. Onomástica y tipología indoeuropea”. Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, 58, pp. 208-223.; Andreu, 2011Andreu, J. (2011). “Mors Vasconibus instat: aspectos del hábito epigráfico funerario en territorio de Vascones”: En: Andreu, J., Espinosa, D. y Pastor, S. (Coords.). Mors omnibus instat. Aspectos arqueológicos, epigráficos y rituales de la muerte en el Occidente Romano. Madrid: Liceus E-Excellence, pp. 491-528. y 2021Andreu, J. (2021). “Los titulisepulchrales y el origen del hábito epigráfico en el extremo oriental del solar de los Vascones”. En: Ruiz Osuna, A. (Coords.). Morir en Hispania, Novedades en topografía, arquitectura, rituales y prácticas funerarias. Sevilla: Universidad de Sevilla, pp. 317-332.) siendo el que aquí se presenta, en ese sentido, relativamente pionero. En él partiremos del encuadre cronológico del conjunto para, después, sistematizar los aspectos que el análisis del registro funerario, a todos los niveles, nos suscita.

3. EL ENCUADRE CRONOLÓGICO

 

La secuencia estratigráfica de cada uno de los RF, y por tanto una delimitación de la cronología relativa, ha sido revisada teniendo en cuenta los datos extraídos de las memorias de excavación, las fotografías facilitadas por el Servicio de Patrimonio Histórico del Gobierno de Navarra y el material cerámico, numismático, óseo y arquitectónico recuperado. Pese a las limitaciones subyacentes de retomar los datos de una excavación antigua y heredada, que impiden poner en relación los RF y las SP encontradas sobre el pavimento, podemos afirmar que la necrópolis de Santa Criz tiene un uso prolongado en el tiempo, entre el final del s. I a. C. y mediados del s. III d. C. como indican la cronología de los materiales cerámicos y especialmente los vestigios numismáticos. Así, las piezas más antiguas son dos dupondios partidos de la ceca de Nemausus acuñados en el 20-10 a. C., y la más reciente un antoniniano del s. III d. C. (Andreu et al., 2019Andreu, J., Delage, I., Romero, L. y Mateo, Tx. (2019). Santa Criz de Eslava, reflejos de Roma en territorio vascón. Pamplona: Gobierno de Navarra., pp. 28-30), conforme a estudio inédito realizado por Gianluca Mandatori, de la Societas Scientiarum Fennica de Roma. Durante este largo periodo de utilización, a través de la estratigrafía y los restos, se han podido identificar diversas etapas ligadas a la construcción de los RF y al abandono parcial de los mismos.

3.1. Evolución de las áreas funerarias

 

En un primer momento, el espacio que nos concierne ya tenía un uso funerario que, seguramente, era de menor monumentalidad, sin vestigios arquitectónicos asociados. A él se añadieron los RF ubicados sobre esas áreas funerarias tempranas. A la primera fase corresponden las SP identificadas bajo los muros de los RF: debajo de la estructura de RF II las SP 21, bajo RF III la SP 306No se excavó ninguna sepultura bajo el RF I pero la arqueóloga que supervisó los trabajos de consolidación del monumento funerario, Txaro Mateo, señala la presencia de manchas carbonosas bajo las fundaciones de sus muros que podrían corresponder a tumbas preexistentes.. Esta última corresponde a los restos de un bustum (ver infra) En ella se encontraron dos dupondios partidos de los primeros decenios del s. I d. C., que si bien dan una fecha post quem para esta sepultura en concreto indican la frecuentación de este espacio en los inicios del cambio de era.

Este uso precedente del área funeraria debió motivar la erección de los tres RF. No sabemos en qué orden fueron construidos, pero sí es evidente que en su concepción tuvieron en cuenta la vía pavimentada, dejándola al norte y, por lo tanto, con la fachada de los monumentos orientada hacia la ciudad. El RF I se conformó en tres etapas constructivas. En su fase inicial se erigió la estructura monumental al norte construida con bloques perfectamente escuadrados. Tras el abatimiento de la pared sur al poco tiempo, cuyos bloques de sillar no han sido localizados en las construcciones próximas, se amplió la superficie del RF de una manera más tosca con el uso de sillarejo. Con la misma técnica de construcción están realizados los RF II y RF III. Este último, por su disposición justo encima de SP 30 y por el sistema de libación dispuesto en el centro de la estructura, coincidente con el área de cremación inferior, parece haber sido erigido para conmemorar a ese difunto. Se siguió así el sistema ya atestiguado para el territorio vascón en el bustum romano de Farasdués (Zaragoza), en la aragonesa comarca de las Cinco Villas, en el que el monumento funerario se alza sobre los restos de la cremación (Aguarod y Mostalac, 1984Aguarod, C. y Mostalac, A. (1984). “El bustum romano de Farasdués (Zaragoza)”. Suessetania, 5, pp. 6-7.), o como anteriormente, durante el s. III a. C., se había hecho en la necrópolis de El Castillo (Castejón, Navarra), donde los busta eran cubiertos por túmulos funerarios (Faro, 2015Faro, J. A. (2015). Ritos funerarios en el valle medio del Ebro (s.VI – III a. C.). necrópolis de El Castillo (Castejón, Navarra). Tesis de Doctorado, UNED. Disponible en: http://e-spacio.uned.es/fez/view/tesisuned:ED-Pg-HHAT-Jafaro, p. 1249).

3.2. Fases de uso y abandono

 

La ausencia de relaciones estratigráficas entre las SP y el material susceptible de aportar cronología impide establecer una secuencia cronológica para estas. Sin embargo, podemos definir los diferentes momentos de uso que tuvo cada uno de los RF a través de la cronología relativa proporcionada por la estratigrafía. Si bien el RF I presenta tres etapas constructivas, si atendemos a su uso se pueden identificar seis fases. Tras la erección del RF I se instaló la primera sepultura, SP 12. En un segundo momento, y tras una reorganización del espacio interior que implicó la elevación del plano de deposición (UE 71), se dispusieron otras cinco SP (SP 7, 8, 9, 10 y 11). A ello le siguió un tiempo de cese del uso constante evidenciado por un claro nivel de abandono (UE 49). Sobre él, se realizó la cremación de un ovicáprido, tal vez como ofrenda o rito de recuperación del espacio, inaugurando con ella, de nuevo, el empleo del recinto con finalidad funeraria. Este tipo de sacrificio recuerda a los depósitos rituales realizados en contextos domésticos helenísticos de Agrigento denominados “ritos de construcción” (Belfiori, 2019Belfiori, F. (2019). “Su alcuni depositi rituali di Agrigento: prassi sacrificiale e ‘riti di construzione’ in ámbito domestico nel Quartiere ellenistico-romano (Insula III, Casa M)”. Mélanges de l’École Française de Rome – Antiquité, 131 (2), pp. 479-500. DOI: 10.4000/mefra.8837) o en Sena Gallica entre los ss. III y II a. C. (Belfiori, 2016Belfiori, F. (2016). “Archeologia urbana a Senigallia IV. I riti del construire di Sena Gallica”. The Journal of Fasti Online, 369, pp. 1-19.), o, incluso, en ámbitos ibéricos como el Puig d’Alcoi (Grau et al., 2015Grau, I., Amorós, I., De Miguel, M. P. y Segura, J. M. (2015). “Fundar la casa: prácticas rituales y espacio doméstico en el oppidum ibérico de El Puig d’Alcoi (Alacant)”. Archivo Español de Arqueología, 88, pp. 67-84. DOI: 10.3989/aespa.088.015.004). Esta nueva etapa del conjunto funerario se caracteriza por la disposición de cuatro SP (SP 2, 3, 4 y 5) en un estrato superior sin alterar el nivel inferior. A ello, en la quinta fase de vida de la estructura, le sucedió otro periodo de abandono acreditado por el derrumbe del muro sur de mampostería (UE 19). Teniendo en cuenta este derrumbe al sur y cuando el conjunto monumental estaba en desuso o parcialmente en ruinas, se realizó el último uso funerario del conjunto. Este corresponde a los restos de la cremación SP 1 asociado al cual apareció el antoniano del s. III d. C. Finalmente, el abandono total del conjunto se atestigua por la caída de parte de la cornisa del monumento sobre la calzada junto a la que se halló un centenionalis datado en 330-340 d. C.

Respecto de RF II, tras su construcción, se realizó una primera cremación (SP 20) en la parte norte del mismo. En un segundo momento, y en un nivel de circulación más alto, se dispusieron cinco nuevas SP (SP 15, 16, 17, 18 y 19) que se cubrieron posteriormente con un estrato de nivelación uniforme y estéril, como si se tratara de una clausura de la utilización de este espacio. Sobre él se atestigua un derrumbe parcial del muro sur del recinto (UE 88). Si bien este espacio se encontraba ya en un estado de semi-ruina, habiendo perdido la monumentalidad inicial que debió caracterizarlo, el RF II fue el lugar elegido para la realización de otras dos cremaciones sucesivas en el tiempo, primero SP 14 y a continuación, cubriendo parcialmente la anterior, SP 13.

Entre RF I y II observamos paralelismos en cuanto a la existencia de fases de uso y abandono, tal vez simultáneas cronológicamente, aunque los condicionantes de la metodología empleada en la excavación impiden una precisión mayor. En ambos conjuntos el espacio funerario monumental fue inaugurado por la colocación de una única sepultura al norte. Tras ello se elevó el plano de circulación de ambos recintos, disponiendo cinco SP en el mismo plano en cada enclave. Después de esta segunda fase de uso se documenta en ambos una amortización del espacio interior que implica la elevación del plano de frecuentación, tal vez cerrando de manera simbólica el fin funerario siguiendo a ello el abandono de los espacios de manera temporal. Así mismo, el colapso del muro sur de los dos recintos hacia el interior de las estructuras podría indicar un suceso común que motivara el fin de su uso. Estos derrumbes con una misma orientación y afectando a los mismos aspectos estructurales podrían tal vez ser explicados por una fuerte escorrentía de agua proveniente de la colina situada a sus espaldas que habría debilitado las fundaciones y se habría llevado consigo parte de los muros de los recintos. Tras este hundimiento parcial de las estructuras, el espacio funerario fue reutilizado con la práctica de cremaciones en su interior.

Como se ha dicho, no se ha podido restituir una secuencia cronológica para las ocho estructuras que contenían restos óseos localizadas fuera de los monumenta sepulchralia ya que hay una ausencia total de datos estratigráficos para el espacio circundante a los mismos. Solo se ha podido identificar la relación directa de algunas SP con las estructuras. Así, SP 24 y SP 29 están localizadas bajo el muro meridional de RF II y el muro norte de RF III, respectivamente, probablemente correspondiendo con la fase de frecuentación previa a la monumentalización del conjunto. Sin embargo, SP 26 se dispone parcialmente sobre el muro occidental del RF II, lo que indica su disposición una vez el monumento estaba en desuso.

4. LAS CREMACIONES: VALORES ARQUEOLÓGICOS Y BIOANTROPOLÓGICOS

 

Las SP de la necrópolis cívica de Santa Criz son el vivo reflejo de la variedad que existía en los primeros siglos de nuestra era en cuanto a elementos funerarios se refiere (Toynbee, 1996Toynbee, J. M. C. (1996). Death and Burial in the Roman World. London: Thames and Hudson., p. 40). Si bien todas atienden a un mismo ritual funerario, la cremación, sus configuraciones internas presentan particularidades que manifiestan la diversidad de estructuras presentes en la tradición funeraria romana. Así, en un mismo espacio encontramos busta y depósitos secundarios tanto de urnas dentro de fosas, como de fosas simples en las que no se ha identificado el eventual contenedor que contenía la cremación.

Los restos óseos recogidos presentan un mal estado de conservación, caracterizado por una gran fragmentación, evidente en las altas tasas de hueso indeterminado, fruto tanto de la manipulación durante el ritual practicado (De Miguel, 2010De Miguel, M. P. (2010). “Estudio osteoarqueológico de la cremación romana de Sos del Rey Católico (Zaragoza)”. Zephyrus, LXV, pp. 205-210., p. 206) para adaptar los restos al loculus (Alcázar y Mantero, 1991Alcázar, J. y Mantero, A. (1991). “Estudio antropológico de incineraciones prerromanas y romanas en Carmona, Sevilla”. En: Motella, M. C. (Ed.). Nuevas perspectivas en antropología. Granada: Universidad de Garanda, vol. 1, pp. 27-33.; García, 2016García, E. (2016). Los ritos funerarios de la necrópolis romana de la calle Quart de Valencia (siglos II a.C.-III d.C.). Tesis doctoral, Universidad de Valencia.) como por la presencia de fracturas frescas en los huesos calcinados, es decir, fracturas resultado de una partición posterior a la excavación. Otra evidencia de la conservación deficitaria7La conservación deficitaria puede deberse a las labores agrícolas llevadas a cabo a lo largo del tiempo en las parcelas, así como a la reutilización de los espacios funerarios in antico. Hay que tener en cuenta que la cremación es un ritual funerario que pretende la destrucción del cuerpo, por lo que las masas óseas reducidas pueden ser también el resultado de una cremación prolongada y muy eficiente. Finalmente, estos valores tan bajos pueden explicarse, también, por una recogida inicial reducida de los restos calcinados del individuo. de las cremaciones es también la reducida masa ósea recogida (Fig. 3) que oscila entre 191,3 g (SP 14) y 8,3 g (SP 21), muy por debajo de las medias teóricas propuestas (Tab. 2) y de los valores recogidos en otros contextos cercanos (De Miguel, 2010De Miguel, M. P. (2010). “Estudio osteoarqueológico de la cremación romana de Sos del Rey Católico (Zaragoza)”. Zephyrus, LXV, pp. 205-210., pp. 209) o como los de Bética y Lusitania (Mantero y Alcázar, 1992Mantero, A. y Alcázar, J. (1992). “La antropología física aplicada a las incineraciones humanas”. SPAL, 1, pp. 345-352. DOI: 10.12795/spal.1992.i1.17, pp. 348; Silva, 2015Silva, F. C. (2015). “The funerary practice of cremation at Augusta Emerita (Merida, Spain) during High Empire: contributions from anthropological analysis of burned human bone”. En: Thompson, T. (Ed.). The archaeology of cremation: burned human remains in funerary studies. Oxford: Oxbow Books, pp. 123-150. DOI: 10.2307/j.ctvh1drsq.11; 2021Silva, F. C. (2021). “Crematio na provincia Lusitania: o contributo dos estudos bioantropológicos”. En: Ruiz Osuna, A. (Coord.). Morir en Hispania, Novedades en topografía, arquitectura, rituales y prácticas funerarias. Sevilla: Universidad de Sevilla, pp. 199-216., pp. 210-211) que oscilan entorno a los 800 g recogidos. Solo sobrepasan estos niveles dos cremaciones, SP 2 y SP 30, dada su naturaleza de busta. Además, la tasa de identificación varía según las SP, con una media de fragmentos óseos indeterminados del 57,09 %, alcanzando el máximo de reconocimiento en SP 2 con un 93,2 % mientras que en la SP 26 solo se ha identificado un 23,9 %.

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  (elaboración Paloma Lorente y Luis Romero)
Figura 3 Total de masa ósea recogida (en gramos) en cada sepultura de la necrópolis cívica de Santa Criz (elaboración Paloma Lorente y Luis Romero)
Tabla 2 Datos teóricos de masas óseas: a) sujetos adultos según Hermann, 1976 y Mackinley, 1993; b) sujetos infantiles según Trotter y Hixon 1974 
Sujetos AdultosMasa min. (en g)Masa max. (en g)Media
Hermann 197697026301770
MacKinley 19931001,52422,51625
A
Sujetos infantiles Trotter y Hixon 1974Masa min. media (en g)Masa max. media (en g)
< 0 - 0,5 años7195
0,5 - 3 años268,4315,8
3 - 13 años932,61132,4
13 - 25 años2724,34004,4
B

(Blaizot et al.2009cBlaizot, F., Richier, A., Bel, V., Bonnet, C. y Georges, P. (2009c). “Les practiques postcrématoires dans les bûchers”. En: Blaizot, F. (Coord.). Pratiques et espaces funéraires dans le centre et le sud-est de la Gaule durant l’Antiquité (Gallia, 66.1). Paris: Centre, pp. 151-174.)

4.1. Cremaciones primarias: los busta y las áreas de deposición final

 

No se ha identificado un lugar específico en la necrópolis destinado a ubicar todos los ustrina, sino que los busta hallados se sitúan asociados a RF concretos. Este es el caso de la SP 30, consistente en los vestigios de un área de cremación (aprox. 1 × 1,5 m, el extremo occidental está cubierto parcialmente por los muros del RF) albergando un individuo adulto de complexión física robusta. Sobre ella se alzó posteriormente el RF III. Sin embargo, no podemos determinar, con la información estratigráfica disponible, si esta cremación se realizó en fosa o en superficie (Blaizot et al., 2009bBlaizot, F., Gagnol, M. E., Lisfranc, R., Richier, A., Wittman, A., Bel, V., Bonnet, C., Georges, P. y Gisclon, J. L. (2009b). “L’etape de la crémation: les bûchers funéraires”. En: Blaizot (Coord.). Pratiques et espaces funéraires dans le centre et le sud-est de la Gaule durant l’Antiquité (Gallia, 66.1). Paris: Centre, pp. 89-150.), pero su carácter de pira funeraria queda constatado por la presencia en el fondo de la estructura de troncos carbonizados, dispuestos de manera longitudinal, mezclados en el mismo estrato con ceniza fina, carbón y los restos óseos del individuo, y por la exposición al fuego del ajuar (Fig. 4). El análisis realizado para determinar la especie de árbol a la que pertenecen los troncos ha señalado el uso de encina (quercux ilex) y de roble o quejigo (quercus sub género quercus), maderas utilizadas en toda la Península para este uso (Sánchez, 2021Sánchez, L. J. (2021). “El uso de las materias primas de origen vegetal en el mundo funerario de la Hispania romana”. En: Ruiz Osuna, A. (Coord.). Morir en Hispania, Novedades en topografía, arquitectura, rituales y prácticas funerarias. Sevilla: Universidad de Sevilla, pp. 447-459.). La citada caracterización fue realizada por Mónica Ruiz Alonso, del Instituto de Historia del CSIC y Lydia Zapata del Departamento de Geografía, Prehistoria y Arqueología de la UPV/EHV. Entre el material expuesto al fuego encontrado junto a los restos óseos destaca un fragmento de cerámica en miniatura.

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  (fotografía Txaro Mateo)
Figura 4 Recinto funerario III, SP 30, excavación de la cremación primaria, con nivel compuesto por una fina capa de cenizas y algunos troncos carbonizados (UE 85) (fotografía Txaro Mateo)

La otra cremación en bustum de esta necrópolis, SP 2, se encuentra en el segundo nivel de frecuentación del RF I, contra la pared norte del mismo (aprox. 0,70 × 1 m). Presenta una estructura particular, ya que, bajo los restos de cenizas y carbón propios de la pira, y disociado de los restos óseos, se halló un posible depósito votivo relacionado con la cremación por su disposición, pero previo a la realización de la misma. Este está conformado por una fosa revestida de cantos de río, coincidente con el centro de la posterior cremación; en él se depositaron dos lajas de piedra, a modo de techo a doble vertiente invertido, sobre las que se disponía una jarra de cerámica común marrón revertida. Sobre esta fosa, ya colmatada, se realizó la cremación de un individuo adulto de complexión robusta.

La interpretación de estas estructuras como busta viene determinada tanto por la presencia de vestigios evidentes –como los troncos carbonizados o un estrato ceniciento– como por las dimensiones. Pese a ser, esas dimensiones, reducidas respecto a lo que se puede pensar para la cremación de un individuo adulto, existen paralelos de pequeñas áreas de cremación como los ustrina E3 y H de la necrópolis de Llanos de Pretorio (Ruiz, 2020Ruiz, A. (2020). “Las estructuras de cremación del sepulcretum de Llanos de Pretorio”. En Vaquerizo, D., Ruiz, A. y RubioM. (Eds.). El sepulcretum de Llanos de Pretorio (Córdoba – España). Bari: Edipuglia, pp. 91-104., pp. 93 y 95) o los documentados en la necrópolis de Porta Nocera en la zona 250 (Van Andringa, Duday y Lepetz, 2013Van Andringa, W., Duday, H. y Lepetz, S. (Eds.) (2013). Mourir à Pompei. Fouille d’un quartier funéraire de la nécropole romaine de Porta Nocera (2003-2007). Roma: Ecole Française de Rome., pp. 766) o en el recinto 3E del sector Fondo Pacifico de la misma necrópolis (Van Andringa y Duday, 2020Van Andringa, W. y Duday, H. (2020). “Pompéi. Fouille de la nécropole romaine de Porta Ncoera. Campagne 2019”. Cronique des activités archeologiques de l’École française de Rome. DOI: 10.4000/cefr.4663). Otro indicio que confirma estos busta es el índice de conservación de masa ósea, el más alto de todo el conjunto de la necrópolis. Se conservan 476,6 g de huesos calcinados provenientes de SP 30 y 747,3 g de SP 2. Si bien estos valores están por debajo de las cifras medias teóricas propuestas por varios autores (Tab. 3), la representación de todas las zonas anatómicas, el gran formato de los restos óseos y su parva fragmentación confirman el carácter primario de estas cremaciones. Desafortunadamente, al no haber realizado apreciaciones sobre la disposición de los restos óseos en el terreno se han perdido informaciones ulteriores sobre la disposición del cuerpo en la pira, la eventual presencia de estructura crematorias o la conducción de la cremación.

Tabla 3 Fauna calcinada y no quemada encontrada en el interior de las sepulturas. 
SPCalcinadoTipo
1SiN.ID NMI 2: animal de gran tamaño y animal de pequeño tamaño
2NoN. ID NMI 2: uno de ellos Ave
4NoMandibula de roedor
6SiOvicáprido calcinado
10NoRoedor?
11SiN. ID
12NoN. ID: animal de pequeño tamaño
14SiN. ID
17NoRoedor
17SiAve?
20SiAve?
21SiAve?
21NoAve?
22SiN. ID y falange porcino
25NoN. ID
26NoRaíz diente rumiante
29SiN. ID
30Si N. ID
30NoN. ID

Si consideramos la conservación diferencial ósea de las regiones anatómicas, la constatación de fragmentos de bloque cráneo-facial es significativa. Según los valores de referencias propuestos (Duday, Depierre y Janint,2000Duday, H., Depierre, G. y Janint, T. (2000). “Validation des paramètres de quantification, protocoles et strategies dans l’étude anthropologique des sépultures sécondaires à incinération. L’exemple des nécropoles protohistoriques du Midi de la France”. En: Dedet et al. (Dir.). Archéologie de la mort, archéologie de la tombe au premier âge du fer. Lattes: Lattes, pp. 7-29.), el bloque cráneo-facial debe estar representado en la cremación en torno a un 20,4 % del total de la masa ósea recogida. Sin embargo, en el conjunto de Santa Criz es remarcable la sobrerrepresentación (más de 30 % del total) de esta región anatómica en SP 5, 7, 8, 14, 17, 18 y 26, en detrimento de las otras partes del cuerpo. Así, aunque la publicación de referencia plantea que la masa del tronco debe ser en torno al 17 % de la masa total de la cremación, en todas las cremaciones de este contexto se aprecia una subrepresentación del mismo. Esto puede deberse a la profusión de huesos porosos y planos de esta zona anatómica que no se han conservado bien en este contexto funerario. Respecto a los miembros superiores también se aprecia una representación inferior a los valores teóricos que establecen un porcentaje de masa entono al 17,6 %, solo superado en SP 7, 8 y 15 en detrimento de los miembros inferiores. Estos están incluso menos representados en el conjunto de SP, muy lejos del valor teórico del 45 % de la masa total, salvo en SP 22 y 23. Estas subrepresentaciones de los miembros superiores e inferiores pueden deberse a una cremación que afectó de manera más intensa a estas zonas anatómicas, tanto por la disposición del fuego en la pira funeraria como por su conducción. La representación, en mayor o menor medida, de todas las regiones anatómicas en el conjunto de SP indica que no se realizó una selección intencional de los restos óseos durante su recogida de la pira funeraria. La subrepresentación de ciertas regiones anatómicas sería debida a la cremación en sí misma y a la extrema fragmentación que impide su identificación.

Si tenemos en cuenta las SP en bustum, SP 2 y SP 30, los valores teóricos tampoco se ajustan completamente (Fig. 5). Vamos a analizar en detalle estas dos SP porque son las que, debido a que los huesos no han sido transportados de un lado a otro, más deberían ajustarse a los valores propuestos por el equipo de H. Duday (Duday, Depierre y Janint, 2000Duday, H., Depierre, G. y Janint, T. (2000). “Validation des paramètres de quantification, protocoles et strategies dans l’étude anthropologique des sépultures sécondaires à incinération. L’exemple des nécropoles protohistoriques du Midi de la France”. En: Dedet et al. (Dir.). Archéologie de la mort, archéologie de la tombe au premier âge du fer. Lattes: Lattes, pp. 7-29.). Sin embargo, se aprecia que la tasa de la región anatómica del tronco y de los miembros superiores e inferiores es inferior a las estimaciones, solo ajustándose en la representación del cráneo. Ello explicaría la subrepresentación de estas partes del cuerpo en el resto de cremaciones, que habrían sido calcinadas en gran parte. Por su parte, el gran número de huesos indeterminados de SP 30 seguramente se deba a la erección del RF III sobre los restos de la pira funeraria, implicando la fragmentación de su contenido.

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  (elaboración Paloma Lorente)
Figura 5 Representación regiones anatómicas comparadas: indeterminado (amarillo), bloque cráneo facial (negro), tronco (azul), miembros superiores (rojo), miembros inferiores (verde). A la derecha de cada conjunto los valores teóricos (Duday, Depierre y Janint, 2000Duday, H., Depierre, G. y Janint, T. (2000). “Validation des paramètres de quantification, protocoles et strategies dans l’étude anthropologique des sépultures sécondaires à incinération. L’exemple des nécropoles protohistoriques du Midi de la France”. En: Dedet et al. (Dir.). Archéologie de la mort, archéologie de la tombe au premier âge du fer. Lattes: Lattes, pp. 7-29.) y a la izquierda valores de representación ósea de regiones anatómicas de las sepulturas de Santa Criz. A: SP 2; B: SP 30 (elaboración Paloma Lorente)

Otras áreas de cremación han sido identificadas en la necrópolis cívica, conservando en este caso una estructura secundaria interna en la que se contenían una parte de los restos de la cremación.

En primer lugar, la SP 1 presenta los restos de un área de cremación en fosa de forma ovalada delimitada al exterior por lajas de piedra y cubierta por dos losetas. Su identificación como ustrinum viene dada por un estrato carbonoso y de cenizas, así como por la presencia en su entorno de niveles de rubefacción. Los restos óseos estaban concentrados en la parte sur de la estructura, circundados en todos sus lados por clavos de pequeñas dimensiones con la punta de la caña orientada hacia el centro del depósito y en varios casos apilados hasta en cuatro alturas. Si bien no disponemos de imágenes suficientes que corroboren la hipótesis, esta concentración específica de los huesos en un punto del área de cremación rodeada de clavos parece apuntar a la presencia de un contenedor de material perecedero para los residuos de la cremación o los restos óseos recogidos.

SP 25 constituye también un caso de depósito secundario de la cremación en el seno del mismo ustrinum. Esta sepultura se encuentra fuera de los límites de los RF, en el extremo suroeste del espacio excavado de la necrópolis cívica. Se trata de los restos de un ustrinum de forma ovalada de los cuales solo se conserva una parte (debido a sus dimensiones reducidas, aprox. 0,83 × 0,88 m a partir de las planimetrías disponibles, aunque dicha estructura no fuera excavada en su totalidad), configurado con un firme enlosado delimitado por cantos rodados. Los restos de la cremación se presentan en el interior del espacio definido por tres maderos carbonizados, que parecen seguir un patrón de disposición cuadrangular, a falta de uno de sus lados (Fig. 6). La existencia de un contenedor de madera que contuviera los restos de este depósito secundario viene confirmada por la disposición de los clavos encontrados, todos orientados este-oeste y siguiendo la forma citada (Bauvard, Schmitt y Carrara,2012Bauvard, E., Schmitt, A. y Carrara, E. (2012). “Le coffre de bois Antique : aspects taphonomiques et technologiques. Exemples issus d’un ensemble funéraire di Ier s. apr. J.-C. aux 30-32 rue de Bourgogne, à Lyon (Rhòne)”. Mémoires publiées par l’AFAM, XXIII, pp. 255-268.).

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  (fotografía Txaro Mateo)
Figura 6 Exterior recintos funerarios, SP 25. Nivel de troncos (UE 130) siguiendo un patrón de disposición cuadrangular. En el interior de los mismos se disponen los restos de la cremación (fotografía Txaro Mateo)

La masa ósea recogida es de 124,3 g en la SP 1 y 98 g en SP 25. Si bien la ínfima masa podría indicar el carácter de residuos de cremación en el fondo de pira funeraria, la representación de todas las áreas anatómicas en el conjunto parece indicar que hay una recogida intencional de los restos óseos del difunto. En estos casos la cantidad deficitaria de huesos puede explicarse por la estructura misma de los ustrina, pensada para quemar el máximo del volumen del cuerpo (Blaizot et al., 2009cBlaizot, F., Richier, A., Bel, V., Bonnet, C. y Georges, P. (2009c). “Les practiques postcrématoires dans les bûchers”. En: Blaizot, F. (Coord.). Pratiques et espaces funéraires dans le centre et le sud-est de la Gaule durant l’Antiquité (Gallia, 66.1). Paris: Centre, pp. 151-174., p. 152 y Lowrance y Latimer, 1957Lowrance, E. W. y Latimer, H. B. (1957). “Weigths and linear measurements of 105 human skeletons from Asia”. American Journal of Anatomy, 101 (3), pp. 445-459. DOI: 10.1002/aja.1001010305 además de Trotter y Hixon, 1974Trotter, M. y Hixon, B. B. (1974). “Sequential changes in weight, density, and procentage ash weight of human skeletons from an early fetal period through Old Age”. The Anatomical Record, 179, pp. 1-18. DOI: 10.1002/ar.1091790102 y McKinley, 1993McKinley, J. I. (1993). “Bone fragment size and weights of bone from modern British cremations and the implications for the pyre technology and ritual”. Journal of Archaeological Science, 21, pp. 339-342. DOI: 10.1002/oa.1390030406).

4.2. Variaciones en las cremaciones secundarias: la duplicidad ustrina/busta, selección ósea y áreas de depósito final

 

A pesar de ser el tipo de contenedor funerario más generalizado en el mundo romano, se ha hallado un único ejemplar de cremación en urna cineraria. Se trata de una jarrita monoansada de cerámica común engobada roja forma Unzu 8/Aguarod III (Minguez, 2012Mínguez, J. A. (2012). “La fabricación de vasos para beber de paredes finas en el valle medio del Ebro”. En: BernalD. y RiberaA. (Eds.). Cerámicas hispanorromanas II: producciones regionales. Cádiz: Universidad de Cádiz, pp. 83-96.) (SP 11) que albergaría la cremación de un individuo adulto de sexo indeterminado y estaba depositada en el interior de una fosa excavada en el interior del RF I. La colmatación de la fosa, carbonosa y cenicienta, parece indicar la presencia de un depósito mixto que contenía la urna cineraria y los residuos propios de la cremación (Blaizot et al., 2009aBlaizot, F., Bel, V., Bonnet, C., Wittman, A., Georges, P., Gisclon, J. L., Tranoy, L. y Vieugué, J. (2009a). “Structures secondaires et structures accessoires”. En: Blaizot, F. (Coord.). Pratiques et espaces funéraires dans le centre et le sud-est de la Gaule durant l’Antiquité (Gallia, 66.1). Paris: Centre, pp. 175-252.) práctica bien atestiguada en territorios de influencia romana (Schmitt, 2005Schmitt, A. (2005). “Une nouvelle méthode pour estimer l’âge au décès des adultes à partir de la surface sacro-pelvienne iliaque”. Bulletins et Mémoires de la Société d’Anthropologie de Paris, 17 (12), pp. 1-16. DOI: 10.4000/bmsap.943). Así mismo, la disposición de la urna junto a las paredes del RF constituye también una constante (Duday y Van Andringa, 2017Duday, H. y Van Andringa, W. (2017). “Archaeology of Memory: about the Forms and the Time of Memory in a Necropolis of Pompeii”. En: Moser, C. y Knust, J. (Eds.). Ritual Matters. Material Remains and Ancient Religion. Roma: University of Michigan Press, pp. 73-85., pp. 73-75), ya que así se permite colocar una estela o un marcador de la sepultura contra el muro y optimizar el espacio, aunque aquí no se ha hallado.

Tres depósitos secundarios de cremación han sido identificados en el interior del RF I. Se trata de fosas de en torno a 40 cm de profundidad que presentan una delimitación de pequeñas piedras irregulares (SP 7) o de lajas de piedra (SP 12). En el primer caso, SP 7, el fondo de la estructura está cubierto por piedras irregulares. El depósito funerario está dispuesto en varios niveles: en el fondo una primera deposición de restos óseos cubierta por 8 cm de tierra estéril y varios troncos calcinados, sobre lo que se sitúa un nuevo estrato de restos óseos y otros residuos de cremación, provenientes tal vez del mismo ustrinum. Si bien no se documentó individualmente cada concentración ósea durante la excavación, el estudio antropológico del conjunto señala un NMI 1, aunque no se ha encontrado ninguna conexión o pegado estricto de fragmentos óseos que confirmara esta hipótesis. La identificación visual, por parte de los excavadores, de diversos depósitos óseos a diferentes profundidades podría indicar que cada conjunto estaba encerrado en el interior de contenedores de material perecedero que han dejado su impronta a través de la forma. Por su parte, la fosa que constituye SP 12 estaba cubierta por piedras irregulares que se apoyaban sobre las lajas que la delimitaban. La colmatación se distribuye en un estrato inicial que contiene los restos óseos y carbones cubiertos por pequeñas piedras y un nivel superior de ceniza y carbón más fino, acaso los residuos de la pira. Finalmente, SP 10 se presenta bajo una forma de fosa simple cuyas paredes se recubrían por lajas de piedra irregulares. El interior estaba colmatado por rubefacción amarillenta resultante de la cremación, con fragmentos de carbón y restos óseos. El conjunto está cubierto y señalizado por piedras irregulares.

Las características del conjunto antropológico apoyan la teoría de depósitos secundarios. La masa ósea recogida en estas SP está por debajo de las medias teóricas: 78 g en SP 7, 120,94 g en SP 10 y 116,04 g en SP 12. Todas las zonas anatómicas están representadas en las masas óseas, aunque en una masa muy reducida respecto a los porcentuales de referencia, a excepción de los miembros inferiores en SP 7, contando con un gran número de fragmentos determinados y con una menor fragmentación que otros conjuntos al igual que en los depósitos secundarios dentro de las áreas de cremación. Esto puede deberse a la naturaleza de la estructura de la pira funeraria o al grado de detalle en la recogida de los restos óseos o incluso a la selección intencional del contenido del depósito secundario.

Así mismo, se han identificado estructuras secundarias destinadas a contener los residuos de cremación. Denominamos residuos de cremación a los vestigios resultantes de la quema de una pira funeraria que han quedado en el fondo de la estructura y que no han sido recogidos para una deposición secundaria, es decir una cremación contenida en urna o en un contenedor de material perecedero, y que, en sí mismos, no constituyen una tumba primaria (redeposited cremated remains en McKinley, 2000McKinley, J. I. (2000). “Phoenix rising; aspects of cremation in Roman Britain”. En: Pearce, J., Millett, M. y Struck, M. Burial, Society and Context in the Roman World. Oxford: Oxbow, pp. 38-44., 2004McKinley, J. I. (2004). “Compiling a skeletal inventory: cremated human bone”. En: Mitchel, P. D. y Brickley, M. Updated Guidelines to the Standards for Recording Human Remains. Reading: Chartered Institut for Archaeologist.; Bel, 2002Bel, V (2002). Practiques funéraires du haut-Empire dans le Midi de la Gaule. La nécropole Gallo-romaine du Valladas à Saint-Paul- Trois-Châteaux (Drôme). Paris: Monographies d’Arqchéologie Méditerranéenne CNRS., p. 401). Estos están compuestos por pequeños materiales de diversa naturaleza muy fragmentados y que muestran la acción del fuego, así como un estrato de cenizas finas y carbones de pequeño tamaño (Van Andringa, Duday y Lepetz, 2013Van Andringa, W., Duday, H. y Lepetz, S. (Eds.) (2013). Mourir à Pompei. Fouille d’un quartier funéraire de la nécropole romaine de Porta Nocera (2003-2007). Roma: Ecole Française de Rome., pp. 584 y 639). Los restos óseos conservados son de gran importancia para identificar este tipo de residuos. Se trata de una masa ósea deficiente, muy fragmentada (tasa grande de huesos indeterminados) y con una prevalencia de metacarpos, metatarsos, falanges y pequeños fragmentos de cráneo (Blaizot et al., 2009cBlaizot, F., Richier, A., Bel, V., Bonnet, C. y Georges, P. (2009c). “Les practiques postcrématoires dans les bûchers”. En: Blaizot, F. (Coord.). Pratiques et espaces funéraires dans le centre et le sud-est de la Gaule durant l’Antiquité (Gallia, 66.1). Paris: Centre, pp. 151-174., pp. 151-158). Si bien en sí mismas estas estructuras no constituyen propiamente una sepultura, dado que no es una recogida intencional de los restos óseos del difunto, sino que es fruto de la limpieza y retirada de los residuos del fondo del área de cremación, la aparición de restos óseos hizo que se consideraran así durante la excavación y su nomenclatura ha prevalecido en este trabajo para evitar ulteriores confusiones. Estos residuos de cremación han sido acumulados in atinco de diferentes maneras, de manera residual al fondo de los lugares de combustión y mediante depósitos secundarios realizados ex professo fuera de las áreas de cremación propiamente dichas.

En primer lugar, se han identificado cúmulos de residuo de cremación en el fondo de las áreas de cremación, concentrados y aislados en la extensión de rubefacción hallada, identificados gracias al estrato fino de ceniza y carbón asociado a la estructura, así como a la presencia de troncos carbonizados residuales. Asociados a estos residuos se distinguen por un lado estructuras con una estratigrafía horizontal reducida compuesta por la rubefacción directa y circundante y una fina capa de estrato ceniciento (SP8, SP 13 y SP 24), con dimensiones y forma irregular, pero que en el caso de SP 8 cuenta con 0,75 × 1,10 m y una delimitación de piedras, que podrían ser consideradas como áreas de cremación a ras de suelo. Por otro lado, se identifica una estructura en fosa SP 3 (0,70 × 0,50 m) con paredes y fondo rubefactados y con estrato carbonoso-ceniciento. Los restos óseos y la mayor acumulación de cenizas se disponen en una zona determinada y limitada del área quemada lo que indica la posible limpieza de la pira y unificación de los residuos en un ángulo, dado los depósitos de tamaño reducido hallados mientras que la superficie de rubefacción es más amplia (Van Andringa, Duday y Lepetz, 2013Van Andringa, W., Duday, H. y Lepetz, S. (Eds.) (2013). Mourir à Pompei. Fouille d’un quartier funéraire de la nécropole romaine de Porta Nocera (2003-2007). Roma: Ecole Française de Rome., pp. 686, 746 y 899). Su carácter de residuo viene confirmado por la masa ósea muy reducida que oscilaba entre los 81,6 g de máxima (SP 3) y los 16, 77 g de mínima (SP 8), y por la representación de regiones anatómicas contando con una tasa grande de fragmentos indeterminados y de metacarpos y metatarsos.

Los restos hallados en el fondo de las estructuras de SP 14 y SP 20 también parecen corresponder a los parámetros de residuos de cremación tanto por su forma, recogidos al fondo de una fosa en una capa cenicienta-carbonosa junto con troncos carbonizados, como por las características de la masa ósea recogida. En el primer lugar se trata de una fosa (1,50 × 1 m, con una profundidad de entorno a los 30 cm) delimitada por lajas verticales, mientras que SP 20 es una fosa simple (2 × 0,70 m, espesor de en torno a 20 cm) sin delimitación particular. En estos casos se conserva una mayor cantidad de masa ósea que en los casos precedentes de residuos de cremación, 191,3 g (SP 14) y 157,6 g (SP 20). Esto puede ser debido a la sobrerrepresentación de fragmentos de cráneo encontrados, que se explicaría por una menor recogida de los mismos tras la cremación para el eventual depósito secundario.

En segundo lugar, los residuos de cremación también se encuentran en fosas exentas realizadas ex professo. Se trata de fosas simples que ofrecen unas dimensiones comprendidas entre los 30 y 50 cm, con profundidades variables entre los 10 y 25 cm, delimitadas al exterior por piedras o cantos rodos y que están colmatadas por un estrato de carbón y cenizas dentro del que se hallan fragmentos de troncos carbonizados y los escasos restos óseos humanos (SP 4, SP 21, SP 23, SP 26, SP 27 y SP 29). En unos pocos casos estas fosas simples han sido cubiertas, como en SP 15, por losas irregulares o SP 22, con piedras de diferentes tamaños. Atendiendo al contenido óseo, la masa recogida es muy reducida, oscilando entre 55,2 g (SP 23) de máxima y 6,4 g (SP 29) de mínima. La naturaleza de residuos de cremación se ve confirmada por la alta tasa de fragmentos óseos indeterminados y las zonas anatómicas representadas (cráneo y MTC-MTT). Sin embargo, hay dos depósitos que destacan por su masa ósea, SP 22 con 112,9 g y SP 26 con 102,4. En el primer caso, el 67 % de la masa total corresponde a los miembros inferiores, lo que puede deberse bien a no haberse recogido una parte de los restos de la cremación bien a la caída de la estructura del miembro inferior al fondo durante la cremación. La SP 26, a su vez, tiene todas las zonas anatómicas bien representadas (destacando el cráneo con un 44 %), pero la gran fragmentación de los restos óseos y las características de las SP nos han llevado a considerarla como parte de este apartado. La existencia de estos depósitos secundarios de residuos de cremación implica la presencia de ustrina previos no identificados. Estos no han sido localizados todavía y cabe la posibilidad que se hayan perdido con el devenir del tiempo o incluso intencionalmente tras su uso primario.

Finalmente, ciertas SP, consideradas así por la presencia de restos óseos en su interior, no pueden ser adscritas a una forma o un tipo determinado, ya que los datos disponibles son insuficientes. Son descritas como manchas carbonosas con muy pocos restos óseos y, algunas veces, escaso material asociado. Estos datos no pueden ser clarificados ni aumentados con la documentación disponible. Por tanto, SP 5, 16, 17, 18, 19 y 28 son estructuras no determinadas que albergan una cantidad muy reducida de restos óseos muy fragmentados, probablemente, por tanto, estructuras muy arrasadas y deterioradas.

4.3. Artefactos y ecofactos incorporados a la cremación

 

Entre los elementos de metal encontrados en la necrópolis cívica de Santa Criz se han identificado elementos de adorno personal que llevarían los difuntos en el momento de la cremación (como indica su deformación por el calor). Las piezas en oro son escasas (un cabujón de oro en SP 14 y unos pequeños aros en SP 17). Se trata de elementos de cultus u ornatus personal, como también lo serían el anillo de bronce de SP 1 y las posibles cuentas de collar de hierro de SP 2 y de SP 9. Los fragmentos de bronce son más numerosos, sobre todo los restos de fíbulas encontradas entre las cremaciones de SP 1, SP 2, SP 4 y SP 20. Este tipo de objetos constituirían parte de los adornos que llevaba el difunto en la pira, del mismo modo que la hebilla de SP 1, SP 13 y tal vez SP 2. También hay que señalar la presencia de una pequeña espátula de hierro en SP 23 (Andreu et al., 2019Andreu, J., Delage, I., Romero, L. y Mateo, Tx. (2019). Santa Criz de Eslava, reflejos de Roma en territorio vascón. Pamplona: Gobierno de Navarra., pp. 96-99).

Dos elementos de hueso de animal trabajado pertenecen también al adorno personal de los individuos calcinados. Se trata de una posible cuenta de collar en SP 23 y un dado en SP 30 (Andreu et al., 2019Andreu, J., Delage, I., Romero, L. y Mateo, Tx. (2019). Santa Criz de Eslava, reflejos de Roma en territorio vascón. Pamplona: Gobierno de Navarra., pp. 73 y 97). Ambas piezas estaban calcinadas y por ello deducimos que acompañaron al difunto en su cremación.

Los restos de fauna encontrados en la necrópolis de Santa Criz se encuentran tanto asociados a SP concretas como aislados (Tab. 3). En el interior de las SP se han hallado restos calcinados y huesos no quemados. En este último caso, en su mayoría, se trata de restos de roedores cuya presencia puede explicarse por la intrusión de los mismos en las SP y su descomposición. También se han encontrado un diente de rumiante (SP 26) y restos de posibles aves no quemadas (SP 2 y 21), así como fragmentos no identificados, tal vez provenientes de ofrendas-depósitos alimentarios no cocinados ni colocados en la pira. En cuanto a los restos calcinados de fauna encontrados junto a los huesos humanos, cabe decir que muchos de los fragmentos óseos identificados no han podido ser determinados debido a su fragmentación. Solo se ha encontrado un único resto carpológico calcinado, que no se ha podido identificar (SP 24), lo cual demuestra que en estas ofrendas alimentarias también pudo haber productos vegetales.

En cuanto a los restos de fauna encontrados en otros contextos ligados a este espacio funerario estos demuestran la realización de ofrendas alimentarias, tal vez en prácticas de conmemoración, una vez realizadas las SP. Se han identificado una serie de depósitos en la parte exterior de los RF y probablemente relacionados con ellos. Por un lado, en la zona meridional del RF I, en el nivel del derrumbe y tal vez asociado a SP 1 por su localización, aunque sin relación estratigráfica directa aparente, se han encontrados restos de un animal y un diente de rumiante (probablemente un bóvido). Sobre el pavimento, frente a RF I se han encontrado los restos calcinados de un animal no determinado y unas conchas. Sobre la vía sepulcral entre los RF I y II se han encontrado igualmente restos de fauna no quemada y de un ovicáprido calcinado. La presencia de cortes limpios transversales, posiblemente de un cuchillo, realizados en la diáfisis de este último animal parece indicar que fue preparado de alguna forma para ser parte del depósito alimentario.

4.4. Artefactos y ecofactos post-cremación incorporados al depósito funerario

 

Los clavos de hierro son los objetos más frecuentes hallados en asociación a las SP de la necrópolis cívica de Santa Criz, pero el uso de muchos de ellos sigue siendo una incógnita debido a la falta de información sobre su contexto. Para otros, su posible función puede ser comprendida por su forma o su disposición en las áreas de cremación. Algunas cremaciones secundarias parecen, a través de las evidencias arqueológicas, haber estado claramente contenidos en el interior de una caja de material perecedero ensamblada con clavos (SP 1 y SP 25), lo que explicaría la abundancia de este tipo de material. Los clavos de pequeñas dimensiones (Fig. 7), entre los que encontramos clavi caligarii, también son frecuentes en las SP. Si bien algunos están quemados como en caso del bustum de SP 30, en la mayoría de casos no presentan signos de acción de fuego. Estas pequeñas puntas pueden haber servido como remaches o ensamblaje de cofres o elementos de material perecedero. Salvo los casos que presentan acción del fuego, podemos pensar que los elementos se hallaban ya sea en una posición fuera del campo del fuego o bien fueron depósitos posteriores asociados a las estructuras de deposición finales. Al encontrarse de forma aislada y sin ser registrada su posición original no es posible aportar hipótesis interpretativa alguna sobre su función original. La única excepción es SP 30 donde se han encontrado 124 clavii caligarii calcinados y encontrados en el nivel de cremación alineados entre sí en tres hileras (Fig. 8). Debido a que no sabemos en qué zona del bustum se encontraban ni su asociación a ciertos restos óseos, no podemos precisar más sobre su función o su posición inicial.

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  (elaboración Paloma Lorente)
Figura 7 Número de clavi caligarii en cada sepultura: tipo de talla pequeña, caña corta y redonda, cabeza cónica-piramidal en azul; tipo de talla pequeña, caña corta, cabezas circulares y planas en verde; y tipo talla pequeña, caña corta y fina, cabeza de diseño floral, cónico en naranja (elaboración Paloma Lorente)
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  (fotografía Txaro Mateo)
Figura 8 Clavi caligarii encontrados entre los restos de cremación de SP 30 (fotografía Txaro Mateo)

4.5. Elementos de dudosa determinación

 

Podemos destacar dos depósitos particulares hallados sobre el pavimento, en la parte trasera de RF I, y en el interior del RF I asociado a SP 2. Se trata de piezas cerámicas completas colocadas en posición invertida en el interior de una fosa. En el primer caso se trata de una vasija común anaranjada dispuesta en el interior de una cavidad sin ningún elemento más asociado. En segundo lugar, se trata de un dispositivo más complejo situado justo debajo de los restos de cremación de SP 2. En una fosa con el fondo forrado por cantos rodados se disponen dos lajas a modo de techumbre a doble vertiente invertida sobre las que se coloca una jarra de cerámica común marrón invertida.

5. PRÁCTICAS FUNERARIAS

 

5.1. Prácticas durante las cremaciones

 

Entre los restos de la cremación de SP 20 se ha encontrado un gran número de piezas que componían el ajuar funerario, entendido este como los elementos que acompañan al difunto en el viaje más allá tanto con un carácter simbólico dentro de los rituales como con un sentido práctico. Entre ellas destacan los fragmentos de, al menos, dos lucernas que evidencian vestigios de afectación por fuego en sus paredes, lo que indicaría su presencia en el interior de la pira funeraria durante la cremación, como elemento simbólico y apotropaico (Sheid 1984Sheid, J, (1984). “Contarie facere: renversement et deplace- ments dans les rites funeraires. Aspetti dell’ideologie funeraria nel mondo antico”. AION, 6. pp. 117-189., pp. 121-126). La atestiguación de este elemento en el interior de áreas de cremación ha sido identificada en numerosas ocasiones en la necrópolis pompeyana de Porta Nocera donde se ha interpretado como elemento esencial de la práctica funeraria antes, durante y después de la cremación (Van Andringa, 2021Van Andringa, W. (2021). Archéologie du geste, rites et pratiques à Pompéi. Paris: Hermann., pp. 99-114) o en contextos de la Bética como los ustrina de la necrópolis de Llanos de Pretorio (Córdoba) (Ruiz, 2020Ruiz, A. (2020). “Las estructuras de cremación del sepulcretum de Llanos de Pretorio”. En Vaquerizo, D., Ruiz, A. y RubioM. (Eds.). El sepulcretum de Llanos de Pretorio (Córdoba – España). Bari: Edipuglia, pp. 91-104., p. 100).

La constatación de fragmentos óseos de fauna calcinados y algún elemento carpológico recogido junto a los huesos humanos (Tab. 3) indica la existencia de depósitos alimentarios durante la cremación, pudiéndose interpretar estos tanto como ofrendas alimentarias de acompañamiento del difunto como elementos simbólicos asociados a las propias creencias (Lepetz y Van Andringa, 2004Lepetz, S. y Van Andringa, W. (2004). “Caractériser les rituels alimentaires dans les nécropoles gallo-romaines: l'apport conjoint des os et des textes”. En : L. Baray (dir.), Archéologie des pratiques funéraires. Approches critiques, Actes de la table ronde des 7 et 9 juin 2001, Glux-en-Glenne : Bibracte, pp. 161-170.). Si bien no todos los restos han podido ser identificados, en al menos tres SP, en la pira funeraria, fueron dispuestas aves, cuya especie no se ha podido especificar, y que fueron quemadas junto al individuo. Estos vestigios son residuales, presentando la superficie calcinada con una coloración de blancos y grises, resultado de la exposición a una fuente de calor intensa y/o prolongada, y se hallan mezclados con los restos óseos humanos. Pese a que no se trata de una práctica constante realizada en todas las cremaciones esta se manifiesta en un gran número de ellas. Este tipo de ofrendas alimentarias, con representación de aves y ovicápridos han sido documentados en la necrópolis de Plaça de la Vila de Madrid en Barcino (Colominas, 2007Colominas, L. (2007). “Animals i ideologia en l’ámbit funerari. Estudi arqueozoològic de la necròpolis de la plaça de la Vila de Madrid”. Quaderns d’Arqueologia e Història de la Ciutat de Barcelona, 3, pp. 82-101.) y en Llanos de Pretorio en Córdoba (Martínez Sánchez, 2020Martínez Sánchez, R. M. (2020). “Los restos animales de la necrópolis de Llanos del Pretorio. Depósitos votivos, contextos sacrificiales y áreas de vertido extramuros”. En: Vaquerizo, D., Ruiz, A. y RubioM. (Eds.). El sepulcretum de Llanos de Pretorio (Córdoba – España). Bari: Edipuglia, pp. 149-160.) demostrando la variabilidad de los depósitos alimentarios.

5.2. Prácticas después de la cremación

 

La libación en contexto funerario consiste en una aspersión o un vertido de líquidos, vino o perfumes sobre los restos del difunto ya sea durante o después de la cremación (Vaquerizo y Ruiz, 2019Vaquerizo, D. y Ruiz, A. (2019). “Cultos funerarios, la muerte en el mundo romano”. En: Sánchez López, E. H. y Bustamante-Álvarez, M. (Eds.). Arqueología romana en la Península Ibérica, Granada: Universidad de Granada, pp. 359-382., p. 360). En la necrópolis cívica de Santa Criz se ha identificado un cuello de ánfora asociado a SP 30 que reúne las características de elemento que permite la libación directamente sobre un bustum (Fig. 9). En el centro del RF III se abrió una fosa en el nivel de colmatación, correspondiendo con el centro de la cremación primaria previa. En el interior de la misma estaba dispuesto un cuello de ánfora rodeado por un semicírculo de piedras irregulares y por un sedimento arcilloso amarillo y negro. Si bien se encontró en posición horizontal, ello probablemente se deba a los movimientos postdeposicionales del conjunto de elementos que lo conforma una vez fue abandonado el RF. Este dispositivo de libación tenía como objeto poner en relación el nivel de circulación del RF con los restos de la cremación, y por tanto el mundo de los vivos con el de los muertos. Este tipo de estructuras reutilizando cuellos de ánforas son comunes en el mundo romano, encontrando un gran número de ejemplos en la Galia (Blaizot et al., 2009bBlaizot, F., Gagnol, M. E., Lisfranc, R., Richier, A., Wittman, A., Bel, V., Bonnet, C., Georges, P. y Gisclon, J. L. (2009b). “L’etape de la crémation: les bûchers funéraires”. En: Blaizot (Coord.). Pratiques et espaces funéraires dans le centre et le sud-est de la Gaule durant l’Antiquité (Gallia, 66.1). Paris: Centre, pp. 89-150., 2009cBlaizot, F., Richier, A., Bel, V., Bonnet, C. y Georges, P. (2009c). “Les practiques postcrématoires dans les bûchers”. En: Blaizot, F. (Coord.). Pratiques et espaces funéraires dans le centre et le sud-est de la Gaule durant l’Antiquité (Gallia, 66.1). Paris: Centre, pp. 151-174., pp. 172-174) y en el sur de Hispania (Ruiz, 2021Ruiz, A. (2021). “Busta y ustrina en la Córdoba romana: el ritual de cremación en la capital de la Bética”. En: Ruiz Osuna, A. (Coord.). Morir en Hispania, Novedades en topografía, arquitectura, rituales y prácticas funerarias. Sevilla: Universidad de Sevilla, pp. 47-76., p. 48).

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  (fotografías Txaro Mateo)
Figura 9 En el centro del RF III, dispositivo de libación con cuello de ánfora vinaria asociado directamente a SP 30 (fotografías Txaro Mateo)

En este mismo RF III, junto al paramento exterior meridional, se encontró otro posible dispositivo de libación peor conservado que el anterior: la parte inferior de una jarra común en cerámica gris que presenta en su base un orificio que debía ser utilizado como infundibulum. La asociación de este dispositivo con SP 30 no puede asegurarse totalmente, pero la adscripción única del monumento funerario a un solo individuo hace pensar que se puedan ligar. Tal vez el primer dispositivo de libación con cuello de ánfora estaba en desuso y por ello la necesidad de crear un segundo, o tal vez se trate de otro tipo de conmemoración realizada en otro lapso de tiempo.

Asociados a este RF III encontramos otras dos estructuras arqueológicas que podrían ser el reflejo de la realización de ritos de conmemoración al individuo una vez erigido el edificio. En primer lugar, constatamos una fina capa de carbón delimitada con cantos rodados contra el paramento exterior norte. En el estrato no se han encontrado restos de fauna ni material asociados, lo que puede explicar la realización de un fuego con o sin fines propiamente funerarios. En segundo lugar, y esta vez en relación con SP 30 en la esquina noroeste del recinto se dispone una vasija común anaranjada calada y delimitada por piedras irregulares. Este tipo de ofrenda podría ser resultado del silicernium o de otros rituales conmemorativos posteriores al funeral, como parte de un depósito líquido.

En cuanto a la cerámica encontrada en la necrópolis, los fragmentos están muy mal conservados y no se reconocen sus formas iniciales. Entre los tipos cerámicos reconocemos terra sigillata hispánica, cerámica de paredes finas, pigmentada, gris ibérica/celtibérica, cerámica común, ollas de cocina y cerámica de almacenaje. Los pocos fragmentos reconocibles corresponden a platos o a piezas de formas abiertas (pátina interior y exterior) lo que correspondería a vajilla propia del ajuar de acompañamiento y de los banquetes funerarios identificados en la iconografía funeraria (Abascal, 2015Abascal, J. M. (2015). “La escena de banquete en la epigrafía de Lara de los Infantes y su contexto histórico”. En: Luzón, J. M., García, J., Mañas, I. y Salcedo, F. (Eds.). Navigare necesse est: estudios en homenaje a Jose María Luzón Nogué. Madrid: Universidad Complutense de Madrid, pp. 409-416.) y en otros contextos peninsulares también (Rolo, 2010Rolo, M. (2010). A necrópole romana da Rouca (Alandroal, Évora), Tesis de doctorado, Universidad de Facultad de Letras de la Universidad de Lisboa. Disponible en: http://repositorio.ul.pt/bitstream/10451/4248/2/ulfl081248_tm_1.pdf, pp. 115, 149-151; 2018Rolo, M. (2018). “Um retrato do mundo funerário romano no nordeste alentejano (Portugal) à luz do contributo de Abel Viana e António Dias de Deus”, Anales de Arqueología Cordobesa, 29, pp. 199-226., pp. 212-215; Bustamante, Heras y Detry, 2021Bustamante, M., Heras, J. F. y Detry, C. (2021). “Ritualidad y magia en el suburbia funerario de Augusta Emerita (Mérida, Badajoz)”. En: Ruiz Osuna, A. (Coord.). Morir en Hispania, Novedades en topografía, arquitectura, rituales y prácticas funerarias. Sevilla: Universidad de Sevilla, pp. 175-197.).

Anteriormente ya se abordaron las evidencias de restos de fauna asociados a los depósitos de ofrendas junto a los difuntos y a los banquetes vinculados a la consabida y periódica frecuentación de los sepulcros (Carroll, 2006Carroll, M. (2006). Spirits of the Dead: Roman Funerary Commemoration in Western Europe. Oxford: Oxford University Press.; Kolb, 2008Kolb, A. (2008). Tod in Rom: grabinschriften als Spiegel römischen Lebens. Berlin: Wiss. Buchges.) por lo que no insistiremos aquí en la cuestión.

6. RECONSTRUCCIÓN DEL ESPACIO FUNERARIO

 

6.1. El encuadre antropizado, las vías sepulcrales

 

Como ya se ha explicado, los vestigios de la necrópolis han sido localizados a ambos lados del antiguo ramal secundario de la vía que transcurría por la Val de Aibar a su paso por el enclave monumental de Santa Criz, hoy fosilizada en el camino viejo de Gallipienzo (Fig. 10). Los testimonios orales recogidos por los excavadores, Tx. Mateo, P. Sáez y R. Armendáriz, ponen en evidencia la existencia de múltiples RF en torno a este camino que llegaron a época contemporánea transformados en “casitas” utilizadas por los agricultores y ganaderos de la zona. Hoy en día este exuberante paisaje arquitectónico ha desaparecido, siendo los únicos testigos de su existencia la abundancia de elementos constructivos descubiertos aislados, como pulvinos, pilastras y sillares decorados, y las fundaciones de al menos cinco RF. Dos de ellos han sido localizados en los flancos inmediatos de la vía secundaria, el llamado recinto de “colas de milano” en la margen derecha del camino justo en frente de la zona urbana, y un segundo recinto en la margen izquierda alejado hacia el oeste del enclave. Los tres RF excavados en detalle se localizan a los pies de otra vía, tal vez un ramal secundario del Camino de Gallipienzo, al sur de la ciudad y orientados sus frentes hacia ella. En el margen oeste de la parcela 163A, que se extiende frente a los restos, se encontraron elementos arquitectónicos (Fig. 11) y la estela funeraria de Aemilia Vafra (HEp5, 609), que confirman la presencia de edificios funerarios en ese punto sin poder especificar más sobre ello. En el borde este de la misma parcela, y reutilizados en la construcción de la finca medianera, también se ha identificado una profusión de piezas arquitectónicas que confirman la riqueza del panorama edilicio funerario de esta zona. Del mismo modo, fruto de las labores agrícolas se han localizado algunos restos escultóricos8Romero, L. (2020). Catálogo de la escultura romana de la ciudad de Santa Criz (Eslava, Navarra). Informe inédito tras el estudio del material, p. 51. y un hermoso altar funerario alusivo a Piculla (IRMN 41) (Andreu, Ozcáriz y Mateo, 2019Andreu, J., Ozcáriz, P. y Mateo, Tx. (2019). Epigrafía romana de Santa Criz de Eslava (Eslava, Navarra). Bolonia: Fratelli Lega Editori.) que confirman la vocación funeraria monumental de la vertiente sur del área arqueológica de Santa Criz.

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  (elaboración Luis Romero y Paloma Lorente)
Figura 10 Localización de los vestigios funerarios arquitectónicos, escultóricos y epigráficos realizados en el territorio de Santa Criz (elaboración Luis Romero y Paloma Lorente)
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  Fotografía de las excavaciones de 1995-1996 (Txaro Mateo)
Figura 11 Restos arquitectónicos encontrados en el linde entre la parcela 162 y 163. Fotografía de las excavaciones de 1995-1996 (Txaro Mateo)

La situación de las necrópolis fuera de la ciudad de Santa Criz sigue los preceptos de la ley romana de las Doce Tablas, ratificado su uso en la península ibérica por la Lex Vrsonensis, por la que se prohíbe dar sepultura al cadáver en el interior del pomerium (López, 1997López, R. (1997). “Enterrar en Urso”. Studia Historica: Historia Antigua, 15-16, pp. 105-118.; Sánchez, 2015Sánchez, M. A. (2015). Leyes de Osuna. El poder de la ley. Madrid: Museo Arqueológico Nacional.). La disposición de los mausoleos junto a las vías de entrada a la ciudad era la norma en el mundo romano, siendo lugar de paso, contemplación y recuerdo de los difuntos y sus familias (Toynbee, 1996Toynbee, J. M. C. (1996). Death and Burial in the Roman World. London: Thames and Hudson.; Vaquerizo, 2001aVaquerizo, D. (2001a). Funus Cordubensium. Costumbres funerarias en la Córdoba romana. Córdoba: Universidad de Córdoba.; Carroll, 2006Carroll, M. (2006). Spirits of the Dead: Roman Funerary Commemoration in Western Europe. Oxford: Oxford University Press.; Kolb, 2008Kolb, A. (2008). Tod in Rom: grabinschriften als Spiegel römischen Lebens. Berlin: Wiss. Buchges.; Vaquerizo, 2010Vaquerizo, D. (2010). Necrópolis urbanas en Baetica, Tarragona: Institut Catalá d’Arqueologia Clássica.; Carroll y Remper, 2011Carroll, M. y Remper, J. (2011). Living Trhough the Dead. Burial and Conmmemoration in the Classical World. Oxford: Oxbow Books.; Borg, 2019Borg, B. E. (2019). Roman Tombs and the Art of the Conemmoration: contextual approach to funerary customs in the second century CE. Cambridge: Cambridge University Press.). Eran lugares de memoria visibles para todo aquel viandante que llegara al núcleo urbano (Van Andringa, Duday y Lepetz, 2013Van Andringa, W., Duday, H. y Lepetz, S. (Eds.) (2013). Mourir à Pompei. Fouille d’un quartier funéraire de la nécropole romaine de Porta Nocera (2003-2007). Roma: Ecole Française de Rome., p. 41).

La necrópolis cívica de Santa Criz estaba articulada por una calzada sepulcral de 2,65 m de anchura y compuesta por un empedrado irregular de losetas sobre el que se emplazó, en un segundo tiempo, una capa de gravas (Fig. 12). Esta debió ser construida antes que los RF I y II, ya que su fachada se adapta a la vía, mientras que el RF III se construyó una vez ya estaba en uso. Todos los monumenta sepulchralia fueron edificados en el margen sur de la vía, con sus fachadas principales, y por ello más dignificadas, orientadas hacia la ciudad. En estos frentes se debían situar los epitafios, de los cuales se han encontrado pequeños fragmentos de inscripciones en arenisca local que subrayan, a través de su morfología, el carácter monumental de este espacio (Andreu, Ozcáriz y Mateo, 2019Andreu, J., Ozcáriz, P. y Mateo, Tx. (2019). Epigrafía romana de Santa Criz de Eslava (Eslava, Navarra). Bolonia: Fratelli Lega Editori., pp. 40-50; Andreu, 2021Andreu, J. (2021). “Los titulisepulchrales y el origen del hábito epigráfico en el extremo oriental del solar de los Vascones”. En: Ruiz Osuna, A. (Coords.). Morir en Hispania, Novedades en topografía, arquitectura, rituales y prácticas funerarias. Sevilla: Universidad de Sevilla, pp. 317-332.). Los restos arqueológicos de este conjunto evidencian un paisaje funerario variado, en el que se combinan monumenta que presentan una técnica constructiva de grandes bloques de opus quadratum, con otros de arenisca local y mampostería, tal vez reflejo fehaciente del tipo de sociedad heterogénea que poblaba este territorio y de la también diversa capacidad económica de sus integrantes.

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  (elaboración Txaro Mateo)
Figura 12 Disposición Recintos funerarios I, II y III respecto a la vía sepulcral (elaboración Txaro Mateo)

De las 30 SP identificadas, veintidós se distribuyen en el interior de los monumentos. El RF I alberga doce tumbas (SP 1-12), el II nueve (SP 13-21) y finalmente el RF III contiene los restos de una sola sepultura (SP 30). No se aprecia una organización específica de las SP atendiendo a su naturaleza o a las características individuales de los individuos.

6.2. El paisaje funerario: recintos monumentalizados y sepulturas simples

 

En el territorio de Santa Criz han sido identificados cinco RF, tres de ellos en la denominada necrópolis cívica; el denominado de “colas de milano” en la parte norte de la parcela 163A, junto al camino viejo de Gallipienzo; y otro en el extremo oriental de la parcela 92 en la margen norte del mismo camino.

Del edificio de “colas de milano” solo queda la evidencia de dos hileras de sillares escuadrados dispuestos de forma paralela (Fig. 13). Mientras que estas dos alineaciones se sitúan en dirección norte-sur (2,60 de largo × 0,85 m de ancho, con una separación de 3,20 m), los paramentos este-oeste están hechos con mampostería de tamaño regular parcialmente derrumbada tal como se describe en el Plan director de Santa Criz, informe inédito de la empresa Olcairum, de 2007. Bajo el nivel de derrumbe se suceden, en profundidad, dos estratos, sin haber sido agotada la estratigrafía arqueológica. El primero, más oscuro y húmedo, está caracterizado por la presencia de carbones y un gran número de artefactos (dolia, terra sigillata hispánica., cerámica de paredes finas, vidrios, escoria de hierro, bolas de adobe, evidencias ecofactuales). Bajo él se sitúa otro nivel de tierra suelta y cantos rodados. Aunque los datos arqueológicos son limitados, la prevalencia de las fundaciones de un monumento con una base de sillares perfectamente escuadrados que permiten una gran anchura de paramento, y por tanto su elevación en altura, hacen pensar en edificios funerarios de tipo a edicola (Habel, 1894Habel (1894). “Aedicula”. En: Pauly-Wissowa, I. (Ed.). Paulys Realencyclopädie der Classischen Altertumwissenschaften. Munich: Artemis Verlag, p. 445., p. 445) de planta cuadrangular (Beltrán y Baena, 1996Beltrán, J. y Baena, L. (1996). Arquitectura funeraria de la Colonia Salaria (Úbeda, Jaén). Sevilla: Junta de Andalucía.) de las mismas características que los que encontramos en los alrededores de Narbona (Laubry, 2009Laubry, N. (2009) : “Aspects de la romanisation en Gaule et en Germanie : les monuments et les inscriptions funéraires sous le Haut Empire”. Pallas, 80, pp. 281-305. DOI: 10.4000/pallas.1843) o en el mismo centro de Italia (Gros, 2002Gros, P. (2002). “Les monuments funéraires à édicule sur podium dans l’Italie du Ier siècle av. J. C.”. En: Vaquerizo, D. (Ed.). Espacios y usos funerarios en el Occidente romano. Córdoba: Universidad de Córdoba, pp. 13-32.).

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  (fotografía Txaro Mateo)
Figura 13 Recinto funerario de “colas de milano” excavado en el sondeo n.º 7 de 1995en el margen derecho, meridional del Camino Viejo de Gallipienzo (fotografía Txaro Mateo)

Los dos togados encontrados en las proximidades, concretamente en el estrechamiento de la parcela 163A, se corresponden con sendas esculturas exentas hechas en arenisca local, una masculina, probablemente de tipo Pallium Typus o del tipo braccio cohibito (36,3 cm de alt., 34,7 cm de anch.) (Fig. 14) y otra similar de una escala superior a la natural (45,8 cm de alt., 54 cm de anch.) (Fig. 15) (Romero y Andreu, e. pRomero, L. y Andreu, J. (en prensa). Cropus Signorum Imperii Romani. Corpus de esculturas del Imperio Romano. España. Vol. 1, fascículo 10. Conventus Caesaraugustanvs – Territorio vascón (Hispania Citerior). Murcia-Tarragona..). Debido a que ambas piezas fueron encontradas en el mismo lugar y presentan un esquema de visión frontal de la parte superior del tronco con la parte trasera sin trabajar, podrían pertenecer a una misma tipología arquitectónica. Si corresponden a dicha tipología, las representaciones estarían concebidas para estar adosadas contra el muro frontal del monumento (Clavería, 2018Claveria, M. (2018). “Los togados y estatuas vestidas de Barcino”. Archivo Español de Arqueología, 91, pp. 243-263. DOI: 10.3989/aespa.091.018.012, p. 259) de manera que subrayaran, junto al epitafio, si lo hubo, el carácter conmemorativo y de espacio de representación del recinto (Fejfer, 2008Fejfer, J. (2008). Roman Portraits in context. Berlin: De Gruyter., pp. 105-115). No conocemos la morfología precisa de los monumentos funerarios a los que pertenecerían estos togados, pero podemos pensar en tumbas monumentales. Este tipo escultórico fue una importación medio-itálica que normalmente era empleada en monumentos turriformes y a edicola (Rossetti, 1999Rossetti, A. M. (1999). “Committenze e monumento funerari nella Hispania Tarraconensis”. Anales de Arqueología Cordobesa, 10, pp. 231-262., pp. 238-242; Ravotto, 1999Ravotto, A. (1999). Monumenti funerari “a torre” da Carthago Nova ad Albingaunum. Trabajo de fin de grado de la Università degli studi di Genova. DOI: 10.13140/RG.2.2.12561.12648). Tal vez los togados de Santa Criz pertenecieron a unos mausoleos más modestos, pero de unas características similares a la tumba 90S de la necrópolis de Porta Nocera en Pompeya (D’Ambrossio y De Caro, 1983D’Ambrosio, A. y De Caro, S. (1983). Un impegno per Pompei: Fotopiano e documentazione della Necropoli di Porta Nocera. Milán: Total.) o a el monumento di Aefionius Rufus en Sarsina (Gamer, 1981Gamer, G. (1981). “La torre de los Escipiones y otros monumentos funerarios sucessores del Mausoleo de Halicarnasso”. Boletín del Seminario de Arqueología de Valladolid, 47, pp. 71-87.). Otros modelos del mundo romano podrían haberse adaptado también en este enclave, como por ejemplo la fachada a edicola de la tumba 70S de Porta Nocera (D’Ambrossio y De Caro, 1983D’Ambrosio, A. y De Caro, S. (1983). Un impegno per Pompei: Fotopiano e documentazione della Necropoli di Porta Nocera. Milán: Total.).

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  (fotografía Luis Romero)
Figura 14 Pieza n.º 41, togado funerario (fotografía Luis Romero)
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  (fotografía Luis Romero)
Figura 15 Pieza n.º 42, togado funerario (fotografía Luis Romero)

Durante los sondeos realizados en 2006 en la parcela 92 también se hallaron los restos de lo que pudo ser un RF. Se individualizaron unos muros de sillarejo, un pulvino descontextualizado, grandes sillares labrados y un sillar en esquina decorado con estrías y culminado por un capitel corintio. Además, en un corral de las proximidades se habían ya reutilizado sillares y una cornisa de sección semicircular, lo que confirmaría la presencia de este tipo de estructuras en esta zona oeste de la necrópolis. Los pocos datos disponibles sobre este RF parecen indicar una forma tipo altar rematado con pulvini.

Los monumentos funerarios tipo altar son RF con cámara sepulcral de forma cuadrangular coronados por pulvini cilíndricos o alargados. Estos también pueden adoptar una forma más reducida a través de monolitos con pulvinos que coronan una cámara sepulcral (Beltrán, 1990Beltrán, J. (1990). “Mausoleos romanos en forma de altar del sur de la Península Ibérica”. Archivo Español de Arqueología, 63, pp. 183-226. y 2004Beltrán, J. (2004). “Monumenta sepulcrales en forma de altar con pulvino de los territorios hispanorromanos: revisión de materiales y estado de la cuestión”. Archivo Español de Arqueología, 77, pp. 101-142. DOI: 10.3989/aespa.2004.v77.93). Se trata del tipo monumental más extendido entre las provincias occidentales, Gallia e Hispania, durante los ss. I a. C. y I d. C., utilizándose hasta principios del s. III (Vaquerizo 2001bVaquerizo, D. (2001b). “Formas arquitectónicas funerarias de carácter monumental en Colonia Patricia Corduba”. Archivo Español de Arqueología, 74, pp. 131-160. DOI: 10.3989/aespa.2001.v74.151) y que sabemos tuvo cierto arraigo en territorio navarro-aragonés (Gamer, 1989Gamer, G. (1989). Formen römischer Altäre auf der Hispanischen Halbinsel. Mainz: Von Zabern.; Beltrán, 2004Beltrán, J. (2004). “Monumenta sepulcrales en forma de altar con pulvino de los territorios hispanorromanos: revisión de materiales y estado de la cuestión”. Archivo Español de Arqueología, 77, pp. 101-142. DOI: 10.3989/aespa.2004.v77.93, pp. 106-110; Andreu, 2011Andreu, J. (2011). “Mors Vasconibus instat: aspectos del hábito epigráfico funerario en territorio de Vascones”: En: Andreu, J., Espinosa, D. y Pastor, S. (Coords.). Mors omnibus instat. Aspectos arqueológicos, epigráficos y rituales de la muerte en el Occidente Romano. Madrid: Liceus E-Excellence, pp. 491-528.).

El RF I de la necrópolis cívica de Santa Criz responde a este modelo. A través de los restos arqueológicos encontrados se puede restituir una fachada hipotética compuesta por un basamento con moldura, con pilares de esquina acanalados y coronado por una cornisa moldurada y dos pulvini (uno a cada extremo) (Fig. 16). El fragmento epigráfico encontrado junto a este monumento indicaría su familia propietaria, los Calpurnii, y estaría colocado en la fachada a media altura (Andreu, Ozcáriz y Mateo, 2019Andreu, J., Ozcáriz, P. y Mateo, Tx. (2019). Epigrafía romana de Santa Criz de Eslava (Eslava, Navarra). Bolonia: Fratelli Lega Editori., p. 48, n.º 11). Esta tipología está presente en otros yacimientos del territorio vascón como la necrópolis de Otegui (antigua Iturissa, Espinal, Navarra) (Andreu, 2011Andreu, J. (2011). “Mors Vasconibus instat: aspectos del hábito epigráfico funerario en territorio de Vascones”: En: Andreu, J., Espinosa, D. y Pastor, S. (Coords.). Mors omnibus instat. Aspectos arqueológicos, epigráficos y rituales de la muerte en el Occidente Romano. Madrid: Liceus E-Excellence, pp. 491-528., pp. 499-501; Unzu y Peréx 1997aUnzu, M. y PeréxM. J. (1997a). “La cultura funeraria en Navarra en época romana”. Isturitz, 9, pp. 797-815.) o el cercano, y ya citado, bustum romano de Farasdués (Zaragoza), con un basamento de sillar moldurado y un alzado con grandes bloques escuadrados (Aguarod y Mostalac, 1984Aguarod, C. y Mostalac, A. (1984). “El bustum romano de Farasdués (Zaragoza)”. Suessetania, 5, pp. 6-7.). La parte trasera del RF I fue ampliada con mampostería, contando con un vano de entrada en el lado oeste. Se hallaron clavos de ensamblaje y un clavo con cabeza circular de gran diámetro con una posible función de remache, lo que indica la presumible existencia de una puerta con remaches de hierro en el acceso. Este añadido posterior debió estar cubierto por una capa de estuco blanco y rojo, de la cual se conservan algunos restos in situ. La ausencia de tegulae en los niveles arqueológicos nos podía, acaso, llevar a pensar en que se trataría de un recinto a cielo abierto si bien la tipología, como se ha dicho, nos lleva a pensar en un monumentum sepulchrale que, por tanto, iría cubierto, y del que se habrían robado, para reutilización, las tejas.

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  (fotografía Txaro Mateo)
Figura 16 Restos arqueológicos de los cimientos de RF I (fotografía Txaro Mateo)

Por su parte los RF II (Fig. 17) y III (Fig. 18) presentan una construcción más irregular de mampostería de forma rectangular. En todos sus muros ha sido utilizado el sillarejo unido con argamasa. La ausencia de tegulae o lajas entre el derrumbe de estos espacios podría indicar que se trataba de RF a cielo abierto, pero la ausencia de estos elementos en el registro arqueológico puede estar motivada, como en el RFI, por la reutilización contemporánea de estas piezas.

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  (fotografía Txaro Mateo)
Figura 17 Restos arqueológicos de los cimientos de RF II (fotografía Txaro Mateo)
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  (fotografía Txaro Mateo)
Figura 18 Restos arqueológicos de los cimientos de RF III (fotografía Txaro Mateo)

Carecemos de datos arqueológicos sobre el aspecto exterior del monumentum II, mientras que el III, al exterior, estaría estucado en blanco con motivos decorativos no identificados en tonalidades rojas. Así mismo, debido a que los restos conservados del alzado son limitados, no es posible determinar la morfología original de ambos recintos, pero ellos nos recuerdan a los hallados en las vecinas Iturissa (Peréx y Unzu, 2007Peréx, M. J. y Unzu, M. (2007). “La necrópolis de Iturissa (Espina)”. En: Hurtado, M. A., Cañada, F. y Sesma, J. (Dirs.). La tierra te sea leve. Arqueología de la muerte en Navarra. Pamplona: Gobierno de Navarra, pp. 156-160.) y Oiasso (Barandiarán, Rodriguez y Martin,1999Barandiarán, I., Rodriguez, J. y Martin, M. A. (1999). Santa Elena de Irún: excavación arqueológica de 1971 y 1972. Donostia-San Sebastián: Arkeolan.). La hipótesis lanzada por los excavadores sobre la morfología inicial del RF III como columbarium, debido a las dos piezas cerámicas casi completas encontradas entre el derrumbe, ha sido descartada ya que no se han encontrado restos óseos asociados a estas piezas cerámicas y por ello no se puede considerar su uso como urna cineraria.

6.3. Las áreas de tránsito de los recintos funerarios

 

Si bien la vía sepulcral discurría paralelamente a los edificios, también existían espacios pavimentados con lajas irregulares entre las edificaciones, creando así un nivel de circulación que las rodeaba. Ocho de las SP (SP 22-29) se localizan en los límites de los RF y en los márgenes de la vía pavimentada (Fig. 19).

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  (elaboración Txaro Mateo y Paloma Lorente)
Figura 19 Sepulturas en el exterior de los recintos funerarios de la necrópolis cívica de Santa Criz de Eslava (elaboración Txaro Mateo y Paloma Lorente)

7. CONCLUSIÓN

 

El presente trabajo presenta por primera vez el conjunto funerario de Santa Criz de Eslava desde una perspectiva renovada y holística, la de la arqueoantropología funeraria, sin descuidar los aspectos más clásicos de la arquitectura y, también, del ritual. La compilación de todos los descubrimientos relativos a este ámbito ha permitido reflexionar en torno al espacio funerario y a su organización interna. De esta manera se ha podido interpretar un paisaje funerario profuso en RF en torno a las vías, en los que la variedad tipológica de las sepulturas es una realidad de esta comunidad romanizada. Se trata, prácticamente, del primer estudio de estas características que, con una metodología moderna, se aplica a una necrópolis romana en el antiguo territorio vascón.

Así, este conjunto de Santa Criz ha permitido ampliar y completar los conocimientos existentes sobre el mundo funerario en el territorio vascón, siendo, junto a Iturissa, ejemplo de implantación de modos y modelos romanos durante los tres primeros siglos de nuestra era. Si se han aportado nuevos datos sobre las prácticas funerarias de época romana en este territorio, aún son numerosas las cuestiones abiertas tras la investigación en torno a la localización de las áreas geográficas de cremación o a sus usos entre otras. La utilización de metodologías más apropiadas en futuras intervenciones permitiría esclarecer muchas hipótesis que hoy aún quedan sin respuesta. Así, este contexto nos deja las puertas abiertas a ulteriores investigaciones que permitirá ahondar en el cambio sustancial que se llevó a cabo en las necrópolis de este territorio al abrigo de la expansión de las ciudades que adoptan modelos propiamente romanos entre época de Augusto y la dinastía flavia. En conclusión, este estudio abre la puerta a una renovada interpretación del registro funerario ya excavado, mostrando todas las posibilidades que puede ofrecer desde un análisis multidisciplinar al tiempo que pone el foco en aspectos propios del ritual funerario y de las operaciones que acompañaron a la cremación, enterramiento y posterior memoria colectiva y familiar de los difuntos, habitantes de esta singular ciudad romana del norte peninsular.

AGRADECIMIENTOS

 

Se quiere dejar muestra de gratitud a Txaro Mateo, arqueóloga de Olcairum Estudios Arqueológicos, y al personal de la Sección de Arqueología de la Institución Príncipe de Viana por las facilidades técnicas y logísticas dadas para la realización de este trabajo de revisión de materiales. El texto final del mismo se ha visto notablemente enriquecido por las oportunas sugerencias de los informantes anónimos de Archivo Español de Arqueología cuya profesionalidad queremos, también, agradecer. Los errores y omisiones que el texto pudiera contener son responsabilidad última de los firmantes.

DECLARACIÓN DE CONFLICTO DE INTERESES

 

Los/as autores/as de este artículo declaran no tener conflictos de intereses financieros, profesionales o personales que pudieran haber influido de manera inapropiada en la realización de este trabajo.

FUENTES DE FINANCIACIÓN

 

El presente trabajo ha sido posible gracias a una enmienda del Parlamento de Navarra a favor de la investigación arqueológica en Santa Criz de Eslava aprobada en la Ley de Presupuestos de Navarra de 2020 y gestionada por el Ayuntamiento de Eslava. Se engloba en los trabajos de investigación surgidos del convenio de colaboración entre el Ayuntamiento de Eslava y la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra para la dinamización de la ciudad romana de Santa Criz de Eslava, validado por la Dirección General de Cultura del Gobierno de Navarra/Institución Príncipe de Viana y suscrito en 2017. En la medida en que sus contenidos guardan relación con el desarrollo monumental de la civitas, el trabajo se inscribe también en las labores de investigación del proyecto del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades PID2022-137312NB-I00 “De parua a oppida labentia: ciudad, ciudadanía y desarrollo urbano en el piedemonte vasco-aquitano (siglos I a. C. ‒ II d. C.)” liderado por la Universidad de Navarra.

DECLARACIÓN DE CONTRIBUCIÓN DE AUTORÍA

 

Paloma Lorente Sebastián: conceptualización, curación de datos, análisis formal, investigación, metodología, recursos, software, validación, redacción ‒ borrador original, redacción ‒ revisión y edición.

Javier Andreu Pintado: conceptualización, adquisición de fondos, investigación, metodología, administración del proyecto, supervisión, visualización, redacción ‒ borrador original, redacción ‒ revisión y edición.

BIBLIOGRAFÍA

 

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Unzu, M. y Peréx, M. J. (1997b). “Necrópolis y poblado de época romana en Espinal (Navarra)”. Trabajos de Arqueología de Navarra, 13, pp. 75-156.

104 

Van Andringa, W. (2021). Archéologie du geste, rites et pratiques à Pompéi. Paris: Hermann.

105 

Van Andringa, W. y Duday, H. (2020). “Pompéi. Fouille de la nécropole romaine de Porta Ncoera. Campagne 2019”. Cronique des activités archeologiques de l’École française de Rome. DOI: https://doi.org/10.4000/cefr.4663

106 

Van Andringa, W., Duday, H. y Lepetz, S. (Eds.) (2013). Mourir à Pompei. Fouille d’un quartier funéraire de la nécropole romaine de Porta Nocera (2003-2007). Roma: Ecole Française de Rome.

107 

Vaquerizo, D. (2001a). Funus Cordubensium. Costumbres funerarias en la Córdoba romana. Córdoba: Universidad de Córdoba.

108 

Vaquerizo, D. (2001b). “Formas arquitectónicas funerarias de carácter monumental en Colonia Patricia Corduba”. Archivo Español de Arqueología, 74, pp. 131-160. DOI: https://doi.org/10.3989/aespa.2001.v74.151

109 

Vaquerizo, D. (2010). Necrópolis urbanas en Baetica, Tarragona: Institut Catalá d’Arqueologia Clássica.

110 

Vaquerizo, D. y Ruiz, A. (2019). “Cultos funerarios, la muerte en el mundo romano”. En: Sánchez López, E. H. y Bustamante-Álvarez, M. (Eds.). Arqueología romana en la Península Ibérica, Granada: Universidad de Granada, pp. 359-382.

111 

White, T., Black, M. y Folkens, P. (Dirs.) (2016). Traité d’ostéologie humaine. Paris: De Boeck Supérieur.

NOTAS

 
1 

Olcairum (2007): Plan Director Santa Criz, informe de trabajo inédito.

2 

En los últimos años se ha puesto en evidencia el interés de excavar las áreas de cremación por cuadrantes de 20 cm de lado, ya que esta metodología brinda una gran numero de datos sobre el desarrollo del funeral y la cremación del cuerpo, desde la posición del difunto, la composición de la pira, la conducción del fuego o el tratamiento de los restos (Blaizot, 2005Blaizot, F. (2005). “Contribution à la connaissance des modes de dislocation et de destruction du squelette pendant la crémation : l’apport du bûcher funéraire en fosse du Néolithique final à Reichsttet-Mundolsheim (Bas-Rhin)”. Bulletins et Mémoires de la Société d’Anthropologie de Paris, 17 (1-2), pp. 13-35. DOI: 10.3989/aespa.2004.v77.93; Van Andringa, Duday y Lepetz,2013Van Andringa, W., Duday, H. y Lepetz, S. (Eds.) (2013). Mourir à Pompei. Fouille d’un quartier funéraire de la nécropole romaine de Porta Nocera (2003-2007). Roma: Ecole Française de Rome.), entre otras cuestiones. Además, actualmente en las cremaciones secundarias se aplica un protocolo meticuloso de desmontaje del contenido de las urnas por capas de 2 a 3 cm con documentación fotográfica exhaustiva con el fin de comprender la organización interna de la sepultura (Duday, Depierre y Janint, 2000).

3 

Las tres formas de identificación del dimorfismo sexual en el esqueleto humano se basan en la constitución física a partir del diagnóstico secundario (Castex, Courtaud y Hambucken-Bontempi, 1993Castex, D., Courtaud, P. y Hambucken-Bontempi, A. (1993). “La détermination sexuelle des séries archéologiques. La validité de certains caractères osseux extra-coxaus”. Bulletins et Mémoires de la Société d’Anthropologie de Paris, 5, pp. 225-235. DOI: 10.3406/bmsap.1993.2352; Murail, Bruzek y Braga, 1999Murail, P., Bruzek, J. y Braga, J. (1999). “A new approach to sexual diagnosis in past populations. Practical adjustments from Van Vark’s procedure”. International Journal of Osteoarchaeology, 9 (1), pp. 39-53. DOI: 10.1002/(sici)1099-1212(199901/02)9:1%3c39::aid-oa458%3e3.0.co;2-v; Černý, Houët y Turek, 1999Černý, V., Houët, F. y Turek, J. (1999). “Détermination du sexe par la méthode itérative et le dimorphisme sexuel du squelette post-crânien d’une population du Chalcolithique récent et du Bronze ancien de la Bohème”. Bulletins et Mémoires de la Société d’Anthropologie de Paris, 11 (3), pp. 383-404. DOI: 10.3406/bmsap.1999.2559), en las diferencias morfológicas ligadas al parto (Bruzek, Castex y Tona, 1996Bruzek, J., Castex, D. y Tona, M. (1996). “Évaluation des caractères morphologiques de la face sacro-pelvienne de l’os coxal. Proposition d’une nouvelle méthode de diagnose sexuelle”. Bulletins et Mémoires de la Société d’Anthropologie de Paris, 8 (34), pp. 491-502. DOI: 10.3406/bmsap.1996.2465; Bruzek 2002Bruzek, J. (2002). “A Method for Visual Determination of Sex, Using the Human Hip Bone”. American Journal of Physical Anthropology, 117 (2), pp. 157-168. DOI: 10.1002/ajpa.10012.abs; Bruzek y Schmitt 2008Bruzek, J. y Schmitt, J. (2008). “L’identification du sexe d’un individu à partir du squelette”, En: P. Charlier (dir.), Ostéo-archéologie et techniques médico-légales tendances et perspectives. Pour un manuel pratique de paléopathologie humaine. Paris: De Boccard, pp. 259267.) y teniendo en cuenta referentes médicos, es decir, un método probabilista (Murail et al.2005Murail, P., Bruzek, J., Houët, F. y Cunha, E. (2005). “DSP: a tool for probabilistic sex diagnosis using worldwide variability in hip-bone measurements”. Bulletins et mémoires de la Société d’Anthropologie de Paris, 17 (34), pp. 167176. DOI: 10.4000/bmsap.1157). Ninguno de estos métodos ha podido aplicarse dada la conservación citada.

4 

La estimación de edad se basa en la observación de dos procesos fundamentales: el crecimiento, para los individuos jóvenes, y la senescencia para los adultos. Para estos últimos, una vez el proceso de unión de la epífisis medial de la clavícula completada, el único hueso indicador válido es el hueso coxal ya que sufre cambios sistemáticos a lo largo de la maduración (Schmitt, 2005Schmitt, A. (2005). “Une nouvelle méthode pour estimer l’âge au décès des adultes à partir de la surface sacro-pelvienne iliaque”. Bulletins et Mémoires de la Société d’Anthropologie de Paris, 17 (12), pp. 1-16. DOI: 10.4000/bmsap.943, pp. 1-2). En el caso de los individuos más jóvenes, las metodologías se basan principalmente en el crecimiento de la dentición (Moorrees, Fanning y Hunt, 1963Moorrees, C. F. A., Fanning, E. A. y Hunt, E. E. (1963). “Formation and resorption of three deciduous teeth in children”. American Journal of Physical Anthropology, 21, pp. 205-213. DOI: 10.1002/ajpa.1330210212; Demirjian, Goldstein y Tanner, 1973Demirjian, A., GoldsteinH. y TannerJ. M. (1973). “A new system of dental age assessment”. Human Biology, 45 (2), pp. 211-227.; Ubelaker, 1989Ubelaker, D. H. (1989). Human Skeletal Remains. Washington: Taraxacum.; Miles, 2001Miles, A. E. W. (2001). “The Miles method of assessing age from tooth wear revised”. Journal of archaeological science, 28 (9), pp. 973-982. DOI: 10.1006/jasc.2000.0652; Boquentin, 2003BocquentinF. (2003). Pratiques funéraires, paramètres biologiques et identités culturelles au Natoufien: une analyse archéo-anthropologique. Tesis de doctorado, Université Bordeaux 1: Bordeaux., pp. 89-93) y en los procesos de maduración ósea (Fazekas y Kosa, 1978Fazekas, G. y Kosa, F. (1978). Forensic fetal osteology. Budapest: Akadémia Kiadó.; Coqueugniot y Weaver, 2007Coqueugniot, H. y Weaver, T. D. (2007). “Brief communication: infracranial maturation in the skeletal collection from Coimbra, Portugal: New aging standards for epiphyseal union”. American Journal of Biological Anthropology, 134, pp. 424-437. DOI: 10.1002/ajpa.20683; Coqueugniot, Weaver y Houët, 2010Coqueugniot, H., Weaver, T. D. y Houët, F. (2010). “Brief communication: a probabilistic approach to age estimation from infracranial sequences of maturation”. American Journal of Biological Anthropology, 142, pp. 655-664. DOI: 10.1002/ajpa.21312). Sin embargo, todos estos métodos solo se podían aplicar de manera parcial, dado que, sobre todo la dentición, se ha conservado de manera muy parcial.

5 

Reverte, J. M. (1997). Estudio de los restos óseos, anotaciones inéditas. Lorente, P. (2020). La necrópolis de Santa Criz de Eslava: inventario y estudio del material y de los restos óseos, informe de trabajo inédito.

6 

No se excavó ninguna sepultura bajo el RF I pero la arqueóloga que supervisó los trabajos de consolidación del monumento funerario, Txaro Mateo, señala la presencia de manchas carbonosas bajo las fundaciones de sus muros que podrían corresponder a tumbas preexistentes.

7 

La conservación deficitaria puede deberse a las labores agrícolas llevadas a cabo a lo largo del tiempo en las parcelas, así como a la reutilización de los espacios funerarios in antico. Hay que tener en cuenta que la cremación es un ritual funerario que pretende la destrucción del cuerpo, por lo que las masas óseas reducidas pueden ser también el resultado de una cremación prolongada y muy eficiente. Finalmente, estos valores tan bajos pueden explicarse, también, por una recogida inicial reducida de los restos calcinados del individuo.

8 

Romero, L. (2020). Catálogo de la escultura romana de la ciudad de Santa Criz (Eslava, Navarra). Informe inédito tras el estudio del material, p. 51.